El infierno de Shiro Ishii. La Unidad 731 de experimentación con humanos (1942)

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Restos de las instalaciones de la Unidad 731

Introducción

Shiro Ishii es un ejemplo fundamental de los vástagos que crecieron al calor de la radicalización ideológica en la facción mas militarista de las Fuerzas Armadas Japonesas, la conocida como Kōdōha (Partido Bélico) y que desde mediados de los años 20 y a diferencia de décadas anteriores, se inclinaron mayoritariamente hacia una nueva etapa de un imperialismo extremadamente agresivo basado en un ultranacionalismo de corte racial supremacista.
Previamente a su entrada en el ejército, Ishii estudió medicina y tras terminar la carrera, obtuvo el doctorado en microbiología. Ishii sobresalió en la Universidad Imperial de Medicina de Kyoto y fue asignado al 1º hospital del Ejército y a la Escuela Médica del Ejército en Tokio en 1922. Su trabajo en medicina impresionó lo suficiente a sus superiores para que en el mismo año de 1922 obtuviera reconocimiento público así como el título de médico por la Universidad Imperial de Kyoto en 1924. En 1928, Ishii inicia un viaje de dos años durante el cual llevó a cabo pruebas intensivas sobre los efectos de la guerra química y biológica durante la Primera Guerra Mundial. La misión de Ishii dio resultados y comenzó a ser patrocinado por el ministro de la guerra Sadao Araki iniciándose en 1932 sus experimentos preliminares. Ansioso por escalar puestos en la jerarquía y concretamente con una marcada obsesión por alcanzar el generalato, fue nombrado director del programa de guerra química y biológica siendo destinado a la base de pruebas de Pingfang en la ciudad de Harbin (en la China ocupada), Manchuria para los chinos, Manchukuo para los japoneses.

Shiro Ishii es un ejemplo fundamental de los vástagos que crecieron al calor de la radicalización ideológica en la facción mas militarista de las Fuerzas Armadas Japonesas, la conocida como Kōdōha (Partido Bélico),  una nueva etapa de un imperialismo y ultranacionalismo de corte racial supremacista.

La Unidad Manchú 731 en Pingfang

Por aquel entonces, en Pingfang ya operaba la Unidad Manchú 731, creada tras un edicto imperial de 1935 y  cuyos miembros más destacados en aquel momento eran el mismo Teniente General Shiro Ishii, el Teniente Coronel Ryoichi Naito, el Doctor Masaji Kitano y Yoshio Shinozuka. La base de Pingfang era un enorme complejo con más de 150 edificios dentro de un perímetro de 6 kilómetros cuadrados que tenía el objetivo de desarrollar y hacer militarmente viables cepas modificadas del tifus, el cólera o la peste bubónica de forma que fueran más agresivas y resistentes. La Unidad Manchú 731 realizó un amplio y variado número de ensayos de guerra bacteriológica y química sobre humanos que se cobraron miles de victimas, principalmente por peste y cólera pero también por otras muchas patologías. Los experimentos con humanos no se limitaron sólo a la guerra química o biológica sino a todo tipo de investigaciones militares.

Experimentos con humanos

Es hacia 1942 y bajo la dirección y supervisión de Ishii, cuando comienzan los experimentos de guerra química y biológica sobre soldados y civiles chinos de toda condición. Los experimentos se llevaban a cabo de forma muy rutinaria y protocolaria, experimentos que a diferencia de las actividades de Joseph Mengel, continúan siendo completamente desconocidos para la amplia mayoría de la opinión pública. Dichos experimentos se encuentran entre los más atroces jamás realizados de los que se tenga constancia pues se realizaban vivisecciones en humanos sin anestesia, previamente infectados con plagas y enfermedades para conocer como evolucionaban las infecciones y afectaban a los órganos internos. Fragmentos de cerebros y pulmones fueron extraídos sobre prisioneros vivos. Se llevaban a cabo amputaciones de  miembros para investigar la tolerancia del cuerpo a la perdida de sangre. Se exponían miembros y extremidades de los prisioneros a bajísimas temperaturas para investigar el proceso degenerativo físico de congelación de los tejidos. También se realizaban experimentos de deshidratación severa e incluso de inoculación de sangre animal. Los documentos oficiales japoneses que sobrevivieron exponen de forma muy detallada todos los aspectos de los experimentos, incluyendo el proceso de vivisección realizado sobre una mujer embarazada. Se estima entre 400 y 600 las personas que se destinaban cada año a estos fines.

Es hacia 1942 y bajo la dirección y supervisión de Ishii, cuando comienzan los experimentos de guerra química y biológica sobre soldados y civiles chinos de toda condición. Dichos experimentos se encuentran entre los más atroces jamás realizados de los que se tenga constancia.

