Brevísima revisión de la historia del descubrimiento y conquista de América (1492)

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Cristobal Colón en La Española

Introducción

Con el “descubrimiento” de América y la llegada de Cristóbal Colón al “Nuevo Mundo”, se abre un periodo de exploración pero también de conquista, violencia,explotación y colonialismo durante el cual, una cantidad indeterminada de comunidades y etnias indígenas americanas desaparecieron del continente como consecuencia de diversas causas pero siempre teniendo como denominador común directo e indirecto la intervención externa europea, en este caso de España.

Huelga decir, que América no la descubrieron españoles ni vikingos, sino probablemente, diferentes tribus primitivas de Asia que estuvieron asentadas en la región de Beringia hace hace unos 19.000 – 11.000 años. Al crearse un puente natural de hielo en el actual estrecho de Bering, pequeños grupos humanos lo cruzaron siguiendo las migraciones de animales de los que dependían para posteriormente extenderse por todo el continente. Caleb Vance Haynes fue el primero en desarrollar un modelo migratorio en un artículo publicado en la revista Science en 1964. Posteriormente, se han desarrollado teorías diferentes pero que básicamente difieren en el el tiempo y la forma de la migración pero existe completo consenso en torno a que fueron estas tribus de Beringia las que descubrieron y colonizaron América.

Un descubrimiento motivado por la búsqueda de nuevas rutas comerciales

El “descubrimiento” de América por España tiene pues su origen en la búsqueda de una ruta de comercio alternativa de Europa con Asia, especialmente desde la conquista de Constantinopla (1453) por los turcos otomanos, los cuales pasaron a controlar las tradicionales y extremadamente lucrativas rutas de comercio, perturbando así los intereses europeos y forzándolos a buscar alternativas. La empresa de una pequeña expedición de exploración que buscaba una ruta alternativa a través del Atlántico, estaba profundamente asentada en la antigua creencia de que el mundo era mucho más pequeño y que por lo tanto, circunnavegando el globo hacia el oeste, sería posible alcanzar más fácil y rápidamente Asia evitando todos los problemas que suponía cruzar territorio otomano. No obstante, existía aún en Europa el temor a que los barcos enviados más allá del horizonte, se precipitaran al vacío ya que aún estaba muy extendido el pensamiento sobre la forma plana de la Tierra. Esta fue probablemente una de las causas de que las expediciones de exploración tardaron tanto en lanzarse en su búsqueda.

El carácter amistoso de los primeros indígenas con quienes tuvo contacto Colón, le convenció de que serían “serían unos criados magníficos y fácilmente  evangelizables“.

La insaciable sed de oro y esclavos de los primeros conquistadores

Las primeras comunidades con las que tuvieron contacto los miembros de la expedición de Cristóbal Colón fueron los arawak, unos indígenas que fueron calificados en numerosas ocasiones por los europeos de “extraordinarios” por su bondad y hospitalidad. En su primer viaje, Cristóbal Colón anotó en su diario como “…la gente de esta isla y de todas las otras islas que he encontrado y he visto, son tan desprendidos y generosos con todo lo que poseen, que nadie lo creería si no lo viera. De cualquier cosa que tengan, si se lo pide, nunca dicen que no, al contrario, le convidan, y demuestran tanto amor como si dieran sus corazones…” [1]. El carácter amistoso de los primeros indígenas con quienes tuvo contacto Colón, le convenció de que serían “serían unos criados magníficos y fácilmente  evangelizables“. [2].

Pasados los días y a pesar de la extraordinaria hospitalidad de los arawak, Colón se empezó a impacientar al no encontrar materiales de valor con los que pudiera comerciar en su viaje de regreso. No obstante, esta situación dio un giro cuando Colón se percató de que los indígenas adornaban sus orejas con unos pequeños ornamentos hechos de oro. Esto le llevo a capturar a varios de ellos, obligándoles a que le indicaran donde habían encontrado su oro. Colón se embarcó con sus nuevos “criados” hacia otras islas del mar Caribe en donde encontraron a un jefe indígena local que portaba una mascara de oro, hecho que impactó aún más Colón. Aunque en el primer viaje no encontró el oro que buscaba, regresaron a España con los indígenas que habían sido hechos prisioneros pero la mayoría de estos terminaron muriendo de frío. Los que sobrevivieron fueron presentados a los Reyes Católicos como la prueba de haber llegado a Asia y de esta forma poder obtener nuevos fondos y mas medios para una segunda expedición compuesta por 17 naves y 1200 hombres que no tardó en hacerse a la mar en busca de “cuanto oro necesitan y cuantos esclavos pidiesen” [3] Sus Majestades.

Desde su base en Haití, la expedición de Colón comenzó a realizar amplias y regulares razias con el único objetivo de buscar oro y capturar más indígenas para ser llevados a España y ser vendidos como esclavos. De 500 indígenas arawak seleccionados para ser llevados a España, 200 morirían durante el viaje de retorno pero esto no disuadió a Colón que en su diario dejó claro que continuaría “enviando todos los esclavos que se puedan vender

Al regresar, Colón se centró en capturar indígenas isla por isla hasta llegar al Fuerte Navidad, construido con la madera de la Santa María y donde habían quedado los marineros de la primera expedición a cargo de la búsqueda de oro, materiales preciosos y esclavos. Algunos de los marineros también se habían dedicado a capturar mujeres y niños para convertirlos supuestamente en “esclavos sexuales y trabajadores forzados”. Desde su base en Haití, la expedición de Colón comenzó a realizar amplias y regulares razias con el único objetivo de buscar oro y capturar más indígenas para ser llevados a España y ser vendidos como esclavos. De 500 indígenas arawak seleccionados para ser llevados a España, 200 morirían durante el viaje de retorno pero esto no disuadió a Colón que en su diario dejó claro que continuaría “enviando todos los esclavos que se puedan vender” [4].

El coste humano de los indígenas arawak

Con todo, una gran cantidad de arawak morían y Colón se veía cada vez más presionado para obtener los beneficios que tanto había pregonado en España a la vuelta de su primer viaje. Es entonces cuando Colón y sus subordinados deciden obligar a todos los mayores de 14 años a recoger una cierta cantidad de oro cada 3 meses. Cuando los arawak eran capaces de encontrar oro, se les entregaba un colgante de cobre pero los que no lo conseguían o eran descubiertos sin el colgante, se les amputaban las manos y se les dejaba desangrarse hasta la muerte. [5]  El escaso oro que podían encontrar se ubicaba en los pequeños ríos por lo que una gran parte de los indígenas, ante la imposibilidad de cumplir con su cuota, huyeron para mas tarde ser literalmente cazados con caballos, lanzas, picas, rifles, ballestas y perros feroces. Los arawak intentaron resistirse pero sus armas eran muy rudimentarias y cuando eran capturados, se les ahorcaba o se les condenaba a morir de diversas formas.

