Un documental único sobre la historia de Oriente Medio
Historia de Oriente Medio es una serie de 5 episodios producida y dirigida por Mathew Hall y Mark Brightman. Originalmente titulada The Search for Destiny: The Middle East, la serie, comienza describiendo los acontecimientos políticos y militares más significativos que experimentó la región tras el colapso del Imperio Otomano, con la influencia de potencias británicas y francesas de fondo.
Es una serie completa y profunda de cinco capítulos, teniendo cada episodio una duración de 52 minutos. Proporciona una visión de la historia de Oriente Medio durante el siglo pasado desde el punto de vista de la «búsqueda del destino» de los pueblos árabes, pero también de las minorías étnicas y religiosas generalmente olvidadas y perseguidas.
La serie profundiza en la caída del Imperio Otomano, la influencia de la dominación francesa y británica, el impacto de las dos Guerras Mundiales, el establecimiento de Israel, la Crisis de Suez, la era del imperialismo estadounidense y ruso y los conflictos árabe-israelíes. También aborda la participación de potencias extranjeras en la región y explora cuestiones fundamentales que continúan dividiendo a los países de Medio Oriente, incluida la cuestión palestina, la Guerra del Golfo y la evolución de la producción de petróleo y su importante papel en las economías mundiales.
Oriente Medio, una denominación occidental
Oriente Medio, como lo conocemos hoy, es, en gran manera, un producto de la influencia occidental, especialmente de la influencia británica. Las fronteras de la región, trazadas con escuadra y cartabón, son rectilíneas en muchos casos, no por casualidad.
La propia denominación «Oriente Medio» tiene su origen en la Europa del siglo XIX, específicamente en Gran Bretaña. Se acuñó como una traducción del término inglés «Middle East», que surgió alrededor de la década de 1850. Probablemente, el concepto surgió relacionado con la posición intermedia que ocupaba la región, respecto de la colonia británica de la India. Los franceses tenían también su propio nombre, «Proche Orient» (Cercano Oriente). Las regiones a las que hace referencia el término son conocidas por sus habitantes como Magreb, el Levante o Machreq. (The Middle East: A Geographical Study. David Fulton. Peter Beaumont, Gerald H. Blake, J. Malcolm Wagstaff (1988). p. 16.).
Tras la Primera Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña se repartieron el Imperio Otomano. Los británicos desempeñaron un papel crucial en la creación del sentimiento nacional árabe, una idea que no existía previamente a la llegada de los europeos. Los árabes (mayoritariamente musulmanes) eran una amalgama de comunidades cuya lealtad residía en la tribu y la familia por encima de cualquier idea de nación.
Tal era así, que durante la Primera Guerra Mundial, los británicos diseñaron la Bandera de la Rebelión Árabe (1916 – 1918), específicamente durante la Primera Rebelión Árabe de 1917. El objetivo de esta bandera era estimular un sentimiento de unidad entre los pueblos árabes, desde Siria hasta Yemen, con el fin de incitarlos a rebelarse contra el imperio otomano en todo ese territorio (a excepción de Egipto, que el Reino Unido había desplazado a los turcos desde 1882).
La Bandera de la Rebelión Árabe sirvió como modelo e inspiración para otras banderas de países árabes que surgieron posteriormente. Representaba la aspiración británica de fomentar un movimiento de liberación árabe que debilitara al Imperio Otomano, aliado de Alemania durante la Primera Guerra Mundial.
Este diseño bandera se convirtió en un símbolo de la lucha por la independencia y la unidad de los pueblos árabes, más allá de las fronteras impuestas por las potencias coloniales. Su influencia se extendió a lo largo del siglo XX, reflejando la compleja dinámica geopolítica de la región durante ese período histórico.
Los árabes compartían territorios con una gran variedad de pueblos y confesiones religiosas, tanto cristianas como musulmanas minoritarias. Los británicos formaron a gran parte de las élites árabes, reyezuelos que, convirtieron en líderes a cambio de darles una presencia preferencial tanto estratégica como de acceso al petróleo, el nuevo oro negro. Los nuevos reinos que formaron los británicos recibieron el sobrenombre de «monarquías anglo – árabes».
El antiguo territorio que los romanos llamaron Palestina, se convirtió en uno de los principales puntos de fricción. Los británicos se comprometieron con una parte de la comunidad judía mediante la Declaración de Balfour en 1917, en la creación de un estado hebreo. Los británicos tuvieron que hacer continuos equilibrios para satisfacer a las partes, en tiempos de políticas cambiantes.
Los británicos, que tenían el control de Palestina, decidieron aceptar la inmigración judía con restricciones. Esto provocó protestas árabes, pero el movimiento sionista ya se había arraigado profundamente en la región. Los judíos continuaron construyendo asentamientos, comprando legalmente propiedades y formando prosperas comunidades. Cuando los nazis llegaron al poder, la inmigración judía a Palestina aumentó, incrementándose los problemas para los británicos.







