Reportajes

Ascenso y hundimiento de la extravagante Rumania de Nicolae Ceaucescu (1965 – 1989)

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Introducción

A finales de los años 80 cuando Ceaucescu es derrocado, la mayoría de regímenes comunistas de Europa oriental (salvo la Albania de Enver Hoxha quizás) ya no estaban representados por la figura clásica del dictador megalómano acompañado de una siniestra camarilla, sino que el poder se encontraba mucho más diluido entre la burocracia estatal, el partido comunista local, el ejército, los servicios de inteligencia y por supuesto, el propio control que Moscú mantenía sobre sus satélites del Pacto de Varsovia.

Nicolae Ceaucescu fue el último gran dictador de Europa y su régimen uno de los más singulares y extravagantes que ha dado el comunismo. Lo que hizo «especial» a la Rumanía de Nicolae Ceaucescu no fue solo la forma y el tiempo en que este se mantuvo en el poder. Tampoco su juicio farsa ni su chapucera ejecución. Nos vamos acercando quizás si consideramos en su conjunto la bizarra mezcla de comunismo estalinista, ultranacionalismo, amistosas relaciones políticas y económicas con EEUU, Franciay Reino Unido, el apoyo a grupos terroristas por todo el mundo o el enorme poder del que dispuso el clan familiar. De hecho, el culto a la personalidad de los Ceaucescu creció hasta tales extremos que rivalizó con los del mismísimo Stalin, Mao o el de la dinastía Kim en Corea del norte.

Esta singular mezcla y otros hechos nos menos curiosos que se abordarán, avalaron con creces la entrada del «Conducator» [F] y su extravagante Rumanía en el salón de la fama del disparate político moderno. Y es que la Rumanía de Ceaucescu fue mucho más que una dictadura comunista con toda su teórica ortodoxía política, parafernalia propagandística, burocracia y policía secreta omnipresente. Fue en definitiva, una de las más extravagantes y desastrosas experiencias políticas, sociales y económicas que ha experimentado un país europeo en la reciente historia contemporánea.

Ascenso al poder absoluto (1965 – 1968)

Esta historia comienza con la llegada al poder de Nicolae Ceaușescu en 1965. Los años previos habían visto a Ceacescu irse situando poco a poco en altos cargos gracias a su antigua amistad con el jefe de gobierno rumano Gheorghe Gheorghiu-Dej [A]. El que llegara al poder en 1965 no es por sí solo algo especialmente significativo, pero sí lo es lo que ocurrió tres años más tarde cuando bajo una nuevo estrategia política internacional, la Rumanía de Ceaucescu se alzó contra el orden soviético post Segunda Guerra Mundial condenando la invasión soviética de Checoslovaquia, la cual terminaría con la llamada Primavera de Praga y con cualquier ingenua esperanza de un “socialismo con rostro humano” tal y como esperaba Alexander Dubček.

Fue Ceaucescu el primer líder comunista del Telón de Acero que cuestionó de forma contundente el liderazgo soviético sobre Europa oriental, aunque en la práctica nunca llegara a romper completamente contra ese orden por motivos puramente tácticos y prácticos. El tan cacareado cambio de política exterior que buscaba una utópica autonomía de Moscú, permitió a Ceaucescu dejar de ser visto internamente primero y externamente más tarde, como una marioneta de los dirigentes del partido comunista rumano que creían tenerlo controlado al reciente llegado.

La revolucionaria iniciativa antisoviética de Ceaucescu cristalizó el 21 de agosto de 1968 cuando, dirigiéndose a 100.000 desde el balcón de la plaza del edificio del Comité Central, realizó un discurso histórico que hizo temblar las murallas de Kremlin y del mundo socialista. En el punto más álgido del discurso Ceaucescu dijo: ”La entrada de las tropas de los 5 países socialistas en Checoslovaquia, constituye un gran error, un grave peligro para la paz en Europa y amenaza el futuro del socialismo en todo el mundo” [1]. Ceaucescu rompía así (en la teoría más que en la práctica) no solo con el supuesto y férreo orden soviético post Segunda Guerra Mundial, sino que también se negaba a cumplir su responsabilidad como miembro del Pacto de Varsovia.

Ideológicamente, la estrategia política de Ceaucescu contra la invasión de Checoslovaquia se basaba en la ortodoxia no revisionista [B]lo que le permitió conservar muchos apoyos sin arriesgarlo todo. Muchos rumanos tenían razones para sentir rencor por los rusos a pesar de que estos expulsaran de Rumanía a nazis y fascistas. Un año antes de que Alemania iniciara la operación Barbarroja, la Unión Soviética lanzó un ultimátum a Rumanía (junio de 1940) en el que exigía la inmediata entrega de Besarabia y el norte de Bucovina. El gobierno rumano de entonces no tuvo más remedio que ceder ante la falta inicial de apoyo alemán, aunque los rumanos recuperarían más tarde esos territorios tras el inicio de Barbarroja y su alianza posterior con los nazis. [2]

Apenas 20 años después de la ocupación soviética, Ceaucescu amenazaba abiertamente al Kremlin con el uso de la fuerza si Moscú se atrevía a invadir Rumanía. Se organizaron desfiles donde se podían ver a “obreros rumanos con lanzacohetes como aviso para navegantes al Kremlin”. Su “histórico discurso a favor de la soberanía de las naciones, obtuvo apoyos por todo el país. El Partido Comunista Rumano aumentó su base como nunca hasta ese momento había soñado. Se hicieron militantes hasta los opositores al comunismo” [3]. El antecesor de Ceaucescu, Gheorghe Gheorghiu-Dej, había mantenido una línea dura estalinista en contraste con las tímidas reformas políticas que Jrushchov quiso fomentar en los países socialistas desde su llegada al poder, esto es, reorientar el estalinismo como doctrina económica centrada en la industria pesada, hacia el fomento de la industria manufacturera de productos de consumo. En el caso de Rumanía el plan preveía convertirla en un país proveedor de productos agrícolas para la exportación, recibiendo a cambio bienes manufacturados. [4].

Aquel modelo de “desarrollo planteado por el COMECOM y que tiene bastantes similitudes con el de la UE actual, no fue bien recibido por la Rumanía de Ceaucescu que continuo centrando los esfuerzos del país en el desarrollo industrial en contra de la planificación soviética.” [5] Ceaucescu se negaba así a ser el granero de Moscú por un lado y un destino para productos de consumo del COMECOM (Consejo de Ayuda Mutua Económica) por otro, queriendo así centrar todos los esfuerzos en la «modernización», la industrialización acelerada en un país que por entonces era mayoritariamente rural.

Del estalinismo al nacional – estalinismo

Desde el histórico discurso condenando la invasión de Checoslovaquia, Ceaucescu empezó a presentarse como el paladín de una nueva Rumanía en el sentido más histórico y caballeresco de la expresión. La propaganda comenzó a representar el enfrentamiento de Ceaucescu con Moscú, como un nuevo capítulo de una idealizada y antigua lucha por la independencia rumana contra pueblos foráneos. Fue uno de los pocos casos evidentes, exceptuando la propaganda norcoreana, en que una propaganda comunista introducía elementos ultranacionalistas y xenófobos. En el año 2000, Pau Niculescu Mizil, antiguo miembro del Comite Central rumano afirmó que “Ceausescu representó a esta nación con dignidad, no iba permitir que a hordas de turcos, rusos, alemanes y austriacos pisotear en el país como ya había ocurrido en el pasado” [6].

