Migraciones y refugiados como instrumento de presión política

El fenómeno migratorio masivo de 2015, que llegó a ser conocido como la «crisis de los refugiados sirios» [1], tuvo muchas de las características de lo que se conoce como un «arma de migración masiva», [2] una forma de coerción o coacción política entre estados, con la participación de actores supra estatales, basada en la utilización de las migraciones y la inmigración ilegal como instrumentos de chantaje y presión contra otros estados.

Según esta idea, algunos de los estados y actores involucrados en la guerra civil siria, recurrieron a esta táctica para tratar de ganar ventajas en el conflicto. Unos provocaron y pusieron en marcha la migración, y otros, directa o indirectamente, la potenciaron o se aprovecharon de ella por diversos motivos. Esta arma de migración masiva se dirigió contra los estados democráticos europeos y, especialmente, contra algunos de sus gobiernos con el objetivo de desestabilizar y provocar división.

Parece una tarea complicada imaginar (y aceptar) que puedan armarse migraciones forzadas contra estados y gobiernos. Lo cierto es que este tipo de fenómenos, han sido relativamente frecuentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. «Más de cuarenta grupos de desplazados han sido utilizados como peones, en al menos cincuenta y seis intentos discretos de migración coercitiva diseñada desde la creación de la Convención de Refugiados de Naciones Unidas de 1951». [3]

El siguiente artículo tratará de introducir al lector en los fenómenos migratorios forzados utilizados deliberadamente como arma política. Para ello, el artículo se basará en la obra de Kelly Greenhill Weapons of Mass Migration, como guía para la exposición de las diversas causas, motivaciones (internas y externas a los estados) e intereses detrás de las migraciones forzadas. También se analizarán los recientes casos de Libia, Bielorrusia y Marruecos en la utilización de las «migraciones» y la inmigración ilegal como chantaje y arma política.

Ingeniería de la migración coercitiva

El concepto de coerción se refiere a la práctica de inducir o prevenir cambios en el comportamiento mediante el uso de amenazas, intimidación o alguna otra forma de presión, más comúnmente, la fuerza militar, pero también mediante otros medios indirectos que no suelen ser tan evidentes al observador.

De forma resumida, la obra de Greenhill trata los siguientes puntos:

  1. La migración forzada como arma estratégica
    Estados y actores no estatales utilizan la migración forzada como una estrategia para lograr unos determinados objetivos.
  2. Motivaciones detrás de la migración forzada
    Se identifican varias motivaciones para emplear la migración forzada: manipulación demográfica, explotación económica, creación de amenazas a la seguridad y la expansión del control territorial.
  3. Manipulación de los flujos de refugiados
    Cómo se pueden manipular los flujos de refugiados para ejercer presión sobre los países o actores objetivo y crear inestabilidad, apoyando por ejemplo a grupos rebeldes, o fomentando intencionadamente crisis humanitarias, con la ayuda o participación (consciente o no) de organizaciones humanitarias.
  4. Actores apoderados y negación plausible
    Los estados a menudo utilizan actores apoderados o actores no estatales para crear una migración forzada, lo que les permite mantener una negación plausible, evitando represalias diplomáticas, sanciones económicas, etc.
  5. Respuestas a la migración forzada
    Se examina cómo los países objetivo responden a la migración forzada, tanto a través de estrategias convencionales (militares) como no militares. También explora el impacto de la migración forzada en las comunidades de acogida, la política y la economía.
  6. Estudios de casos
    El libro analiza una variedad de casos de estudio ocurridos en diferentes regiones, incluidas Europa, África y Medio Oriente, casos que ilustran cómo la migración forzada se ha utilizado decenas de veces en los últimos 70 años como arma política en varios conflictos y contextos geopolíticos.
  7. Implicaciones políticas
    Se analizan las implicaciones políticas de la migración forzada como arma, y cómo abordar las causas fundamentales del desplazamiento, mejorar la cooperación internacional y desarrollar estrategias efectivas para mitigar sus efectos.

Kelly Greenhill [2] no es una ensayista más con un libro de título impactante, que sería calificado inmediatamente en cualquier charla coloquial de «conspiranoico». De hecho, hasta ahora, cualquier analista o periodista que atreviera a plantear qué la mayor parte de los llamados «migrantes» que llegan a Europa a través del Mediterráneo, lo hacen mediante un sistema de tráfico de personas perfectamente establecido y aceptado en las agendas de muchos estados, es considerado un conspiranoico, un ultraderechista, o incluso un racista. La autora ha ejercido un amplio y variado número de cargos, muchos de ellos al más alto nivel dentro del gobierno estadounidense, así como en agencias y organismos internacionales.

