De cómo Afganistán se convirtió en el mayor productor de opio y heroína del mundo (1946)

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Afganistán. El mayor producto de opio del mundo
Able Archer 83 (Arquero Capaz) fueron unos ejercicios militares de comando y control al mando de la OTAN, realizados a partir del 2 de noviembre de 1983. Fuente : Desconocida.

Una “pequeña América” en el Afganistán de 1946

La historia sobre cómo el ‘Creciente Dorado’ (Afganistán – Pakistán) ha llegado a monopolizar el tráfico de heroína internacional de nuestros días, comienza en 1946 cuando un grupo selecto de ingenieros estadounidenses acompañados por sus familias llegan a Helmand, en el sur de un Afganistán. Se llamaban así mismos “Emkayans” y todos ellos residían en un complejo de casas que rodeaba el palacio de campo del rey de Afganistán, Zahir Sha. El lugar llegó a ser conocido como ‘Little America’. Los ingenieros eran empleados de Morrison Knudsen, empresa que en aquellos días era la mayor corporación de construcción del mundo cuyo lema rezaba así : “Construir de todo, desde represas a aeropuertos, carreteras, puentes en cualquier lugar del mundo“. [1].

En 1946, llegaban a Afganistán un grupo de selectos ingenieros estadounidenses de Morrison Knudsen, la mayor corporación americana de la época. El objetivo, cumplir el sueño del rey de Afganistán, Zahir Sha, para modernizara el país siguiendo el modelo de Franklin Delano Rosevelt en los EEUU durante los años 30.

Zahir Sha tenía un sueño para su país. Había ideado un ambicioso proyecto para construir una serie de infraestructuras hídricas que permitirían generar electricidad y ampliar las zonas de cultivo y regadíos en un país que posee poco más del 10% de tierras cultivables. Pero el complicado mundo de la Guerra Fría y las rivalidades étnicas y políticas, llevarían a Afganistán de vuelta literalmente, a la Edad Media lo que sin embargo no le ha impedido convertirse en el país que junto con Pakistán (ambos denominados el ‘Creciente Dorado’), monopoliza el 90% del cultivo y producción de opio.

Zahir Shah, el hombre que pudo reinar y el comienzo de los problemas

Mohammed Zahir Shah quería aprovechar el poder del enorme río Helmand, en el sur de Afganistán, para generar la electricidad necesaria que llevara al país hacia un nuevo horizonte de progreso y beneficios para toda la población afgana, una población que vivía en unas condiciones durísimas. Zahir Shah quería conseguir lo mismo que el presidente Franklin Delano Roosevelt había conseguido en la década de los años 30 gracias a sus proyectos de inversión pública en infraestructuras y enormes proyectos de ingeniería. La propia empresa Morrison Knudsen había sido una pieza fundamental para Roosevelt en sus megaproyectos, especialmente en la construcción de una nueva generación de represas y centrales eléctricas a largo y ancho de Estados Unidos. Y Zahir Shah quería contar también con Morrison Knudsen. En 1946, los primeros ingenieros llegaron a Afganistán para empezar los preparativos del gran proyecto que llevaría al país a una mejora considerable de sus condiciones de vida.

En 1953, tres años después de iniciarse el proyecto, la primera presa gigante ya había sido terminada. La presa gigante Kajakai era el primero de los dos complejos hidroeléctricos que se desarrollaron en la provincia de Helmand. El proyecto fue inicialmente un éxito pues permitió aumentar de forma considerable la producción agrícola y elevó los ingresos medios de las explotaciones agrarías hasta diez veces además de suministrar 33 megavatios de electricidad. Se obtenían cosechas con excedentes incluso en tiempos de sequía y los agricultores cultivaban algodón que exportaban en miles de toneladas. En aquella época “pocos campesinos reconocían la flor de la amapola, del opio”, explica Farouq Azam, un experto agrícola especializado en el área de Helmand [2]

El éxito inicial escondía otros factores menos conocidos, “Diferentes factores unieron las manos para hacer el proyecto difícil. El gobierno no tenía experiencia en ejecutar un proyecto tan grande. Los estadounidenses no conocían el área. La inversión no fue examinada minuciosamente. La tierra – el suelo – no fue estudiado completamente “, según Farouq Azam. Además, “los especialistas, los científicos, los planificadores, los economistas y los materiales eran caros. Los sueldos y los costos de transporte por sí solos fueron enormes. En 1949, el proyecto ya había absorbido 20 millones de dólares de las reservas nacionales. Kabul solicitó y recibió préstamos de US $ 55 millones del US Export-Import Bank”. Morrison-Knudsen insistió en que todos los materiales necesarios, hasta la herramienta mas insignificante, tenían que venir de Estados Unidos [3].

Los éxitos iniciales de los megaproyectos  de represas y embalses que debían llevar a Helmand a convertirse en una ‘nueva tierra de maravillas, vegetación y poder’, escondían un desastre que muchos ignoraron y que lastraría en buena manera el futuro de Afganistán abocándolo irremediablemente a convertirse en el mayor productor de opio.