En esta nueva propaganda «nacional – comunista» eran frecuentes las alusiones racistas de historiadores del régimen contra godos, hunos, ávaros, eslavos, magiares, búlgaros, suecos rus [C], mongoles, cumanos, húngaros, otomanos o austriacos, pueblos que habían invadido y/o se habían asentado en territorio rumano. En una abrir y cerrar de ojos, la ortodoxia comunista en la propaganda rumana pasó de censurar a figuras históricas por su mera condición aristocrática, a elevarlas a “padres de la patria”. Tal fue el caso de Vlad lll, Vlad Drăculea, más conocido como Vlad el Empalador, (vulgarmente como el “conde Drácula”) que en 1976 fue declarado héroe de la nación al cumplirse el V centenario de su muerte. [D] Dentro de ese proceso de reconstrucción de una nueva historia idealizada se cambió también  el sobrenombre del antiguo rey rumano Mircea el Viejo por el de Mircea el Valiente. [7]

Un hombre que “nace cada 500 años”

Ceaucescu recibió el apoyo de muchos no comunistas y numerosos intelectuales nacionalistas rumanos que le nombraron conducator de Rumanía, término equivalente al de caudillo, führer o duce, con clara relación al antiguo término latino – romano de imperator. Ceaucescu acumuló una portentosa cantidad de títulos como héroe de Rumanía. Entre los más estrafalarios podríamos citar : «padre creador, el Danubio de las ideas, titán de los titanes, príncipe de los Cárpatos, gran sabio del comunismo, luz excelsa y genio de los Cárpatos, el Alejandro Magno del siglo XX, trabajador de todos los trabajadores, arquitecto de la patria, modelo de trabajador socialista, el Danubio azul del socialismo, Calígula del Danubio, gran hermano del pueblo, Eminente revolucionario y enardecido patriota, Campeón de la Paz, Hijo más querido del Pueblo, Gran abanderado, Brillante conductor del partido y el país, Personalidad excepcional del mundo contemporáneo, Héroe del Trabajo Socialista, Gran Héroe de la Paz, el entendimiento y la colaboración entre todas las naciones del mundo, Héroe del trabajo social, Personalidad excepcional del mundo contemporáneo«. [8]. Sus detractores preferían llamarlo Dráculescu. Él mismo prefería considerarse «un hombre que nace cada quinientos años«. [9].

Ningún intelectual del país dejó pasar la oportunidad para otorgarle un nuevo título. Mihai Beniuc lo calificó de «arquitecto» y «cuerpo celeste«, Corneliu Vadim Tudor de «demiurgo«, «dios secular«, Eugen Barbu «abeto«, «príncipe encantador» y «milagro«, Vasile Andronache como «estrella de la mañana«, Victor Nistea de «navegante«, Niculae Stoian «salvador«, Alexandru Andriţoiu «sol» o Viorel Cozma que lo llamó «visionario«. [10]

Dráculescu configuró su régimen como una monarquía hereditaria al estilo de la de los Kim en Corea del norte, convirtiendo así a su hijo en su futuro sucesor. Además de ser un aliado cercano de Corea del norte, Ceaucescu importó de esta los grandes espectáculos de propaganda de masas y muchos elementos que mezclaban el implacable carácter estalinista del régimen junto un ultranacionalismo xenófobo y un culto esperpéntico completamente orwelliano del líder supremo al cual, se le conferían todo tipo de rasgos sobrehumanos y sobrenaturales, en definitiva un semidiós. Al igual que los líderes norcoreanos, Ceaucescu estaba obsesionado por querer rodear a su figura de una supuesta omnipotencia, de una supuesta capacidad de conocimientos en todas las materias y campos. En cierta ocasión, los periódicos rumanos amanecieron informando como el conducator había descubierto la mayor utilidad posible del estiércol para la agricultura. Con el tiempo, los “logros” de Ceaucescu adquirieron tintes cada vez más peregrinos y pomposos mientras pasaba su tiempo libre viendo “películas de Kojak y los viejos documentales con los discursos de Hitler.» [11]

La «heterodoxia» comunista de Ceucescu permitía que artistas sin ninguna vinculación al partido o a la ideológica comunista, pudieran representarlo pictóricamente. Tal fue el caso de Sabian Basala, uno de los muchos pintores de Ceaucescu. “Me pagaron muy bien, me arrepiento no haberlo hecho más a menudo. Quizás habría ganado más dinero. Si hubiera vivido en el planeta Marte o en el desierto del Gobi, habría pensado exactamente lo mismo. Cualquier cliente es bienvenido, no me interesa cuál es su política o de qué Estado sea jefe. Necesito dinero porque aunque el artista pueda vivir con poco, el arte muere sin dinero.”, recordaba Basala en una entrevista [12]. Se realizaron decenas de cuadros en los que se representaba al conducator y su familia de todas las formas posibles y con todos los atributos imaginables. La pintura era una faceta más del obsesivo culto a la personalidad de Ceaucescu. Otra de estas facetas fue su gusto por la moda acumulando más de 9.000 trajes, de los que Ceaucescu estrenaba uno cada día por miedo a que le envenenasen con el tinte del tejido. [13].

Obsesión por los espectáculos de masas de propaganda patriótica

La dictadura rumana importó desde Corea del norte la obsesión alienante por los espectáculos propagandísticos de masas. Estas costosísimas demostraciones de poder político fusionaban las artes escénicas con enormes grupos de figurantes y actores. Las miles de personas que en ocasiones participan de estos espectáculos, se convirtieron en miembros de una representación de sí mismos, de la propia Rumanía del momento y del lugar que ocupaban estos en la jerarquía del régimen y por supuesto, sin reparar nunca en gastos. El director de teatro Gheorghe Arcudeanu cifró en cierta ocasión en 250.000 euros el coste a día de hoy de un espectáculo “pequeño” [14] .

No había un cumpleaños de Ceaucescu o a una fiesta señalada en la que no se realizaran complejas representaciones para adorar la figura del Alejandro Magno del siglo XX. “No pasaba un mes sin que se produjera una de aquellas representaciones. Y así pasé toda mi infancia” [15], reconoció Andre Duban, actor infantil en tiempos de la dictadura. “Todo tenía que ser hermoso, el mensaje político, la cosecha tenía que ser grande, los trabajadores tenían que trabajar contentos, todo se expresaba con coreografía“, explica el coreógrafo Cornel Patrichi [16]

Las obras de teatro y representaciones históricas en las que se ensalzaba a los antiguos padres de la patria rumana comenzaron a ser recurrentes a la par que en no pocas veces, bastante chapuceras y extravagantes. En ocasiones, Ceaucescu se presentaba acompañado de una especie de séquito real compuesto por figurantes en el papel de soldados y jinetes de diferentes épocas “gloriosas” de la historia de Rumanía. Hasta no hacía mucho tiempo, bajo el gobierno de su predecesor Gheorghiu-Dej, toda manifestación nacionalista estaba terminantemente prohibida. Ahora, estas paradas y manifestaciones de fervor patriótico las organizaba el propio partido comunista rumano para gloria del país y por supuesto, de su propio líder. La vieja ortodoxia no tuvo más remedio que adaptarse rápidamente.

Las representaciones históricas narraban una historia rumana idealizada, una historia de luchas sin fin que comenzaba con las luchas del caudillo dacio Decébalo o Decebal contra el imperio romano en torno al siglo I d.C, pasando también por las luchas por la independencia de las grandes figuras históricas de Rumanía como Esteban el Grande o Miguel el Valiente, representados como los ancestrales artífices de la unificación [17]. El mensaje era fácil de entender, “cuando nos referíamos a Esteban el Grande y a todo el territorio que gobernó, queríamos enviar un mensaje claro, era un mensaje dirigido a la Unión Soviética”, recuerda Pau Niculescu Mizil, miembro del Comité Central rumano [18].