En esta primera fase de la llegada de los primeros conquistadores, la desesperada situación de los arawak y otras comunidades locales, les llevó a cometer suicidios en masa mediante veneno de yuca. Según ciertas versiones que se hicieron rápidamente muy populares, los niños eran sacrificados para evitar que fueran capturados y esclavizados ya que “los españoles entraban en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y los destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana… Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas” [6].

El ritmo brutal de trabajo impuesto y las enfermedades traídas por los españoles fueron las principales causas por las que la población indígena pasó de unos aproximados 3 millones de individuos originalmente, a 50.000 en 1515, 500 en 1550 y finalmente a terminar desapareciendo por completo en 1650.

Las medidas aplicadas no consiguieron el efecto buscado y al hacerse patente la ausencia de oro, los primeros conquistadores españoles aplicaron un sistema de trabajos forzados destinando a los indígenas a trabajar en las minas o en las haciendas de los colonos a través de una institución socioeconómica que llegaría a conocerse posteriormente como “encomiendas”. El sistema de encomiendas sería uno de los culpables que provocó la progresiva desaparición de comunidades indígenas completas, ya que “las parejas sólo se unían una vez cada ocho o diez meses y cuando se juntaban, tenían tal cansancio y tal depresión… que dejaban de procrear Respecto a los bebés, morían al poco rato de nacer porque a sus madres se les hacía trabajar tanto, y estaban tan hambrientas, que no tenían leche para amamantarlos, y por esta razón, mientras estuve en Cuba, murieron 7 000 niños en tres meses. Algunas madres incluso llegaron a ahogar a sus bebés de pura desesperación…” [7].

Las encomiendas, el ritmo de trabajo impuesto y las enfermedades traídas por los españoles fueron, fundamentalmente, las principales causas por las que la población indígena pasó de unos aproximados 3 millones de individuos originalmente, a 50.000 en 1515, 500 en 1550 y finalmente a terminar desapareciendo por completo en 1650. Los extraordinarios arawak desaparecieron para siempre y no serían los últimos en el “Nuevo Mundo”.

La desaparición de comunidades enteras no fue por lo tanto, un plan provocado ni mucho menos por un genocidio organizado como se cree popularmente aún a día de hoy, un genocidio que por otro lado, habría sido algo totalmente contrario a los intereses de lo conquistadores y de la propia Iglesia, por no hablar de su coste y de que este no tenía ningún sentido lógico ni práctico  para los intereses de la Corona. Uno de los historiadores colombinos más reconocido, Samuel Eliot Morison (Harvard) elogió las “sobresalientes cualidades” y la persistencia de Colón como marinero pero no dudó en calificar la “cruel política iniciada por Colón y sus sucesores” y su órdenes de “genocidio completo“. El “genocidio” que denuncia Morison se fundamenta en la más que controvertida versión dada por el fraile dominico Bartolomé de las Casas, el cual al mismo tiempo era un encomendero lo que no le impidió ser el primero en levantar la voz contra el trato dado a los indígenas y al mismo tiempo ser partícipe en la esclavitud africana.

Las encomiendas fueron utilizadas de forma muy personal por algunos conquistadores y frailes a pesar de que las recomendaciones de la Corona española eran totalmente contrarias a este sistema de explotación. Ante la incapacidad de la Corona para imponer sus políticas en el Nuevo Mundo, Bartolomé de las Casas fue el primero en levantar la voz contra el trato dado a los indígenas y lo hizo de una forma en la que recurrió en no pocos casos a exageraciones así como la divulgación de datos falsos que no estaban apoyados en estudios rigurosos, todo en aras de que la voz de los críticos fuera escuchada. En uno de estos estudios sobre las exageraciones o falsedades de Bartolomé de las Casas, ‘El Ensayo sobre las costumbres’ de 1756, Voltaire reconocía de esta forma en 1777, como el fraile dominico hizo una descripción deliberadamente errónea del número de muertos producto de la violencia española :”Sabido es que la voluntad de Isabel, de Fernando, del cardenal Cisneros, de Carlos V, fue constantemente la de tratar con consideración a los indios”.

Más recientemente, María Elvira Roca Barea en su libro ‘Imperiofobia y Leyenda Negra’, pone en duda que de Las Casas conociera realmente la situación que acontecía en América ya que no se preocupó por conocer a los indios ni su idioma., de hecho “su estancia más duradera fue cuando le nombraron obispo de Chiapas (1544-1550), pero sólo estuvo allí unos meses y en ese tiempo, como cuentan sus contemporáneos” [14]. Bartolomé de las Casas pasó la mayor parte de su vida en la Corte defendiendo sus textos.

Muchos historiadores anglo – sajones, fundamentaron sus estudios en los datos aportados en esta época por Bartolomé de las Casas. La defensa de una causa justa como era la protección de los indígenas, generó el germen para la formación posterior de una propaganda antiespañola que no tenía otro propósito que desprestigiar a la Corona española a través de exageraciones cuando no mitos y hechos que realmente nunca sucedieron, como el “genocidio” afirmado por Samuel Eliot Morison.

La segunda ola de conquistadores

Una nueva ola de conquistadores se dispuso a internarse más allá del Caribe y las Antillas. Desde 1515, dos expediciones bordearon el litoral mexicano, y en 1518 Diego Velázquez encargó una tercera expedición a su secretario, Hernán Cortés, un próspero encomendero militar que había pasado siete años en La Española y ocho en Cuba. La expedición de Hernán Cortés le llevaría a tomar contacto con una civilización extraordinaria en su momento de apogeo, los aztecas. El 10 de febrero de 1519, una flota compuesta por 11 naves, 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros y unos 200 indios y negros como auxiliares de tropa, zarpó de Cuba en dirección oeste para bordear la península del Yucatán e internarse en la misma.

La flota se componía además de 32 caballos, 10 cañones de bronce y 4 falconetes. Esta nueva expedición llegó durante el conocido como Período Posclásico de la Cultura maya momento en el que la península del Yucatán se encontraba fragmentada en 16 pequeños estados en continuo conflicto entre sí, con un gobernante para cada estado denominado “halach uinik”. Sólo dos años después, en 1521, el pequeño grupo de españoles liderados por Cortés apoyado en una amplia coalición de pueblos indígenas locales (algo que sería un constante), conquistó la gran ciudad de Tenochtitlán poniendo punto y final al por entonces poderoso imperio azteca, un imperio que en su cenit llegó a estar poblado por más de 15 millones de personas.

La conquista española del Nuevo Mundo nunca podría haberse producido sin la ayuda de tribus indígenas locales, tribus que estaban sometidas de formas a menudo más brutales que las que imponían aquellos primeros conquistadores cuyo único fin era reunir las mayores cantidades de oro que les fuera posible.

La conquista de la gran ciudad (del 10 de mayo al 12 de agosto de 1521) y la caída del imperio azteca, estuvo precedida de dos años de intentos bélicos, políticos y conspirativos en los que participaron los españoles junto con una coalición de pueblos indígenas que vivían sometidos al bárbaro y sanguinario sistema azteca. Aquellas tribus vieron en los conquistadores españoles una oportunidad para librarse del sistema de terror azteca, cuya brutalidad legendaria generó tanto enemigos y contribuyó a su abrupta caída y posterior olvido.

