Nelson Mandela, más allá del mito. Sus políticas y legado como presidente de Sudáfrica (1999)

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El mito de Nelson Mandela

Introducción

No hay duda que Nelson Mandela fue uno de los líderes políticos más influyentes y carismáticos del siglo XX. Si hubo un país y un dirigente que simbolizaron la esperanza de un mundo mejor gobernado y gobernado por gobernantes sensibles a las injusticias sociales, esa fue la nueva Sudáfrica de Nelson Mandela. Y es que una de las principales virtudes de Mandela residió en sus iniciativas políticas al salir de su largo confinamiento, iniciativas basadas en un nuevo pensamiento orientadas a formar un firme compromiso en negociar la paz, la integración étnica y la reconciliación en un estado plurietnico con todos los riesgos y retos que esta vía planteaba.

No obstante, los cuatro años en el poder de Nelson Mandela y su legado representan de forma bastante clarificadora un cambio radical “pragmático” en su pensamiento político, un cambio cristalizado en muchas de las prioridades que mantuvo su gobierno abiertamente contrarias a ese ideario que le sirvió para convertirse en un referente mundial en la lucha por los derechos civiles.

Este artículo no pretende enumerar sus virtudes y logros sino que busca exponer su lado menos conocido y publicitado, un lado más “pragmático” muy alejado de ese idealismo original, un idealismo transformado en la aplicación de políticas nacionales e internacionales contrarias a su pensamiento que evidencian como ese “nuevo orden mundial” que emergía del fin de la Guerra Fría, conducía a un nuevo tipo de geopolítica más compleja que la antigua división entre bloques producto de la Segunda Guerra Mundial, un “nuevo orden” en definitiva que Mandela y su gobierno aplicaron en Sudáfrica de forma decidida.

Mandela y el general Suharto. Un amigo “muy cercano”

Una de las primeras controversias de Nelson Mandela es la visita que realizó a Indonesia un año después de su liberación, el país donde las reclutas del ejército deben ser vírgenes. Como más tarde se confirmó extraoficialmente, la visita tenía el objetivo de obtener ayuda económica del presidente indonesio para financiar al partido de Mandela de cara a las elecciones presidenciales aunque la prensa en general informó que la visita tenía únicamente el objetivo de extender las relaciones políticas y diplomáticas e interceder en favor del líder timorense Xanana Gusmao en el marco del brutal conflicto militar que Indonesia continuaba desarrollando contra Timor Oriental, conflicto que en sus inicios, se cobró más vidas timorenses en proporción a su población que el genocidio de Pol Pot (La invasión indonesia de Timor se había iniciado en 1975 y más de un tercio de la población fue asesinada o falleció por inanición en los primeros años). [1].

Sin embargo, Timor oriental nunca cubrió grandes portadas ni captó el interés de la prensa por motivo obvios. Suharto era aliado de EEUU. La ocupación militar indonesia condujo a innumerables y horrendas violaciones de los derechos humanos. Pero ni la situación en Timor Oriental ni las ideologías antagónicas que ambos líderes habían defendido durante la Guerra Fría, impidieron que entre Mandela y Suharto se formara una relación muy estrecha, tan estrecha que Mandela lo definió a la prensa como un “amigo muy cercano”. Mandela recibió del presidente indonesio un batik (prenda tradicional indonesia de vivos colores) que como es bien conocido, acabó vistiendo en buena parte de sus reuniones internacionales en recuerdo de su amigo y de la importancia que tuvo para financiar al CNA y ganar las elecciones.

El escándalo de financiación en el CNA

En las elecciones sudafricanas de 1994 (las primeras tras el Apartheid), el partido de Mandela recibió 25 millones de dólares del gobierno indonesio. Sólo un año después, el propio Nelson Mandela reconoció como el CNA había recibido grandes donaciones ilegales entre las que se encontraban las procedentes del propio Suharto. En ese mismo año, Mandela personalmente recibió al nuevo embajador indonesio en Sudáfrica, Rachadi Iskandar, en Cape Town existiendo ya por entonces una relación política muy asentada entre ambos países. Con el tiempo, las relaciones se extenderían mucho más. [2]

Los “dilemas” de Mandela

En una entrevista concedida al periodista John Pilger, expulsado de Sudáfrica por el régimen racista del apartheid en los años 60, Pilger preguntó a Mandela acerca de la financiación del partido y del apoyo que había recibido del general Suharto. Mandela reconoció que tuvo numerosos “dilemas” sobre el asunto [3] pero en realidad, estos quedaron totalmente  despejados cuando el gobierno sudafricano concedió a Suharto las dos máximas condecoraciones de Sudáfrica en 1997, la primera en una ceremonia diplomática de recibimiento en un viaje Sudáfrica con saludo de 21 salvas [4] y la segunda concediéndole la medalla del Cabo de Buena Esperanza, la más alta distinción nacional.

