La Iglesia católica y el III Reich, aliados de conveniencia (1933 – 1945)

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Eugenio Cardenal Pacelli y Franz von Papen

Introducción

Pocas investigaciones sobre el nacional – socialismo han sido tan atacadas y desacreditadas como aquellas en las que se estudian las relaciones entre el Tercer Reich y el Vaticano antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. La Santa Sede siempre negó cualquier relación política o de amistad con el III Reich más allá de la “simple” diplomacia entre Estados. No obstante, existe mucha documentación y archivos oficiales sobre las relaciones entre la jerarquía católica y el Tercer Reich así como con los distintos partidos nazis y fascistas europeos, incluyendo el fascismo español, el croata o el italiano. De estos archivos y otras revelaciones recientes, se desprende una colaboración que va mas allá de una simple relación “fría” entre Estados.

El Papa, Hitler y el Concordato de 1933

Pio XII y Adolf Hitler firmaron el Concordato de 1933 que otorgaba a la iglesia católica, un espacio legal y confesional extremedamente privilegiado para la época y especialmente respecto a otras confesiones o partidos políticos [A]. Se hace difícil recordar un estamento social o político que no se declara pro nazi o pro fascista que tuviera una protección similar a las de los católicos romanos en la Alemania nazi. Una parte importante de los políticos que apoyaron a Hitler eran católicos y el mismo partido democristiano Zentrum (Deutsche Zentrumspartei, uno de los más importantes de Alemania) fue disuelto a instancias del Vaticano para apoyar posteriormente el ascenso de Hitler a Fuhrer y la liquidación de lo que quedaba de la democracia alemana.

Pio XII y Adolf Hitler firmaron el Concordato de 1933 que otorgaba a la iglesia católica, un espacio legal y confesional extremedamente privilegiado para la época y especialmente respecto a otras confesiones o partidos políticos.

El nacional – socialismo era una ideología que rendía culto a antiguas religiones paganas, un aspecto que no impidió a muchos católicos alemanes y austriacos formar parte de los cuadros de mando del Tercer Reich a todos los niveles (política, ejército, banca, industria). El Vaticano y el Tercer Reich eran conscientes de que entre sus intereses comunes, la contención cuando no la destrucción del comunismo era, para ambos, una de sus principales obsesiones. Y aunque el Vaticano siempre desconfiaría del III Reich (y viceversa), PIO XII consideró que su aliado natural contra el comunismo en aquellos tiempos era Alemania.

Revisando las relaciones del Vaticano y el Tercer Reich

La polémica por el revisionismo de la figura de Pacelli se inició en 1963 con la representación de la pieza teatral de Rolf Hochhuth, ‘El Vicario’ que mostraba a un Pio XII “cínico cruel y más interesado en salvar los bienes del Vaticano que por la suerte de los judíos” [1]. Karlheinz Deschner, reconocido intelectual alemán crítico con la historia de la Iglesia (calificado por muchos como “el mayor de los críticos de la Iglesia en el siglo XX“), detalla en su obra “La política de los Papas en el siglo XX” como el 3 de enero de 1937, eclesiásticos católicos alemanes teniendo su vista puesta en España, rogaban a sus feligreses lo siguiente“¡Queridos feligreses! El Führer y canciller del Reich, Adolf Hitler, avistó ya hace tiempo la expansión del bolchevismo y centró su afán y sus preocupaciones en la cuestión de cómo salvaguardar al pueblo alemán y al occidente de tan terrible peligro. Los obispos alemanes piensan que es su deber apoyar, con todos los medios que la causa sagrada ponga a su alcance, al máximo dirigente del Imperio Alemán en esta lucha defensiva. Si evidente es que el bolchevismo representa el enemigo mortal del orden estatal y a la par, y en primera línea, el enterrador de la cultura religiosa, empeñado por ello en dirigir siempre sus primeros ataques contra los servidores de las cosas santas de la vida eclesiástica (algo que los eventos de España ilustran nuevamente) […] es asimismo evidente que la cooperación en la tarea de defensa frente a este poder satánico se ha convertido en un deber religioso y eclesiástico de nuestra época. Está muy lejos del ánimo de los obispos inmiscuir la religión en el ámbito político, no digamos el hacer llamamientos a una nueva guerra. Somos y seguiremos siendo emisarios de la paz y como tales apelaremos a las personas religiosas a participar en la prevención de este gran peligro con los medios que nosotros llamamos las armas de la Iglesia. Aunque rechacemos toda intromisión en los derechos de la Iglesia, respetaremos los derechos del Estado en su ámbito estatal y también sabremos ver cuánto hay de positivo y grandioso en la obra del Führer.”. [2]