Otros experimentos sobre seres humanos consistían en utilizar a prisioneros como “blancos” atados a estacas para la artillería y armas como lanzallamas, granadas, entrenamientos de puntería para soldados, etc. En el caso de la artillería y de otras armas, los heridos en las pruebas se utilizaban para que los médicos japoneses aprendiesen a curar a los soldados en el frente. Las armas químicas fueron también probadas ámpliamente sobre prisioneros en cámaras de gas. La privación de alimento y agua para el estudio de los efectos de la inanición o encerrar a prisioneros en compartimentos altamente presurizados eran también tan comunes como aquellos en los que se investigaba el tiempo máximo de exposición del cuerpo humano a temperaturas extremas. Llegaron a introducir a prisioneros en centrifugadoras haciéndolos girar hasta matarlos mientras que otros presos recibían dosis mortales de radiación. Se inyectaron burbujas de aire en los torrentes sanguíneos buscando simular ataques al corazón así como también concentraciones salinas letales.
En China, se bombardearon poblados y ciudades liberando pulgas infectadas con agentes bacteriológicos que incluían cepas modificadas y altamente agresivas de la peste bubónica o el tifus. Se dieron a niños chinos golosinas infectadas para después someterlos a vivisecciones y comprobar la eficacia que habían tenido las plagas inoculadas. Se probó prácticamente cualquiera cosa tratando de averiguar la resistencia humana a cada exposición y sus consecuencias fisiológicas. Hongos, fiebre amarilla, fiebre hemorrágica, tularemia, hepatitis, gangrena gaseosa, tétanos, cólera, disentería, fiebre escarlata, ántrax, muermo, encefalitis de las garrapatas, fiebre hemorrágica, difteria, neumonía, meningitis cerebroespinal, enfermedades venéreas, peste bubónica, tifus, tuberculosis, botulismo, brucelosis, resistencia a los rayos X, pruebas con cianuro, arsénico, heroína, veneno de serpientes y de pez erizo, etc.

El coste humano de la Unidad 731

Según algunos cálculos, los agentes químicos y biológicos desarrollados por la Unidad 731 que fueron probados en pueblos y ciudades chinas, causaron no menos de 200.000 muertes. [1]. Durante la guerra se liberaron en diversas regiones de China ratas infestadas y se diseminaron agentes biológicos mediante aviones incluyendo la contaminación de pozos de agua. Se estima que sólo las epidemias de cólera, ántrax y peste bubónica, derivadas de esta guerra bacteriológica contra la población causaron la muerte de 400.000 chinos.

La magnitud de las atrocidades cometidas por estas unidades científico – militares probablemente no tiene parangón en la historia de la humanidad por la barbarie y sadismo de sus experimentos.

Con todo, la Unidad 731 era uno de los diferentes destacamentos de que disponían las Fuerzas Armadas Japonesas para la investigación de la guerra química y bacteriológica. Otras unidades tácticas y administrativas vinculadas a estos campos fueron el Escuadrón 516 (Qiqihar), el Escuadrón 543 (Hailar), el Escuadrón 773 (Songo), el Escuadrón 100 (Changchun), el Escuadrón 1644 (Nankín), el Escuadrón 1855 (Pekín), el Escuadrón 8604 (Cantón), el Escuadrón 200 (Manchuria) y el Escuadrón 9420 (Singapur). La magnitud de las atrocidades cometidas por estas unidades científico – militares probablemente no tiene parangón en la historia de la humanidad por la barbarie y sadismo de sus experimentos sobre soldados capturados (chinos, norteamericanos, mongoles, rusos, coreanos y filipinos) y civiles de todas las condiciones, ancianos, niños e incluso mujeres embarazadas [2].

El final de la guerra

En 1945, con la guerra ya perdida, los japonesas destruyeron el cuarte general de la Unidad 731 ordenándose la ejecución de 150 prisioneros que se encontraban a la espera de servir como cobayas humanas en próximos experimentos. Se estima que 12.000 prisioneros, a los que los guardianes se referían como “maruta” (troncos) e Ishii como “logs”, murieron a manos de la Unidad 731. Miles más morirían en los años y décadas siguientes al final de la guerra como consecuencia de los agentes biológicos modificados liberados por toda la zona oriental del país así como también debido a la destrucción del complejo militar que liberó millones de ratas infestadas con pulgas portadoras de una agresiva variante de la peste bubónica. Aún hoy en día, existe un problema sanitario importante en la región y se siguen dando brotes de peste bubónica, cólera, ántrax y otros agentes bacteriológicos modificados.