Mandela era un marxista mientras que Suharto, un ex militar de corte neofascista, era uno de los colaboradores más longevos de la CIA en la región y el que mejor representaba los intereses de la oligarquía económica indonesia.

Suharto había gobernado Indonesia sin oposición y con mano de hierro desde el golpe de Estado de 1965. La represión posterior del golpe de Estado de Suharto consta como una de las más brutales masacres del siglo XX y que el prestigioso diario Times calificó en su día en un amplio artículo como un “rayo de luz para Asia”. La salvaje persecución de todo simpatizante del PKi (Partido Comunista Indonesia) y cualquier sospechoso de “izquierdista”, costó la vida a más de un 1 millón de personas en tan sólo cuatro meses [5]. Cientos de miles más, perecerían a lo largo de los siguientes 10 años, principalmente campesinos. Se daba la paradoja de que Mandela era un marxista mientras que Suharto, un ex militar de corte neofascista, era uno de los colaboradores más longevos de la CIA en la región y el que mejor representaba los intereses de la oligarquía económica indonesia. Aunque Mandela se reunió con Xanana Gusmao y trató de interceder en favor de Timor Oriental (según el gobierno sudafricano), la independencia de la antigua colonia portuguesa que se produjo en 2002, fue más producto del final de la Guerra Fría y de la salida de Suharto del poder que a una continuada y decisiva presión política y diplomática del gobierno sudafricano y de Mandela en particular.

En apenas 5 años, Sudáfrica paso de tener un balance comercial nulo con Indonesia a tener un intercambio de 200 millones de dólares, importantes acuerdos económicos así como el interés del gobierno indonesio en la compra del helicóptero de combate Rooivalk desarrollado por el régimen del Apartheid precisamente para combatir a los guerrilleros marxistas aliados del CNA que operaban en Namibia, Mozambique y Angola en los años 80. Durante la visita de Mandela a Yakarta, en Julio, Mandela dijo, “Si es necesario para nosotros proveer armas a Indonesia para su defensa exterior, lo haremos sin vacilación” [6]. Sobra decir que Indonesia nunca ha tenido ninguna amenaza exterior e interior de importancia y menos en el periodo de Mandela, cuando seguía siendo (y sigue) uno de los aliados de EEUU más sumisos y fieles de la región.

La guerra es la paz. Armas para la “contrarevolución”

Durante la Presidencia de Mandela, Sudáfrica adquirió y vendió grandes cantidades de armamento avanzado en un país con problemas económicos muy graves y una pobreza endémica. El caso de los helicópteros Rooivalk no fue el único caso de compra / venta de armamento realizadas por el gobierno sudafricano del CNA a países con un historiales de violaciones de los derechos humanos.

Desde 1996, países con gravísimos armados conflictos internos como Colombia, Argelia y Perú habían recibido grandes entregas de armas sudafricanas valoradas en más de 300 millones de rands

En noviembre de 1998, el gobierno anunció la intención de comprar 28 aviones de combate BAE/SAAB JAS 39 Gripen a Suecia con un coste por unidad de varios cientos de millones de dólares y un año después se anunció la compra de armas por valor de 4800 millones de dólares, una compra que estuvo salpicada de acusaciones de corrupción. El gobierno sudafricano adquirió y modernizó también su Marina mediante la adquisición de modernas fragatas, submarinos, corvetas, helicópteros de transporte, aviones de combate para entrenamiento y cazas de combate. [7]

El Comité Nacional de Control de Armas Convencionales (NCACC) publicó un informe en él que se detallaba como desde 1996, países con gravísimos armados conflictos internos como Colombia, Argelia y Perú habían recibido grandes entregas de armas sudafricanas valoradas en más de 300 millones de rands. Un año después del informe del NCACC, en 1997, el gobierno sudafricano dio luz verde a la venta de material bélico (principalmente tanques) por valor de 650 millones de dólares a la Siria de Hafez al-Assad. [8]