Los españoles entraron en Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519 como invitados de Moctezuma (Tlatoani o gobernador de la ciudad). Entendiendo Moctezuma que los extranjeros eran enviados del Quetzalcóatl, los colmó de grandes obsequios y los hospedó en el templo de Axayacatl e incluso en los siguientes días, los españoles pudieron visitar los palacios y los templos de la ciudad. Pero a lo largo de los siguientes dos años, una serie de acontecimientos llevaron a destruir esa relación inicial. Entre esa serie de acontecimientos se encuentra el que produjo en Veracruz cuando una pequeña batalla entre mexicas y totonacos (aliados de los españoles), causó la muerte de varios soldados españoles. Cortés exigió que los autores de la agresión fueran llevados a su presencia y cuando estos confirmaron que obedecían órdenes de Moctezuma, fueron sentenciados a morir en la hoguera mientras que Cortés decidió entonces tomar como rehén a Moctezuma obligándole a declararse vasallo de Carlos V.

Llegada a Tenochtitlan

Durante aquellos días, Cortés fue informado de la llegada a Veracruz de tropas españolas comandadas por Pánfilo de Narváez enviadas por Diego Velázquez. Lo cierto es que las tropas llegaban para capturar a Cortés por haber ignorado ordenes de sus superiores, pero en una maniobra disparatada y al mismo tiempo muy osada, el propio Cortés atacó y consiguió capturar a Narváez con sus escasas tropas de soldados españoles apoyadas por aliados totonacos. Cortés ofreció a los españoles adornos de oro invitándoles a unírsele, lo que finalmente consiguió pudiendo triplicar sus soldados. Narváez regresó a Cuba y Cortés a Tenochtitlán. En Tenochtitlan, se había quedado una guarnición al mando de Pedro de Alvarado, el cual decidió actuar por su cuenta lanzando un ataque como advertencia para evitar una posible sublevación azteca ante una concentración de guerreros en el Templo Mayor de la ciudad.

El ataque comenzó cuando los hombres de Alvarado “dieron un tajo al que estaba tañendo el tambor, le cortaron ambos brazos y luego lo decapitaron, lejos fue a caer su cabeza cercenada, otros comenzaron a matar con lanzas y espadas; corría la sangre como el agua cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de cabezas, brazos, tripas y cuerpos de hombres muertos” [8]. El ataque de Alvarado se conoce como la matanza del Templo Mayor. Además de una masacre, aquel ataque fue una afrenta al poder y al honor azteca al darse ordenes de asesinar a  nobles, caciques y jefes militares cuando se encontraban celebrando la fiesta de Toxcatl en honor a Huitzilopochtli. Las crónicas de Indias confirman que los españoles y sus aliados indígenas actuaron de forma planificada con el objetivo de terminar con el símbolo de poder que representaba el templo. La matanza del Templo Mayor es considerada como el preludio de la “Noche Triste”.

La caída del imperio azteca

La reacción azteca no se hizo esperar y los españoles pronto fueron rodeados y sitiados consiguiendo refugiarse en el palacio. Cuando Cortés llegó, intentó reconducir la situación liberando a Cuitláhuac (hermano de Moctezuma) que había hecho preso, pero este se puso inmediatamente al frente de los mexicas uniéndose a Cuauhtémoc. Cortés entonces intentó llegar a un acuerdo con Moctezuma pero este murió en extrañas circunstancias. Rodeados por la multitud, sin provisiones ni agua y desmontados los puentes de acceso a la isla, los españoles se vieron no obstante, obligados a iniciar la retirada en la lluviosa noche del 30 de junio de 1520, la que sería conocida como Noche Triste.

Cortés consiguió la victoria (una vez más) gracias a la decisiva presencia de los tlaxcaltecas y otras tribus aliadas, las cuales les advirtieron que matando y arrebatando el estandarte al cihuacóatl (jefe de los ejércitos), conseguiría poner al resto de guerreros en fuga.

Pronto fueron descubiertos y miles de guerreros mexicas se les echaron encima. Muchos españoles se ahogaron hundiéndose arrastrados por el peso de las armaduras o por las piezas de oro que acarreaban. Las crónicas hablan de cómo “el lago se llenó de cadáveres españoles, que prefirieron ahogarse antes que entregar los objetos que habían robado“. Cortés y un grupo de españoles pudieron escapar reagrupándose con sus aliados txalcaltecas siendo finalmente alcanzados por miles de guerreros aztecas cerca de Otumba. Cortés consiguió la victoria (una vez más) gracias a la decisiva presencia de los tlaxcaltecas y otras tribus aliadas, las cuales les advirtieron que matando y arrebatando el estandarte al cihuacóatl (jefe de los ejércitos), conseguiría poner al resto de guerreros en fuga. Y según cuentan cronistas como Díaz del Castillo, al grito de “¡Santiago y cierra España!”, el propio Cortés supuestamente derribó al cihuacóatl Matlatzincatzin siendo este atravesado a continuación por la del soldado Salamanca. El ejército enemigo se dispersó el 7 de julio suspendiendo la persecución de los españoles que consiguieron replegarse a Tlaxcala.

Un año después, reorganizados y reforzados con nuevas naves y hombres, españoles y txalcaltecas iniciaron al asalto final de Tenochtitlán. Tras 75 días de sitio, los aztecas, gravemente debilitados e su defensa por la incidencia de enfermedades como la viruela, el sarampión, combatieron hasta ser derrotados. La capital fue saqueada y la población trasladada para ser sometida a trabajos forzados. Con la destrucción del imperio azteca en Tenochtitlan, la cultura azteca junto con su sanguinaria religión, su lengua náhuatl y la gran mayoría de sus escritos y pinturas se perdieron en gran parte para siempre. Los templos, antaño símbolo del terror azteca, quedaron arrasados y buena parte de su extraordinaria orfebrería fue fundida y trasladada a España. Cortés que había sido inicialmente apartado por Diego Velazquez de la expedición por desobediencia, fue reconocido por Carlos V con el título de marqués del Valle de Oaxaca.

Pizarro y la campaña contra el imperio inca

En el sur del continente, el escenario y los personajes también estaban dispuestos de forma similar que en el norte con el imperio azteca. Al igual que Hernan Cortés, Francisco Pizarro llegó a América en 1502 en la expedición de Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador de La Española. De sus primeros años en América se sabe muy poco pero se cree que pasó un tiempo en la Isla de La Española. Firmada la Capitulación de Toledo (1529) por Isabel de Portugal con la autoridad del Rey Carlos I y establecidos los derechos de conquista sobre las regiones meridionales, Pizarro se embarca en 1532 en la nueva expedición que zarpó desde la ciudad de Panamá con 180 soldados, desembarcando cerca de Tumbes (hoy Perú) y que entonces se encontraba dentro del imperio inca (Tahuantinsuyo, que se extendía desde Colombia hasta Chile). Es importante reseñar que la palabra inca se refería exclusivamente a los soberanos y reyes del imperio no a sus subditos.