“Mi investigación concluía que Pio XII había protagonizado un intento sin precedentes de rearfirmar el poder papal cona la complicidad de las fuerzas más oscuras de la época. Encontré pruebas de la antipatía de Pacelli hacia los judíos, y de que su diplomacia en Alemania en los años 30 le había llevado a traicionar a las asociaciones políticas católicas que podrían haberse opuesto al régimen de Hitler e impedido la Solución Final“.

El impactante estudio de John Cornwell

Otro reconocido intelectual, John Cornwell, contribuyó a aumentar la polémica tras la publicación de su libro “El Papa de Hitler”. Cornwell que había intentado ser sacerdote y le pareció interesante acercarse al tema desde una perspectiva completamente neutral, mas que neutral, con la idea de exclupar definitivamente la figura de Pacello tras haber presenciado agrios debates entre sus partidarios y detractores. Cornwell, “estaba convencido de que si estudiaba la totalidad de su vida, el Pontificado de Pio XII quedaría absuelto“. Y de esta forma, comenzó el estudio del material y archivos ecleasiásticos de la época gracias a su acceso privilegiados a documentos reservados. De esta forma, “…convenciendo de mi ánimo benévolo a los encargados de los diferentes archivos. Actuando de buena fe, dos jesuitas pusieron a mi alcance materiales no considerados hasta ahora: los testimonios bajo juramente recopilados hace 30 años para la beatificación de Pacelli, así como otros documentos de la Secretaria de Estado Vaticana. Al mismo tiempo, comencé a revisar y estudiar críticamente la gran cantidad de trabajos relacionados con las actividad de Pacelli durante los años 20 y 30 en Alemania, publicados en los pasados veinte años pero en general inaccesibles a casi todo el mundo” [3].

Para mediados de 1997, Cornwell se encontraba finalizando sus investigaciones. Su estado emocional lo describió como de “shock moral“. Al contrario de lo que se había propuesto con su trabajo, “el material que había ido reuniendo… no conducía a una exoneración sino por el contrario a una acusación aún más grave contra su persona. … mi investigación llevaba a la conclusión de que había protagonizado un intento sin precedentes de rearfirmar el poder papal y que ese propósito le había conducido a la complicidad con las fuerzas más oscuras de la época. Encontré pruebas de que Pacelli había mostrado antipatía hacia los judíos, y de que su diplomacia en Alemania en los años 30 le había llevado a traicionar a las asociaciones políticas católicas que podrían haberse opuesto al régimen de Hitler e impedido la Solución Final” [4]. Cornwell describe como la jerarquía vaticana podría haber protestado enérgicamente en lo relativo a los muchos gravísimos excesos de nazis y fascistas en los diferentes países con los que el Vaticano tenía muy buenas relaciones (especialmente sobre las atrocidades en Croacia) e incluso en Alemania “Luego de Kristallnacht [la Noche de los Cristales] (en la que los nazis rompieron las ventanas de los almacenes judíos y quemaron sinagogas), no hubo una sola palabra de condena desde el Vaticano, de la jerarquía de la Iglesia en Alemania, o de Pacelli. Sin embargo, en una encíclica sobre el antisemitismo titulada “Humani generis unitas” (“La unidad de la raza humana”), del Papa Pío XI, una sección afirma que los judíos fueron responsables de su propio destino. Dios los había elegido para abrir el camino a la redención de Cristo, pero ellos lo negaron y lo mataron. Y ahora, ‘Cegados por sus sueños de ganancias mundanas y éxito material’, habían merecido ‘la ruina terrenal y espiritual’ que ellos mismos se habían buscado.”