Otras relaciones políticas y diplomáticas dudosas de Nelson Mandela

Otra de las controvertidas y cercanas amistades de Mandela fue Robert Mugabe. Mugabe continúa todavía instalado en el poder en Zimbabue tras más de 30 años de independencia del país rigiendo sus destinos sin oposición entre continuas y grandes acusaciones de corrupción, persecución y eliminación de opositores, todo ello a pesar de que Mugabe fue uno de los principales aliados regionales de Mandela en la lucha anticolonial. Si la mayoría negra fue marginada por los británicos blancos que gobernaron Rhodesia, Mugabe invirtió las tornas y llevó a la minoría blanca a ser atacada y perseguida elaborando leyes que marginaran a estos y les obligaban directa o indirectamente al abandono del nuevo Zimbabue tras una controvertida expropiación masiva de tierras a principios del siglo XXI. Pero el gobierno dictatorial y cleptocrático de Mugabe, había ofrecido desde la independencia del país en 1980, una base segura desde la que podían operar grupos guerrilleros anti-Apartheid y para Mandela siempre pesó más esta ayuda que cualquiera de las acusaciones que pesaban sobre el régimen fascista de Mugabe.

En 1991, la ZANU (el partido de Mugabe) al igual que sucedió con el MPLA en Angola, renunciaba oficialmente a la ideología socialista que le había caracterizado, centrándose a partir de entonces en expoliar al país y en perseguir, encarcelar o asesinar a sus opositores. Actualmente, la moneda más utilizada en el país es el dólar estadounidense e incluso el rand sudafricano y la moneda local prácticamente no se utiliza. Todo un ejemplo de que la “liberación negra” no cumplió tampoco los anhelos de libertad, democracia y justicia de la gran mayoría de la población a pesar de que la propia población blanca fue expulsada del país. Al igual que Robert Mugabe, Muammar al-Gaddafi también fue padrino del CNA durante los años 70 y 80 en la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica, razón por la cual, Mandela (como reconoció en diversas ocasiones) mantuvo estrechas relaciones a todos los niveles con el “hermano líder y guía de la Revolución”, a pesar del autoritarismo de este o el poco justificable apoyo que Gaddafi prestó al señor de la guerra Charles Taylor en Liberia en un conflicto cuyas atrocidades son tristemente bien conocidas.

En Asia, Mandela inició relaciones diplomáticas que llegaron a ser especialmente amistosas con la brutal junta militar de Myanmar, legendaria por su hermetismo y vulneraciones de los derechos humanos más básicos y en el poder durante décadas siendo famosa por la marginalización y persecución de ciertas etnicas como el caso de los Rohinyás. Las relaciones con la Junta se extendieron mientras se utilizaba convenientemente la imagen de Aung San Suu Kyi como pretexto primero y luego como farsa para fomentar la “democracia” y la “transición” política de una forma similar a como se utilizó a Xanana Gusmao en Timor oriental. El objetivo final era tener acceso al mercado de materias primas birmano aislado y bloqueado internacionalmente en aquel momento.

Mandela recibía a los agentes del Mossad “saludando en hebreo y estaba familiarizado con los problemas de los judíos y de Israel dando la impresión de ser un intelectual. El equipo trató de convertirlo al sionismo. Demostró interés en los métodos de la Haganah y grupos clandestinos israelíes”

Durante su vida, Mandela se mostró muy ambiguo con Israel. Son bien conocidos sus discursos y declaraciones en contra de la ocupación de Palestina. No obstante, su contundencia y diplomacia no fue la que se podría esperar como “revolucionario” por la abolición del racismo en todas sus formas y modos así como una mayor contundencia en denunciar el sistema de limpieza étnica que se ha venido desarrollando de forma ininterrumpida desde la fundación de Israel. En 1999 tras dejar la presidencia de Sudáfrica, Mandela visitó Israel reuniéndose tanto con Ehud Barak como con Yasser Arafat y expresó que “Para las muchas personas que han cuestionado por qué he venido, digo: Israel trabajó muy de cerca con el régimen del apartheid. He hecho las paces con muchos hombres que sacrifican personas como animales. Israel ha cooperado con el apartheid régimen, pero no participó en atrocidades“. La parte de esta historia que es menos conocida es que el propio Mandela fue entrenado por el Mossad en tácticas guerrilleras, sabotaje y armamento en 1962 poco antes de ser detenido. Según documentos de los Archivos Estatales de Israel calificados como “alto secreto”, Mandela recibía a los agentes del Mossad “saludando en hebreo y estaba familiarizado con los problemas de los judíos y de Israel dando la impresión de ser un intelectual. El equipo trató de convertirlo al sionismo. Demostró interés en los métodos de la Haganah y grupos clandestinos israelíes. [9]

Mandela premió con la máxima distinción sudafricana, la medalla del Cabo de Buena Esperanza, no sólo a Gaddafi y Mugabe sino a otros dirigentes internacionales tan dudosos en materia de derechos humanos como Hosni Mubarak o Zine El Abidine Ben Ali, primer ministro de Túnez durante 23 años y artífice del golpe de Estado de 1987 que destituyó al Presidente Habib Bourguib por “incompetente”. En contraste a estas concesiones, el gobierno Sudafricano de Mandela no tuvo una actividad especialmente activa y solidaria en apoyo de grupos pro-democracia en países en vías de desarrollo siendo uno de estos casos de falta de compromiso la negación a conceder visas en 1995 a varios activistas nigerianos que buscaban reunirse con Mandela en Johannesburgo para conseguir su apoyo en materia de derechos humanos en Nigeria.

