Guerra de los Boers (Sudáfrica). Los primeros campos de concentración (1902)

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Lizzie van Zyl. Bloemfontein

Introducción

El término campo de concentración aparece por primera vez como concepto histórico en los procesos de Nuremberg tras la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, siempre que se ha utilizado ha estado vinculado al Holocausto judío y al régimen nacional – socialista. No obstante, existe un consenso entre los historiadores en que el primer ejemplo de creación de un sistema de campos de concentración altamente complejo y centralizado, surgió como reacción del imperio británico ante la incapacidad de obtener una victoria mediante una campaña militar durante las guerras de anglo – bóeres (1877 – 1902). Los bóeres rechazaron durante años a los británicos infligiéndoles sucesivas derrotas y consiguiendo mantenerse independientes hasta que los ilimitados medios imperiales terminaron finalmente por decantar la balanza del lado de la Union Jack. Originalmente, los campos fueron concebidos para acoger a los refugiados cuyas granjas habían sido destruidas, con todo, lo que aceleró la creación de nuevos campos y la reconversión de los mismos en prisiones fue un cambio en la política de la campaña ideada por Horatio Herbert Kitchener consistente en aislar a las guerrillas y tropas irregulares bóeres de los colonos afrikáner, privándoles de esta forma de la ayuda y recursos vitales que les proporcionaban los granjeros.

La reconversión de los campos de refugiados en prisiones fue un cambio en la política de la campaña ideada por Horatio Herbert Kitchener, consistente en aislar a las guerrillas y a las tropas irregulares bóeres de la ayuda y recursos que les proporcionaban los granjeros.

La derrota de tod un imperio a manos de granjeros

En la Primera Guerra Anglo-Bóer (1877 – 1881), los ingleses fueron claramente derrotados y se vieron obligados a firmar un tratado de paz que reconocía y concedía a los bóeres el autogobierno de Transvaal bajo la supervisión teórica de los británicos. En 1887, buscadores de oro encontraron el que se consideraba el mayor yacimiento del mundo (Witwatersrand) hasta la fecha generando un enorme entusiasmo entre los trabajadores y provocando que miles de colonos británicos llegaran masivamente a la frontera desde la Colonia del Cabo. Paul Kruger, líder de la minoría bóer y presidente de la República Sudafricana, advirtió de las implicaciones de aquel descubrimiento cuando manifestó, “En lugar de regocijaros haríais mejor en llorar, pues este oro será causa de un baño de sangre en nuestro país“.

La nueva táctica guerrillera de los bóeres provocó el cambió de la estrategia militar británica ante la incapacidad de que las tradicionales formaciones militares de gran tamaño se enfrentaran a estos grupos pequeños y dispersos conocedores del terreno.

Los colonos afrikáner, molestos y resentidos por la presencia de cientos de británicos llegados de todo el imperio, rechazaron concederles derechos electorales obligando a que estos a pagaran grandes cargas fiscales por la explotación del oro. Se produjo entonces una reacción  británica y extranjera así como de los propietarios británicos de las minas para forzar la caída del gobierno bóer. En 1895, Cecil Rhodes fomentó y apoyó un golpe de estado mediante una incursión armada conocida como Jameson Raid que terminó fracasando. No obstante, como predijo Kruger, la intervención militar parecía ser inevitablere pues llegado un momento, desde las autoridades británicas se llamaba a la anexión de las repúblicas afrikáner. Sir Alfred Milner (gobernador de la Colonia del Cabo), Joseph Chamberlain (secretario colonial británico) así como destacados propietarios de minas (Alfred Beit, Barney Barnato y Lionel Phillips) presionaron intentando provocar la guerra convencidos de que los bóeres serían derrotados con rapidez.