Tras la rendición de Japón, los norteamericanos, conocedores de las actividades de Ishii y la Unidad 731 comenzaron su búsqueda con el objetivo de hacerse con los archivos de los experimentos de Pingfang. Una vez detenido, Ishii llegó a un trato con los norteamericanos que lo ocultaron de los soviéticos declarando su falsa muerte en publicaciones de diversos periódicos mientras se simulaba su entierro en su pueblo natal. En el trato, cerrado en 1946 con la cúpula militar estadounidense, Ishii y todo su equipo recibieron una aministía para todo proceso criminal futuro por crímenes de guerra a cambio de entregar toda la documentación relativa a los experimentos sobre guerra biológica y química. El trato quedó formalizado dos años después. Sólo los soviéticos tuvieron la voluntad de procesar a doce líderes y científicos del Escuadrón 731 y a otras unidades de investigación militar como el Escuadrón 1644 (Nankín) y el Escuadrón 100 (Changchun) en los juicios de Jabaróvsk. El general Otozō Yamada, comandante en jefe de un millón de soldados japoneses que ocupaban Manchuria, se encontraba entre los criminales de guerra procesados en Jabarovsk.

En el trato, cerrado en 1946 con la cúpula militar estadounidense, Ishii y todo su equipo recibieron una aministía para todo proceso criminal futuro por crímenes de guerra a cambio de entregar toda la documentación relativa a los experimentos sobre guerra biológica y química. Ishii visitó incluso Estados Unidos y tras volver al Japón fue recibido con los máximos honores por el gobierno nipón.

Ishii, un criminal de guerra protegido hasta la muerte

Poco tiempo después de formalizar su trato con los estadounidenses, Ishii visitó incluso Estados Unidos y tras volver al Japón fue recibido con los máximos honores por el gobierno nipón. En 1959 muere de un cáncer de garganta no sin antes haber sido nombrado  gobernador de Tokio, presidente de la Asociación Médica y presidente del Comité Olímpico del Japón. En octubre de 1997 Yukata Mio, antiguo miembro del Kempei-Tai, admitió en una corte judicial haber torturado a prisioneros chinos atándoles de pies y manos para aplicarles trapos mojados en la nariz y cera derretida en los pies. Mio admitió haber sido miembro de la Unidad 731 cuya existencia había sido negada hasta entonces por el gobierno japones y las autoridades estadounidenses. Parientes de victimas y afectados por las actividades del infame Ishii y los que le apoyaron, interpusieron recientemente demandas contra el gobierno japonés mientras se desataban violentas protestas en China, las cuales se siguen reproduciendo de forma regular cada vez que miembros del gobierno japonés o de la familia imperial visitan el santuario de Yasukuni, lugar donde se encuentran los restos de algunos de los peores criminales de guerra del siglo XX.

Fuentes

Anexo

  • La misión divina de un médico es tratar la enfermedad, pero nuestro trabajo ahora es totalmente opuesto a esos principios” [Shiro Ishii]

Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

5 Comentarios

  • No son cuentos las pruebas existen yo viaje a China hace 3 años y la gente mayor recuerda estos hechos-ese maldito Shiro Ishi es inmundicia humana y todos sus experimentos fueron y son pura mierda,porque no experimento con su madre,hijos y hermanos,es un asesino retardado hizo esta masacre porque no podia alcanzar el poder con su inteligencia y capacidad creadora ,las cuales no tenia solo invento mil formas de destruir al mundo,cualquier imbecil tira una bomba y destruye,los grandes campeones son los que preservan y cuidan la vida

  • el gobierno japones es cobarde niega hasta ahora la masacre de Nankin y tambien se hacen los desentendidos con los crimenes y torturas a la poblacion civil en Escuadron 731,cuando aprenderan a ser hombres y aceptaran sus responsabilidades,son estupidos con su mitologia ridicula del sol naciente y la luna poniente, creen que tienen supremacia racial e historica sobre los demas los arios honorarios como los llamo Hitler en su dia,esto va para los criminales y retrogrados no para el pueblo japones

  • Teniente general Shiro Ishii, el Teniente coronel Ryoichi Naito, el Doctor Masaji Kitano y Yoshio Shinozuka, esten donde esten asesinos asquerosos ojala que ardan infinitamente como excremento en la hoguera por siempre

  • Shiro Ishii recibia excelente remuneracion economica por masacrar y mutilar vivos a hombres,mujeres embarazadas y niños.Shiro Ishii era asiduo asistente a casas de geishas y prostibulos top de Tokyo.Toda una basura humana tanta crueldad para nada..

  • el estado Japones ha sido desde siempre un estado genocida. Hirohito debio ser colgado en Tokio . Y aún siguen asesinando ballenas y delfines.

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