El Tahuantinsuyo tenía una población de 12 millones de personas y Pizarro al igual que Cortés y Colón previamente, centró su campaña en la conquista territorial y en la búsqueda de oro. Años atrás, se habían llevado a cabo diversas expediciones de exploración, encontrándose algunas figuras pequeñas de oro destinadas al culto religioso ya que los incas ligaban el oro a lo sagrado, no a lo económico. Los exploradores preguntaron a los guías donde podrían encontrar más a lo que los nativos les respondieron prometiendo llevarlos en la búsqueda de este al reino de Atahualpa. Desde entonces, las noticias sobre la abundancia de oro en el sur se tornó en realidad, mito y leyenda al mismo tiempo.

El fin del imperio inca

Uno de los más importantes caudillos con los que se encontró la expedición española sobre tierras incas, era Atahualpa (en quechua: Ataw Wallpa). Los incas al igual que los aztecas, creían que su dios más importante, Viracocha, regresaría a través del Océano Pacífico como lo hizo en el principio de los tiempos surgiendo de las aguas para crear el cielo, la tierra, los animales y los hombres, a los que luego destruyó para volver a crearlos a partir de la piedra. Viracocha tenía, como Pizarro, la barba blanca y los ojos verdes por lo que Atahualpa invitó a este a reunirse con él en la fortaleza inca de Cajamarca. Cuando Pizarro llegó a Cajamarca (15 de noviembre de 1532), Atahualpa lo estaba esperando junto a un séquito compuesto por entre 3000 y 4000 hombres. Atahualpa accedió entonces a la plaza donde les esperaban Pizarro y sus tropas (no mas de 200), algunos de los cuales se habían escondido y situado estratégicamente sus armas creyendo que se trataba de una emboscada inca.

El desfile de cientos de sirvientes limpiando el camino para el paso del rey Atahualpa llegó hasta Pizarro con este subido en un trono de oro rodeado de otros líderes y personalidades. Entonces el capellán de los españoles, el fraile Vicente Valverde, se acercó al trono con una cruz y una biblia y pidió al Rey que se retractara de sus creencias paganas y aceptara el bautismo así como la autoridad del Rey de España Carlos I y el Papa Clemente VII como sus señores. Atahualpa examinó la Biblia sin poder entender que era o que representaba para a continuación arrojarla al suelo, algo que fue interpretado como una blasfemia. Acto seguido, Valverde replicó con su famosa frase : “¡Los evangelios entierra, salid cristianos que yo os absuelvo!”. La artillería y los mosquetes camuflados comenzaron a disparar mientras la caballería cargó.

La caída del imperio inca al igual que el imperio azteca, no pudo haberse producido sin la participación de tribus locales sometidas al Tahuantinsuyo. De esta forma, los propios indígenas participaron de la destrucción del imperio inca y del reparto de las propias riquezas del mismo, generándose en todo el proceso, nuevos caudillos políticos, religiosos y militares que forjaron prosperas alianzas con los conquistadores.

Autores como Julio R. Villanueva Sotomayor cifran la matanza posterior en más de 20.000 indígenas, tanto leales al imperio como contrarios a este. La muerte  del señor de Chincha, amigo íntimo de Atahualpa y otro líderes incas importantes permitieron que el propio Atahualpa fuera capturado. Al igual que ocurría con los aztecas, una guerra prolongada era inviable para los españoles por la falta de suministros, hombres, por las mismas condiciones climatológicas, el terrero y por la descomunal diferencia de soldados en uno y otro bando. Pizarro, consciente de la situación y de la situación de opresión que sufrían otras tribus indígenas a manos del imperio inca, optó por formar una alianza con una amplia coalición de líderes y guerreros contrarios al Tahuantinsuyo. Esta alianza no tardó en dar sus frutos gracias a la captura del propio Atahualpa, hecho que minó aún más el poder, la confianza y el prestigio del resto de los líderes incas.

Atahualpa colma de oro y plata a Pizarro

Estando Atahualpa cautivo, se ofreció a Pizarro llenar una vez de oro y dos veces de plata y piedras preciosas la celda donde se encontraba a cambio de su libertad. Sin embargo, el extraordinario rescate de oro y plata trasladado desde todo las regiones del imperio no sirvió para liberarlo, pues Pizarro decidió mantenerlo en cautiverio incumpliendo así su palabra y quedándose para sí mismo el oro y la plata según cuenta la leyenda. Se ha considerado que el rescate pagado por Atahualpa ha sido el mayor de la historia con un valor que actualmente ascendería fácilmente a varios miles de millones de euros.

La conquista de América por lo tanto resulta mas compleja que como a menudo es explicada (ya sea a favor o en contra) y son muy frecuentes los mitos y la leyenda negra tanto de un lado como de otro. Al final, no sólo las armas, las técnicas modernas de lucha y las enfermedades fueron las que determinaron la rápida conquista del continente, mas bien el uso taimado de la diplomacia y las alianzas de conveniencia.

Pizarro entendió que a pesar del rescate, no podía liberar a Atahualpa por que ello sólo llevaría un nuevo enfrentamiento armado con pocas o nulas posibilidades de victoria. Entonces, acusó a Atahualpa de idolatría, fraticidio, poligamia, incesto, usurpación del trono, etc, acusaciones por las que fue condenado a morir en la hoguera. La pena fue conmutada por la muerte mediante estrangulación (26 de julio de 1533) tras “abrazar” la fé católica antes de su ejecución y aceptar ser bautizado. La muerte de Atahualpa así como la captura, ejecución o compra de líderes incas y una posterior epidemia de viruela introducida por los españoles, hizo tambalearse al imperio, allanando el camino a los conquistadores españoles para ocupar Cuzco en noviembre de 1533 y hacer efectivo el completo control del territorio inca.

Leyenda Negra. Conquista y colonización

La conquista española del Nuevo Mundo generó en su época muchos mitos y falsedades, fundamentalmente con objetivos políticos y como medio para debilitar el poder imperial español por parte de sus rivales europeos protestantes. Este conjunto de mitos se convirtió en uno de los sistemas de propaganda más exitosos y duraderos de la historia. Tal fue el éxito de la propaganda protestante antiespañola, que muchos de aquellos mitos, falsedades y exgeraciones han llegado hasta nuestro tiempo y siguen estando ampliamente asentados en el imaginario colectivo del ciudadano medio español.

Es indudable el sufrimiento que generó la llegada al Nuevo Mundo de los conquistadores entre muchas tribus indígenas así como las medidas que implementaron en los primeros años y décadas tras su asentamiento. Se dieron todos los abusos propios de una conquista de semejante envergadura y muchas tribus indígenas sufrieron grandes calamidades. Sin embargo, es igualmente indudable que no pocas culturas precolombinas eran sistemas brutales y sanguinarios que explotaban a sus súbditos sometiéndolos igualmente tanto a trabajos forzados como a terroríficos sacrificios humanos. Esta situación provocó que muchas de aquellas tribus indígenas sometidas, optaran por aliarse con los conquistadores para liberarse del yugo al que venían estando sometidas durante generaciones. Algunas de ellas fueron reconocidas concediéndoles autonomía mientras que otras pasaron a estar dominadas por el poder imperial español.