Los acuerdos de Mosagrius y la invasión de Lesotho

En 1998, el periodista sudafricano Michael Schmidt, cubrió dos historias chocantes que explicaban de forma bastante clarificadora los valores “capitalistas e imperialistas” del gobierno del CNA liderado por Mandela [10].

Los Acuerdos de Mosagrius, firmados en mayo de 1997 entre Mandela y su homólogo mozambiqueño Joaquín Chissano consistían en el reasentamiento de cientos de granjeros sudafricanos blancos en la provincia más pobre de Mozambique con el apoyo del partido Frente de la Libertad (FF) que defiende la creación de un Estado independiente para blancos afrikaner.

La primera de estas historias son los Acuerdos de Mosagrius, firmados en mayo de 1997 entre Mandela y su homólogo mozambiqueño Joaquín Chissano. Los Acuerdos consistían en el reasentamiento de cientos de granjeros sudafricanos blancos en la provincia más pobre de Mozambique, Niassa, unos acuerdos en los que participó el partido Frente de la Libertad (FF) que defiende la creación de un Estado independiente para blancos afrikaner. El gobierno de Mozambique se comprometía a otorgar una concesión a los afrikaners renovable por 50 años sobre 220.000 hectáreas de terreno destinadas a la agricultura, la ganadería, la agricultura y el ecoturismo. Los afrikaners también recibirían exención de impuestos para la importación de suministros como equipos agrícolas y medicinas. El acuerdo se elaboró en secreto y se impuso por la fuerza siendo este último extremo reconocido por el jefe de los servicios de extensión rural en la provincia de Niassa. Los campesinos de Niassa, alarmados al darse a conocer los acuerdos, se opusieron y organizaron una respuesta para evitar lo que a todas luces parecía un robo de tierras que recordaban la antigua tradición imperial británica de “reasentamientos estratégicos”.

Otra de las controvertidas y ocultadas historias del gobierno de Mandela, fue la invasión de Lesotho en agosto de 1998. La invasión tuvo el apoyo militar de Bostwana y el objetivo de “restaurar la democracia” o más bien, restaurar el gobierno del país al poder después de que, según el departamento de asuntos exteriores sudafricano, una facción dentro del ejército de Lesotho organizara un golpe de Estado. La realidad de la intervención tuvo unos motivos menos altruistas. “Estaba claro que no había ocurrido ningún intento de golpe de Estado sino más bien un motín pro-democrático no orientado a la toma de poder sino a expulsar a la cúpula militar corrupta cuya lealtad había sido comprado por los políticos. A pesar de que los amotinados opusieron resistencia, murieron 40 de ellos así como ocho paracaidistas.“, explica el periodista sudafricano Michael Schmidt que se encontraba cubriendo en Lesotho la invasión para el Sunday Times.

Inestabilidad social interna in crescendo

Este es otro de los problemas que los gobiernos de Mandela y los posteriores del CNA, no han sabido resolver o al menos mejorar a pesar de las promesas electorales que se hicieron para mejorar las condiciones sociales de las capas más desfavorecidas de la sociedad sudafricana, un problema que ya venía acentuado por conflictos entre diversas minorías negras y que pudo verse de forma muy amarga durante los últimos años del gobierno de Botha revelando el grado de división interna de los sudafricanos negros. Basta decir que entre la liberación de Mandela en 1990 y las primeras elecciones en abril de 1994, más de 15.000 personas murieron en una brutal ola de violencia que enfrentó principalmente a los partidarios del CNA con otros movimientos políticos negros como el IFP (nacionalista y zulú), grupos progresistas como la Organización Popular de Azania (AZAPO) O el Congreso Panafricano (PAC).

Entre algunos de los métodos de ejecución que utilizaban ciertos miembros del CNA contra sus enemigos, se encuentra el tormento del “collar” (necklace). Winnie Mandela lanzó soflamas arengando a los seguidores del CNA a utilizar este atroz método en pos de la “liberación“.

