La controversia Vaticano – Croacia ustacha

Las relaciones entre la alta jerarquía de la Iglesia católica y la Croacia ustacha de Ante Pavelic (1941 y 1944) fueron cuando menos ambiguas, cuando no de mútuo apoyo. No se puede sostener que el Vaticano le diera todo su apoyo como se sostiene en ocasiones, pero tampoco que el papa desconociera las atrocidades que estaban ocurriendo en Yugoslavia. Las relaciones entre el Vaticano y el líder de la Iglesia católica en Croacia, el obispo de Zagreb Aloysius Stepinac, no fuera especialmente estrechas y cordiales y con el tiempo los fueron menos.

Aunque es cierto que una parte considerable del bajo clero croata respaldaban al movimiento ustacha y sus atrocidades (participando incluso en ellas en ocasiones), otra fue crítica con su gobierno. La Iglesia mantenía un equilibrio con las jerarquías católicas del este de Europa, protegiendo sus intereses, pero en ciertas ocasiones reprendiendo los aspectos extremistas de estas intercediendo de forma discreta en favor de las víctimas judías y serbias de Pavelić.

Fueron tiempos de políticas ambiguas muy similares a las relaciones de la Iglesia católica con el III Reich, con unas atrocidades inimaginables produciéndose en los Balcanes, y en un contexto que degeneraría en un genocidio que el papa no denunció sin ambages por intereses políticos.

Pavelic, el Hitler de los Balcanes

Ante Pavelic, dirigente usurpador de la Croacia ustacha fue recibido en una audiencia especial con todos los honores de un Jefe de Estado. Pavelic se había exiliado tras la la llegada al poder Alejandro I de Yugoslavia (monarca que rebautizó el país con el nombre de Yugoslavia). Paso por diversos países, desde Austria, Alemania, Bulgaria y Francia, hasta que tras la llegada de Mussolini al poder en 1922, se establece en Italia. En Verona fundará en 1928 la Organización Revolucionaria Croata Insurgente, la Ustasha (pronunciado Ustacha o Ustashá, que significa «insurrecto»)

A partir de 1930 Pavelić se autoproclamó «Poglavnik» (equivalente a Führer y Duce, aunque su traducción más literal es la de «líder iluminado»). Pavelic gobernaba Croacia gracias a que los nazis habían bombardeado Belgrado (que era ciudad abierta) y matado a 5000 civiles tomando después el control de Yugoslavia entera y repartiéndola entre la propia Alemania, Hungría y Croacia.

El corresponsal de guerra italiano, Curzio Malaparte, menciona en su libro de experiencias durante la Segunda Guerra Mundial, Kaputt, una entrevista que mantuvo con Ante Pavelic. Vio un cesto de mimbre que «parecía estar lleno de mejillones u ostras sin concha», y ante la curiosidad de este, el croata le explicó sonriendo que se trataba de «un regalo de mis leales ustachas. 20 kilos de ojos humanos». [8]

Aunque años después esta versión fue cuestionada por nacionalistas croatas, varios testigos y supervivientes reconocieron la inclinación ustacha en coleccionar partes de cadáveres como una tradición, o como una forma de obtener trofeos. Muchos ustachas se hacían collares hechos con la lengua, los ojos y las orejas de sus víctimas. Incluso, el exprisionero Jovo Djuric describió cómo en algunas ciudades croatas se vendían ojos de serbios, «cada unidad constaba de 30-40 ojos».

Sacerdotes, siempre franciscanos, participaron activamente en las masacres. Muchos de ellos se paseaban activamente y llevaban a cabo con extraordinario celo sus acciones asesinas. Un cierto padre Bozidar Bralow, conocido por la metralleta que le acompañaba permanentemente fue acusado de bailar en torno a los cuerpos de 180 serbios masacrados en Alipasin – Most. Otros franciscanos mataron, prendieron fuego a casas, saquearon pueblos y arrasaron los campos bosnios…Un periodista italiano reporto en septiembre de 1941, como había visto ‘al sur de Banja Luka a un franciscano arengando a una banda de ustachas con su crucifijo’.