Al final de cada espectáculo, todos los artistas y el público debían de darse la vuelta hacia el palco donde estaba Nicolae Ceausescu y su esposa para aplaudirles. Y así, el  nuevo rey del comunismo rumano  paso a convertirse en “emperador” cuando en 1974 durante el juramento de su cargo como Presidente de la República, le fue entregado a petición propia, un cetro «presidencial» especialmente diseñado para su persona por el arquitecto Petre Ciuta. El hijo de campesino y zapatero recogía el símbolo de la opresión feudal.

Ceaucescu en los periódicos y la televisión del régimen

La concepción teatral y megalómana de Ceaucescu no dejó de crecer durante sus más de 20 años de dictadura. Los periodistas solo tenían que seguir unas sencillas reglas. Petru Ignat, director de uno de los principales periódicos recuerda como en “los titulares de por entonces era fácil encontrarse con titulares del tipo, ’logros majestuosos’, o ‘la era de las de los logros más importantes de la historia de Rumanía” [19]. También eran frecuentes el uso de todo tipo de calificativos grandilocuentes en la “época de oro de Ceauşescu» así como toda una serie de consideraciones a cada cual más extravagante, como por ejemplo aquella que consideraba al conducator como el «garante del progreso e independencia de la nación«.

Pero el trabajo de enaltecer al líder no siempre era tan fácil como cabría esperar. Doina Doru, correctora de artículos, recordaba como “había 12 o 14 correctores. Teníamos que trabajar en turnos. La labor principal era leer todos los artículos para asegurarnos de que todas las palabras estuvieran bien escritas y especialmente los nombres de Nicolae y su esposa Elena. La tarea en sí no era difícil de hacer pero si era difícil leer la misma palabra 40 veces en una página. De vez en cuando, se escapaban erratas. En lugar de su nombre, Nicolae, se colaba ‘Niciolai’, que en rumano significa algo pornográfico. No sé, no puedo traducirla sería como pene. Si tenías la mala suerte de cometer tal error, podías estar seguro de que la policía secreta te interrogaría a ti y a todos los demás para comprobar si la habías hecho a propósito” [20]

Por otro lado, la televisión rumana solía emitir un vídeo propagandístico con música de fondo del Danubio Azul de Johann Strauss mientras un locutor decía: “Vuestra mera existencia es un milagro para el hombre, rumanos hambrientos y desnudos, cuando decimos Ceausescu, decimos Rumanía. Cuando hablas, las rocas se convierten en montañas. El nombre de este líder, es universalmente conocido. Viajando más allá que ningún otro príncipe, dando vueltas en torno al planeta como mensajero de vuestros valores y de las aspiraciones globales para un mundo mejor y más justo”. [21]

Vartan Arechelian, también periodista, recuerda como “todo el mundo interpretaba un papel, el periodista debía hacer ciertas preguntas a las que nadie ponía objeciones y el entrevistado respondía a lo que el periodista y los líderes del partido esperaban de él”. Para George Militaru, director de programas de televisión, el ambiente era similar al que vivían los correctores del diccionario de neolengua en la novela de Orwell, 1984. pues “no se podía cometer ningún error, las reglas eran claras, no mostrar lo que se suponía que no debía estar ahí, no mostrar su lado izquierdo, si se tomaba el ángulo equivocado, se veía la piel llena de manchas de un anciano con problemas hepáticos. Ceausescu solía tartamudear un poco cuándo decía gente sobre todo, no se le podía mostrar compartiendo impresiones con el Comité Central, solo se le podía mostrar aplaudiendo o sonriendo. Un momento clásico era aquel en el que los niños se le acercaban para regalarle flores.” [22].

Construyendo la nueva Rumanía (y demoliendo la antigua)

Ceaucescu quiso convertir a Rumanía en un modelo a seguir para todo el mundo. Quiso modernizar radicalmente y en tiempo record un país tradicionalmente agrícola carente de casi cualquier tipo de industria moderna si exceptuamos la petrolífera, por entonces muy lejos de la eficiencia y la productividad de la de sus pares occidentales. Sus pretensiones de crecimiento económico, tecnológico y en definitiva de futuro, reflejaba como el padre creador estaba verdaderamente más allá de la realidad. Para poder implementar los innumerables y en muchos casos, disparatados proyectos de modernización y reformas, fue necesario el desplazamiento de poblaciones enteras, fundamentalmente campesinos que no habían visto en su vida una ciudad. Estas masas campesinas desclasadas, pasaron a formar parte de una nueva clase social urbana “moderna” que el partido comunista rumano literalmente moldeo para sus propios intereses. El programa de reformas comenzó a principios de los años setenta. Miles de campesinos pobres, fueron trasladados del campo a las ciudades, en especial a Bucarest, donde ocuparon enormes complejos residenciales que se construyeron especialmente para ellos. Este programa de construcción debía culminar en los años 80 con la reforma completa del centro de la ciudad, el Centrul Civic.

Los programas de reformas de las ciudades estaban diseñados para convertir estas “en escenarios donde aparecer a mayor gloria de sí mismo. Se llamaban ‘plazas cívicas’, incluían la casa de la cultura de los sindicatos, las residencias de las élites locales, hoteles, teatros y supermercados. Solo una región se libró de este tipo de proyectos, Transilvania. Tocar el legado cultural germano y húngaro le hubiese traído problemas en el exterior. No en vano, muchos pueblos transilvanos se han reconstruido o reparado en los noventa con dinero alemán”. Ceaucescu también quería cambiar radicalmente la capital y convertirla en un centro basado en la arquitectura monumental que proyectara los supuestos logros del socialismo nacional y del «hombre nuevo» rumano. En sus propias palabras expresadas en cierto discurso, quería “hacer algo que represente simbólicamente las dos décadas de ilustración que hemos vivido; necesito algo, algo muy grande, que refleje todo lo que hemos conseguido”. Detrás de la idea de la arquitectura monumental de Bucarest, subyacía la intención de convertir el centro en una plaza para realizar gigantescos desfiles de masas. Las medidas de aquel monstruoso bulevar serían mayores que las de los campos Elíseos. [23].

Las demoliciones de viviendas de barrios antiguos del centro de Bucarest empezaron en 1980 y afectaron a más de una sexta parte de la ciudad. Las obras requirieron el empleo de más de 20.000 trabajadores, de los cuales, la mayoría eran soldados desempeñando el servicio militar, con el único fin de “reducir costes” según Àlex Amaya Quer, doctor en Historia. El trasiego de obreros y maquinaría convirtió al centro de Bucarest enuna auténtica locura con centenares de camiones y grúas trabajando sin parar los 365 días del año. El conducator dirigía personalmente las obras aunque este no supiera leer un plano, algo que fue reconocido tiempo después por miembros de la Unión de Arquitectos de Rumanía.