Segunda guerra boer. El imperio otra vez contra las cuerdas

Dada la imposibilidad de llegar a ningún acuerdo entre británicos y afrikáners, la segunda guerra bóer finalmente se precipitó el 11 de octubre de 1899 después de muchas provocaciones británicas. Los bóeres tomaron la iniciativa y durante el primer año consiguieron derrotar en varios enfrentamiento a los británicos, poniendo en serios aprietos al ejército de su majestad y avergonzando a muchos de sus comandantes, pues gran parte del ejército bóer se componía fundamentalmente de granjeros con una equipación y adiestramiento militar muy limitado. No obstante, las tornas cambiaron cuando en la batalla de Paardeberg (18 y el 27 de febrero de 1900), Lord Roberts derrotó a los bóeres y obtuvo la rendición del general Piet Cronje así como la de sus 4000 hombres. Este hecho conmocionó el resto de líneas bóeres llevando a los británicos finalmente a liberar Ladysmith al día siguiente y Mafeking el 18 de mayo de 1900. Poco después, las dos repúblicas eran ocupadas por los británicos (la capital del Estado Libre de Orange, Bloemfontein, el 13 de marzo y la capital de Transvaal, Pretoria, el 5 de junio). A pesar de estas derrotas bóer, muchos  se negaron a aceptarla y se repartieron en reducidos grupos a lo largo de las montañas desde donde iniciaron una guerra de guerrillas que se fue recrudeciendo con el paso del tiempo. La nueva táctica guerrillera de los bóeres provocó el cambió de la estrategia militar británica ante la incapacidad de que las tradicionales formaciones militares de gran tamaño se enfrentaran a estos grupos pequeños y dispersos conocedores del terreno.

Llega Lord Kitchener

Horatio Herbert Kitchener, primer Conde de Kitchener, destacado militar y político británico de origen irlandés fue nombrado sucesor de Frederick Roberts tras la captura de Bloemfontein (capital del Estado Libre de Orange), Johannesburgo y Pretoria a mediados de 1900. A Kitchener se le ordenó planificar y ejecutar una nueva táctica contra las guerrillas que consiguiera neutralizarlas y desde ese mismo año, bóeres, africanos y otras etnias comenzaron a ser recluídas de manera permanentemente en los que pueden considerarse como el primer ejemplo de sistema organizado de campos de concentración de la historia. Para contener a las guerrillas, Kitchener inició la construcción de un vasto sistema defensivo de piedra y alambre de espino buscando limitar los movimientos bóeres a una región muy pequeña y poco a poco ir incrementando la presión aislando a los diferentes grupos guerrilleros entre sí. La nueva estructura defensiva llegó a alcanzar los 6000 kilómetros y en el  cenit de la guerra llegó a congregar a cerca de 450.000 soldados frente apenas 80.000 bóeres, la mayoría granjeros.

Entre las medidas adoptadas se encontraba la confiscación de ganado, el envenenamiento de pozos y la quema de cosechas y granjas. 30.000 granjas y 40 pequeñas ciudades fueron destruidas, sumando un total de 116.572 hombres, mujeres y niños bóers junto con 120.000 africanos negros el número de expulsados.

Al muro defensivo se le unió la formación de nuevos regimientos de caballería ligera que permitían localizar y destruir los grupos bóeres en los propios territorios controlados por estos mediante incursiones relámpago. Pero a pesar de los avances imperiales, los bóeres consiguieron resistir en muchas zonas y los británicos tuvieron que recurrir a incrementar las tácticas de “tierra quemada” con las que el Alto Mando buscaba privar a las áreas rurales de cualquier recurso que pudiera ser de utilidad a las guerrillas. Entre las medidas adoptadas se encontraba la confiscación de ganado, el envenenamiento de pozos y la quema de cosechas y granjas. 30.000 granjas y 40 pequeñas ciudades fueron destruidas, sumando un total de 116.572 hombres, mujeres y niños bóers junto con 120.000 africanos negros el número de expulsados de sus tierras y hogares que se unían a los que ya habían sido deportados.