Todo iba según lo previsto y nada hacía presagiar el desastre que se sobrevenía. A mediados de los años 50, las presas construidas habían provocado que el nivel freático aumentara de forma descontrolada, tanto que una gran superficie de la tierra se encontraba inundada. Una capa impermeable de roca no muy profunda tras la capa superficial del suelo, impedía el drenaje apropiado lo que empujaba sal a la superficie y dejaba los campos helados con cristales blancos. El sueño de Zahir Sha se iba tornando en pesadilla cuando se iban constatando los efectos inesperados y devastadores que habían provocado las presas de Helmand y su mala gestión. El exceso de riego y el mal drenaje llevaron al aumento del nivel de salinización de la tierra provocando así un devastador dañó a la fertilidad del suelo y a la viabilidad de estas tierras para cultivos agrícolas.

Muchos expresaron que el proyecto en Helmand debía detenerse. Pero el gobierno estadounidense intervino e insistió en continuar debido más a un interés de carácter político que a la “modernización” real de Afganistán. La “modernización” de Afganistán se había convertido en una parte central de la lucha contra la Unión Soviética. Para julio de 1958, Afganistán estaba dedicando más de un tercio del tesoro nacional al proyecto según Saville R Davis, un periodista estadounidense del Christian Science Monitor destinado en Kabul. Pero a principios de los años 70 se produjo un punto de inflexión. En 1973, el rey Zahir Sha era derrocado mientras se encontraba de viaje en un incruento golpe de Estado liderado por su propio primo, Mohammed Daud Khan que era a la sazón, primer ministro real. Zahir Sha ya no vería su sueño cumplido.

Afganistán, por segunda vez, centró de un “Nuevo Gran Juego” al estilo Kipling

Mohammed Daud Khan proclamó la república y dirigió el país con mano de hierro directo al desastre. Tanto su gobierno como destacados políticos afganos se embarcaron en una gira mundial con el objetivo de ofrecer a países de todo el mundo, poder refinanciar las obras necesarias que permitieran continuar los proyectos de “modernización” bajo unas mejores condiciones que las que les ofrecían los estadounidenses. Daud, que pertenecía a la étnia pastún (mayoría en Helmand) así como otros políticos afganos nacionalistas afines, utilizaron la “modernización” del país para afianzar su poder y el de una minoría (en especial, los propios pastúnes), convirtiendo el proceso en un “juego”, un “Nuevo Gran Juego” al estilo de la novela que Rudyard Kipling publicó en 1901 relatando la rivalidad y los juegos de poder ocultos entre el imperio ruso y el imperio británico, ambos en lucha por el control de Asia Central y el Cáucaso y en el que Afganistán jugó un papel central con dos guerras en las que estuvieron involucrados los británicos.

En fecha tan temprana como 1973, tanto EEUU como el Reino Unido ya tenían en marcha un programa encubierto para apoyar a los extremistas musulmanes a través de intermediarios pakistaníes en la Provincia de la Frontera del Noroeste, donde incluso se produjo una insurrección fallida en 1975″.

Países de los dos bloques de la Guerra Fría, se peleaban compitiendo con sus ofertas de cooperación como vía para continuar manteniendo su influencia política en el país y aunque Daud consiguió convencer a los estadounidenses, lo cierto es que no se llegó a concretar nada sobre el terreno y Daud se volcó más hacia el exterior. Prueba de esto es la conocida cita de Daud en la que decía, “Me siento muy feliz cuando puedo encender mis cigarrillos estadounidenses con cerillas soviéticas.” (30 de julio de 1973). Se da un hito especialmente importante también en aquello época, y es que en fecha tan temprana como 1973, tanto EEUU como el Reino Unido ya habían empezado a apoyar a extremistas musulmanes con ayuda de Pakistán en la provincia de la frontera del noroeste, donde incluso se produjo una insurrección fallida en 1975. [4]. Daud había fundado su propio partido, el Partido Revolucionario Nacional y en el proceso eliminó toda influencia musulmana mientras perseguía a cualquiera que se opusiera a una régimen de corte autoritario, liberal en lo económico y no alineado en lo político ni con EEUU, ni con la URSS.

El cultivo de opio se traslada del Triangulo Dorado al Creciente Dorado a mediados de los 70

En Afganistán los cultivos de opio habían estado presentes desde hacía mucho tiempo pero siempre fueron escasos y utilizados principalmente como remedios populares y analgésicos. El cultivo de amapola y adormidera en los últimos 100 años ha estado controlado por la familia real perteneciente a la dinastía afgana de los Musahiban y a la etnia pastún, habiendo diseñado desde su llegada al poder un sistema dónde muy pocas tierra eran destinadas al cultivo de opio. [5].