Pavelic era el responsable e instigador de una enorme campaña de terror y exterminio en los Balcanes contra ortodoxos, judíos, gitanos, musulmanes y comunistas entre 1941 y 1945 periodo en el que se cometieron algunas de las mayores atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. A Pavelic se le atribuyen las frases «un ustasha que no puede sacar a un niño del vientre de una madre con una daga, no es un buen ustasha» y «para los serbios, los judíos y los gitanos tenemos tres millones de balas». [5]

Gracias a los ustachas (paramilitares nacionalistas croatas católicos), los Balcanes fueron el escenario de un espantoso genocidio que costó la vida de más de 2 millones de personas, mujeres, niños y ancianos incluidos. Sólo en el campo de Jasenovac más de 700.000 personas fueron asesinadas (entre ellos, 60.000 judíos), algunas de las formas mas espantosas imaginables. El papa mantuvo hasta el final el apoyó al régimen fascista y era plenamente consciente de las atrocidades de ustachis.

En Jasenovac no había cámaras de gas. Cientos de hombres eran degollados con sierras o hachas, o arrojados al río Sava a miles, con hormigón sujeto a sus cinturas. Las muchachas eran violadas en grupo, cientos cada vez. El teniente Artur Hefner, oficial del cuerpo de transporte de la Wehrmacht, fue a visitar Jasenovac en febrero de 1942 y lo describió en una carta al Ministerio alemán de Asuntos Exteriores en Berlín como un campo «de la peor categoría, igual al infierno de Dante». Las fotografías archivadas muestran horrores que difícilmente pueden ser considerados que estén hechos por seres humanos. Mujeres mutiladas, con el corazón arrancado o acuchilladas hasta morir por carniceros expertos.

Actos tan atroces que horrorizaron a los alemanes

Cornwell destaca que durante la campaña de los Balcanes de Pavelic y sus aliados alemanes e italianos, «tan terribles fueron los actos de tortura y asesinato que hasta las encallecidas tropas alemanas expresaron su horror. En comparación con la reciente sangría en Yugoslavia, la acometida de Pavelic sigue siendo una de las masacres civiles más horribles registradas por la historia». [1]

Mandos del ejército alemán en la Croacia ustacha presenciaron muchas atrocidades dejando constancia de ellas: «Los ustashas los degollaban y les abrían el abdomen antes de tirarlos en los dos lados del río Sava. Cuando degollaban en nuestra parte, nosotros difícilmente podíamos soportar los gritos de hombres, mujeres y niños».

En Jasenovac no se construyeron cámaras de gas, sin embargo, «cientos de hombres eran degollados con sierras o hachas, o arrojados al río Sava a miles, con hormigón sujeto a sus cinturas. Las muchachas eran violadas en grupo, cientos cada vez. El teniente Artur Hefner, oficial del cuerpo de transporte de la Wehrmacht, fue a visitar Jasenovac en febrero de 1942 y lo describió en una carta al Ministerio alemán de Asuntos Exteriores en Berlín como un campo «de la peor categoría, igual al infierno de Dante». Las fotografías archivadas de dicho campo muestran mujeres mutiladas, una con su corazón arrancado. Muchas mujeres fueron acuchilladas hasta morir por carniceros expertos».

Ladislav Grinbaum, uno de los pocos judíos procedente de Osijek que sobrevivió al campo de Jasenovac dio testimonio de una escena que presenció: «Un día, 10 de nosotros y 16 guardias ustachas fuimos a Jablanac para instalar un cable eléctrico. Mientras estábamos trabajando nos dimos cuenta que los ustachas habían traído a un montón de mujeres y niños y pudimos ver lo que estaba ocurriendo. Los guardias ustachas que les habían traído les ordenaron que se sentasen en el suelo. Un poco después llegaron los asesinos. Con cuchillos, barras de hierro y mazos atacaron a esa muchedumbre inerme. No sé cuántas personas habría allí. Muchas mujeres sujetaban con firmeza a sus hijos en sus brazos y fueron asesinadas así. Desde mi puesto de trabajo vi con mis propios ojos el asesinato de mi esposa e hijos. Me habría caído del poste, horrorizado, de no haber estado sujeto al mismo. No podía hablar y tuve dificultad para contarlo más tarde». [7]