Los primeros campos de concentración

Este flujo de personas fue canalizado por los británicos hacia los campos de concentración y para finales de 1901, las guerrillas bóeres estaban desmoralizadas. Algunos bóeres capturados fueron liberados posteriormente en el marco de acuerdos con los británicos, siendo muchos de ellos alistados en el ejército británico. El colapso bóeres final y el fin de la guerra llegaría el 31 de mayo de 1902 cuando los últimos afrikáners aceptaron firmar el Tratado de Vereeniging. En total, la guerra costó unas 75.000 vidas entre 22.000 soldados británicos, 7000 soldados bóeres, 25.000 civiles y alrededor de 20.000 africanos negros.

Estas medidas de dietas insuficientes y condiciones higiénicas deplorables, favorecieron la aparición de enfermedades contagiosas (sarampión, tifus y disentería) lo cual unido a la falta de atención médica adecuada, causó un gran número de muertes.

Los campos de concentación fueron construídos inicialmente para acoger a los refugiados cuyas granjas habían sido destruidas dentro de la política de “tierra quemada” pero las políticas de Kitchener aumentaron los deportados dramáticamente generando la construcción de más campos y su conversión en prisiones. En total 45 campos para bóeres y 64 para africanos negros. En los primeros fundamentalmente se encontraban ancianos, mujeres y niños pues de los cerca de 28.000 bóeres prisioneros de guerra, 25.630 fueron trasladados al extranjero. Los campos británicos carecían de las condiciones adecuadas de higiene mientras que las raciones de comida eran insuficientes. Para las mujeres e hijos de los guerrilleros bóer, las raciones eran si cabe aún más pequeñas. Estas medidas de dietas insuficientes y condiciones higiénicas deplorables, favorecieron la aparición de enfermedades contagiosas (sarampión, tifus y disentería) lo cual unido a la falta de atención médica adecuada, causó un gran número de muertes.

Los “métodos bárbaros” del imperio

Sir Henry Campbell-Bannerman, un destacado líder británico liberal denunció lo que el consideraba “métodos bárbaros”. Emily Hobhouse fue una de las activistas británicas que más visibilizó la brutal política exterior británica en Sudáfrica consiguiendo llamar la atención de la opinión pública de su país como delegada de la Fundación para Mujeres y Niños Sudafricanos Damnificados. Tras visitar algunos campos del Estado Libre de Orange, Emily recopiló información sobre los problemas que padecían los internos y a su vuelta al Reino Unido, publicó todos los datos en un informe. El informe de Emily Hobhouse indignó a la mayoría de los británicos y provocó la creación de la Comisión Fawcett cuyos miembros visitaron los campos (entre agosto y diciembre de 1901). La comisión se mostró muy critica e instaron a mejorar la alimentación y la sanidad de los internos lo que llevó a que la tasa de mortalidad anual descendiera del 6,9% al 2% en torno a febrero de 1902.

Un informe posterior a la guerra concluía que 27.927 bóers (de los cuales 22.074 eran niños menores de 16 años) y 14.155 africanos negros murieron de hambre, enfermedades y penalidades. En total, aproximadamente un 25% de los bóeres y un 12% de los africanos presos murieron aunque investigaciones recientes indican que el número de fallecimientos de africanos negros probablemen te se subestimó en su día, habiéndose fijado más recientemente una cifra 20.000 muertos. Los 110 campos de concentración albergaron a la mayoría de la población civil bóer del Estado Libre de Orange y de Transvaal, unas 119.000 personas. También se recluyó en los campos a no menos de 43.000 africanos, familias enteras que servían a los bóers.

Semanas después de su muerte, se creó la fundación ‘Lord Kitchener national Memorial Fund’ que se dedicó a prestar ayuda a las víctimas de la guerra.  La fundación se dedicó a conceder becas universitarias a los soldados, ex-soldados e hijos de militares.