El programa de reformas y construcción de nuevas viviendas no fue tan idílico como lo presentó la propaganda en un primer momento. La construcciones de los nuevos complejos residenciales implicaron innumerables desahucios, expropiaciones en las que los vecinos debían abandonar sus casas en el plazo de 24 horas. Solo en 1981 y según fuentes gubernamentales, más de 7000 personas fueron “realojadas”. Para finales de la década de los 80, 40.000 personas fueron forzadas a trasladarse a zonas suburbanas. Mihai Iacob, profesor en la Universidad de Bucarest, describió el método para el traslado de aquellas personas, un método que “aparte de abusivo, era muy imaginativo en su cinismo: sé que, algunas veces, la familia salía de vacaciones y, a la vuelta, encontraba sus cosas apiladas delante del montón de escombros en que se había convertido su casa. Conozco a alguien que, durante un par de meses, se levantó todos los días con el ruido de las excavadoras, sin saber cuándo le iba a tocar, porque el régimen no se aguantaba solo, sino mediante la contribución sádica e imaginativa de muchos hijos de puta, así que, a veces, lo que hacían no era derrumbar metódica y ordenadamente un barrio, sino de forma aleatoria, derrumbándolo todo alrededor de una casa, por ejemplo, para que a algunos propietarios les diera un ataque al corazón”. [24].

La sociedad «socialista de desarrollo multilateral” y la Ley de Continuidad Nacional

En 1972 se puso en marcha un programa de reformas a todos los niveles bajo un modelo que fue calificado como “sociedad socialista desarrollada multilateralmente” [25]. Con “multilateralmente”, el partido comunista rumano se refería a implementar ciertas medidas de carácter “capitalista” o “liberalizadoras” aunque en el fondo sometidas a la clásica ineficaz y rocambolesca regulación comunista. La “sociedad socialista desarrollada multilateralmente” también incluyó el establecimiento de relaciones políticas y económicas con países occidentales capitalistas que eran en teoría el “enemigo”. Fue en el 14º Congreso del Partido Comunista celebrado en noviembre de 1974 donde se terminó de definir el irreal programa de transformaciones sociales y económicas que se suponía que llevaría a Rumanía a ser un país moderno y avanzando. [26]

En aquellos primeros años de gobierno de Ceaucescu, Rumanía disponía de unos buenos o al menos, aceptables servicios públicos superando por entonces en calidad a los de la mayoría de los países de Europa oriental. También poseía materias primas y maquinaria moderna de calidad en las fábricas, algo que los trabajadores apreciaban. “Nos cuidaban mucho si teníamos que ir al hospital no era como ahora que tenemos que sobornar a todo el mundo. Todo estaba mejor organizado.” [27] Pero a pesar de que Rumanía parecía avanzar hacia una rápida modernización el programa de reformas pronto empezó a dar signos de problemas, siendo uno de los factores la crisis del petróleo de 1973. El plan de crecimiento económico en Rumanía pasaba por, entre otras muchas cosas, aumentar la tasa de natalidad.

En 1966, un año después de su llegada al poder, Ceauscescu decretó la conocida como Ley de Continuidad Nacional, que obligaba a las mujeres a dar a luz un mínimo de cuatro hijos comodeber patriótico”. Según aquella ley, el feto era «propiedad de toda la sociedad. Cualquiera que evite tener hijos es un desertor que renuncia a las leyes de Continuidad General«. La sección de la Securitate encargada de hacer cumplir esta ley se la empezó a conocer como la «policía menstrual” [28]. Se prohibieron los anticonceptivos y toda referencia a estos en la escasa educación sexual que recibían los rumanos.

Alrededor de 10.000 mujeres murieron en abortos clandestinos o por los efectos que provocó la falta de alimentos cuando Rumanía comenzó la exportación masiva de productos agrícolas al exterior para pagar su deuda externa con acreedores extranjeros del bloque occidental. Por entonces, en Rumanía el aborto estaba autorizado únicamente a mujeres mayores de 45 años, mientras “niños cuyas madres solteras no podían cuidar de ellos, eran internados en centros de educación donde a menudo vegetaban en las más terribles condiciones” En medio de aquel panorama desolador, los Ceaucescu se otorgaron un nuevo título, el de “Padre y madre de todos los niños” [29]. Hasta 1966, antes de la llegada de Ceaucescu al poder, Rumanía había contado con una de las leyes en torno al aborto más liberales del mundo.

El prestigio de Ceaucescu en la escena internacional

Fuera el enfrentamiento de Ceaucescu con Moscú  una iniciativa propia o no, este le convirtió rápidamente en uno de los líderes mundiales más importantes y referente político indispensable para los países comunistas no alineados con Moscú. Gracias a su postura política entre oriente y occidente, Ceaucescu sirvió de intermediario en diferentes tipos de disputas y negociaciones. Entre todos ellos, los acuerdos de paz de Oriente Medio entre Egipto e Israel es probablemente uno de los más importantes en los que participó cuando en 1972 se ofreció como intermediario entre la primera ministra israelí Golda Meir y el presidente egipcio Anuar el Sadat. Su papel de intermediario no le impedía mantener buenas relaciones con grupos terroristas palestinos y libios, a cuyos miembros permitió entrenarse en Rumania así como recibir recursos de diverso tipo. [30]

Ceaucescu inspiró en los primeros años de su mandato un sentimiento nacional de orgullo, el “sentimiento de no ser una colonia soviética”, los rumanos sentían que ya no eran “esclavos de Moscú, que no eran un cero a la izquierda, nos hizo volver a creer que éramos importantes en el mundo”, explica en una entrevista el escritor nacionalista Dan Zamfirescu. “Todas las loas que le compuse tenían un propósito muy concreto. Use a Ceaucescu como una especie de sello, un vehículo para mi propio mensaje que era el nacionalismo. Lo usamos como un camello al que le pusimos nuestras ideas en las jorobas” [31]

En 1970 tras su visita a China, Ceaucescu regresó con la intención de emular la Revolución Cultural maoísta que provocó la muerte (directa o indirecta por las hambrunas consecuencia de las políticas del Gran Salto Adelante), persecución y encarcelamiento de millones de personas. Los cálculos más consensuados hablan de 40 millones de muertos los provocados por las políticas de Mao en el Gran Salto Adelante [32]. Estaba a favor de tener relaciones internacionales basadas en una política de no interferencia con otros países, siendo un interlocutor privilegiado de Pekín pero sin cerrar el canal de “línea directa” que reconocía en privado tener con el Kremlin.

Rumanía formaba parte del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica), pero sorprendentemente también era socio del Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. Ceaucescu era un referente para los eurocomunistas de las democracias de Europa occidental cuyos partidos en su gran mayoría habían condenado la invasión de Checoslovaquia. Ceucescu también condenó la ocupación militar soviética de Afganistán así como la invasión de Camboya por la prosoviética República de Vietnam. No hizo lo mismo con China cuando esta invadió el norte de Vietnam el 17 de febrero 1979 para apoyar a los Jemeres Rojos, expulsados del poder por los vietnamitas.

Una política exterior poco socialista

Ceaucescu recibía no solo a líderes comunistas y socialistas. También lo hacía con pompa ceaucesiana a los que eran los supuestos archienemigos del comunismo. A principios de agosto de 1969, el Titán de los Cárpatos recibió en Bucarest al conocido y reconocido anticomunista Richard Nixon. Fue recibido y agasajado con todos los honores en el aeropuerto y conducido en coche oficial a lo largo de una de las enormes avenidas de la capital rumana, siendo saludado por miles de bucarestinos que agitaban banderas estadounidenses y rumanas. [33]. Un año antes había recibido a De Gaulle en Bucarest y tiempo después, en 1979, recibiría también al líder francés Valéry Giscard d’Estaing [34]. Durante la década de los 70, el régimen rumano continuó su política exterior de forma (más o menos) independiente de Moscú. Estrechó relaciones con los organismos económicos occidentales, especialmente con las instituciones crediticias como parte sobre la que se supone que se construiría su “sociedad socialista multilateral”, un «desarrollo» en el que se incluía también el espionaje industrial de empresas occidentales.