Otro testimonio espeluznante da cuenta de como «El 28 de abril una banda de ustachas atacó seis aldeas del distrito de Bjelovar y detuvo a 250 h0mbres, incluidos maestros de escuela y un sacerdote ortodoxo. Las victimas fueron obligadas a cavar una zanja y después fueron atadas con alambres y enterradas vivas. Pocos días más tarde, en un lugar llamado Otocac, los ustachas hicieron prisioneros a 331 serbios, entre los que se encontraban el sacerdote ortodoxo del pueblo y su hijo. Las victimas fueron de nuevo obligadas a cavar sus propias tumbas antes de ser despedazadas con hachas. Los asaltantes dejaron al sacerdote y a su hijo para el final. Aquél fue obligado a rezar las oraciones por los moribundos mientras cortaban en trozos a su hijo. Luego torturaron al sacerdote, arrancándole el pelo y la barba y reventándole los ojos. Finalmente, lo despellejaron vivo.» [2]

Soldados ustacha Brigada Guardia Poglavnik
Soldados de la Brigada de la Guardia de Poglavnik, la unidad dirigida por el líder Ustacha Ante Pavelic (Wikimedia Commons)
Adolf Hitler y Ante Pavelic representando a la Croacia ustacha
Adolf Hitler (segundo a la izquierda) y Ante Pavelic (segundo a la derecha) escuchan al Reichsmarshal Hermann Goering (derecha) en el Berghof Obersalzburg, cerca de Berchtesgaden, Alemania, en junio de 1941.

El clero croata y las atrocidades ustachas

Tras la invasión y la toma de poder de los nazis y ustachas de Yugoslavia, el arzobispo Alojzije Stepinac, estuvo desde el comienzo de acuerdo con los objetivos y medios que los nazis y croatas de Pavelic implementaban. La masacre de 250 serbios comentada anteriormente, se produjo pocos días después de que Stepinac ofreciera una cena a Pavelic y otros dirigentes ustachas para celebrar su vuelta del exilio.

El mismo día de la matanza, Stepinac dirigió desde púlpito una carta pastoral urgiendo tanto al clero como a los fieles a colaborar estrechamente con el nuevo régimen nazi – fascista. El ejemplo croata es un caso poco estudiado quizás por la extrema ferocidad de los hechos y por el claro y cercano respaldo de la Santa Sede a la jerarquía católica croata. Esta participación llevó a que «sacerdotes, siempre franciscanos, participaran activamente en las masacres. Muchos de ellos se paseaban activamente y llevaban a cabo con extraordinario celo sus acciones asesinas. Un cierto padre Bozidar Bralow, conocido por la metralleta que le acompañaba permanentemente fue acusado de bailar en torno a los cuerpos de 180 serbios masacrados en Alipasin – Most. Otros franciscanos mataron, prendieron fuego a casas, saquearon pueblos y arrasaron los campos bosnios…».

Un periodista italiano reporto en septiembre de 1941, como había visto «al sur de Banja Luka a un franciscano arengando a una banda de ustachqs con su crucifijo». El Ministerio de Asuntos Exteriores italiano guarda actualmente en sus archivos un registro de fotografías de aquellas atrocidades entre las que se pueden ver «…pechos cortados, ojos reventados, genitales mutilados… así como instrumentos de la carnicería: cuchillos, hachas, ganchos de colgar carne….». [3]

Se están cometiendo las peores atrocidades en los alrededores del arzobispado de Zagreb, responsabilidad de Stepinac. Por las calles corren ríos de sangre. Los ortodoxos son convertidos por la fuerza al catolicismo. No oímos al arzobispado oponiéndose sino que participa en desfiles nazis y fascistas» BBC (1942).

Más ejemplos. Edmund Galise von Horstenau, general alemán al mando en la Croacia ustacha , reflejó en su diario como los «ustachas se han vuelto locos de furia»  y como «con seis batallones de infantería» no podía refrenar la «ciega y sangrienta saña de los ustachas». [6]. En una carta del obispo de Mostar, el doctor Miscis expresaba las intenciones del episcopado croata en torno a las conversiones en masa al catolicismo en la zona. Miscis comentaba como «nunca hubo una ocasión tan espléndida como ahora para que ayudemos a Croacia a salvar incontables almas», condenando al mismo tiempo a las autoridades que atacaban incluso a los convertidos «y los cazan como si fueran esclavos».

