Breve historia de la guerra química de Alfonso XIII en el Rif (1921 – 1927)

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Alfonso XIII por Kaulak

Introducción

Tras los devastadores resultados que supuso el uso a gran escala de agentes químicos durante la Primera Guerra Mundial, las naciones europeas occidentales adoptaron en sus arsenales nuevos tipos de armas como el gas mostaza, la perita, el fosgeno, el difosgeno o la cloropicrina en la creencia de que supondrían una ventaja en todo tipo de conflictos, especialmente en pequeños conflictos o conflictos coloniales.

Tribus incivilizadas

En el caso del imperio británico, esta ampliamente documentado el uso de armas químicas en el actual Irak durante las rebeliones de los años 20 protagonizadas por “tribus incivilizadas“, “árabes recalcitrantes” y kurdos [1]. Los italianos usaron armas químicas en Etiopía (1935) y en Libia (contra los senusíes) así como los japoneses en China de forma atroz entre los años 30 y los 40, uso que incluyó la experimentación de agente biológicos y químicos en humanos. En 1899, la Conferencia de la Haya había prohibido el empleo de sustancias tóxicas en los conflictos militares y en 1925, dieciséis naciones firmaron el Protocolo de Ginebra por el que se comprometían a no utilizar armas químicas. No obstante, el primer ministro inglés Lloyd George se congratuló por el éxito británico en el bloqueo de este tratado que buscaba proteger a los civiles. El primer ministro “insistió en reservarse el derecho de bombardear a los negros” [7] para proteger los intereses del imperio de Su Majestad contra futuros levantamientos.

Los británicos usaron armas químicas en el actual Irak durante las rebeliones árabes y kurdas de los años 20, los italianos las usaron en Etiopía (1935) y en Libia (contra los senusíes) así como los japoneses en China en los años 30 y 40 de forma atroz, donde también utilizaron ampliamente agentes biológicos modificados mas agresivos cuyas consecuencias aún hoy perduran en amplias zonas de China.

Alfonso XIII en el Rif

Tan poco conocida es la posición del imperio británico en aquellos días como lo es el papel que tuvo la España de Alfonso XIII en su propia guerra química en el Rif contra el levantamiento liderado por Abdelkrim el Jatabi. Al igual que los británicos, los españoles veían como su fuerza militar era cada vez más limitada y costosa por lo que terminaron inclinándose hacia la guerra química como un medio rápido y eficaz en resolver sus conflictos coloniales. La campaña española de guerra química en el norte de Marruecos comenzó tras el desastre de Annual a principios de la década de los años 20. Herido en su orgullo, el ejército español, al igual que su homólogo británico, no solía hacer distinción entre civiles y rebeldes a la hora de utilizar gas y otras armas prohibidas. Mohamed Faragi, un adolescente que fue testigo y sufrió los bombardeos químicos, explicó a sus 91 años como “Tiraban algo así como azufre. La gente se quedaba ciega. Su piel se ennegrecía y la perdía. El ganado se hinchaba y después moría. Las plantas se secaban de golpe. Durante semanas no se podía beber el agua de los arroyos. Me decían que el agua estaba envenenada. El veneno se quedaba en el agua, en las rocas. Recuerdo a un vecino que pisó una charca envenenada y se derrumbó. ¿Qué íbamos a hacer si teníamos que regar los higos?” [2].
Los franceses, con los que los españoles compartían la aventura colonial del norte de África, informaron a su gobierno sobre los estragos producidos por la aviación española. Esta había “dañado gravemente los pueblos rebeldes” gracias al uso de “…bombas de gas lacrimógeno y asfixiantes que causaban estragos entre la pacífica población. Gran número de mujeres y niños han acudido a Tánger para recibir tratamiento médico, y allí su presencia ha provocado lástima entre la población musulmana, así como indignación contra los españoles.” [8]. “Es un desgraciado. Además de la locura tiene llagas de iperita (gas mostaza)“, afirmaba un médico militar español que trataba a un soldado afectado por los propios gases de su ejército al no haber tenido en cuenta la dirección del viento. “¡Qué torpeza, tirar gases con viento contrario!”, recoge el informe de aquellos días y que se descubrió recientemente junto con muchos otros que fueron guardados con gran secretismo.

La campaña española de guerra química en el norte de Marruecos comenzó tras el desastre de Annual a principios de la década de los años 20. Herido en su orgullo, el ejército español, al igual que su homólogo británico, no hizo distinción entre civiles e y rebeldes.