En una visita a la Argentina de Perón en 1974, el conducator recibió la Orden del Libertador San Martín, máxima distinción que otorga el Estado argentino. La Universidad de Buenos Aires también le rindió un gran homenaje siéndole concedido el título de «doctor honoris causa». En 1978 Jimmy Carter, el mandatario estadounidense conocido como el “presidente de los derechos humanos”, invitó a la familia Ceaucescu a la Casa Blanca. En total, Ceacescu fue invitado en tres ocasiones, siendo recibido en todas ellas con todos los honores como si de un país aliado se tratara mientras en su país se estaba desarrollando una “mini revolución cultural”. En 2002, George W. Bush, visitó Bucarest y con una más que evidente falta de memoria, se dirigió al público congregado en la plaza de la Liberación para alabar a la “nación que doce años antes había depuesto a su propio tirano, Nicolae Ceaucescu”. En un discurso marcado por su clásica retórica maniquea y oportunista, Bush II dijo: «Vosotros conocéis la diferencia entre el bien y el mal, porque habéis visto el rostro del mal. El pueblo de Rumania comprende que los dictadores agresivos no pueden ser aplacados o ignorados. Hay que oponérseles siempre.» [35]. Con su discurso, Bush ponía de relieve lo rápido que cambia el mal en la política exterior estadounidense.

Rumanía fue el primer país del bloque socialista que tuvo relaciones comerciales abiertas con la Comunidad Económica Europea (CEE). Aunque parezca sorprendente según la ortodoxia y la dicotomía capitalismo – comunismo, Ceaucescu no solo buscaba cerrar acuerdos políticos sino también y quizás más importante para él, acuerdos económicos, especialmente créditos bancarios y ventas de tecnología y materias primas de las que carecía el país. Por otro lado, tras la URSS y Polonia, Rumanía era en 1980 el país del bloque oriental que mantenía relaciones económicas más intensas con Francia. Los intercambios comerciales por entonces con Francia alcanzaban la nada despreciable cifra de 4.000 millones de francos (60.000 millones de pesetas) de la época. [36]. Por todo ello, el gobierno francés otorgó a Nicolae Ceaușescu la Legión de Honor, uno de los condecoraciones mas importantes del país.

En 1983, la Administración Reagan alabó los progresos económicos y políticos de la Rumanía de Ceaucescu y su “respeto por los derechos humanos” aunque dos años más tarde de dicha afirmación, el propio embajador de Reagan renunciara al cargo precisamente por su (supuesta) preocupación por la violación de los derechos humanos. El pequeño escándalo quedó cerrado cuando no mucho después de la dimisión del embajador, el secretario de Estado George Shultz alabó a Rumanía por formar parte de los “buenos comunistas” y ofrecía a Ceaucescu una nueva visita de Estado y nuevos favores económicos. [37]

EEUU se aprovechó de las buenas relaciones de Ceucescu con los chinos para presionar a la URSS en el plano político mundial, debilitando así la figura de Moscú como líder mundial del socialismo. Estas políticas de “divide et īmpera” se fueron concretando gracias a una serie de acuerdos que EEUU estableció con la China de Mao en lo que se conoció como una parte importante de la llamada “realpolitik kissingeriana”. Siguiendo su política exterior no alineada con Rusia, Rumanía condenaría también en 1979 la invasión de Afganistán y sería de los pocos estados pertenecientes del bloque comunista que participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984.

El Banco Mundial vs COMECON

Tras la visita de Nixon en 1970, Rumanía continuó acercándose al Tío Sam y alejándose de Moscú. Es en ese momento a principios de los 70, cuando a instancias de Washington, aparece el Banco Mundial en Rumanía, la institución «capitalista» por excelencia del bloque occidental se preparaba para firmar grandes acuerdos con Rumanía. Los primeros acuerdos no tardaron en materializarse, no por un interés financiero o empresarial por parte del Banco Mundial, sino más bien por un interés político de Washington que, “al contrario de lo que dice la sección 10 del artículo IV de los estatutos del Banco Mundial, éste y el FMI prestaron sistemáticamente a los Estados a fin de influenciar sus políticas. Los ejemplos recogidos en este estudio muestran cómo los intereses políticos y estratégicos de las grandes potencias apoyaron y ayudaron financieramente regímenes cuya política económica no respondía a los criterios oficiales de las instituciones financieras internacionales (IFI), y que incluso no respetaban los derechos humanos”. [38].

Aart van de Laar, uno de los historiadores más importantes del Banco Mundial, contó en cierta ocasión una interesante anécdota sobre cómo funcionaba en ocasiones el Banco. En 1973, van de Laar “asistía a una reunión de la dirección del Banco que tenía en su agenda el inicio de la concesión de préstamos a Rumanía. Ante la incredulidad de ciertos dirigentes que criticaban la falta de un informe detallado sobre el país, McNamara habría declarado que él tenía una gran confianza en la moralidad financiera de los países socialistas en cuanto al reembolso de la deuda. Ante lo cual uno de los vicepresidentes del Banco, presente en la reunión, habría respondido «puede ser que el Chile de Allende no sea aun suficientemente socialista,. RobertMcNamara se habría quedado helado” [39].

Efectivamente, las políticas del Banco con Rumanía no estaban basadas en “criterios económicos convincentes” sino en pura geopolitica. El Banco en condiciones normales debería haber encontrado dos escollos imposibles de eludir para realizar los prestamos. El primero es que tradicionalmente el Banco se había “negado regularmente a prestar a un país que no hubiera saldado antiguas deudas soberanas, comenzaba a prestar a Rumanía sin que el país hubiera llegado a poner fin a un litigio sobre viejas deudas”. El segundo escollo era evidentemente la convertibilidad de las divisas, puesto que “lo esencial de los intercambios económicos de Rumanía se realizaban dentro del Comecon, en divisas no convertibles, ¿cómo podría reembolsar los préstamos en divisas fuertes? En fin, Rumanía se negó de entrada a pro-perdonar los informes económicos requeridos por el Banco. Por consiguiente, es evidente que fueron consideraciones políticas las que decidieron al Banco a entablar relaciones estrechas con Ceauscescu”. Por ambos factores, puede deducirse que las facilidades dadas a la Rumanía de Ceaucescu por el Banco Mundial no servían sino para “desestabilizar a la URSS y al bloque soviético en el marco de la Guerra fría favoreciendo estas relaciones con Rumanía y otros posible países que terminaran por “destruir el Pacto de Varsovia y al COMECON” [40].