Bobo Makhoba, un residente que vivió en Dlamini (Soweto), antiguo bastión del AZAPO, le confesó al periodista Michael Schmidt que “caminaba aterrado por los cadáveres de los miembros de AZAPO que dejaban tendidos en la carretera la noche anterior los miembros del CNA después de estallidos de violencia extrema a los que todavía se recurre regularmente”, todo sin que el gobierno se involucrara contra estos episodios y tomara medidas comprometidas a proteger a todos sus ciudadanos así como a perseguir a los asesinos.

Entre algunos de los métodos de ejecución que utilizaban ciertos miembros del CNA contra sus enemigos, se encuentra el tormento del “collar” (necklace). El “collar” es un neumático de caucho que se coloca alrededor de los hombros para posteriormente verter gasolina y dejar que el fuego consuma a la martirizada víctima, la cual puede llegar a tardar hasta 20 minutos en morir. Fue la misma Winnie Mandela [B] la que lanzó soflamas arengando a los seguidores del CNA a utilizar este atroz método en pos de la “liberación“ contra soplones, informadores y enemigos políticos, fueran reales o imaginarios, utilizando para ello “nuestras cajas de cerillas y nuestros collares“. En cierta ocasión, Desmond Tutú evitó en que partidarios del CNA quemaran vivo a un supuesto informador de la policía al que según uno de los activistas, sólo querían “proveerle su propia pira funeraria”. ”Esto mina la lucha’‘ replicó Tutú a los “activistas” que le replicaban, ”No, esto envalentona la lucha”.

De la lucha anti apartheid, a un gobierno del CNA de estilo “soviético” y neoliberal

El fin del apartheid y la llegada a la presidencia de Mandela no cambió la distribución de la riqueza, ni mejoró las condiciones de la mayoría negra, ni se planteó seriamente crear planes ambiciosos de ayuda y desarrollo. A pesar de que el CNA se había comprometido a ejecutar nacionalizaciones de sus sectores económicos mas importantes en su Carta por la Libertad (1955), Mandela y su partido evitaron estas cuestiones fundamentales de su ideario llegado el momento y abrieron las puertas del país a las doctrinas económicas neoliberales, permitiendo al CNA “funcionar con un estilo soviético de democracia centralizada”, como explica John Kane-Berman, director del Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales. El gobierno de Nelson Mandela se caracterizó pues por liderar de forma decidida desde 1994, la privatización de los principales sectores estratégicos del país abrazando las recetas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en toda su extensión[11]. Nelson Mandela al asumir el cargo en 1994, proclamó “La privatización es la política fundamental de nuestro gobierno. Llamadme thatcherista si queréis”. Lo cierto es que Sudáfrica ya había sido previamente apoyada financieramente por el Banco Mundial a pesar de que las Naciones Unidas habían decretado un boicot financiero internacional durante el Apartheid.

El programa económico que el gobierno de Mandela aceptó fue redactado casi por completo por quince economistas “neoliberales” seleccionados en los gabinetes estratégicos del Banco Mundial  y de entre los diversos bancos africanos de desarrollo con mayor influencia.

El programa económico que el gobierno de Mandela aceptó fue redactado casi por completo por quince economistas “neoliberales” seleccionados en los gabinetes estratégicos del Banco Mundial  y de entre los diversos bancos africanos de desarrollo con mayor influencia. El programa económico, denominado GEAR (Programa de Crecimiento, Empleo y Redistribución) desarrolló una política de privatización de todas las compañías y servicios públicos sudafricanos así como la liberalización de los controles sobre los movimientos de capitales y las tasas de cambio de divisas. Impuso una reducción drástica del gasto público e impuestos sobre los beneficios corporativos. Los derechos de aduana que protegían a los sectores económicos locales sudafricanos mas desfavorecidos en pleno desarrollo, sufrieron enormemente el impacto de la “globalización” con la llegada sin restricciones de productos del exterior.

Cunado en 1999 Mandela decide no volver a presentarse a las elecciones, la desigualdad, el desempleo y la delincuencia se habían disparado de forma alarmante. En lo relativo a un derecho tan básico como el acceso al agua, es significativo que según indica el sindicato más grande de Sudáfrica, el Cosatu, el 98 por ciento de los blancos tenían acceso al agua potable en sus hogares en 2001 por sólo el 27 por ciento de los negros. 10 años después, en 2011, otro censo revelaba como casi un tercio de los sudafricanos vivían por debajo del umbral de la pobreza. [12]. A pesar de que Sudáfrica es gobernada por una coalición de partidos de izquierdas [A] y herederos de la lucha Anti apartheid, los escándalos de diverso tipo han sido una constante desde que el CNA llegara al poder aunque como explica Rafael Narbona, “Nada indica que Mandela se implicara en casos de corrupción o que obtuviera prebendas a cambio de renunciar a sus convicciones revolucionarias. Tal vez se limitó a ser pragmático y posibilista, pero la historia ha demostrado que sus concesiones han desembocado en un cuadro de terribles injusticias” [13].