Las Leyes de Indias eran un conjunto de normas instrucciones y ordenanzas que fue promulgada por los monarcas españoles para regular la vida social, política y económica en las colonias y que entre otras cosas, tenían el objetivo de proteger a los indígenas de abusos y arbitrariedades.

Aunque muchas tribus indígenas pasaron a estar dominadas por la Corona española, se hace especialmente necesario reconocer que a diferencia de los conquistadores protestantes europeos, el comportamiento de la España imperial así como de muchos colonos que llegaron al Nuevo Mundo, no fue ni mucho menos el quedó se divulgó a partir de la Leyenda Negra y que si bien hubo muchos y graves abusos (¿en qué conquista y colonización no se producen?), el balance español también estuvo marcado por numerosos y extraordinarios hitos apenas conocidos que buscaban precisamente, evitar precisamente esos abusos y ofrecer a todos sus habitantes sin distinción de etnia, un tratamiento más o menos igualitario así como unos derechos fundamentales.

Las Leyes de Indias eran un conjunto de normas instrucciones y ordenanzas que fue promulgada por los monarcas españoles para regular la vida social, política y económica en las colonias y que entre otras cosas, tenían el objetivo de proteger a los indígenas de abusos y arbitrariedades. Entre las disposiciones más destacadas que buscaban la protección de los indios se puede enumerar las siguientes [10]:

  • Instrucciones de Granada de 1501, de los Reyes Católicos.
  • Testamento de 1504 de Isabel la Católica.
  • Leyes de Burgos de 1512, firmadas por Fernando el Católico, se consideran la primera Declaración de los Derechos Humanos.
  • Leyes de Valladolid de 1513, emitidas por la reina Juana la Loca.
  • Nuevas leyes de Indias de 1542, reinando Carlos V.
  • Controversia de Valladolid de 1550-1551, Carlos V paró la conquista y se sometió a debate si ésta era justa.
  • Leyes de 1589, reinando Felipe II.
  • Creación del cargo de Protector de Naturales en el Virreinato del Perú en 1614.
  • Recopilación de 1681.
  • Ordenanza de Intendentes de 1786.

Estas ordenanzas son de por sí extraordinaria teniendo en cuenta que pocos o ningún imperio a lo largo de la historia se preocupó en proveer de unos derechos y una protección de sus nuevos súbditos aunque muchas de aquellas medidas no se terminaran por imponer, ya fuera por la incapacidad o imposibilidad de ser aplicadas efectivamente desde el otra lado del Atlántico o por simple desinterés priorizando la llegada de oro y plata. Las Leyes de Indias no significaron la implementación de un panorama idílico para los indígenas pero mucho menos, el escenario retorcido planteado desde los países protestantes desde donde se creaban historias sobre truculentas atrocidades y torturas cometidas sobre indígenas.

Según Alexander von Humboldt (Prusia, 1769-1859), geógrafo, astrónomo, naturalista, “Los monarcas de España, tomando el título de Reyes de las Indias, han considerado estas provincias lejanas más bien como partes integrantes de su monarquía, y como provincias dependientes de la Corona de Castilla, y no como colonias en el sentido que, desde el siglo XVI, ha significado esta voz para el resto de pueblos de Europa”. Es en 1542 cuando las Leyes Nuevas confirmaran la prohibición de someter a los indios a la esclavitud sancionándose así el fin del trabajo forzoso conocida como encomienda.

El historiador John Elliot (Inglaterra, 1931), también considera como es “Es posible apreciar un claro cinismo al ver sustituida la contaminada palabra conquista por pacificación en las ordenanzas reales de 1573, pero la preocupación por el bienestar de los indígenas y la salvación de sus almas fue una constante. Hubo muchas atrocidades, mucha crueldad, como suele pasar en cada conquista. Pero también hubo un empeño de la Corona y la Iglesia en proteger a los indios. La leyenda negra es el resultado de lo que pasó y de la publicidad del libro de Bartolomé de las Casas sobre la destrucción de las Indias, pero en parte también de lo que estaba pasando en Europa. Por ejemplo, el intento de España de suprimir la revuelta de los Países Bajos. Los Tercios de Flandes tenían fama de ser muy crueles. También fue fomentada por el protestantismo. La leyenda negra ha sobrevivido a la época del poder imperial y todavía sigue en pie” [17].

Otro de los aspectos que más diferencia la conquista y colonización española del resto de pueblos conquistadores de su época e incluso de toda la historia, es que los españoles desde el primer momento, se mezclaron con la población autóctona en igualdad de condiciones mediante matrimonios mixtos (algo que estaba prohibido en las colonias protestantes), generando una cultura mestiza que hoy es posible ver en toda su extensión y de la que no existe nada parecido en los imperios contemporáneos de la época e incluso en épocas posteriores. Parte de significativo hito quedó reflejado en la palabra “bastardo”, de origen inglés y que en España solo llegó a través del vocablo francés “bastart”. Y es algo que podemos ver actualmente teniendo en cuenta que en las ex-colonias españolas, la población actual es de más 70% de ascendencia americana aborigen, mientras que en las colonias protestantes, menos del 7% de la población que permanece, es de origen indígena.

Una de las leyes de indias más singulares recogía : “Es nuestra voluntad que los indios e indias tengan, como deben, entera libertad para casarse con quien quisieren, así con indios como con naturales de estos nuestros reynos, o españoles nacidos en latí Indias, y que en esto no se les ponga impedimento. Y mandamos que ninguna orden nuestra que se hubiere dado o por Nos fuera dada pueda impedir ni impida el matrimonio entre los indios e indias con españoles o españolas. y que todos tengan entera libertad de casarse con quien quisieren, y nuestras audiencias procuren que así se guarde y cumpla” (Ley 2º Tit. 1º Libro VI).

En las ex-colonias españolas, la población actual es de más 70% de ascendencia americana aborigen, mientras que en las antiguas colonias protestantes, menos del 7% de la actual población que permanece es de origen indígena.

Figuras internacionales de diverso tipo, dejaron constancia de este trato diferenciado que dieron los colonos españoles en el Nuevo Mundo a los indígenas derribando los mitos de la imagen secular de una España cruel, fanática y oscurantista. El abuelo de Charles Darwin, Erasmus Darwin, describió hacia 1800 ante la cámara de los Comunes admirado
cómo tratan los españoles a los indios como semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades, pues he conocido alcaldes, obispos y hasta militares indígenas, lo que redunda en paz social y bienestar” [11]. Posteriormente su nieto, Charles Darwin,  en su obra ‘Viaje de un naturalista alrededor del mundo’, describe el testimonio de un nativo con el que conversó en Chile en una de sus paradas : “Nos tratan así porque somos unos pobres indios ignorantes; no sucedía esto cuando teníamos un rey” .