La falta de mínima libertades, la represión sistemática y la corrupción endémica nunca interesaron al Banco y en el caso de Rumanía, menos. A comienzos de la década de los años 80 Rumania era ya el octavo socio más importante en la lista de acreedores del Banco. Como era costumbre, el Banco concedió financiación a proyectos ineficientes e improductivos que estaban rodeados de una enorme corrupción. Explotaciones de minas de carbón a cielo abierto, centrales eléctricas, centrales térmicas y otras infraestructuras, que incluían en muchos casos la importación de materias primas y tecnología occidental, eran los principales sectores en los que se invirtieron grandes sumas que a menudo no llegaban a su destino y quedaban repartidas entre una red de burócratas de alto nivel de cuya parte, los Ceaucescu se llevaban la mejor de todas. En Freakonomics, de Steven D. Levitt, Stephen J. Dubner, se explica el nepotismo de Ceaucescu y como “concedió cargos gubernamentales a cuarenta miembros de su familia, incluida su esposa”. [80]

El Banco fomentó también políticas para el aumento de la natalidad, políticas que al igual que el resto de proyectos tuvieron consecuencias nefastas debido a una planificación negligente. A pesar de todo, “en cierto sentido, Rumanía era un deudor ‘modelo’, al menos desde el punto de vista de los acreedores”, según el libro que conmemora el medio siglo de existencia de la institución encargado por el propio Banco. [41]

Ceaucescu visita la España de la Transición …

La España de la Transición también mantuvo relaciones con la Rumanía de Ceaucescu. En mayo de 1979 el conducator se convertía en el primer presidente comunista que visitaba España. Recibido en el aeropuerto de Madrid por los reyes, la visita de Estado se extendió durante 5 días celebrándose una entrevista oficial con los monarcas en el palacio de La Zarzuela, en la que se intercambiaron las más altas condecoraciones de los respectivos países. Los reyes de España ofrecieron una cena de gala en el palacio Real a los Ceaucescu, una cena en la que se habló sobre “la posibilidad de estrechar los lazos de cooperación hispano-rumana en materia internacional mediante la Conferencia de Seguridad de Madrid en otoño del próximo año y manifestó su opinión sobre un cierto desequilibrio en la atención prestada al desarme en la zona europea y mediterránea. Por su parte, Ceaucescu reafirmó la voluntad de su país de intensificar el desarrollo material de Rumania y promover una zona exenta de armas nucleares en los Balcanes”. Ceaucescu visitó también el Ayuntamiento de Madrid, el Museo del Prado y finalmente como parte de la visita, mantuvo una reunión con Adolfo Suárez. [42]. El acreditado «papel nefasto» de los Ceaucescu y la «locura»  de este reconocida por el propio Carrillo, no  impidieron que el Ayuntamiento de Madrid premiara al conducator con las llaves de oro de la ciudad aquel mismo mayo de 1979. [132].

No solo la España de la Transición mantuvo contactos diplomáticos al dictador rumano. El PCE (Partido Comunista en España), más allá de la «lógica» diplomática, elogió y apoyó al conducator a pesar de que Santiago Carrillo alertaba en 1980 de comocamaradas rumanos me advirtieron sobre el papel nefasto de esa familia y que creían que Ceaucescu estaba loco, algo de lo que yo mismo llegue a estar convencido”. La ortodoxia de las formaciones comunistas españolas se impuso y el régimen de Ceaucescu continuó siendo apoyado y puesto como modelo por figuras destacadas como Simón Sánchez Montero Ignacio Gallego y Marcelino Camacho.

En noviembre de 1989, cuando ya era especialmente notoria la verdadera magnitud criminal de la dictadura rumana, el PCE que lideraba Julio Anguita envió una delegación en solidaridad a la Rumanía de Ceaucescu encabezada por Marisa Bergar. Al XIV Congreso del Partido Comunista de Rumanía asistieron 3000 delegados que aplaudían las duras y amenazantes palabras de Ceausescu contra cualquier intento de apertura mientras se  reelegía de forma teatralizada y se aprobaba su gestión y las “nuevas” políticas que establecían previsiones para conseguir que Rumanía en el año 2000 se colocara a la cabeza de los países más desarrollados del mundo. [43].

… y la carroza real de la reina Isabel II

Ceuacescu viajó también al Reino Unido invitado por el gobierno laborista de James Callaghan en 1978. La ceremonia de Estado que le brindó el gobierno británico rivalizó en pompa y boato con las tradicionales ceremonias de la realeza británica. Ceaucescu realizó el trayecto tradicional desde la estación Victoría en el carruaje real junto con la reina, saludando a la multitud congregada en un ambiente muy victoriano, una dispensa diplomática reservada solo a los grandes aliados y amigos del Reino Unido.

Es posible que la visita del conducator tuviera como objeto que el gobierno británico quisiera poner a prueba el supuesto éxito económico de la Rumanía de Ceaucescu en el mundo real. La forma de poner a prueba la situación económica de Rumanía fue la propuesta británica de plantear importantes acuerdos comerciales entre los que destacaba la propuesta de venta de costosos aviones comerciales. El “contrato reportaría 15.000 millones de pesetas a la industria aeronáutica británica. Bucarest está interesado en el avión comercial BAC 1-11, que construye British Aerospace y monta motores Rolls Royce. Un producto inicial para la construcción bajo licencia británica de 82 unidades en las cadenas de montaje rumanas fue firmado el año pasado y desde entonces han proseguido las negociaciones. Ceaucescu visita el jueves las instalaciones de Bristol, donde se fabrica el aparato, y asistirá también a una exhibición privada de los aviones de combate Tornado y Harrier, el último de los cuales Londres quiere vender a la República Popular China. Londres, naturalmente, intenta acentuar también la independencia de Rumanía en el campo socialista y, suplementariamente, proveerse de una «cabeza de puente» económica en sus relaciones con el bloque oriental.”, escribía. Ángel Santa Cruz para El País en Londres el 13 de junio de 1978. [44]

A los británicos no les hizo falta esperar demasiado tiempo para darse cuenta de cual era realmente el éxito económico de la “sociedad desarrollada multilateralmente”. Sir Reginald Seconde, embajador británico en Rumanía, describió las surrealistasnegociaciones con British Aerospace y otras empresas asociadas”, como un “un error absoluto de principio a fin. Rumanía es un país muy pobre y trataban de alcanzar un gran acuerdo, pero estaban obligados a tener dinero para pagar. Introdujeron algo que llamaron ‘acuerdos compensación’. Gracias a ellos, en vez de pagarnos en metálico, se ofrecían hacerlo con lo que ya no le servía a nadie. Podían ser naranjas, nabos, tuberías de plomo o cualquier otra cosa“. [45]. En una anécdota recogida por el secretario privado de Lord Owen, ministro de asuntos exteriores a la sazón, este anotó:. “El Doctor Owen ha comentado sobre esta visita, ¿quién aprobó esto?, si he sido yo, me arrepiento de ello”. [46]. El conducator regresó a Rumanía con las manos vacías aunque recibió la Gran Cruz de Caballero de la Orden del Baño (GCB) título del que sería despojado al estallar la revolución en 1989. [47].

El culto a la personalidad de Elena Ceaucescu

Cuenta el ex agente de inteligencia rumano Ion Pacepa en sus Memorias que Elena Ceaucescu regresó de una visita oficial a la Argentina del general Perón tan “fascinada por el rol institucional de Isabel Perón ocupaba como vicepresidenta argentina.[que] exigió convertirse en segunda titular del Consejo de Ministros de Rumanía.”. [48]. Tal fue la fascinación de Elena con el papel de Isabelita que Elena decidió que su estatus merecía una rápida revisión y una presencia inmediata en las grandes decisiones políticas del régimen.