Pero en las condiciones en que se encontraban las zonas afectadas por la alta salinización de los suelos, los cultivos tradicionales de subsistencia no prosperaban. Precisamente algunos de los cultivos que florecían en tal entorno eran la amapola y la adormidera, plantas de donde procede el opio y la propia heroína. Y aunque ambas eran plantas que “pocos campesinos reconocían” hasta principios de los años 70, las ansias de poder de políticos y grupos tribales comenzaron poco a poco a cambiar las cosas. La región que se esperaba se convirtiera en la “nueva tierra de maravillas, vegetación y poder” según la propaganda del proyecto inicial, quedó abocada a ser utilizada como una enorme plantación para la producción de opio con destino a los mercados regionales y algunos occidentales. Los beneficios que proporcionaba eran más que suficientes para que estos cultivos se fueran poco a poco extendiendo. Y así, en los años 70, las tierras afectadas por la salinización comenzaron a ser poco a poco ocupadas por la amapola y la adormidera.

Daud no tardó en ser derrocado (y asesinado) en abril de 1978 por una rebelión militar interna de orientación comunista que fue apoyada por milicias populares. La rebelión fue acogida de formna positiva por cientos de miles de personas en la capital y todo el país, dando paso a un gobierno marxista dirigido por Nur Muhammad Taraki. Taraki, también pastún como Daud, desarrolló un gran programa de reformas realmente revolucionarias que buscaban también “modernizar” Afganistán bajo el prisma de una república marxista cercana a Moscú y con el comunismo y sus líderes como nueva “religión oficial” del Estado. Una de las medidas que incluyó el gobierno de Taraki fue la eliminación de los cultivos del opio mientras iniciaba un nuevo y ambicioso programa de reformas políticas y agraría que llenó de ilusión a la gran mayoría de afganos, mejorando considerablemente su nivel de vida y derechos sociales y laborables. Pero el gobierno comunista de Taraki se había enemistado también con poderosos enemigos y es en este preciso momento, cuando el gobierno estadounidense vio una oportunidad única para explotar la debilidad y la vulnerabilidad del nuevo gobierno afgano así como su cercanía a la URSS para llevar a esta (en palabras del consejero en la sombra de Barack Obama, Zbigniew Brzezinski), a “su propio Vietnam” como así ocurrió sólo un año después.

Antes de la guerra entre los rusos y los muyahidines afganos (muchos de ellos, mercenarios extranjeros), la producción de opio en Afganistán se dirigía exclusivamente a pequeños mercados regionales, “no existía una producción regional de heroína”. Pero tras la salida de los rusos y la toma del poder por los señores de la guerra afganos, los líderes de las diferentes guerrillas que habían luchado contra los rusos, la producción comienza a crear y se entra en una nueva época, tan brutal como la propia guerra civil y que se prolongaría durante casi una década.

Ya sea en el Creciente Dorado o en el Triangulo Dorado (Laos, Camboya, Tailandia), el tráfico de opio y heroína ha estado íntimamente vinculado al desarrollo de todo tipo de operaciones encubiertas por intereses variados pero con la CIA siempre teniendo un papel central. En lo relativo al papel de la CIA en estas operaciones en Afganistán y Pakistán, Alfred McCoy detalló en su estudio como en los años de la operación Ciclón las tierras fronterizas entre Afganistán y Pakistán se convirtieron en el productor número uno del mundo, proveyendo 60% de la demanda estadounidense. En Pakistán, la población adicta a la heroína ascendió de casi cero en 1979… a 1.2 millones en 1985, un incremento más acelerado que en cualquier otra nación. [D]

Armas, opio y “soldados de dios”, la mayor operación en la historia de la CIA. La operación Ciclón

El 14 de septiembre de 1979, Hafizullah Amín, también de etnia pastún, líder de la facción Jalq, rival de Taraki el en partido comunista afgano (PDPA), asesina a Taraki (miembro del Parchan) y da un golpe de Estado que busca acabar con las reformas y alejarse de la órbita de la URSS para acercarse a Estados Unidos, lo que lleva directamente a la intervención de la Unión Soviética el 27 de diciembre de 1979 buscando restaurar el “statu quo”, su influencia sobre el país y acabar con la injerencia extranjera. El gran instigador detrás del golpe de Estado y de llevar a la URSS a su propio Vietnam era el Consejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, uno de los principales asesores en la sombra del presidente Barack Obama.

En julio de 1978, Washignton a instancias de Brzezinski, había aprobado ya oficialmente la ayuda y “comenzó a participar a mediados de 1979 en Afganistánpara reclutar, entrenar y armar a un poderoso ejército de 100.000 mercenarios, en su gran mayoría fanáticos musulmanes de todo el mundo [6] apoyados princialmente por EEUU, el Reino Unido, las monarquías del Golfo, especialmente Arabia Saudí, Pakistán y China.  En una entrevista en 1998 en el Le Nouvel Observateur, Brzezinski explicó como “No presionamos a los rusos a intervenir, pero incrementamos a propósito la probabilidad de que lo hicieran… Esa operación secreta fue una idea excelente. Tuvo el efecto de atraer a los soviéticos hacia la trampa afgana… El día que los soviéticos cruzaron la frontera, escribí al presidente Carter: ‘Ahora tenemos la oportunidad de darle a la Unión Soviética su guerra de Vietnam'”. [7]

En una reunión con los líderes muyahidines escogidos por Washington (algunos  se convertirían después en miembros de Al Qaeda), cerca de la frontera con Pakistán, el Consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, les dijo ante las cámaras, “Sabemos de vuestra profunda creencia en Dios y estamos seguros de que vuestra lucha tendrá éxito. Esa tierra de allí es suya. Van a volver a ella un día, porque su lucha va a prevalecer, podrán recuperar sus hogares y sus mezquitas de nuevo, porque su lucha es justa y Dios está de su lado”, [8].