Una vez más, Alexander von Humboldt (Prusia, 1769-1859), destacaba en su día el hecho de comoLos mineros de la Nueva España son los mejores pagados del mundo, ellos reciben de seis a siete veces más salario por su labor, que un minero alemán. ¡Esto debe saberse en Europa!” [12]. Con todo, estas condiciones no impidieron que un millón de mineros (según las estimaciones más altas), murieran en las minas de Huancavelica, Potosí, Oruro y del cerro de Pasco. Este hecho, presente en todas las colonizaciones y conquistas, se confunde deliberadamente como un “genocidio planificado” por los españoles, pero como se ha indicado, antes si fue de verdad un genocidios planificado contra las etnias indígenas, no se entiende la relación actual entre indígenas y mestizos en Latinoamerica con la población de ascendencia española o criolla.

Otro hecho destacado que diferencia la colonización española con la de otros países europeos, es como señala el historiador Hugh Thomas (Inglaterra, 1931-2017), la “la actitud de la Iglesia católica en México, mucho mejor que la religión de los aztecas.”. Se podría hablar muy largo y tendido sobre el papel de la Iglesia católica en el Nuevo Mundo, pero es indudable que no puede haber comparación entre la religión católica y la azteca u otros cultos precolombinos que incluían terroríficos y sangrientos rituales, incluyendo sacrificios humanos.

Por otro lado, Thomas destaca otro hecho como es el desarrollo que la Corona española implementó en el Nuevo Mundo a diferencia de otros imperios coloniales de la época, llevando “….la rueda, el trigo o el caballo, que contribuyeron positivamente a la vida en el continente”. De la misma manera, los colonos españoles construyeron decenas de hospitales a lo largo de toda Hispanoamérica y Filipinas, un hecho ignorado a menudo y que se recoge ampliamente documentado en el gran estudio de Francisco Guerra que lleva el título de ‘El hospital en Hispanoamérica y Filipinas, 1492-1898’ [13]. Otros hechos que no han tenido apenas relevancia en el balance de la conquista del Nuevo Mundo por España y que también diferencian el colonialismo español del protestante, son por ejemplo la fundación de 23 universidades e instituciones de enseñanza abiertas a los indígenas o el hecho de que dos lenguas indígenas alcanzaran su máxima extensión bajo el Imperio español, estas eran el náhuatl, idioma del Imperio azteca, y el quechua, idioma del Imperio inca. Incluso a partir del siglo XVI, se empezaron a imprimir obras en lenguas indígenas como las mencionadas además de otras como el aymara y la puquina.

El mito del genocidio español y la ocultación del genocidio azteca

Uno de los mitos más extendidos y que aún continua vigente, es la consideración que la Corona española organizó y planificó un “genocidio” en el Nuevo Mundo que provocó la muerte de millones de indígenas sin explicarse por qué la España imperial querría matar a millones de indígenas cuando ya no suponían ninguna amenaza. Parece claro que la confusión deliberada en utilizar el término “genocidio” proviene de la Leyenda Negra, pues fue precisamente el holandés Guillermo de Orange, quien popularizó este hecho al afirmar que “los españoles han causado una muerte miserable a 20 millones de personas” [15].

Como ya se ha señalado, los conquistadores españoles no perpetraron ninguna matanza masiva y ordenada de la población americana, lo que no significa que se cometieran grandes abusos y arbitrariedades y atrocidades para llevar a cabo sus propósitos. Es la Leyenda Negra protestante la que convirtió la catástrofe demográfica producida por las enfermedades que los españoles llevaron al Nuevo Mundo, en un “genocidio planificado”. Tradicionalmente, la población indígena del continente antes de la llegada de los españoles se ha estimado entre los 40 millones y los 100 millones (una cifra exagerada o cuando menos discutible), el hispanista venezolano Ángel Rosenblat en su libro ‘La población de América en 1492: viejos y nuevos cálculos’ (1967) sitúa en no más de 13 millones la población total, destacando como las regiones de México y de Perú (imperio azteca e inca respectivamente), concentraban la mayoría de la población.

Parece claro que la confusión deliberada en utilizar el término “genocidio” proviene de la Leyenda Negra, pues fue precisamente el holandés Guillermo de Orange, quien popularizó este hecho al afirmar que “los españoles han causado una muerte miserable a 20 millones de personas

Con todo, el 95 % de la población total de América pereció en los primeros 130 años tras la llegada de Colón según el investigador estadounidense H. F. Dobyns y es esa enorme disminución demográfica la que tradicionalmente ha utilizado la Leyenda Negra para designarla como un “genocidio”, aunque lo cierto es que aquella drástica disminución, fue causada en su gran mayoría por las enfermedades europeas para las que los indígenas americanos no estaban preparados según las estimaciones del ecólogo Jared Diamond. Otras causas como las muertes provocadas por la guerra, el colapso de los grandes imperios azteca e inca,  los desplazamientos de poblaciones o los trabajos forzados, fueron motivos secundarios que podría no alcanzar el 10% del total de muertes provocadas con la llegada de Colón al Nuevo Mundo. Y es que fue precisamente en los primeros años o décadas cuando se produjo esta drásticas disminución, lo que vendría a desmentir la existencia de plan organizado para matar al 95% de la población indígena teniendo en cuenta como el principal interés de los conquistadores era el oro y la plata.

El historiador Charles F. Lummis (EEUU, 1854-1928), consideró que “[…] Los españoles no exterminaron a ninguna nación aborigen -como exterminaron docenas de ellas nuestros antepasados los ingleses- […] Entre el Cabo de Hornos y el Polo Norte no había ni una mala casucha inglesa ni un solo hijo de Inglaterra […] España […] Se desangró por una conquista tan enorme que ni aún hoy podría nación alguna dar hombres o dinero necesario para poner la empresa al nivel del progreso mundial […]” [16]. Incluso como hemos visto anteriormente con Voltaire, los mismos  enciclopedistas franceses pusieron seriamente en duda cuando no negaron  abiertamente el genocidio indígena.

La catástrofe demográfica en la América precolombina fue producto fundamentalmente de las grandes epidemias, no de una plan organizado y un genocidio,  lo que no significa atenuar el impacto que también tuvo sobre la mortalidad, el trabajo forzado en ciertos ámbitos como el ya indicado relativo al trabajo en las minas de plata.