El 16 de agosto de 2012 durante una manifestación de mineros, la policía sudafricana abrió fuego contra los manifestantes causando la muerte de 44 personas e hiriendo de bala a otros 70 y deteniendo a 270 en un evento que recordaba los peores días del Apartheid.

Sudáfrica se encuentra dentro del grupo de las llamadas “economías emergentes” (BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), algo que ha conseguido en buena manera basando su crecimiento económico en las exportaciones de minerales, ofreciendo a las grandes compañías el mantenimiento de condiciones laborales precarias, bajos salarios y escasos impuestos a las compañías. Precisamente en el sector minero se dio uno de los sucesos más impactantes que han tenido lugar en la historia sudafricana más reciente, la llamada masacre de Marikana. El 16 de agosto de 2012 durante una manifestación de mineros, la policía sudafricana abrió fuego contra los manifestantes causando la muerte de 34 mineros (44 en total incluyendo otros manifestantes), hiriendo de bala a otros 70 y deteniendo a 270 en un evento que recordaba los peores días del Apartheid. De hecho fue la mayor masacre acaecida en Sudáfrica desde 1960. Las autopsias e investigaciones posteriores mostraron que la mayoría de los trabajadores habían recibido disparos en la espalda.

Tanto el Partido Comunista Sudafricano como su aliado sindical, el COSATU, en sendos comunicados justificaron la actuación policial argumentando que los manifestantes estaban armados y que realizaron disparos. Tanto el Partido Comunista Sudafricano como el COSATU acusaron a los representantes de AMCU (Asociación de Mineros Sudafricanos) de divisionismo. El CNA se comprometió a realizar una comisión de investigación y depurar responsabilidades pero la comisión estuvo plagada desde el principio de “mentiras, falsos testigos y obstaculizaciones a la investigación por parte de la policía y las instituciones públicas involucradas, el informe final concluye poco y ofende mucho, especialmente a los familiares de las víctimas, a quienes se negó la posibilidad de tener voz en las sesiones de la comisión aunque se permitió que estuvieran presentes en ellas para escuchar. En sus más de 600 páginas no se desvela quiénes mataron a cada una de las 44 personas, no hay responsables, no hay justicia y no hay recomendaciones sobre la necesidad de reparación para las víctimas y sus familiares. Se afirma que la policía pudo ‘haber creído razonablemente’”. [14]

Susan Shabangu, miembro del CNA, ministra de la Presidencia para la Mujer, ministra de Recursos Minerales en 2012 y del propio Comité Ejecutivo Nacional del partido, pidió cuatro años antes a la policía con las siguientes palabras : “Matad a esos bastardos [las personas identificadas como criminales] si os amenazan a vosotros o a la comunidad. No debéis preocuparos por las regulaciones. Ésa es mi responsabilidad […]. No quiero disparos de advertencia. Tenéis una bala y tiene que ser una bala mortal”. Jacob Zuma, presidente sudafricano por entonces, afirmó que “los mineros de Marikana recibieron disparos después de haber matado a personas”, justificando así la masacre. Para una de las figuras más importantes de la lucha contra el Apartheid, líder sindicalista, vicepresidente de Sudáfrica, del CNA y una de las personas con mayor influencia política y riqueza del país, la reacción fue la previsible. Durante la huelga que llevó a la matanza y siendo accionista y miembro del consejo de dirección de Lonmin (empresa minera británica), Zuma recomendó “una respuesta simultánea” de la policía calificando la huelga “no un conflicto laboral, sino un acto criminal”. [15]

Tres años después, en 2002, guardias privados de seguridad dispararon para dispersar una manifestación pacífica en protesta por los cortes de electricidad en Soweto en la casa del Alcalde de Johannesburgo.

En 1999, la Presidencia de Sudáfrica quedó en manos de Thabo Mbeki, famoso por comparar “a los científicos que investigan sobre SIDA con los últimos médicos de los campos de concentración nazis y retrataba a los negros que aceptaban la ciencia ortodoxa del sida como “reprimidos” y víctimas de una mentalidad esclava” así como por negar en reiteradas ocasiones el problema del SIDA en Sudáfrica, la misma enfermedad, medios de transmisión, etc. Esta y otras conclusiones similares pseudocientíficas se distribuyeron de forma anónima entre los miembros del CNA a través de un documento interno secreto de 100 páginas escrito por el propio Mbkei [16]. Sólo en 1999, 250.000 sudafricanos murieron de SIDA en Sudáfrica [17] afectando a una de cada siete personas, mientras que la esperanza de vida apenas llega a los 50 años. A día de hoy, el CNA se ha convertido en “una casta burocrática de funcionarios” mientras las tasas de criminalidad y de paro (sobre el 30% y el 50% entre los jóvenes) continúan creciendo en unas condiciones de trabajo cada vez más precarias [18].