Pero reclutar un ejército mercenario, entrenarlo, armarlo y llevarlo a Afganistán es lógicamente muy caro. Por esta razón, la guerra afgana condujo inevitablemente a un incremento desmedido del cultivo de adormidera y amapola para su procesamiento en heroína, y con ello financiar el apoyo a la “guerra santa” afgana. Este tráfico de heroína terminaría convirtiendo primero en adictos a decenas de miles de afganos y paquistaníes y más tarde a millones de europeos y estadounidenses, generando con ello miles de millones de dólares pero también millones de adictos y una de las pandemias sanitarias más graves de los años 80 con todas sus consecuencias y problemas sociales derivados .

De esta forma, el opio/heroína fue la principal fuente de financiación de los llamados “soldados de dios” o muyahidines. Tan sólo un par de años después de la invasión soviética, “los campos limítrofes entre Afganistán y Pakistán se convirtieron en los mayores productores de heroína del mundo, abasteciendo al 60 por ciento de la demanda de los EEUU. En Pakistán, la población adicta a la heroína aumento desde casi cero en 1979 a 1,2 millones hacia 1985 – un aumento mucho mayor que el de cualquier otro país” [9]. La política de la CIA para obtener los fondos necesarios que permitiesen costear una guerra encubierta más, se basaba en que “a medida que las guerrillas de los ‘muyahidines’ iban conquistando territorio en Afganistán, ordenaban a los campesinos que plantaran opio como impuesto revolucionario. Al otro lado de la frontera, en Pakistán , los líderes afganos y sindicales locales, bajo la protección del ala inteligencia paquistaní, ponían en marcha centenares de laboratorios de heroína… . Los agentes de la CIA controlaban este tráfico de heroína.”. Agentes de la DEA presentes en Pakistán, hacían la vista gorda ante la situación que presenciaban pues Pakistán se había convertido literalmente en un laboratorio de procesamiento de opio para su procesamiento en heroína. Los funcionarios de la DEA no investigaban a los traficantes de heroína “porque la política contra los narcóticos en Afganistán estaba subordinada a la guerra contra la influencia soviética en el país. En Pakistán la población adicta a la heroína aumentó desde casi cero en 1979 a 1,2 millones hacia 1985 –un aumento mucho mayor que el de cualquier otro país. [10].

Los agentes de campo de la CIA gestionaban el cultivo y el tráfico de heroína a través de las guerrillas y sus muyahidines. A medida que conquistaban nuevos territorios a los rusos, se ordenaba a los campesinos que plantaran opio como “impuesto revolucionario”. En la otra parte del “Creciente Dorado”, Pakistán, líderes muyahidines que no pisaron suelo afgano durante la guerra, bajo la protección del ISI, los servicios de inteligencia paquistaníes, dirigían centenares de pequeños laboratorios para el procesamiento del opio. En toda la década de los 80, la misma en la que Ronald Reagan declaraba su “guerra total contra las drogas”, la DEA en Islamabad era incapaz de arrestar a importantes personajes envueltos en el narcotráfico. En la práctica, políticos y funcionarios estadounidenses de alto nivel, se mostraban extraoficialmente en contra de investigar a sus aliados afganos “porque la política contra los estupefacientes en Afganistán estaba subordinada a la guerra contra la influencia soviética en el país” [11].

“La CIA y el ISI paquistaní (Inter Servicios de Inteligencia), buscando que la jihad se convirtiera en una guerra global de todos los Estados musulmanes contra la Unión Soviética, reclutaron unos 35 mil radicales de 40 países islámicos entre 1982 y 1992. Decenas de miles más llegaron a estudiar en los madrasas paquistaníes. Más de 100.000 musulmanes de todo el mundo estuvieron directamente influenciados por extremismo islámico, por entonces completamente minoritario.” [A]

En 1995, ya terminada la Guerra Fría, Charles Cogan, ex director de la operación Ciclón admitió como “la CIA había sacrificado la lucha contra la droga para llevar adelante la Guerra Fría. “Nuestra misión principal era hacer el mayor daño posible a los soviéticos. En realidad no teníamos ni los recursos ni el tiempo suficiente para dedicarlo a la investigación del tráfico de drogas. No creo que hayamos de disculparnos por ello. Cada situación tiene su contrapartida. Hubo un resultado negativo en cuanto a las drogas, sí. Pero el objetivo principal se consiguió. Los soviéticos abandonaron Afganistán.” [12].