Por lo tanto, la catástrofe demográfica en la América precolombina fue producto fundamentalmente de las grandes epidemias, no de una plan organizado y un genocidio,  lo que no significa atenuar el impacto que también tuvo sobre la mortalidad, el trabajo forzado en ciertos ámbitos como el ya indicado relativo al trabajo en las minas de plata. Un ejemplo del impacto de estas epidemias lo podemos encontrar en la plaga de viruela que asoló Santo Domingo entre 1518 y 1519 y que acabó con prácticamente toda la población de la isla. La viruela también fue introducida por Hernán Cortés en México, la cual tras pasar por Guatemala, continuo provocando estragos hasta el mismo corazón del Imperio Inca en 1525. La posterior llegada de Francisco Pizarro a Perú, terminó por asestar un golpe demoledor del que el imperio inca no se recuperaría. Y no solo la viruela, otras epidemias le siguieron a la viruela como la de sarampión (1530-31), el tifus (1546), la gripe (1558) y otras como la difteria, paperas, la sífilis y la peste neumónica.

Los otros “genocidios” ocultados y las costumbres bárbaras de muchos pueblos precolombinos

Desde ciertos sectores ideológicos, se ha tendido tradicionalmente a crear una visión maniquea del papel entre indígenas americanos y conquistadores españoles. Mientras que los indígenas han sido y siguen siendo calificados como “pueblos pacíficos”, lo cierto es que muchos pueblos precolombinos tenían costumbres que verdaderamente, asombraron e impactaron a los conquistadores españoles. En el caso del imperio azteca, probablemente tampoco se pueda aplicar la palabra “genocidio”, pero sí existía una práctica sistemática y terrorífica de perseguir, capturar y realizar sacrificios humanos mediante algunas de las formas más pavorosas vistas a lo largo de la historia.

En 2017, se descubrieron enormes torres de cráneos enterrada en la antigua ciudad Tenochtitlán. Aquellas torres dejan en meras torres de aficionados, las realizadas por los conquistadores mongoles en Eurasia y dan testimonio del horror y el terror al que vivían sometidas muchas personas y tribus bajo los aún en gran parte considerados, “benevolentes” indígenas aztecas. Un acompañante de Hernán Cortés, Andrés de Tapia, describió ya en 1521 aquel sistema de terror azteca del que muchos se limitaron a considerarlo como una burda mentira que buscaba justificar la misma conquista del Nuevo Mundo. Pero la arqueología terminó demostrando que era cierto.

Un acompañante de Hernán Cortés, Andrés de Tapia, describió ya en 1521 aquel sistema de terror azteca que muchos se limitaron a considerarlo como una burda mentira que buscaba justificar la misma conquista del Nuevo Mundo.

Se ha calculado que el imperio azteca realizaba en torno a 100.000 sacrificios humanos al año. En una carta escrita en el año 1524, Fray Juan de Zumarraga, primer Obispo de México, describía como en Tenochtitlán se sacrificaban en honor de los dioses aztecas, a más de 20.000 personas cada año y 72.000 a lo largo de todo imperio, incluyendo más de 20.000 niños. El historiador mexicano Mariano Cuevas (1879-1949) señaló en su obra, ‘Historia de la iglesia en Mexico’, como “en las vigas y gradas de Mixcoatl, edificio del templo mayor de México, contaron Andrés de Tapia y Gonzalo de Umbría 136.000 calaveras de indios sacrificados”. Los aztecas, como los mayas y otros pueblos precolombinos, eran culturas extremadamente violentas que vivían permanentemente en guerra. En dichas guerras, el objetivo no era otro que capturar “al mayor número posible de sus contrarios para después sacrificarlos.” [18]

Fray Juan de Zumarraga, primer Obispo de México, describía como en Tenochtitlán se sacrificaban a los dioses aztecas a más de 20.000 personas cada año y a más de 72.000 a lo largo de todo imperio, incluyendo más de 20.000 niños.

Cuevas describió como además de los sacrificios humanos de cautivos y esclavos, se practicaba abierta y normalmente, el canibalismo con los cadáveres de los ejecutados una vez se les extraía el corazón y se les decapitaba. Esta descripción del terror azteca, concuerda con la versión dada por el misionero franciscano Fray Bernardino De Sahagun en su obra ‘Historia General de las Cosas de la Nueva España’ en la que describía como “Después de haberles arrancado el corazón vertido su sangre en un recipiente de calabaza, se comenzaba a hacer rodar el cuerpo por los escalones de la pirámide. Terminaba por detenerse en una pequeña plaza situada debajo. Allí algunos ancianos se apoderaban de él y lo llevaban hasta casas donde lo desmembraban y lo dividían a fin de comerlo”. [19]. Y es que “el imperio azteca celebraba 18 fiestas anuales dedicadas al sacrificio humano, y su panteón de dioses vampíricos reclamaba sangre de vírgenes e impúberes masculinos” [20] a pesar de la cual, un considerable espectro de la izquierda considera a las cultura precolombinas como culturas que “solo querían vivir en paz y armonía”. una armonía mística interrumpida por los “bárbaros” conquistadores.

El historiador mexicano Mariano Cuevas describe también en su obra un manuscrito azteca de 1487 en el que se describe una ceremonia pagana en la que durante cuatro días, “desde la mañana hasta la puesta del sol”, se sacrificaron “ochenta mil y cuatro cientos hombres de diversas provincias y ciudades”. Cuevas recuerda que no solo los aztecas realizaban estos bárbaros rituales pues entre muchos pueblos amerindios, los sacrificios humanos eran muy comunes, como por ejemplo los tarascos, los mayas, los zapotecas y los matlacingas. Estudios arqueológicos aún más recientes, señalan también incas, los olmecas, teotihuacanos, toltecas, totonacas, mochicas y muiscas realizaban ceremonias igualmente atroces que incluían innumerables sacrificios humanos.

Después de haberles arrancado el corazón vertido su sangre en un recipiente de calabaza, se comenzaba a hacer rodar el cuerpo por los escalones de la pirámide. Terminaba por detenerse en una pequeña plaza situada debajo. Allí algunos ancianos se apoderaban de él y lo llevaban hasta casas donde lo desmembraban y lo dividían a fin de comerlo.” [Fray Bernardino De Sahagun en su obra ‘Historia General de las Cosas de la Nueva España’]

Aunque no sea algo que se recuerde y se ignore a menudo fundamentalmente por motivos políticos, en 1521 los españoles terminaron con estas horrendas prácticas que podrían haber costado la vida a muchos millones de personas, quizás más que las propias víctimas de la llegada de los conquistadores españoles debido al largo lapso de tiempo en que estas ceremonias formaron parte de muchas culturas precolombinas. Sin embargo, a la luz de estos nuevos descubrimientos, ciertos sectores ideológicos y movimientos indigenistas, continúan considerando estos hechos como mentiras o manipulaciones, presentando exclusivamente a los conquistadores españoles como los únicos “genocidas” y “bárbaros”.

A pesar de la gran documentación recopilada por historiadores y las contundentes pruebas arqueológicas encontradas, amplios sectores de la izquierda (y sectores del llamado “indigenismo” socialista) siguen cultivando a día de hoy ideas románticas producto de un acomplejamiento político e histórico patológico, una posverdad que de forma infantilmente simplista denuncia únicamente “el racismo del blanco, e ignora que en el mundo azteca, inca o maya, el más alto destino de la mujer era morir dando a luz. Tampoco asumen que estas tres culturas llevaron la práctica del sacrificio humano a extremos inauditos” [21]. Todo un ejercicio colosal de hipocresía política para evitar reconocer verdades que difícilmente se pueden negar pero que sirven a los intereses políticos de todo un sector electoral que vive aún acomplejado por los mitos de la Leyenda Negra.

