Abdul Sattar Edhi, un personaje irrepetible

A mediados de 2016, uno de los individuos más extraordinarios de Pakistán y de nuestro tiempo, Abdul Sattar Edhi (1928 – 2016), moría en medio de un clamoroso silencio mediático internacional bastante ensordecedor, un silencio prueba de que rara vez se hace justicia a la gran mayoría de personas que se hacen merecedoras de tales honores en vida.

Sus oficinas estaban ubicadas en medio de un laberinto de habitaciones destartaladas en el casco antiguo de Karachi. Su red de asistencia social privada proporcionó muchos servicios en todo el país, ayudando a los pobres, discapacitados y víctimas de la violencia.

La vida y muerte de Edhi pasó prácticamente inadvertida para una gran parte de la prensa internacional, a pesar de la hazaña que su constante determinación le llevó a conseguir, una hazaña por la que ha sido considerado «la persona que ha ayudado a más gente que cualquier otra de la historia».

La mayor fundación caritativa construida de la nada

Puede parecer a priori exagerado, pero Abdul Sattar Edhi creó una Fundación caritativa que, partiendo de la nada, desarrolló una red de servicios sociales y sanitarios que hoy se compone de 1.500 ambulancias, servicios de emergencia 24 horas, albergues, orfanatos y bancos de sangre. Todo ello en un país interétnico extremadamente inestable en lo político, superpoblado y carente algunos de los servicios más elementales.

Todo ello en un país interétnico extremadamente inestable, en lo político, superpoblado, sin algunos de los servicios más elementales y donde han muerto en los últimos 10 años varios miles civiles inocentes y cientos más han quedado gravemente afectados por la política militar exterior del premio Nóbel de la paz Barack Obama.

La Fundación Edhi se hace cargo a día de hoy de servicios sociales básicos que el propio Estado no presta mientras es capaz de llegar a lugares donde el Estado tampoco lo hace. [1] La financiación de Abdul Sattar Edhi procedía y procede exclusivamente de donaciones privadas, ya que rechazó siempre ser «apadrinado» por intereses políticos o religiosos de cualquier tipo y ser así, convertirlo en una figura destinada a ser utilizada, manipulada o condicionada.

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A diferencia de la Madre Teresa, Abdul Sattar Edhi y su fundación han tenido desde sus orígenes una reputación intachable, llegando a convertirse en un orgullo nacional a pesar del sectarismo religioso vigente hoy en día en Pakistán [6]. Edhi nunca discriminó por motivos religiosos a sus pacientes y tuvo que soportar la presión de fanáticos por atender igual tanto a musulmanes, suníes, como chiíes, cristianos, hindúes y otras confesiones y etnias. En cierta ocasión recordó como «Muchos años más tarde de empezar a trabajar en la Fundación, todavía me seguían quejaban y seguían preguntando. ¿Por qué recoges a hindúes y cristianos en tus ambulancias? Y yo les respondía, ‘Por qué la ambulancia es más musulmana que tú».  [7]

«Un legendario trabajador de la caridad conocido por su ascetismo», «El mayor humanitario vivo en el mundo».

Abdul Sattar Edhi desarrolló un moderno y profesional sistema de salud de la nada, no recibió grandes premios internacionales, aunque nada despreciables en otros ámbitos, como el Premio Madanjeet Singh Prize de la UNESCO en 2009 u otros como el Premio Ramón Magsaysay (el «Nóbel» asiático) al Servicio Público y el Premio Balzan, que lo otorga cada año desde 1961, la Fundación Internacional Balzan para aquellos que han destacado por sus contribuciones en las Ciencias y las Artes.

Por otro lado, la Fundación Edhi entró en el libro Guiness de los Records, por disponer de la mayor red de ambulancias que operan en todo el mundo. Actualmente, es la mayor red de bienestar social en Pakistán y dispone de oficinas en varios países, donde ha realizado misiones humanitarias, incluyendo África, Oriente Medio, la región del Cáucaso, Europa del Este y los EE.UU, donde incluso ayudó en las tareas de rescate y atención a las personas afectadas por el huracán Katrina de Nueva Orleans en 2005.

Abdul Sattar Edhi no tenía salario, residía en un humilde apartamento sobre su clínica de Karachi y reconocía «no haber sido en toda su vida una persona muy religiosa». [8] Fue propuesto como candidato a premio Nóbel de la Paz por el primer ministro de Pakistán, tras recabar más de 30 000 firmas entre las que figuraba en primera posición la de Ziauddin Yousafzai, padre de Malala Yousafzai [9]. The Guardian y el Daily Mail conincidieron en considerarlo «un legendario trabajador de la caridad conocido por su ascetismo» [10], mientras que el The Huffington Post le calificó hace unos años como «el mayor humanitario vivo en el mundo».

FUENTES

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