El tráfico de heroína permitió a la CIA burlar al Congreso estadounidense y utilizar los beneficios de la droga para armar a los “soldados de dios”. Las propias guarniciones soviéticas vendían a menudo armas y suministros de forma clandestina a los afganos a cambio de droga. La CIA canalizó al menos 3.000 millones de dólares de la época hacia el “Vietnam ruso” que se sumaba a la ayuda de Arabia Saudí y de los emiratos del Golfo. Como ya se ha indicado, la gran mayoría de los muyahidines extranjeros que combatían eran “fanáticos islamistas radicales de África del Norte, Arabia Saudita, de cualquier lugar donde podíamos encontrarlos. A menudo los llamaban los ‘afganís’, aunque muchos de ellos, como Ben Laden, no eran afganos. Fueron traídos por la CIA y sus amigos de otras partes.” [13]. Según Ahmed Sha Massud, el legendario líder de la resistencia conocido como el León del Panshir, los grupos afganos nacionales mas moderados no recibieron apenas ayuda de EEUU y Pakistán. Sólo los extremistas extranjeros y algunos de los líderes de los grupos nacionales más violentos, como el liderado por Golbuldin Hekmatiar, recibieron las mejores armas, suministros y entrenamiento [9]. Pero la postura oficial de Washington fue siempre que todos los fondos y la ayuda se destinaron a los rebeldes afganos nativos, negando su entrega grupos islamistas extranjeros entre los que se encontraba el propio Osama bin Laden. Más de 35.000 musulmanes extranjeros de 43 países fueron reclutados y entrenados por la CIA y otros servicios de inteligencia como el MI6 o el ISI para participar en la guerra [14], recibiendo en total, cerca de 40 mil millones de dólares [15].

La utilización de estos muyahidines extremistas extranjeros, sería la base nunca mejor dicho, de la futura Al Qaeda que en árabe significa, “la base” (de datos), un listado con las fichas de todos los combatientes que habían pasado por Afganistán, entre los cuales se encuentran los principales autores de atentados terroristas en todo el mundo desde 1991. A finales de de los años 1980, la primera ministra pakistaní Benazir Bhutto, que se había opuesto a las políticas de Washington, en una conversación con el presidente George H.W Bush, le dijo que que EEUU estaba “creando a un Frankenstein” al apoyar a extremistas como Osama Bin Laden o Gulbudin Hekmatiar [16] en Afganistán, algo que que traería graves consecuencias en un futuro no muy lejano. El tiempo le dió la razón.

Derrotado el “imperio del mal”, nadie se acordó de Afganistán y del caos llevado al país

Terminada la guerra contra los rusos, Afganistán y los, en palabras de Ronald Reagan, “luchadores por la libertad” afganos, fueron completamente olvidados por quienes habían instigado y apoyado la guerra en Washington. Las promesas para estabilizar el país, desarrollar un sistema político democrático, desarmar a los violentos muyahidines, etc, quedaron olvidados por las posteriores administraciones estadounidenses así como por el resto de países involucrados. Lo único que quedó claro, es que tras la retirada soviética “los dos bandos de la guerra civil afgana continuaron recibiendo apoyo a través del ISI paquistaní. Dicho de otra forma, respaldados por la inteligencia militar paquistaní (ISI), que a su vez estaba controlada por la CIA, el Estado Islámico Talibán estaba sirviendo de manera importante a los intereses geopolíticos americanos.”. Con el colapso de la URSS, el tráfico de heroína no sólo se mantuvo sino que se incrementó. “Según cálculos de la ONU, – y coincidiendo con la intensificación de las sublevaciones armadas en las ex repúblicas soviéticas– la producción de opio en Afganistán en 1998-99 alcanzó la cifra record de 4600 toneladas métricas. Los poderosos grupos de negocios de la ex Unión Soviética, aliados con el crimen organizado, estaban compitiendo por el control estratégico sobre las rutas de la heroína. La extensa red del servicio de inteligencia militar paquistaní (ISI) no fue desmantelada tras la Guerra Fría. La CIA continuó apoyando a la Jihad Islámica fuera de Pakistán. Se pusieron en marcha nuevas iniciativas encubiertas en Asia Central, el Cáucaso y los Balcanes.” [17]

“Con la desintegración de la Unión Soviética, un resurgimiento en la producción de opio se ha develado (según los cálculos de las Naciones Unidas, la producción de opio en Afganistán en 1998-1999 -coincidiendo con el incremento de las insurgencias armadas en las ex repúblicas soviéticas- alcanzó un nivel sin precedente, con 4 mil 500 toneladas métricas)” [A]