Greenhill «define, mide e identifica, la ingeniería de las migraciones forzadas» [3] acaecidas durante el siglo XX, identificando en su estudio tres tipos diferentes de migraciones: [4]

  1. Migraciones forzadas por medio de amenaza directa
    Cuando un actor poderoso o un Estado amenaza con el uso de la fuerza militar, u otra forma de agresión directa, para obligar a una población a abandonar su lugar de origen. El objetivo de esta táctica es ejercer presión política o económica sobre el país receptor.
  2. Migraciones forzadas por medio de violencia inducida
    La migración forzada se lleva a cabo mediante la creación de un clima de violencia, inseguridad o conflicto en el lugar de origen de la población. Esto puede incluir actos de violencia física, persecución política o étnica, o la incitación a conflictos internos que desplazan a las personas y las obligan a huir.
  3. Migraciones forzadas por medio de política económica coercitiva
    Implica el uso de medidas económicas o políticas restrictivas por parte de un actor poderoso o un Estado, para generar condiciones adversas en el lugar de origen de la población. Estas medidas pueden incluir bloqueos comerciales, sanciones económicas, restricciones de acceso a recursos básicos o políticas de austeridad extrema, lo que lleva a la precariedad y la falta de oportunidades económicas, lo que a su vez obliga a las personas a buscar refugio en otros lugares.

Weapons of Mass Migration: Forced Displacement, Coercion, and Foreign Policy muestra también la frecuencia con la que se ha recurrido a las migraciones forzosas, como instrumento de coerción (más de cincuenta veces desde el final de la Segunda Guerra mundial), y el grado de éxito que han tenido en su aplicación. En más de la mitad de las ocasiones, estas migraciones forzadas han tenido lo que en términos de los objetivos buscados por los perpetradores se podría considerar éxito.

Las estrategias de «coerción por castigo» puede llevarse a cabo de dos maneras:

  1. Amenazas directas para abrumar la capacidad de un objetivo para acomodar una afluencia de refugiados o inmigrantes.
  2. Chantaje político reforzado por normas que explotan la existencia de compromisos legales y normativos con quienes huyen de la violencia, la persecución o las privaciones.

Puede considerarse erróneamente que los principales responsables de estas migraciones forzadas serían los traficantes y las mafias, pero estos no son sino actores secundarios, organizaciones que, por muy poderosas que sean, no podrían llevar a cabo este tráfico humano con la impunidad en que lo llevan a cabo en el Mediterráeo por ejemplo, sin la colaboración de los estados de paso y en muchos casos, por los propios estados objetivo, despojados en ciertos ámbitos de sus propias soberanías, o porque existe un interés oculto, lo que multiplica el efecto llamado.

Greenhill definió el concepto de armas de migración como «la creación y manipulación de los movimientos de población como medio operativo y estratégico para fines políticos y militares». [5] Con todo, Greenhill no describe la migración diseñada como un medio exclusivamente relacionado con lo que se ha llegado en muchos casos a conocer erróneamente como guerra híbrida. [C]

Otra clasificación de migración diseñada estratégicamente podría definirse en cuatro tipos:

  1. Ingeniería de migraciones desposeídas
    Un estado o un actor no estatal, desplaza a un grupo o grupos para adquirir el territorio o la propiedad de los desplazados, o eliminarlos como una amenaza a su propio dominio etnopolítico o económico.
  2. Ingeniería de migraciones exportadoras
    En este caso, un estado tiene como objetivo reforzar su posición, expulsando a los adversarios políticos o busca desconcertar o desestabilizar a uno o más gobiernos extranjeros con las consecuencias de los movimientos masivos forzados. También el objetivo puede ser el de consolidar el control sobre territorio o, por el contrario, debilitar el control en manos de un enemigo al inundarla con inmigrantes y refugiados.
  3. Ingeniería de migraciones militarizadas
    Durante un conflicto armado se trata de obtener una ventaja militar, buscando interrumpir o destruir el mando y control de un enemigo, desplazando a su personal, negando el acceso a la infraestructura, o abrumando sus estructuras militares.
    Gobiernos o los grupos rebeldes fijan como objetivos las capacidades de comando y control, la logística o el movimiento de sus oponentes, socavando estructuras de apoyo civil, o grandes flujos de personas. También pueden servir para apoderarse de los bienes de las personas desplazadas o reclutarlas por la fuerza.
  4. Ingeniería de migraciones coercitivas
    Cuando un gobierno u otro actor crea o manipula deliberadamente una migración masiva para obtener concesiones de un estado o estados objetivo. Acciones diseñadas para inducir una reacción o un determinado comportamiento del adversario. Diseñada estratégicamente para generar una respuesta basada en una aversión a los recién llegados por consideraciones nacionales, laborales o económicas. [6]

Como explica Greenhill, «la ingeniería de la migración coercitiva puede ser ejercida de tres formas diferentes», tres tipos de coaccionadores:

  1. Generadores / retadores
    Los generadores crean o amenazan con crear movimientos de población transfronterizos a menos que los objetivos accedan a sus demandas.
  2. Agentes provocadores
    Los agentes provocadores, por el contrario, no crean crisis directamente, sino que actúan incitando a otros a generar flujos de salida. Muchos se ven a sí mismos participando en una especie de maquiavelismo altruista, según el cual los fines (por ejemplo, la autonomía, la independencia o la restauración de la democracia) justifican el empleo de estos medios poco convencionales.
  3. Oportunistas
    Los oportunistas no juegan un papel directo en la creación de crisis migratorias, sino que simplemente explotan para su propio beneficio la existencia de flujos de salida generados o catalizados por otros.  [7]

En el extracto del libro de Greenhill, la autora presenta dos tablas con casos de estudio y los «objetivos de los retadores, fortalezas relativas y resultados coercitivos», un análisis estructurado de crisis geopolíticas del siglo XX, donde se identifica el año de la misma, el causante de la crisis («coaccionadores»), el/los objetivos y el resultado. [8]

Otra tabla se presenta con el nombre, «Examen de alternativas: (Amenazas) Caudal de salida y proximidad geográfica» y viene a presentar ejemplos de crisis migratorias acaecidas en la historia reciente, identificando de nuevo al actor principal que provoca la crisis, el grupo de refugiados o migrantes a resultas de la misma, los principales objetivos buscados, los resultados finales que se esperan, el tamaño esperado del grupo humano migrante, así como si el lugar «objetivo» de la migración se encuentra cercano geográficamente. [9]

Greenhill describe toda una serie de casos en el que diferentes estados y actores, trataron de coaccionar y forzar a otros estados, mediante tácticas de migraciones, que van desde 1953 a 2006. En los cincuenta y seis casos estudiados, los retadores lograron al menos algunos de sus objetivos en aproximadamente el 73% de las ocasiones (en cuarenta y un casos). Si se utiliza una medida más estricta de éxito y se excluyen los éxitos parciales, los coaccionadores obtuvieron más o menos todo lo que supuestamente esperaban en el 57% de los casos (en treinta y dos casos). [10]

Greenhill señala que, aunque la ingeniería de las migraciones coercitivas y la inmigración ilegal es una estrategia difícil de parar cuando se pone en marcha, es un instrumento que rara vez es un arma de primer recurso, solo retadores resueltos la utilizarían únicamente cuando creen que hay una probabilidad relativamente alta de éxito. Se trata en definitiva, de un arma de doble filo, que solo es utilizada por personas altamente cualificadas, «en primer lugar, los retadores pueden, en última instancia, catalizar crisis de lo que anticipan o desean, y las salidas masivas pueden desestabilizar tanto a los estados de origen como a los de destino. Los temores de tal colapso, por ejemplo, llevaron a la construcción del edificio de Berlín. Muro a principios de la década de 1960». [11]

Portada del libro Weapons of Mass Migration de Kelly Greenhill
Portada del libro Weapons of Mass Migration: Forced Displacement, Coercion, and Foreign Policy. Kelly Greenhill

Suscriptores

SUSCRÍBETE para acceder a TODOS LOS CONTENIDOS

Durante 30 DÍAS totalmente gratis.

Si ya estás SUSCRITO inicia sesión.

La crisis de los refugiados sirios y de inmigrantes, alcanzó su apogeo a mediados de 2015, contabilizándose más de un millón de personas desplazadas. Fue la mayor crisis migratoria a la que se enfrentaba Europa desde la Segunda Guerra Mundial, generando también una crisis política no solo entre la UE y Turquía, también entre los estados miembros.

Aunque se alcanzaron ciertas soluciones a la crisis humanitaria, esta dejó algunas lecciones. La primera y más clara es, como actores estatales y no estatales utilizan a personas para conseguir sus objetivos, sean políticos o económicos. Es seguro que el tráfico de personas disfrazado en estos casos de «migraciones», continúen siendo utilizadas, como medio para desgastar a otros países y generar crisis políticas y desestabilización social.

Parece también bastante evidente que Rusia, con su guerra de agresión e imperialista sobre Ucrania, ha buscado provocar, con el éxodo de más de 8,2 millones de ucranianos desplazados, [60] una nueva crisis humanitaria que ha superado con creces la crisis de 2015. Rusia tiene la experiencia, los recursos, y el conocimiento de la debilidad de la UE, para continuar explotando también el uso de este tipo de amenazas, al igual que Marruecos, Bielorrusia y Libia.

FUENTES

Suscriptores

SUSCRÍBETE para acceder a TODOS LOS CONTENIDOS

Durante 30 DÍAS totalmente gratis.

Si ya estás SUSCRITO inicia sesión.

GALERÍA MULTIMEDIA

  • Borderless (2019) / Sin fronteras. Lauren Southern.