Como se ha incidido a lo largo del artículo, tanto Cortés como Pizarro y otros conquistadores españoles, no habrían podido llegar a dominar el continente sudamericano sin haberse aliado y haber sido ayudados por otras tribus indígenas que vieron en la llegada de estos, una oportunidad para librarse del yugo de los grandes reinos e imperios precolombinos. La conquista de América por lo tanto resulta mas compleja que como a menudo es explicada (ya sea a favor o en contra) siendo aún muy frecuentes los mitos y la Leyenda Negra [9] que aún perdura especialmente entre los propios españoles que aún tienen una opinión llena de complejos y prejuicios, a diferencia de lo que ocurre en los países protestantes.

La visión general y simplista que aún se tiene de la conquista y colonización española del Nuevo Mundo como un mero “genocidio” de los pueblos indígenas, contrasta por ejemplo con el silencio respecto de otros “genocidios” cometidos por otras potencias europeas en sus respectivas colonias, ya fuera en el Congo, India, Bangladesh, Namibia o los propios EEUU tanto en el este como en el oeste, los cuales no tuvieron precisamente en las enfermedades el principal factor de mortalidad (o las utilizaron deliberadamente contra los indígenas como como fue el caso de Jeffrey Amherts), ni tuvieron publicistas como Bartolomé de las Casas que reconocieron las proporciones de la tragedia humana. En este sentido, la historiografía hecha en los países protestantes ignoró cuando no ocultó sus propios “genocidios” mientras se arrogaba el papel de potencia civilizadora en sus colonias y acusaba a otras naciones mediterráneas de los crímenes que estas cometían a menudo incluso de forma mas atroz, extensa y deliberada.

La visión general y simplista que aún se tiene de la conquista y colonización española del Nuevo Mundo como un mero “genocidio” de los pueblos indígenas, contrasta por ejemplo con el silencio respecto de otros “genocidios” cometidos por otras potencias europeas en sus respectivas colonias.

La primera fase de la conquista y colonización del Nuevo Mundo tuvo en definitiva, consecuencias nefastas para poblaciones indígenas aunque también no es menos cierto que trajo beneficios para muchas de ellas que estaban sometidas al yugo de otros poderes no menos violentos que el de los conquistadores españoles. Consecuencias aún peores las sufrirían mas tarde las comunidades indígenas del norte a manos de ingleses, franceses y holandeses en una segunda fase que se iniciaría fundamentalmente con la fundación de Jamestown el 14 de mayo de 1607.

Fuentes

Citas

  • Las victorias de los españoles se debieron, en gran parte, al modo de pelear de los indios. Como su mayor afán no era matar sino tomar prisioneros para los sacrificios, la batalla, después de la primera arremetida, se convertía en un conjunto de combates personales, sin orden ni concierto. Su cruenta religión los perdía. A ese afán debieron mil veces la vida los españoles, y aun Cortés mismo. Sin eso, fácil habría sido acabar con aquel puñado de hombres, por bravos que fuesen. En Otumba encontraran todos su sepulcro; mas los indios, privados del estandarte real por la sagacidad y arrojo de Cortés, desfallecieron, y aquella inmensa muchedumbre desapareció como niebla.” [García Izcalbaceta, 1894: 10]
  • No hay español culto que no sepa qué es la Leyenda Negra; al menos, en sus términos generales. No hay español inculto que no se haya creído la Leyenda Negra; al menos, en sus términos generales“. [José Javier Esparza]
  • La leyenda negra es una expresión usada por escritores españoles para designar la antigua propaganda contra los pueblos iberos, que empezó en el siglo XVI en Inglaterra y ha sido desde entonces un arma para los rivales de España y Portugal en las guerras religiosas, marítimas y coloniales de aquellos cuatro siglos“. [American Council on Education]
  • Es inaudito. Los únicos en todo el mundo que se creen ya la Leyenda Negra a pies juntillas son ustedes, los universitarios españoles. Me abochorna.
    [Henry Kamen (Birmania, 1936), historiador]
  • La colonización europea de los siglos XIX y XX fue culpable de crímenes semejantes a los cometidos por los conquistadores españoles. La única diferencia es que no encontraron a un de Las Casas para denunciar las injusticias con tanta repercusión“. [La Leyenda negra. Joseph Pérez]
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Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

8 Comentarios

  • No tanta violencia y ensañamiento como dices, a estas alturas todo el mundo sabe que Bartolomé de las casas exageró e inventó muchas cosas, está constatado que describe hechos en lugares en los que nunca estuvo. Seguimos cargando con el peso de la leyenda negra.

  • Cuánta mentira, más de lo mismo. Hispanoamérica necesita conocer la verdadera historia, contada con honestidad por hombres y mujeres que sepan de lo que están hablando. Cuándo llegara el día en el que con total honestidad se cuenten las cosas cómo realmente sucedieron?

  • Erasmus Darwin, el abuelo de Darwin, nunca salió de la Gran Bretaña, por lo que es imposible que dijese eso.

    Me temo que las dos fuentes que cita han bebido en el mismo bulo argentino de 2013.

    • El hecho de que Erasmus Darwin no visitara los lugares que comenta, no implica que no tuviera conocimiento de ellos y pudiera escribir sobre el tema. Erasmus era un verdadero erudito, se codeaba con grandes pensadores de su tiempo y tenía acceso a la información más precisa de la época no solo en temas científicos, sino también políticos y sociales.

      Muchos historiadores y analistas hablan sobre lugares en los que nunca estuvieron y ello no implica que no puedan escribir o que sea “imposible”.

      La información que usted considera como “bulo”, la tomamos del gran Antonio Escohotado como aparece claramente identificado en las fuentes. Si usted tiene información que desconocemos sobre lo que considera un “bulo”, sería de agradecer que aporte dicha información para que todos podamos contrastar la información que manejamos.

  • Utiliza varias veces las descripciones apocalípticas de Las Casas, el Fraile Loco de Don Ramón Menéndez Pidal. Y ya se saben las exageraciones de Las Casas. Otra cosa es la intencionalidad, intencionalidad en la que se suele olvidar su origen marrano.

    • Según su razonamiento, el origen “marrano” de Las Casas, está detrás de una supuesta “intencionalidad” que usted no explica o razona adecuadamente.

      Se trata de un autor contemporáneo al tema tratado que guste o no, tuvo una gran repercusión a través de su obra sobre el Nuevo Mundo.

      Como se ha apuntado, sus exageraciones han sido motivo de mucho debate y se ha destacado a lo largo del artículo, no así el origen “marrano” de este, algo que no debería utilizarse para examinar la obra de un determinado autor si no se está haciendo un planteamiento con otro tipo de intencionalidad más oscura.

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