Cómo la historia juntó a Mussolini y a la Iglesia católica

En 1870, la iglesia católica perdía su control sobre los Estados Pontificios a manos del reino del Piamonte en el marco del proceso de Reunificación de Italia, un conflicto político, social y militar que se desarrolló durante varias décadas y que es conocido como el Risorgimento.

Víctor Manuel II, rey de Italia, casi había completado el proceso de reunificación en 1870. Solo faltaba una pieza, Roma, que hasta el 20 de septiembre de 1870, era el único Estado en el que el papa seguía reinando como monarca absoluto e infalible.

Pero esa situación no iba a durar demasiado y la culminación de la reunificación italiana terminaría con siglos de reinado absoluto del papado sobre Roma, reinado que se remonta al año 754, cuando el rey de los francos, Pipino el Breve, cruzó los Alpes en ayuda del papa Esteban II para expulsar a los lombardos de Italia, dando al papado los territorios conquistados que incluían Roma, el llamado ducatus Romanus y más de veintidós ciudades.

En septiembre de 1870, Roma, era el único Estado en el que el papa seguía reinando como monarca absoluto e infalible. Pero incluso Roma se perdería para el papado después de siglos de completa dominación.

El 20 de septiembre de 1870, el rey Víctor Manuel II aprovechó la oportunidad que le brindaba la guerra franco-prusiana para ordenar la toma de Roma. El emperador francés Napoleón III había retirado la guarnición que mantenía en la ciudad en apoyo del papa y, aunque Pío IX siempre tuvo esperanzas de que Napoleón enviaría ayuda, en esta ocasión no recibió ayuda alguna.

Al papa sólo le quedó enfrentarse al acto final, la rendición escenificada mediante la firma del protocolo que estipulaba las condiciones, protocolo que le fue entregado al general Kanzler, comandante en jefe de las fuerzas papales.

El rey Víctor Manuel II le ofreció al Pío IX un tratado consistente en una generosa indemnización por la pérdida de los Estados Pontificios y el mantenimiento de su figura como gobernante del Vaticano. Pero el papa no estaba dispuesto a convertirse en súbdito de Víctor Manuel y ante esta negativa, el ejército italiano asaltó y ocupó Roma.

Pío IX se refugió en la basílica de San Pedro mientras el último de los Estados Pontificios desaparecía de iure. Durante los siguientes 60 años, la Iglesia recuperaría poco a poco su poder tanto espiritual como temporal, pero para conseguirlo pudo haber firmado un pacto con el diablo. [1]

Pío IX bendice a sus tropas antes de la Toma de Roma. 25 de abril de 1870.
Pío IX bendice a sus tropas por última vez antes de la Toma de Roma. 25 de abril de 1870. La imagen original, escaneada por Emiliano Burzagli, pertenece al Archivo privado de la familia Burzaghi, Italia. Autor Desconocido. Wikipedia.org
Los Bersaglieri entran en Roma a través de la Porta Pía el 20 de septiembre de 1870.
Los Bersaglieri entran en Roma a través de la Porta Pía. El 20 de septiembre de 1870.

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Se da la paradoja que la Iglesia católica, una vez perdido su poder a manos del Piamonte, declaró que el mundo moderno era la mismísima «encarnación del diablo» porque este le había privado de sus tierras y riquezas, así como de toda la estructura que había permitido al papado, ejercer una enorme influencia sobre el mundo cristiano y los reinos, naciones e imperios europeos.

Como se ha visto, poco a poco la Iglesia recuperó su poder tanto espiritual como temporal gracias a un dictador fascista que no solo se declaró ateo, sino que fue responsable de imponer un estado de terror tanto en Italia como en las colonias italianas, con resultados humanos devastadores que parecieron no importar lo más mínimo tanto a católicos como al mismo papa.

Una vez que la soberanía de la Iglesia católica fue reconocida, el Vaticano reconoció también al mundo moderno, entrando de lleno en la política internacional, hablando de igual a igual con las potencias mundiales y alzando la voz cada que la Santa Sede consideraba que sus intereses espirituales o «temporales» (materiales) se veían amenazados.

En resumen, la Iglesia católica es hoy lo que es gracias a los Pactos de Letrán, una alianza de conveniencia entre la Santa Sede y el gobierno de Benito Mussolini, el «hombre enviado por la Providencia» para rescatar a la Iglesia católica.

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