Para acallar cualquier oposición, el culto a la personalidad de Elena tuvo que alcanzar cotas no menos extravagantes que las de su marido. La propaganda rumana se refería a ella a todas horas como la “Científica de fama mundial” a pesar de que carecía de cualquier título [49]. Pero esto no le impidió ser nombrada directora de la Academia de Ciencias en Rumanía. [50]. De hecho, Elena era “analfabeta hasta la médula, fue nombrada miembro de la Academia de las Ciencias de Nueva York y el Instituto Real de Química, erigiéndose en autoridad intelectual y moral del país.” [51]. Ceaucescu ordenó que el nombre de Elena apareciera en todas las investigaciones científicas de Rumanía y que le fueran otorgados los estrambóticos títulos de “Camarada Académica Doctora Ingeniera”, “Política de importancia” y “Científica fuertemente preocupada del progreso de la ciencia rumana, preocupada por la ciencia en el mundo de hoy y el destino de la paz mundial”. [52]. Elena accedió también al Comité Central en un primer paso para poco después llegar a la secretaría permanente del PCr. Finalmente, en 1979 accede al cargo de viceprimera ministra, lo cual implicaba que en la práctica se convertía en la número dos del régimen, aunque no fuera hasta 1980 cuando oficialmente se le nombrara sucesora del presidente.

Elena “requería cuarenta casas y una provisión acorde de pieles y joyas. Era conocida oficialmente como ‘la mejor madre que Rumanía podría tener’, no era especialmente maternal, mantenía enfrentados a sus propios hijos para asegurarse su lealtad” [53]. A la “Gran científica de fama mundial fuertemente preocupada del progreso de la ciencia rumana, preocupada por la ciencia en el mundo de hoy y el destino de la paz mundialse le imputa el hecho de haber ordenado inocular el virus del SIDA a niños rumanos. La “científica de fama mundial” que no sabía siquiera la formula del agua [54], fomentó una investigación médica para encontrar una cura contra el SIDA que terminó provocando el efecto contrario en forma de una epidemia que solo se dio a conocer con la caída del régimen. Aquella pandemia tuvo probablemente unas causas tristemente más realistas, unas causas que ya eran casi la norma en la Rumanía de Ceaucescu como era la negligencia provocada fundamentalmente por la corrupción unida a la falta total de los medios más básicos. Un ejemplo de esta corrupción y negligencia sanitarias queda constatada por el hecho bien sabido de la reutilización generalizada que se hacía de agujas hipodérmicas, las cuales eran esterilizadas defectuosamente.

Los orfanatos eran un caso especialmente desolador. Eran lugares tristemente abarrotados e increíblemente mal dotados en todos los sentidos. Fueron estos los focos más probables de aquella transmisión masiva del SIDA en Rumanía, ya que “no tenían medios ni personal suficiente y muchos de los niños comenzaron a enfermar. La solución a este problema también fue brillante: se les realizaron numerosas transfusiones de sangre. Con la sangre contaminada y el uso de pocas agujas se produjo una transmisión del virus del sida a gran escala. No obstante, Elena, como presidenta de la Comisión de Salud Estatal, concluyó que el sida no existía en Rumanía. Los médicos tenían prohibido hablar de ello pero miles de niños fueron infectados”. [55].

Un país en caída libre multilateral

A finales de la década de los 70 y principios de los 80, la crisis económica se hacía cada vez más patente en los aspectos más básicos de la vida de los rumanos. Solo 10 años atrás, los rumanos disfrutaban de cosas que por entonces ya eran consideradas un lujo. Y mientras tanto, Ceaucescu le echaba la culpa a los bancos internacionales por no prestarle dinero. La “Luz excelsa de los Cárpatos” encontró una “solución”. Vender productos agrícolas para pagar la deuda externa, que en 1982 ascendía a la colosal cifra de 13.000 millones de dólares de la época [56]. Para afrontar semejante pago, en 1981 el gobierno rumano solicitó al Fondo Monetario Internacional una línea de crédito para lo cual tuvo que adoptar una política de austeridad con el objetivo de que se reembolsara la deuda a los acreedores [133]​. Se daría la paradoja de que la deuda externa rumana quedaría totalmente saldada en marzo de 1989, solo unos meses antes de la caída del dictador [57].

Y bajo este nivel de deuda externa opresiva y caos económico, las enormes obras para la remodelación del centro de Bucarest, continuaban junto con las del enorme proyecto del canal del Danubio y el Mar Negro, una obra cuyo sentido económico estaba fuera de toda comprensión en términos de productividad / rentabilidad. La industria rumana sufría no menos gravemente la crisis económica debido a la falta de recursos, investigación y tecnología. Las fábricas, construidas apenas 10 o 15 años atrás, habían quedado ya obsoletas, improductivas o ineficientes a mediados de los 80. A principios de la década estas fábricas funcionaban bajo una completa incompetencia debido a las interferencias continuas y los caprichos de la burocracia. La escasez de alimentos se agravaba mientras las gente se acostumbraba a vivir con los cortes de electricidad o solo poder disfrutar de ella, durante un tiempo limitado cada día. Cientos de neonatos morían en las incubadoras de los hospitales de hambre o por la falta de energía. La electricidad se fue convirtiendo en un lujo asignándose una bombilla por familia. La temperatura de las casas quedó establecida en 12 grados mientras en los ministerios, los funcionarios celebraban reuniones vestidos con guantes y gorras. En una de aquellas reuniones se dictó orden a las radios rumanas para que dejaran de emitir música clásica. La policía secreta añadió también a su larga lista de “delitos de pensamiento” la orden de detener a quien fuera sorprendido escuchando música clásica.

A pesar de su interés por recuperar el pasado de Rumanía (a su manera), Ceaucescu ordenó la reconstrucción (destrucción) del centro histórico de Bucarest para construir la enorme avenida de la Victoria y el monstruoso Palacio del Pueblo (Casa Poporului) , que hoy acoge al Parlamento del país aunque solo se use un 30% del espacio. El Palacio del Pueblo inició su construcción en 1985 siendo necesaria la demolición de barrios enteros que sumaban más de 7.000 casas, doce iglesias, dos sinagogas y tres monasterios. Se convirtió en el edificio administrativo civil más grande del mundo y el segundo tras el Pentágono. Se necesitaron más de 20.000 trabajadores para su construcción realizando turnos de 24 horas del día durante años. Sus mastodónticas y lúgubres estancias fueron decoradas con grifería de oro y todo tipo de lujos al estilo de las antiguas realezas europeas [58].

La construcción se inició precisamente cuando a Rumanía se le imponían las mayores restricciones económicas de toda su historia por sus problemas para satisfacer la devolución de su deuda externa. En aquel momento se decidió que la deuda sería en gran parte pagada gracias a los productos agrícolas del país, lo cual provocó una escasez creciente. Con la salida masiva de alimentos para pagar la deuda externa, el hambre comenzó a ser un verdadero problema para la población, todo ello a pesar de que Rumanía disponía de algunas de las tierras más fértiles y productivas de toda Europa.

Y a pesar de la situación, la obsesión que dominaba por entonces a Ceaucescu, era la construcción del palacio y las obras de reforma del centro de la capital. Recuerda Camil Rugoschi, como el “conducator” solía “visitar el palacio 3 veces al día, incluso los domingos. Se consideraba constructor y diseñador de esta edificación faraónica. No quedó un centímetro del palacio sin adornos, se decoró tanto como fue posible, los costes no importaban. No hay un solo objeto importado del edificio, todo se hizo en el país. Sí necesitábamos un solo objeto del extranjero, construíamos una fábrica para hacerlo, porque no nos estaba permitido importar nada.. Cualquiera podría haber entendido los planos arquitectónicos. Lo que se construía un día, al día siguiente se demolía y se reconstruía. Fue así siempre. Hubo algunas escaleras que se demolieron dos veces y finalmente se volvieron a construir. Hicimos la tercera alfombra más grande del mundo. Puesta en el suelo, era tan pesada que no se podía enrollar. Trataban al palacio como si fuera un teatro, en lugar de una gran representación”. [59]. Otro caso paradigmático de la locura en la que vivía inmerso el régimen, fue el traslado de una iglesia de su emplazamiento original para, “oficialmente”, dejar “espacio” a un bloque de apartamentos que tenían que construirse en ese mismo emplazamiento. Paul Monteanu, el sacerdote de la misma, recuerda como en 1986 Ceaucescu “ordenó trasladar 26 metros más atrás la iglesia, para que no pudiera ser vista desde la calle.” [60].