Kitchener obtuvo una gran popularidad en Gran Bretaña tras la victoria y cuando este murió durante la Primera Guerra Mundial, el hecho causó un gran impresión siendo percibida esta como un desastre para el desarrollo de la guerra. Una pequeña ciudad de Canadá (Berlín), se rebautizó como Kitchener en su honor, mientras que un monte de las Montañas Rocosas fue también llamado así en su memoria construyéndose un monumento dedicado a su memoria en el mismo lugar. Pocas semanas después de su muerte, se creó también la fundación ‘Lord Kitchener national Memorial Fund’ que se dedicó a prestar ayuda a las víctimas de la guerra ya fuera mediante atención médica o ayuda financiera. Con el final de la Primera Guerra Mundial, la fundación se dedicó a conceder becas universitarias a los soldados, ex-soldados e hijos de militares, una labor que continua desarrollándose en la actualidad.

Fuentes

  • Atlas histórico del mundo. John Haywood (pag. 194. Las guerras anglo boers de Sudáfrica).
  • Seibold, Birgit Susanne. Emily Hobhouse and the Reports on the Concentration Camps during the Boer War 1899-1902. ISBN 978-3-8382-0320-1
  • Las amenazas del imperio. Chalmers Johnson (p.95)
  • Tragedia y esperanza. Una historia de nuestro tiempo. Carroll Quigley (1966). http://tinyurl.com/qe79urw
  • Siguiendo el ecuador. Mark Twain. ISBN 978-84-7584-203-5
  • Antiimperialismo. Patriotas y traidores. Mark Twain. Icaria. 2006. ISBN 9788474268935
  • Warner, Philip Kitchener: The Man Behind the Legend Cassell; New Ed edition
  • Documental La guerra de los Boer. BBC (The Boer War)
  • A Boer Girl’s Memories of the War. Hester Johanna Maria Uys (Entrevista con Errol Lincoln Uys, 1970). http://www.erroluys.com/BoerWarChildsStory.htm
  • Canada & The South African War, 1899-1902. http://www.warmuseum.ca/cwm/exhibitions/boer/boerwarmaps_e.shtml
  • A Boer Girl’s Memories of the War. Hester Johanna Maria Uys. (Interviews with Errol Lincoln Uys,1970). http://erroluys.com/boerwarchildsstory.htm
  • Boer camps barbaric, but not genocide. http://www.theguardian.com/world/2015/apr/23/boer-camps-barbaric-but-not-genocide
  • Galería de imágenes. SAgenealogie. http://public.fotki.com/SAgenealogie/abo/konsentrasiekampe/n-moeder-met-haar.html#media
  • Imagen de portada. Lizzie van Zyl was a child inmate in a British-run concentration camp in South Africa who died from typhoid fever during the Boer War (1899–1902). https://en.wikipedia.org/wiki/Typhoid_fever#/media/File:LizzieVanZyl.jpg. Emily Hobhouse tells the story of the young Lizzie van Zyl who died in the Bloemfontein concentration camp: She was a frail, weak little child in desperate need of good care. Yet, because her mother was one of the “undesirables” due to the fact that her father neither surrendered nor betrayed his people, Lizzie was placed on the lowest rations and so perished with hunger that, after a month in the camp, she was transferred to the new small hospital. Here she was treated harshly. The English disposed doctor and his nurses did not understand her language and, as she could not speak English, labeled her an idiot although she was mentally fit and normal. One day she dejectedly started calling for her mother, when a Mrs Botha walked over to her to console her. She was just telling the child that she would soon see her mother again, when she was brusquely interrupted by one of the nurses who told her not to interfere with the child as she was a nuisance”. Quote from Stemme uit die Verlede (“Voices from the Past”) – a collection of sworn statements by women who were detained in the concentration camps during the Second Boer War (1899-1902). (https://web.archive.org/web/20110823102439/http://www.boer.co.za/boerwar/hellkamp.htm)

