Haití, la «Revolución Negra» traicionada

El antiguo Saint-Domingue o Haití en nuestros días, es un país al que en ocasiones se hace referencia como una de las primeras colonias (tras Estados Unidos) que declararon su independencia (1804) de los imperios europeos.

También es común referirse a este periodo como la «la primera vez en la historia de la humanidad que un pueblo esclavizado destruía un sistema esclavista y se declaraban gobernante». Aunque ya se habían producido rebeliones de esclavos con anterioridad, [J] los esclavos de Saint-Domingue «fueron los primeros en el período moderno en declarar la abolición completa, simultánea, del comercio africano y la esclavitud, y el derecho universal del hombre a estar libre de esclavitud» [1]

La historia sobre la independencia de Haití es una de esas grandes historias de revoluciones justas, en las que no obstante, los hijos de las mismas son devorados por la propia revolución, al igual que Saturno devoró a sus hijos. [2] Como en tantos otros casos, los líderes de la revolución prometieron el «paraíso» y un mundo justo, igualitario y en auténtica libertad. Pero lo que resultó fue bastante distinto de lo prometido.

Aunque la Revolución Negra de esclavos consiguió desmantelar el brutal sistema esclavitud que se llevaba a cabo en la isla, los líderes que la habían dirigido terminaron traicionando la esencia del levantamiento, enfrentándose y matándose entre sí por el poder, y tras la independencia, exterminando a la mayoría de la población blanca, invadiendo a su vecino para anexarlo al nuevo estado y restringiendo las libertades individuales prometidas (algo que continua hasta el día de hoy).

El país, que se fundó (y es considerado) como el paladín de la libertad y de la abolición de la esclavitud, es hoy en día uno de los países con menores libertades y con mayor prevalencia de esclavitud y trata de personas. También es uno de los más pobres del mundo. Toda una paradoja que no es posible comprender sin conocer la historia de la idealizada Revolución Negra.

Contexto

A finales del siglo XVIII, Francia había establecido y consolidado, tras décadas de presencia en Saint-Domingue, un sistema esclavista brutal para la obtención de azúcar y café, cuyas plantaciones  llegaron a dominar el paisaje de la isla. El azúcar y el café eran por entonces dos de los recursos más preciados en Europa. Durante los últimos años de la monarquía francesa, el actual territorio del que forma Haití (junto a la actual República Dominicana), era, con diferencia, la colonia más rica y próspera, solo comparable en riqueza con la colonia británica de India y Bengala.

En 1789, Saint-Domingue o Santo Domingo francés [A] producía el 60% del café del mundo, y el 40% del azúcar importado por Francia y Gran Bretaña. [3] Tras el estallido de la Revolución Francesa, la minoría blanca y mulata de Santo Domingo se dividió en dos facciones: realistas y revolucionarios. Y ese punto marcaría los hechos que vinieron después.

Visión general de la ubicación de Santo Domingo francés en el Caribe, hoy Haití.
Visión general de la ubicación de Santo Domingo francés en el Caribe, hoy Haití.
Saint-Domingue en la parte oeste de La Española en 1777
Saint-Domingue en la parte oeste de La Española en 1777. Esta primera frontera fue acordada entre Francia y España en el tratado de Aranjuez de 1777.
Mapa topográfico de Saint-Domingue
Mapa topográfico de Saint-Domingue. Fuente: Wikipedia

La (compleja) estraficación social de Saint-Domingue

La población de esclavos en 1789 en la isla, era aproximadamente entre 406.000 y 465.000. Los affranchi (antiguos esclavos) y criollos negros eran entre 28,000 o 32,000  y los blancos entre 40,000 y 45,000.  Los franceses de Santo Domingo (Saint-Domingue) establecieron un sistema de clases, que cubría tanto a los blancos como a las personas negras y los mulatos. [4]

Los mulatos y negros libres sumaban 28.000. [5] Casi la mitad de la población total de esclavos en el Caribe, estimada en un millón ese año, se encontraba en la isla de Saint-Domingue. [6] Dos tercios de los esclavos habían nacido en África. [7]

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La Revolución Negra es descrita generalmente como la primera vez en que un pueblo esclavizado se levantó contra un sistema esclavista que lo subyugaba, luchó contra este y sus opresores y finalmente obtuvo la victoria, formando el primer estado cuyos líderes habían sido esclavos. Pero al igual que en tantas otras revoluciones, lejos de cumplir con las promesas, los líderes de la rebelión terminaron matándose entre sí por el poder e implementando medidas que poco tenían que ver con la libertad y la justicia que tanto prometieron.

Hoy Haití ocupa el puesto número 135 en el índice democracia y libertades de 166 estados soberanos que forman el mundo, y es considerado un régimen autoritario. Todas sus instituciones están profundamente corrompidas, «sin un soborno sustancial para persuadir a jueces, fiscales y abogados de que se sometan a su caso, no hay perspectivas de conseguir un juicio en años».  [126]

Otra verdadera paradoja sobre Haití, con una constitución heredera de aquel movimiento de esclavos que creó el «primer país en prohibir permanentemente la esclavitud», es que, a pesar de que su propia carta magna en su artículo 2 prohibe la esclavitud, el país paladín antiesclavista es actualmente el segundo del mundo con mayor prevalencia de la esclavitud y trata de personas, solo por detrás de Mauritania. Además también es uno de los países más pobres. Y esto resulta imposible explicarlo o justificarlo únicamente por el colonialismo y el imperialismo moderno, salvo aquellas versiones trufadas de ideología. [127]
[I]

Estas paradojas solo demuestran lo increiblemente simplistas que pueden ser algunos análisis e idealizaciones políticas que, interesamente, remarcan los aspectos más «positivos» de la historia de Haití, y por otro lado, ocultan o justifican todos aquellos aspectos negativos, controvertidos y oscuros sobre el papel de sus líderes. De esta forma, estas idealizaciones no solo no hacen ningún bien actualmente al país y su historia, sino que lo perjudican notablemente al no describir los auténticos problemas endémicos del país, y justificar todas sus miserias recurriendo al «enemigo exterior» o al «capitalismo».

Eduardo Galeano, que tanto contribuyó a crear este tipo de visiones maniqueas en su famoso libro superventas Las Venas Abiertas, terminaría renegando de su propia obra. La calificaría de «pesadísima», y que la escribió «sin conocer suficiente economía y política». «Si la volvería a leer», dijo «caería desmayado». Esto no impidió que Hugo Chavez le entregara una versión del libro a Barack Obama con la intención, se supone, de ilustrar al mandatario americano sobre la historia de «Latinoamérica».

Galeano describiría tiempo después en un artículo la realidad del país desde el punto de vista de su vecino, la República Dominicana : «En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes». [128]

Al igual que Saturno, Dios del tiempo, devoró a sus hijos por miedo a que lo destronaran, los líderes haitianos se devoraron entre sí y devoran a sus hijos por miedo a perder el poder, traicionando su propia constitución y los grandes principios sobre los que se sustentó la idealizada «Revolución Negra».

FUENTES

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GALERÍA MULTIMEDIA

  • Evolución de la Revolución de Saint-Domingue. Opifex.