Creyentes católicos para el Reich de los mil años

La firma del Concordato entre el régimen nazi y la Santa Sede es otro de los hechos difícilmente rebatibles y que confirió a la Iglesia Católica unos privilegios que había perdido hace tiempo en Alemania. El 26 de abril de 1933, se emitió un discurso de Adolf Hitler durante las negociaciones que llevaron al Concordato entre nazis y el Vaticano: “Las escuelas seculares no pueden ser toleradas nunca, porque tales escuelas no tienen instrucción religiosa, y una instrucción moral general sin base religiosa está construida sobre el aire; consecuentemente, todo el entrenamiento del carácter y la religión deben derivarse de la fe… Necesitamos gente creyente.” Incluso existen documentos como el mensaje de felicitación de cumpleaños que Pio XII solicitó en 1939, se le enviara a Adolf Hitler para expresarle “Las más cálidas felicitaciones al Führer en nombre de los obispos y diócesis de Alemania’, al cual se añadieron ‘fervientes plegarias que los católicos de Alemania están enviando al cielo en sus altares’. Estos saludos se transformaron en una tradición, y se los enviaba todos los 20 de abril.” [5]

Ante Pavelic, dirigente usurpador de Croacia fue recibido en una audiencia especial con todos los honores de un Jefe de Estado. Pavelic gobernaba Croacia gracias a que los nazis habían bombardeado Belgrado y matado a 5000 civiles tomando después el control de Yugoslavia entera y repartiéndola entre la propia Alemania, Hungría y Croacia. Pavelic era el responsable de una enorme campaña de terror y exterminio en los Balcanes.

Pio XII y el carnicero de Croacia, Ante Pavelic

Tampoco dejan lugar a dudas las estrechas relaciones que la Santa Sede mantuvo con el dictador católico croata, tan feroz o mas que el propio Hitler. Ante Pavelic, dirigente usurpador de Croacia fue recibido en una audiencia especial con todos los honores de un Jefe de Estado. Pavelic gobernaba Croacia gracias a que los nazis habían bombardeado Belgrado (que era ciudad abierta) y matado a 5000 civiles tomando después el control de Yugoslavia entera y repartiéndola entre la propia Alemania, Hungría y Croacia. Pavelic era el responsable e instigador de una enorme campaña de terror y exterminio en los Balcanes contra ortodoxos, judíos, gitanos, musulmanes y comunistas entre 1941 y 1945 periodo en el que se cometieron algunas de las mayores atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Gracias a los ustachis (paramilitares nacionalistas croatas católicos), los Balcanes fueron el escenario de un espantoso genocidio que costó la vida de más de 2 millones de personas, mujeres, niños y ancianos incluidos. Sólo en el campo de Jasenovac más de 600.000 personas fueron asesinadas, algunas de las formas mas espantosas imaginables. El Papa mantuvo hasta el final el apoyó al régimen fascista y era plenamente consciente de las atrocidades de ustachis.
Cornwell destaca que durante la campaña de los Balcanes de Pavelic y sus aliados alemanes e italianos, “tan terribles fueron los actos de tortura y asesinato que hasta las encallecidas tropas alemanas expresaron su horror. En comparación con la reciente sangría en Yugoslavia, la acometida de Pavelic sigue siendo una de las masacres civiles más horribles registradas por la historia“. [6]. Uno de estos actos documentados, hacen palidecer al terror nazi  revelando con claridad el tipo de crueldad sádica e inhumana que extendían los extremistas croatas en los Balcanes. “El 28 de abril una banda de ustachis atacó seis aldeas del distrito de Bjelovar y detuvo a 250 h0mbres, incluídos maestros de escuela y un sacerdote ortodoxo. Las victimas fueron obligadas a cavar una zanja y después fueron atadas con alambres y enterradas vivas. Pocos días más tarde, en un lugar llamado Otocac, los ustachis hicieron prisioneros a 331 serbios, entre los que se encontraban el sacerdote ortodoxo del pueblo y su hijo. Las victimas fueron de nuevo obligadas a cavar sus propias tumbas antes de ser despedazadas con hachas. Los asaltantes dejaron al sacerdote y a su hijo para el final. Aquél fue obligado a rezar las oraciones por los moribundos mientras cortaban en trozos a su hijo. Luegotorturaron al sacerdote, arrancándole el pelo y la barba y reventándole los ojos. Finalmente, lo despellejaron vivo.” [7]