Miscis reveló masacres más infames de madres, niñas y niños de menos de 8 años que trasladaban a las montañas «y arrojan vivos […] a profundas simas». En otra ocasión, «en la parroquia de Klepca, 700 cismáticos de las aldeas cercanas fueron asesinados. El subprefecto de Mostar, señor Bajic, musulmán, declaró públicamente (como empleado del Estado debería refrenar su lengua) que sólo en Ljubina, 700 cismáticos habían sido arrojados a un foso».  [4]

Muchas víctimas de los ustachas «no habían cumplido el año, muchas otras eran niños que fueron quemados vivos en presencia de sus padres, otros ahogados en el río Sava, niñas de 12 o 13 años violadas en presencia de sus madres, bebés en pañales acribillados o asesinados a hachazos, decenas de niños empalados. A los adultos prisioneros les metían agujas debajo de las uñas y ponían sal en las heridas abiertas antes de matarlos, y les encantaba cortar la nariz y las orejas a las víctimas mientras estaban vivas.» [6]

En aquellos días, la BBC reportaba a menudo noticias sobre la Croacia ustacha . El 16 de febrero de 1942 anunció como «Se están cometiendo las peores atrocidades en los alrededores del arzobispado de Zagreb (responsabilidad de Stepinac). Por las calles corren ríos de sangre. Los ortodoxos están siendo convertidos por la fuerza al catolicismo, y no oímos la voz del arzobispado oponiéndose. Se informa que por el contrario participa en los desfiles nazis y fascistas». Stepinac sería beatificado por Juan Pablo II en Croacia el 3 de octubre de 1998.

En Croacia se levantaron 25 campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial en los que murieron más de un millón de inocentes, tantos (o más) que en Auschwitz.

La siguiente fotografía fue referenciada en Profesor Edmond Paris: Genocidio en Croacia (1941 – 1945) en la página 322. El título debajo de la fotografía dice (cita): Sierra, cuchillo y pistola utilizados en este campesino serbio. Avro Manhattan: El Holocausto del Vaticano, en la página 78. El pie de foto debajo de la misma fotografía dice (cita): Los asesinatos en masa se complementaron con la masacre de individuos, principalmente en distritos rurales. Ocurrieron instancias de la mayor ferocidad. Los ustasha usaban muy a menudo las armas más primitivas, como tenedores, palas, martillos y sierras, para torturar a sus víctimas antes de su ejecución. Les rompieron las piernas, les arrancaron la piel y la barba, los cegaron cortándoles los ojos con cuchillos y hasta arrancándolos de las órbitas. En esta fotografía, los ustasha están torturando a un serbio ortodoxo con una sierra antes de ejecutarlo en algún lugar de Bosnia en 1943. La fotografía fue encontrada en el bolsillo de un ustasha muerto en 1945. Fuente : Srpska Mreza. https://www.srpska-mreza.com/library/facts/knifed.html
Un cuchillo llamado «Srbosjek» o «Serbcutter», utilizado para matar mayor cantidad de reclusos en menos tiempo en el campo de Jasenovac. Fotografía : United States Holocaust Memorial Museum, Photograph #46725

El proceso de beatificación y canonización de Pio XII, continuó «… venerado por millones de católicos, no se interrumpirá ni se retrasará por los injustificables y calumniosos ataques contra aquel virtuoso gran hombre», afirmó el Padre Peter Gumpel, relator de todo el proceso.[9].

Pacelli muere en octubre de 1958. Su funeral, apuntó L’Osservatore Romano, fue el «más impresionante en la larga historia de Roma, sobrepasando el de Julio César». En 1965, Pablo VI abrió  la causa para la canonización de Pacelli permitiendo acceder a los investigadores a los archivos de los años previos a la guerra.

No obstante, en 2008, documentos desclasificados en Estados Unidos, Argentina e Inglaterra indicaban que la información puesta a disposición de los investigadores, contenía numerosas omisiones cruciales. Muchos archivos de los años cruciales (1940-1945) continúan vetados al acceso de investigadores.