Para el ISI y algunos funcionarios y militares pakistaníes así como por supuesto para los señores de la guerra afganos, estas actividades han resultado extremadamente lucrativas. “En 1995 aún produce 220 toneladas por año, 1997, con apenas un año de poder, trepa a 2800 toneladas. Decenas de caravanas de Toyota todoterreno, con escoltas pesadamente armadas, salen varias veces por mes de las provincias productoras de Helmand y Kandahar con dirección a Pakistán. Es un tráfico muy bien organizado. Según la Undcp – el programa de la ONU contra la droga – hay un millón de campesinos afganos empleados en la producción, para quienes no les queda más que el 1% de las ganancias: 100 millones de dólares. Apenas otro 7,5% se pierde en las fases de intermediación, pero el 91,5% enriquece la criminalidad de los centros de consumo de los países “civilizados”. Son más de 9000 millones de dólares por año – y sólo desde Afganistán – y se calcula que el 60% de este monto llegue a Estados Unidos.” [2]. La heroína sirvió para financiar tantos a los fanáticos “afganis” como a grupos tan dispares como “al ejército bosnio musulmán (desde principios de los noventa) y al Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Existen pruebas de que en los últimos meses mercenarios muyahidines están luchando en las filas de los terroristas del ELK en sus ataques en Macedonia.” [18].

Llegan los talibán

La caída de Kabul en manos de los muyahidines en 1992 parecía poner fin a la pesadilla pero estaba distaba de haber acabado. Se estaba entrando en una nueva fase pues el tráfico de opio y heroína que se había establecido durante la guerra, se mantuvo y aumentó después ya que convirtió en la fuente de financiación de los ejércitos privados de los señores de la guerra, mientras al mismo tiempo, poderosos personajes y grupos tanto en Afganistán/Pakistán como en el exterior, se enriquecían y financiaban. El reparto de poder que se estableció en 1992 con el Acuerdo de Peshawar,  no satisfizo a nadie y los diferentes grupos tribales y señores de la guerra apoyados por países vecinos (Pakistán, Irán) así como por Arabia Saudí, se centraron en una lucha aún más brutal aún que sin embargo, no impedía que se forjaran alianzas entre grupos etnicos enfrentados y “contra natura”, que a menudo, apenas duraban días, incluso horas.

En agosto de 1994, un nuevo grupo extremista apareció en medio de este caos, los talibán. Los talibán, con el decisivo apoyo económico y militar de Pakistán, tomaron Kabul el 26 de septiembre de 1996 y terminaron con lo que quedaba de cualquier forma de gobierno mientras iban ganando terreno en todo el país con la promesa de traer paz y seguridad, algo que muchos afganos al principio, desesperados con la brutalidad de los señores de la guerra, aceptaron de buen grado. Para hacer frente al nuevo orden que pretendían implantar los talibanes, la mayoría de grupos tribales se aliaron en torno a la conocida como Alianza del norte y tristemente célebre por sus atrocidades contra civiles y por la brutalidad de algunos de sus líderes como Rashid Dostúm. La Alianza del Norte fue progresivamente empujada hacia el norte del país y condenada a la destrucción mientras los talibán ponían en marcha una campaña de erradicación de cultivos opio que explotaban los señores de la guerra, ahora encuadrados en esta alianza de conveniencia. No obstante, aunque los talibán hicieron descender los cultivos y la producción total de opio, ellos mismos se beneficiaban también de su comercio a pesar de las duras penas que imponían a los consumidores, no así con los campesinos a los que cobraban un pseudoimpuesto basado en el Corán, denominado “Zakat”.

Alrededor de la mitad, sino más, de las capacidades humanas y logísticas de los talibanes son cortesía de los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI), los cuales han tenido y tienen vínculos muy estrechos con la CIA y el MI6 británico. [C]

Esta política de erradicación parcial, probablemente estuvo orientada en realidad no a erradicar completamente el opio, sino a privar de sus beneficios a los señores de la guerra pues importantes personajes paquistaníes, incluyendo algunos en los servicios de inteligencia (ISI), continuaron utilizando este comercio para financiar las campañas militares de los talibán así como para enriquecerse de forma personal. Ahmed Rashid, uno de los mayores expertos en la geopolítica de la región explica como “Los talibán se percataron enseguida de la necesidad de formalizar la economía de las drogas para conseguir ingresos. Tras la toma de Kandahar declararon que eliminarían todas las drogas, y ese anuncio estimuló lo suficiente a los diplomáticos norteamericanos para establecer un contacto inmediato con ellos. Sin embargo, al cabo de pocos meses los talibán comprendieron que necesitaban los ingresos aportados por la adormidera y que, si prohibían su cultivo, enojarían a los campesinos.” [19]. Con todo, la producción de opio durante los años que gobernaron los taliban Afganistán fue prácticamente la misma, estuvo “controlada” y en los niveles de años anteriores, incluso menores. [20].