Sacerdotes, siempre franciscanos, participaron activamente en las masacres. Muchos de ellos se paseaban activamente y llevaban a cabo con extraordinario celo sus acciones asesinas. Un cierto padre Bozidar Bralow, conocido por la metralleta que le acompañaba permanentemente fue acusado de bailar en torno a los cuerpos de 180 serbios masacrados en Alipasin – Most. Otros franciscanos mataron, prendieron fuego a casas, saquearon pueblos y arrasaron los campos bosnios…” Un periodista italiano reporto en septiembre de 1941, como había visto “al sur de Banja Luka a un franciscano arengando a una banda de ustachis con su crucifijo“.

Clérigos croatas bendicen las atrocidades croatas

Tras la invasión y la toma de poder de los nazis y ustachis de Yugoslavia, el arzobispo Alojzije Stepinac, estuvo desde el comienzo de acuerdo con los objetivos y medios que los nazis y croatas de Pavelic implementaban. La masacre de 250 serbios comentada anteriormente, se produjo pocos días después de que Stepinac ofreciera una cena a Pavelic y otros dirigentes ustachis para celebrar su vuelta del exilio. El mismo día de la matanza, Stepinac se dirigió desde el púlpito una carta pastoral urgiendo tanto al clero como a los fieles a colaborar estrechamente con el nuevo régimen nazi – fascista. El ejemplo croata es un caso poco estudiado quizás por la extrema ferocidad de los hechos y por el claro y cercano respaldo de la Santa Sede a la jerarquía católica croata. Esta participación llevó por increíble que parezca a “Sacerdotes, siempre franciscanos, participaron activamente en las masacres. Muchos de ellos se paseaban activamente y llevaban a cabo con extraordinario celo sus acciones asesinas. Un cierto padre Bozidar Bralow, conocido por la metralleta que le acompañaba permanentemente fue acusado de bailar en torno a los cuerpos de 180 serbios masacrados en Alipasin – Most. Otros franciscanos mataron, prendieron fuego a casas, saquearon pueblos y arrasaron los campos bosnios…”. Un periodista italiano reporto en septiembre de 1941, como había visto “al sur de Banja Luka a un franciscano arengando a una banda de ustachis con su crucifijo“. El Ministerio de Asuntos Exteriores italiano guarda actualmente en sus archivos un registro de fotografías de aquellas atrocidades entre las que se pueden ver “…pechos cortados, ojos reventados, genitales mutilados… así como instrumentos de la carniceria: cuchillos, hachas, ganchos de colgar carne….“. [8]
Más ejemplos. Edmund Galise von Horstenau, general alemán al mando en Croacia, reflejó en su diario como los “ustachis se han vuelto locos de furia”  y como “con seis batallones de infantería” no podía refrenar la “ciega y sangrienta saña de los ustachis“. [9]. En una carta del obispo de Mostar, el doctor Miscis expresaba las intenciones del episcopado croata en torno a las conversiones en masa al catolicismo en la zona. Miscis comentaba como “nunca hubo una ocasión tan espléndida como ahora para que ayudemos a Croacia a salvar incontables almas“, condenando al mismo tiempo a las autoridades que atacaban incluso a los convertidos “y los cazan como si fueran esclavos“. Miscis reveló masacres más infames de madres, niñas y niños de menos de 8 años que trasladaban a las montañas “y arrojan vivos […] a profundas simas“. En una declaración aún más impactante, explica como “En la parroquia de Klepca, 700 cismáticos de las aldeas cercanas fueron asesinados. El subprefecto de Mostar, señor Bajic, musulmán, declaró públicamente (como empleado del Estado debería refrenar su lengua) que sólo en Ljubina, 700 cismáticos habían sido arrojados a un foso“.  [10]