FUENTES

ANEXO

GALERÍA MULTIMEDIA

  • Jasenovac worse than Auschwitz. 57 methods of killing. Croatia’s Jasenovac Concentration Camp: a Hidden WWII Horror.
  • Jasenovac: otras víctimas y otros perpetradores. Centro Sefarad-Israel.
  • Why the Wehrmacht was OUTRAGED by Ustasha Mass Violence in Croatia during World War II. History Hustle.
  • The Ustaša Genocide Against Serbs. Disturban History.

CITAS

  • «Las peores atrocidades se están cometiendo en las cercanías del arzobispo [Stepinac] de Zagreb. La sangre de hermanos fluye en torrentes. Los ortodoxos están siendo convertidos por la fuerza al catolicismo y no escuchamos la voz del arzobispo alentando a la rebelión. En cambio, se reporta que está tomando parte en desfiles nazis y fascistas.»
    [El papa de Hitler. John Cornwell. pag. 286. Reporte de la BBC desde Croacia, 16/02/1942]
  • «Los serbios, en cambio, incluso aquellos muy alejados de la ideología comunista, afluían en torrente a las filas de los partisanos de Tito. La «causa más importante de que las actividades bandidescas se propaguen como un incendio», radicaba, según un informe que el jefe de la policía y de los servicios de seguridad envió con fecha del 17 de febrero de 1942 a Himmler, «en las atrocidades… perpetradas por las unidades de los ustashas croatas… contra los pravoslavos». Y el enviado especial, H. Neubacher, «enemigo del estado n. I» en Zagreb a causa de su oposición a la degollina de serbios, juzga lo siguiente: «La dominación ustacha en Croacia ha dado el mayor de los impulsos a la causa de Tito».
    [La política de los papas. Karlheinz_Deschner Vol II. pag. 106]
  • «Numerosos clérigos pertenecían desde hacía años al movimiento ustasha, entre ellos el arzobispo de Sarajevo, Ivan Saric. También era ése el caso de muchos paladines de la Acción Católica. Los «cruzados» croatas (Krizari) contaban con 30.000 miembros y a lo largo de un año tuvieron más de 3.000 reuniones en iglesias, con comunión mensual, oras de plegaria etc. Algunos de sus dirigentes lo eran también de los ustashas y activistas destacados del partido que ocuparon de inmediato las posiciones clave en la administración del país y en la policía o bien se convirtieron en gobernadores, prefectos policiales, inspectores de la distribución de alimentos etc. Obispos y sacerdotes tenían escaño en el Sobor, el parlamento ustasha, que convocaba al Espíritu S.anto con el himno «Veni creator». Había sacerdotes serviendo como oficiales en la guardia personal de Pavelic y algunos campos de concentración tenían como jefes a monjes franciscanos. Hasta las monjas, cuyo pecho estaba parcialmente cubierto de condecoraciones ustashas, saludaban al modo fascista y desfilaban en las marchas inmediatamente después de los militares. En correspondencia con ello los dirigentes ustashas tenían siempre prestas en sus labios las palabras de Dios, religión, papa e Iglesia. El mismo Ante Pavelic no sólo viajaba al cuartel general del Führer y al Berghof (donde Hitler, en junio de 1941 le recomendó «una política de intolerancia a lo largo de 50 años), sino que iba como peregrino hacia Pío XII. Era desde luego católico de gran celo, absolutamente adicto a Roma, siempre rodeado de sacerdotes de los que uno era preceptor de sus hijos. Tenía su confesor particular y una capilla en su palacio. En centenares de fotos se le puede ver rodeado de obispos, sacerdotes, monjes, monjas o seminaristas. Apenas instaurado su terrorífico régimen solicitó su reconocimiento por parte del papa. «De rodillas ante Su Santidad» y besando «la diestra consagrada», Pavelic, declaraba así como «hijo fidelísimo»; «¡Santo Padre! Cuando la benévola providencia de Dios permitió que tomase en mi mano el timón de mi pueblo y de mi patria resolví firmemente y deseé con todas mis fuerzas que el pueblo croata, siempre fiel a su glorioso pasado, también permanezca fiel en el futuro al apóstol Pedro y a sus sucesores y profundamente compenetrado con la ley del evangelio se convierta en el Reino de Dios».
    [La política de los papas. Karlheinz_Deschner VOL II. pag. 106 y 107]