Con la OTAN llegó la producción a gran escala

Y así llegamos al 11 de septiembre de 2001 cuando la nueva “guerra contra el terrorismo” devuelve al tablero de ajedrez mundial a la ficha afgana, una ficha que el propio Brzezinski había puesto sobre la mesa 25 años atrás con su famoso “Dios está de vuestra parte”. La operación “Justicia infinita” oficialmente tenía el objetivo de encontrar a Osama Bin Laden y a cualquier miembro de su supuesta red, una red que por cierto se componía de los mismos extremistas que la CIA y compañía habían trasladado, armado y entrenado primero a Afganistán y posteriormente a otras regiones del planeta como son los casos de Bosnia o Kosovo. Mientras tanto, la producción de opio se reestableció y en poco tiempo, la producción, como diría Adam Smith, empezó a generar “riquezas más allá de lo que es capaz de soñar la avaricia“ [F]. Los gigantescos beneficios del opio y sus infinitos derivados, suponían un enorme pastel a repartir entre muchos y muy variopintos actores locales, regionales e internacionales.

Al despertar de la guerra fría, la región de Asia Central no sólo es estratégica por sus extensas reservas petroleras. También produce tres cuartas partes del opio mundial, que representan ganancias multimillonarias en dólares a los cárteles empresariales, instituciones financieras, agencias de inteligencia y el crimen organizado. Las ganancias anuales del comercio de la droga de la Golden Crescent (entre 100 y 200 mil millones dólares) representan aproximadamente un tercio de las ganancias anuales mundiales en drogas, calculadas por las Naciones Unidas en 500 mil millones de dólares. [D]

Tras el 11-S, la administración estadounidense de George W. Bush (2000 – 2009) se centró casi exclusivamente en forjar un acuerdo con los señores de la guerra que permitió a estos recuperar el tráfico de heroína como fuente de ingresos a cambio de una presencia militar en el país apoyada por los grupos que formaban la Alianza del Norte. Como explica Ahmed Rashid, a principios de 2001, “El Pentágono disponía de una lista de al menos 25 laboratorios de drogas y almacenes en Afganistán, pero se negaron a bombardearlos porque algunos pertenecían a los nuevos aliados de la CIA miembros de la Alianza del norte”, [21].  El enorme aumento en la producción de opio y heroína tras la expulsión de los talibanes y la llegada de la coalición de la OTAN, parecía seguir al menos a simple vista, un patrón similar al proceder de los muyahidines durante la guerra afgano – soviética, ya que a medida que conquistaban nuevas territorios controlados por los talibanes, los señores de la guerra ampliaban los campos de amapola y adormidera ante la atenta y complaciente mirada de la OTAN-ISAF.

Lo cierto es que bajo la presencia y ocupación de Afganistán por la OTAN-ISAF, el país se convirtió en la superpotencia mundial del opio.

Compárese la producción de opio durante el gobierno de los talibán y durante la presencia de las tropas de la OTAN. Los primeros cuatro años de presencia de la ISAF, la producción de opio fue prácticamente la misma que tuvo el Afganistán de los talibán o el de los señores de la guerra o muyahidines tras la salida de los soviéticos. A pesar de todas las promesas y compromisos que ofrecieron políticos y militares europeos y estadounidenses y las buenas palabras de los líderes de la Alianza del Norte, la realidad es que durante esos primeros 4 años tras la entrada de la OTAN, la producción fue la misma, sino mayor, que durante los 4 años de gobierno talibán a los que se acusaba frecuentemente desde los medios de comunicación occidentales de financiarse gracias a la heroína. El mismo criterio no se aplicó en los mismos medios para la OTAN y sus aliados afganos, incluso a partir de 2006 en adelante cuando la producción se dispara y llega casi a duplicarse con respecto al periodo de mayor producción por los talibán. El silencio en los medios fue (y es) casi unánime. Lo cierto es que bajo la presencia y ocupación de Afganistán por la OTAN-ISAF, el país se convirtió en la superpotencia mundial del opio.

El 13 de noviembre de 2002, Robert Fisk, corresponsal del The Independent informando desde las Naciones Unidas el día después del discurso de George Bush ante la 57 Asamblea General de Naciones Unidas [G], se hacía una pregunta, “¿Cómo se llamaba aquel río que atravesó Julio César?, ¿No era el Rubicón?”, para luego sentenciar, “Es posible que Bush cruzara ayer ese mismo río” [H] en alusión a su decidida postura de llevar adelante su “guerra contra el terrorismo” y su presencia continuada en Afganistán. Desde 1946, el Rubicón afgano ha estado íntimamente relacionado en su historia reciente con la transformación de la cuenca del río Helmand y el sueño del rey Zahir Sha por modernizar el país, un rey que no pudo reinar y que vio convertido su proyecto, en un juego de intereses políticos y geopolíticos que lo condenaron junto a sus gentes extraordinarias, representadas por sus innumerables etnias y costumbres ancestrales, a convertirse en el productor de más del 90% del opio mundial. [22].