Anexo

  • La segunda Guerra de los Boers (1899-1902) constituyó uno de los acontecimientos más importantes de la historia del imperio británico. La heroicidad con la que 40.000 combatientes boers se enfrentaron con éxito a medio millón de soldados ingleses inflingiéndoles serias derrotas durante tres años consiguió hacer que se tambaleara la fe de los ingleses en su reina. A pesar de todo la victoria Boer era imposible debido a la superioridad técnica, material y numérica de los ingleses y las 2 repúblicas boer fueron derrotadas. No obstante la confianza de los ingleses en si mismos se vio tan comprometida que a partir de ese momento fueron conscientes de la dificultad que entrañaría para ellos luchar en conflictos lejanos lo que les llevó a plantear a Japón un tratado que les garantizase asistencia recíproca en el Lejano Oriente, lo que permitió a Japón atacar a Rusia en 1904. La heroicidad no fue solo para los combatientes. Los ingleses, con Alfred Milner al frente, establecieron un sistema de campos de concentración durante la guerra en el que murieron violentamente o por inanición y enfermedades 27.000 mujeres y niños bóer y más de 14.000 sudafricanos negros.
    [Tragedia y esperanza. Una historia de nuestro tiempo. Carroll Quigley (1966). Página 138. http://tinyurl.com/qe79urw]
Resumen
Fecha de revisión
Artículo revisado
Guerra de los Boers. Los primeros campos de concentración (1902)
Autor
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Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

4 Comentarios

  • Vamos, los campos de concentración, o la «reconcentración» es una invención española, concretamente de Valeriano Weyler en la guerra de Cuba. ¿Cuando España va afrontar su pasado -y presente- ultranacionalista? Porque de eso trata el «nacionalismo bansl» o el tan socorrido «los nacionalistas son los otros»…

  • Estoy de acuerdo. El que no se califique la política de Weyler como de “campos de concentración”, es un tecnicismo y una labor que no ha de estar marcada por prejuicios ideológicos o con la necesidad de adaptar lo que pensamos que es o no es una nación con las pruebas y fuentes existentes.

    En definitiva, llamarlo “reconcentración” no es lo mismo que llamarlo “campos de concentración”, lo cual no significa minimizar el papel de España en las atrocidades cometidas pero si significa distorsionar los hechos aunque no se vea o importe la diferencia.

    Por cierto Alex, me parece surrealista que taches de “ultranacionalista” a España a día de hoy, será muchas cosas pero “ultranacionalista”. Según ese criterio , como tendríamos que calificar hoy a Rusia, EEUU o a Turquia…. ¿¿??

  • La reconcentracion de Valeriano Weyler fue peor que los campos britanicos y alemanes, ya que estos si bien poca le daban alguna comida y atencion sanitaria, Weyler solo obligo a las familias a mudarse, reconcentrarse, en los poblados fortificados , impidiendoles sembrar, como reconocio el sustituto del marques, el General Blanco.No existen estadisticas confiables, solo por la diferencia entre los censos se calcula que entre 300 o 400 mil cubanos murieron de hambre y enfermedad.
    La reconcentracion abarco toda la isla de Cuba, ya que mi familia en Camaguey fue reconcentrada.Hay que reconocer la labor de la Cruz Roja americana y la ayuda de las familias españolas de buen corazon que aliviaron la situacion, incluyendo militares españoles que repartian parte de su escaso rancho con los infelices recorcentrados, asi como los atropellos y crimenes contra ancianos ,mujeres y niños que cometian las guerrillas de malos cubanos al servicio de España

  • De nuevo, alabo su excelente trabajo de divulgación histórica y debate y por lo que veo me parece que maneja la información con rigurosidad, imparcialidad y lenguaje accesible para toda persona medianamente educada. Es cierto que el antecedente más remoto de estos infames campos lo debemos a los colonialistas españoles en Cuba, pero sin lugar a dudas fueron los ingleses quienes me refinaron y extendieron la letalidad de esta técnica militar de control social y exterminio. Efectivamente Hitler y los nazis alabaron las tecnología mortífera de los imperialistas británicos como su modelo preferido de dominio de las “razas inferiores” y ejemplo a seguir para aplastar efectivamente a los rebeldes.

    Lean sobre Richard Meinhertzhagen y Winston Churchill y no se extrañarán de los crímenes de la II Guerra Mundial, los hipócritas anglosajones fueron los precursores los nazis sus epígonos. De hecho, los sionistas tomaron nota de ello y lo aplicaron después en la conquista de Palestina de 1948.

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