Tres años después, en 2002, guardias privados de seguridad dispararon para dispersar una manifestación pacífica en protesta por los cortes de electricidad en Soweto en la casa del Alcalde de Johannesburgo, Amos Masondo.  El CNA ordenó arrestar a los manifestantes y les negó la libertad bajo fianza reteniéndolos en Sun City, la célebre prisión de máxima seguridad donde se encarcelaba a los activistas anti-Apartheid. [C]. El producto interno bruto se había estancado entre el uno y tres por ciento desde 1990 y la tasa de desempleo en la mayoría de las provincias se situó en torno a un 50% a finales de los años 90. En los servicios sociales se han aplicado grandes recortes siendo especialmente importante la alarmante como se ha indicado ya, la extensión del SIDA.

Una prueba demoledora de la situación extrema que sufren algunas provincias, fue el masivo brote de cólera que en 2001 se extendió por las áreas rurales de Kwa-Zulu, los suburbios de Johannesburgo. El brote contagió a cientos de miles de personas y mató a más de trescientas las cuales se habían visto obligadas a beber agua infectada por el cólera debido a que no podían pagar los impuestos de las nuevas compañías privadas de aguas. En el Cabo Oriental así como en la localidad de Fort- Beaufort e incluso otras áreas urbanas de Sudáfrica, los precios del agua se dispararon hasta un 300 por ciento “mientras el CNA continúa restringiendo ilegalmente el acceso al agua a pesar del derecho constitucional al agua de todos los sudafricanos” [C].

En 1990, Mandela acudió al Aarón Davis Hall de Harlem para ser entrevistado por diversos periodistas en un formato poco usual conducido por Ted Coppel de ABC News. Jaleadas y aplaudidas todas y cada de sus intervenciones por un público más propio de un mitin político, Mandela expuso toda una serie de controvertidas respuestas a incómodas preguntas. Al ser preguntado sobre si los gobiernos de Gaddafi o Mugabe eran un ejemplo de derechos humanos, Mandela se limitó a responder, “Uno de los errores de tener ese tipo de análisis político es pensar que ellos son enemigos, que deben ser nuestros enemigos.” [19] para rematar expresando que “No tenemos tiempo para fijarnos en los asuntos políticos internos de otras naciones.” [20]

Mandela expresó también toda una serie de mitos políticos como por ejemplo que “para cualquiera que cambia sus principios en función de con quien trate, no es un hombre que pueda liderar a una nación.” [21] pero como se ha expuesto a lo largo del artículo, los principios fundamentales del CNA y de Mandela que hicieron famoso al movimiento durante el Apartheid, fueron sistemáticamente abandonados adoptándose otros de orientación política y diplomática bien diferentes como fue el apoyo y consolidación de relaciones con cleptócratas, dictadores e instituciones neoliberales internacionales.

El cambio político “pragmático” de Nelson Mandela se tradujo también en aceptar la Medalla de Oro del Congreso estadounidense a pesar de que “los 10.000 largos días” que pasó en prisión fueron gracias a la transmisión de información clave de la CIA a las autoridades sudafricanas para capturarlo [22], algo que resulta también chocante teniendo en cuenta como Mandela calificó a EEUU en sus propias palabras : “Si hay un país que ha cometido atrocidades indecibles en el mundo, son los Estados Unidos de América. Ellos no se preocupan por los seres humanos” [23].

Por todo lo anteriormente expuesto, la figura de Nelson Mandela debería ser reconsiderada debido a su complejidad, evitando destacar exclusivamente sus esfuerzos para la paz al salir de prisión, una forma simplista y a menudo bastante oportunista de tratar su trayectoría política. Esta es una de las formas en que los medios de comunicación tradicionales e incluso algunos “medios de izquierdas” aconstumbran a tratar los “mitos políticos” haciendo una defensa cerrada de su figura y un silencio atronador de su presidencia y legado, que como se ha visto, no ha traído (y probablemente no lo haga) a Sudáfrica las mejoras prometidas por el CNA y el propio Mandela al final del Apartheid.