Fuentes

Anexo

Citas

  • “No había una producción regional de heroína. Al respecto, el estudio de McCoy confirma que en los años de la operación de la CIA “las tierras fronterizas entre Afganistán y Pakistán se volvieron el productor número uno del mundo, proveyendo 60% de la demanda estadunidense. En Pakistán, la población adicta a la heroína ascendió de casi cero en 1979… a 1.2 millones en 1985, un incremento más acelerado que en cualquier otra nación”.
    [Alfred McCoy, “Las consecuencias de las drogas: la complicidad de la CIA en el comercio de drogas”. The Progressive, 1o. de agosto de 1997. http://www.globalresearch.ca/articles/CHO109G.html]
  • “Los activos de la CIA controlaban este comercio de heroína. En cuanto los guerrilleros mujaidines tomaban territorio en Afganistán, ordenaban a los campesinos plantar opio, como un impuesto revolucionario. Cruzando la frontera, en Pakistán, los líderes afganos y los cárteles locales bajo la protección de la inteligencia paquistaní operaban cientos de laboratorios de heroína. Durante esta década la agencia estadunidense de combate a las drogas (DEA) no logró en Islamabad arrestos ni detenciones importantes… Los oficiales estadunidenses se negaron a investigar a sus aliados afganos por tráfico de heroína ‘porque la política de narcóticos estadunidense en Afganistán fue subordinada a la guerra contra la influencia soviética aquí’. En 1995, Charles Cogan, ex director de la operación afgana de la CIA, admitió que la corporación había sacrificado la guerra contra las drogas para luchar en la guerra fría. ‘Nuestra misión era hacerle el mayor daño posible a los soviéticos. No teníamos ni los recursos ni el tiempo que invertir en una investigación al comercio de drogas… No creo que tengamos que ofrecer disculpas por ello. Toda situación tiene sus consecuencias… Hubo consecuencias en el tema de las drogas, sí. Pero el objetivo principal se logró. Los soviéticos dejaron Afganistán’. [Michel Chossudovsky. Osama Bin Laden: un guerrero de la CIA. http://www.globalresearch.ca/articles/CHO109G.html]
  • “En marzo de 1985, el presidente Reagan firmó la Directriz de Decisión de Seguridad Nacional 166… (la cual) autoriza una escalada en el apoyo militar a los mujaidines, y dejaba claro que la guerra secreta afgana tenía un nueva meta: derrocar a las tropas soviéticas en Afganistán a través de acciones encubiertas y propiciar su retirada. El apoyo estadunidense comenzó con un dramático aumento en el suministro de armas -hasta llegar a 65 mil toneladas en 1987- así como un ‘incesante fluir’ de especialistas de la CIA y del Pentágono a los cuarteles centrales secretos del ISI paquistaní para ayudar a planear las operaciones de los rebeldes afganos.” [Michael Chossudovsky. Osama Bin Laden, un guerrero de la CIA. http://www.jornada.unam.mx/2001/09/23/mas-osama.html]
    [Steve Coll, Washington Post, 19 de julio de 1992. Osama Bin Laden: un guerrero de la CIA. Michel Chossudovsky. http://www.globalresearch.ca/articles/CHO109G.html]
  • “Los temas principales eran que el Islam era una ideología socio-política integral, que el sagrado Islam era violado por las tropas soviéticas ateas, y que las personas islámicas de Afganistán deberían reivindicar su independencia derrocando el régimen izquierdista afgano impuesto por Moscú”.
    [Dilip Hiro, “Las consecuencias de la jihad afgana”, Inter Press Services, 21 de noviembre de 1995]
  • “Las relaciones entre la CIA y el ISI se volvieron bastante cálidas tras la remoción de Bhutto por el general Zia y el advenimiento del régimen militar… Durante gran parte de la guerra afgana, Pakistán fue más agresivamente antisoviético que el mismo Estados Unidos. Poco después de que los militares soviéticos invadieron Afganistán en 1979, Zia (ul-Haq) envió a su jefe del ISI a desestabilizar los Estados soviéticos en Asia Central. La CIA sólo estuvo de acuerdo con este plan en octubre de 1984… ‘La CIA fue más precavida que los paquistaníes’. Ambos, Pakistán y Estados Unidos, asumieron una postura decepcionante frente a Afganistán, siguieron una línea pública de negociar un acuerdo mientras en lo privado estaban convencidos de que una escalada militar era la mejor opción”. [Diego Cordovez y Selig Harrison, Fuera de Afganistán: la historia desde dentro del retiro soviético, Oxford University Press, New York, 1995. Ver también el repaso de Cordovez y Harrison en International Press Services, 22 de agosto de 1995. Osama Bin Laden: un guerrero de la CIA. Michel Chossudovsky. http://www.globalresearch.ca/articles/CHO109G.html]
  • Mujahidin. “Los rebeldes en Afganistán se denominaban ‘muyahidines’, y éste es el nombre con el que son conocidos internacionalmente. Los afganos pastunes los llamaban dushmanes, que significa ‘bandidos’ o ‘enemigos’, y las otras etnias afganas los denominaban basmachí o ashrar, que significa lo mismo.  Sin embargo, en la actualidad, los afganos los denominan muyahidines, aunque sin que signifique un reconocimiento positivo de los mismos (un popular grafito en Kabul los señala como “Muyahidines = Criminales; Talibanes = Burro”). [Ann Jones (27 de enero de 2013). ‘Counting Down to 2014 in Afghanistan’]

Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

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