El programa español de armas químicas

Alfonso XIII se había interesado sobre el papel de estas nuevas armas ya tras la Primera Guerra Mundial y en agosto de 1921 (año del desastre de Annual en el que perecieron cerca de 10.000 soldados) el rey urgió a sus representantes civiles y militares a firmar un acuerdo con Alemania para la adquisición de estas armas de forma encubierta incumpliendo así el Tratado de Versalles. La negociación desembocó en un acuerdo secreto que permitió la colaboración destacada del antiguo jefe del servicio alemán de guerra química, Von Stoltzenberg y por el cual Alemania ofreció cantidades sobrantes del armamento químico de la Gran Guerra a España. La venta de los agentes químicos se extendió al asesoramiento para la fabricación de las mismos en suelo español. En 1923 se terminó la construcción de una fábrica acondicionada para el desarrollo de este tipo de armas en La Marañosa cerca de Madrid. De esta forma, la nueva “Fábrica Alfonso XIII” permitiría a España abastecer a su ejército con estas nuevas armas sin depender de otros países.
Voces discordantes sobre el uso de estas armas y sobre los incumplimientos de los diferentes tratados que las prohibían ya se habían producido en Inglaterra y en otras naciones a la vista de las horrendas consecuencias provocadas en los soldados afectados durante la Gran Guerra. En 1920, el por entonces Secretario de la Guerra Winston Churchill, declaró su completa incomprensión y la su civilizada nación hacia los “remilgos sobre el uso de gases” declarándose “totalmente a favor de usar gases venenosos contra tribus no civilizadas” [9]. La opinión de Churchill la compartían algunos altos oficiales del ejército español como fue la del general Dámaso Berenguer, alto comisario español en Tetuán, el cual escribió un telegrama el 12 de agosto de 1921 en el que se sinceraba explicando que siempre “fui refractario al empleo de los gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho y de su traidora y falaz conducta [en la batalla de Annual], he de emplearlos con verdadera fruición”.

Los civiles, principales víctimas

El ejército bombardeó zocos, casas, campos de cultivo, lugares de reunión buscando eliminar la retaguardia. “Los que no murieron se cubrían con un pañuelo, pero esto no era suficiente. A través del pañuelo respiraban el gas que les quemaba los pulmones, era la peor sustancia de la época”, dice el historiador Sebastian Balfour, catedrático de la London School of Economics y autor del libro Abrazo Mortal. [3]. La prioridad de Alfonso XIII en 1925 era “…exterminar, como se hace con las malas bestias, a los Beni Urriaguel y a las tribus más próximas a Abdelkrim”. Cuatro años después de Annual, Alfonso XIII declaró al agregado militar francés en Madrid como era necesario continuar con los planes fijados e ignorar las “vanas consideraciones humanitarias” ya que “con la ayuda del más dañino de los gases” se iban a salvar muchas vidas españolas y francesas. [5]

La campaña militar se extendió entre el periodo que va de 1921 a 1927 y los bombardeos químicos se generalizaron hasta que finalmente la revuelta quedó sofocada, no sin antes acabar con la vida de cientos, quizá miles de victimas inocentes y afectando tanto al ganado, a las cosechas y en definitiva al propio entorno natural. En la actualidad, las enfermedades de origen oncológico están muy extendidas.

La campaña militar de Alfonso XIII se extendió entre el periodo que va de 1921 a 1927 y los bombardeos químicos se generalizaron hasta que finalmente la revuelta quedó sofocada, no sin antes acabar con la vida de cientos, quizá miles de victimas inocentes y afectando tanto al ganado, a las cosechas y en definitiva al propio entorno natural. El agua quedó contaminada durante largo tiempo lo cual siguió causando la muerte de numerosas personas y animales tiempo después de la retirada franco – española. Otros quedaron afectados por diversos tipos de afecciones como consecuencia de la exposición parcial a estos agentes químicos altamente tóxicos, desembocando en ocasiones en cánceres. En la actualidad, las enfermedades de origen oncológico están muy extendidas. Según Juan Pando, los informes de la época hablan de cómo las propiastropas españolas sufrieron casi tantas bajas de iperitados como las rifeñas, y los partes oficiales son bien explícitos, con nombres y apellidos de los españoles gaseados”, lo que vendría a confirmar la tesis del uso a gran escala de dichos agentes químicos.

En febrero de 2007, los grupos parlamentarios del PP y PSOE, bloquearon una proposición no de ley para ofrecer compensaciones económicas y reconocimiento a los afectados. Además, se proponía que el Gobierno ayudara a los hospitales de Nador y Alhucemas con unidades oncológicas. La respuesta de Jorge Fernández Díaz (Diputado del PP) fue ridiculizar la petición declarando que “Cuando los ciudadanos lean que en el Congreso hemos estado hablando del Rif, no sabrán si nos referimos al Hotel Ritz” [6]. Por su parte, el diputado del PSOE, José Luis Galache, afirmó que no se ha podido establecer una relación causa – efecto entre los bombardeos químicos y el amplio número de afectados por tumores en el Rif.

Tras la campaña de guerra química del Rif, España busco al igual que hicieron otras naciones, envolver sus acciones pasadas más vergonzosas en el más completo secretismo. Ello provocó que hasta hace apenas unos años prácticamente no se tuviera información alguna o investigaciones sobre la campaña química de Alfonso XIII en el norte de África. Y es que el secretismo en este tipo de asuntos, es una norma que no entiende de fronteras ni colores políticos. El propio John Major ordenó en su día  eliminar todas las pruebas de la oficina del registro público sobre la guerra química que los británicos llevaron a cabo en los años 20 en Oriente Medio y Afganistán [4].

Fuentes

Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

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