Fuentes

Anexo

Citas sobre Mandela y la Sudafrica post-apartheid

  • ¿Qué le sucedió a Nelson Mandela? Se ha especulado mucho con los acuerdos secretos que pudo firmar poco antes de su liberación, pero no hay ningún dato objetivo sobre esta cuestión. Mandela sólo ocupó la Presidencia de Sudáfrica durante una legislatura. Después, se retiró de la vida política. Nada indica que se implicara en casos de corrupción o que obtuviera prebendas a cambio de renunciar a sus convicciones revolucionarias. Tal vez se limitó a ser pragmático y posibilista, pero la historia ha demostrado que sus concesiones han desembocado en un cuadro de terribles injusticias”. Nelson Mandela y las miserias del pragmatismo”). [Rafael Narbona]
  • Nelson Mandela se ha convertido en una marca, ‘Marca Mandela,” su imagen, el nombre y el número que tuvo en prisión se utiliza para generar dinero y promover la leyenda de Mandela. En julio de 2012, por ejemplo, la línea 46664 de ropa. se puso en marcha (todo ‘Made in china’). La ‘Marca Mandela’ es algo más que una oportunidad de vender estúpidas baratijas a los turistas y celebridades. Es peligroso promover el mito sobre la base de un culto a Mandela, promovido a diario en la imaginación del público, un culto que sirve a intereses mucho más siniestros. El mito de Mandela se utiliza para dar la credibilidad a la viciosa clase gobernante de Sudáfrica y para legitimar al gobernante Congreso Nacional Africano. Mandela ha sido un señuelo para ocultar la historia mucho menos heroica del CNA en el poder. Al igual que cualquier otra propaganda nacionalista, la marca Mandela ha sido utilizada por los ricos y poderosos para perpetuar un sistema de clases podrido mientras el CNA ayuda a mantener a través de sus políticas neoliberales un sistema que ha causado la miseria para los millones de sudafricanos pobres qye se dice Mandela ha ‘liberado’“. [Tina Sizovuka]
  • La libertad y la democracia se supone que son para todo el mundo. Hoy en día es para los ricos. Los ricos están recibiendo la educación multi-racial y los pobres todavía tienen educación de tercera categoría, que en ese entonces era conocido como educación bantú. Los ricos consiguen trabajo, tienen coches, tienen buenas casas. Ellos pueden casarse y seguir adelante con sus vidas. Ellos viven seguros. Esta es su Libertad. Los pobres tienen que sobrevivir como podamos, vamos en círculos y no hacia adelante. Vivimos en chozas. Vivimos en la mierda y el fuego. Estamos desalojados. No tenemos ningún transporte seguro y fácil. La policía nos trata como criminales. Nos golpean si tratamos de organizarnos. Si eres joven y pobre eres tratado como una amenaza para la sociedad y no como el futuro de la sociedad. Hector Peterson, Chris Hani, Steve Biko y otros compañeros que murieron por nuestra libertad y la democracia no murieron por esto, no respetamos su sacrificio aceptando que esto es libertad.” [Comunicado de prensa el Día de la Juventud del Movimiento Abahlali base Mjondolo (Movimiento de Shack)]
  • El aspecto más sorprendente de los programas económicos sudafricanos después del apartheid, fue que dichos programas fueron adoptados con entusiasmo por el ANC. Sudáfrica, con su deuda externa relativamente baja de sólo cerca de un cinco por ciento de su déficit presupuestario total en los años 90, no sufrió presión alguna de las IFIs. En circunstancias en las que estados altamente endeudados en toda África soportaban la imposición de programas neoliberales a través de los SAPs [sigla en inglés de Programas de Ajuste Estructural], Sudáfrica los adoptó por su propia voluntad. Es el aspecto más entristecedor y enfermizo de todo el asunto, el que los efectos de estos programas podrían haber sido evitados en su casi totalidad. Los sudafricanos se ven ahora forzados a enfrentar una globalización auto-impuesta, controlada por las corporaciones, con medios cada vez más desesperados que se enfrentan a una creciente represión. Aun cuando todos los ciudadanos sudafricanos tienen la garantía constitucional de “suficiente alimento y agua” en la Declaración de Derechos de Sudáfrica, el ANC, alentado por los consejeros del Banco Mundial, se lanzó a una campaña nacional para privatizar los sistemas hidráulicos de propiedad y operación pública. Subcontrataron la gestión de los sistemas hidráulicos a grandes postores multinacionales como la multinacional francesa de aguas, Suez, cuya sola razón de ser es, sobra decirlo, los beneficios”. [¿Qué anduvo mal en Sudáfrica?. Ante todo el “libre comercio” y el agua. Andrew Nowicki. https://www.rebelion.org/hemeroteca/africa/031103surafrica.htm]

Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

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