Se están cometiendo las peores atrocidades en los alrededores del arzobispado de Zagreb, responsabilidad de Stepinac. Por las calles corren ríos de sangre. Los ortodoxos son convertidos por la fuerza al catolicismo. No oímos al arzobispado oponiéndose sino que participa en desfiles nazis y fascistas” BBC (1942).

En aquellos días, la BBC reportaba a menudo noticias sobre Croacia. El 16 de febrero de 1942 anunció como “Se están cometiendo las peores atrocidades en los alrededores del arzobispado de Zagreb (responsabilidad de Stepinac). Por las calles corren ríos de sangre. Los ortodoxos están siendo convertidos por la fuerza al catolicismo, y no oímos la voz del arzobispado oponiéndose. Se informa que por el contrario participa en los desfiles nazis y fascistas“.  Stepinac sería beatificado por Juan Pablo II en Croacia el 3 de octubre de 1998. Un extraordinario disidente católico con las políticas de Pio XII fue monseñor Bernhard Lichtenberg. Lichtenberg, párroco en la diócesis de Berlin, protestó de forma abierta desde 1933 en contra del antisemitismo y toda clase de violaciones de los derechos humanos como eran los programas de “eutanasia T-4” (asesinatos de enfermos mentales) y las esterilizaciones forzosas. Monseñor Lichtenberg murió en Dachau en 1943.

El proceso de beatificación y canonización de Pio XII, continuó “… venerado por millones de católicos, no se interrumpirá ni se retrasará por los injustificables y calumniosos ataques contra aquel virtuoso gran hombre”, afirmó el Padre Peter Gumpel, relator de todo el proceso.[9]. Pacelli muere en octubre de 1958. Su funeral, apuntó L’Osservatore Romano, fue el “más impresionante en la larga historia de Roma, sobrepasando el de Julio César”. En 1965, Pablo VI abrió  la causa para la canonización de Pacelli permitiendo acceder a los investigadores a los archivos de los años previos a la guerra. No obstante, en 2008, documentos desclasificados en Estados Unidos, Argentina e Inglaterra indicaban que los documentos puestos a disposición de los investigadores contenían numerosas omisiones cruciales. Los archivos de los años cruciales (1940-1945) continúan vetados al acceso de investigadores.

Fuentes

Anexo

Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

4 Comentarios

  • Para alezhita solo le digo una cosa, la iglesia o mas bien las religiones han estado siempre al lado de los politicos como forma de domnacion ideologica, empleando la “fe divina” como forma de dominacion y enjaenacion de la conciencia social, esto se debe a que la iglesia ha estado desde mucho tiempo defendiendo los inetreses de la clase a la cual pertence, la clase dominante.La iglesa posee grandes fondos de capital conseguidos no trabajando, ni pidiendo limosna, estas acumulaciones de apital eclesiastico se remontan a procesos historicos que anteceden a los actuales, son riquezas acumuladas a travez de vioencia, Marx diria que detras de todo gran capital hay mas de un crime, y esto e sverdad la ilgesia se a fundado a traves del crimen, basta con recordar la edad media, la ilgesia ni tiene un fundamento, esta siempre se va con el politico o avasallador de turno; La ilgsia es un medio de dominacion porparte de una clase que busca sus intereses naturales. Me parece que hay que conocer la historia, los porcesos y sucesos que anteceden al planteamineto en cuestion, pues la iglesia tiene una historia sucia, y mucha mas la catolica, asi qu eno me extrañaria para nada que estuvieran aliados con los nazis, Prueba feaciente d eelo es el papa actua.

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