La crisis alimentaria adquirió tal nivel de precariedad que una anécdota descrita por Max Guita, estudiante rumano en aquellos días, viene a explicar cómo la irrealidad se había instalado con total normalidad en la Rumanía del conducator. Cuenta Max Guita como “una mañana, nos sacaron del colegio, nos llevaron a un lugar cerca del Danubio para esperar a Ceaucesccu que iba a hacer una visita con motivo de la Fiesta de la Cosecha. Nos mantuvieron esperando hasta las seis. Al final hizo su aparición en su helicóptero, estrechó las manos de algunas personas y se fue a visitar una gran exposición con los productos de las cosechas, excepto algunos de ellos, como maíz, repollos y melones, el resto estaban hechos de poliestileno y madera, materiales parecidos al plástico pintados para darle buen aspecto. Había queso de poliestileno, salami de madera y otras cosas hábilmente pintadas. La gente llevaba tres días seguidos ensayando está visita, la mayoría de los productos de verdad, se habrían podrido por el calor y por otra parte, en aquel momento no se podía haber visto ninguno de estos productos en las tiendas.” [61]. Ocurría en cualquier ámbito de la vida rumana. Ceaucescu y el partido convertía un desastre en un logro y una hecatombe en una proeza a través de la propaganda. Así, a medida que la situación económica empeoraba (aún más), los periódicos describían como la economía continuaba creciendo a un ritmo muy superior al de cualquier otra economía del mundo.

Y todo esto acontecía mientras “los sueldos de los médicos ingenieros y profesores se situaron por debajo del de los obreros” [62]. Doina Doru, correctora de artículos en un importante medio del régimen, recuerda como “sabíamos que las estadísticas no eran ciertas, era obvio todos teníamos amigos en el campo, todos los periodistas que iban al campo contaban que aquello era un desastre total, no había suficiente agua para lavarnos, la gente no tenía suficiente papel higiénico ni jabón y solo se podía comprar una cierta cantidad de pan.” [63]

El humor «rojo» como válvula de escape

Según Sergio Martín Villar. sociólogo y exmilitante del PCE, “Cuando se han perdido todas las posibilidades de protesta pública, no queda más que la penetración del humor en el cuerpo de la sociedad”. [64]. A pesar de la alienante y la omnipresente presencia de la policía secreta, los rumanos desarrollaron un nuevo tipo de humor muy particular, un humor típicamente “ceaucesino”.

Uno de los chistes rumanos más famosos de aquellos días decía, “¿Por qué Ceaucescu realiza manifestaciones masivas el 1º de mayo…. Para ver cuanta gente sobrevivió al invierno?”. [65]. En otro se decía, “Si hubiese algo más de comer estaríamos como en la guerra”. [66]. La gente ya a principios de los años 80 empezó a llamar “Ceaushima” (por Hiroshima) a las enormes zonas urbanas de Bucarest que el conducator había ordenado demoler con el fin de construir el nuevo y monumental centro así como la monstruosa Casa del Pueblo.

En otro se contaba la siguiente historia sobre como veían los rumanos a su conducator. “Reagan Gorbachov y Ceausescu viajan juntos en un crucero acompañados de sus guardaespaldas. Navegan en aguas llenas de feroces tiburones. Reagan decide comprobar el valor de sus guardaespaldas. Toma su reloj, lo arroja por la borda y grita: Tráemelo John. El marine se arroja al agua, con su cuchillo aleja a los tiburones, recupera el reloj y se lo entrega a Reagan con un saludo marcial. Un grupo de espectadores que había observado la escena irrumpe en aplausos y gritos:’Qué coraje’. Gorbachov, para no ser menos, hace lo mismo con un resultado es similar y la multitud queda impresionada igualmente y grita: ‘¡Qué coraje!’. Finalmente, Ceausescu hace lo mismo y grita: “Tráemelo Mihai”, pero el guardaespaldas no se mueve y le dice. ‘No lo haré señor’, entonces la multitud grita aún más fuerte y con un prólongado aplauso, ‘¡¡Qué coraje!!”. [67]

La crisis energética y el frío era por supuesto, un tema especialmente recurrente. Un chiste en particular llamo la atención del periodista británico Ben Lewis. Era un chiste “simple, preciso, bello y verdadero como un haiku japonés» que decía: «¿Qué hay más frío que el agua fría en Rumanía? El agua caliente«. [68]. Otro chiste sobre el frío atroz que pasaban los rumanos decía, “Un hombre camina por las calles de Bucarest en una fría tarde de invierno. Grita a un edificio: «¡Por favor, cierren esa ventana! Nos estamos congelando aquí.«.

Muchos rumanos en los años 80 no esperaban por entonces otra cosa de Ceaucescu que su propia muerte. “Una viejecita tiene el hábito de ir muy temprano al kiosco de diarios, compra el diario Scinteia, mira la primera página, lo rompe disgustada y lo tira a la basura. Así hace todos los días. El diarero un día le pregunta las razones de su comportamiento. —¡Busco el anuncio de una muerte! —explica la anciana. —¡Y claro que no lo encuentra —le dice el diarero— ¿No sabe que los obituarios se escriben siempre en la última página? —No este —responde la mujer—. El que estoy buscando seguro que será primera plana”. [69]

La Securitate. La orwelliana policía secreta rumana

La Securitate (Securitatea Statului o Departamentul Securității Statului, Departamento de Seguridad del Estado) fue creada en 1948 siguiendo el modelo del NKVD pero heredando también muchos aspectos del anterior servicio de seguridad creado por el brutal régimen fascista que gobernó con mano de hierro Ion Antonescu entre septiembre de 1940 y agosto de 1944 en estrecha alianza con la Alemania nazi. De hecho y al igual que ocurrió con la Stasi, “los primeros operativos de la Securitate se nutrieron con antiguos fascistas reconvertidos a toda prisa. Uno de los que cambió de camisa en aquellos días fue Eugen Turcanu, que se despojó de los correajes de la Guardia de Hierro de Corneliu Codreanu y Horia Sima para abrazar con entusiasmo el marxismo-leninismo en su variante estalinista. Turcanu era, además, un sádico de crueldad inaudita dispuesto a cualquier cosa para hacer méritos y labrarse un futuro dentro de la revolución. El hombre ideal en el momento adecuado” [70].

La Securitate era un gigantesco aparato de vigilancia y represión omnipresente en todos los ámbitos de la vida rumana. A medida que en los Ceausescu crecía el temor a ser traicionados y derrocados por sus propios camaradas del partido, la Securitate fue acaparando mayores cantidades de información e infiltrando más y más agentes e informadores en todo tipo de “potenciales” sospechosos. A excepción de algunas personas de su estrecho círculo y de la dirección del partido, los Ceaucescu no recibían visitas y tampoco tenían amigos [71]. Ceaucescu “nunca probaba bocado en las comidas oficiales en sus viajes fuera de Rumanía y, para beber, se traía el agua mineral de Rumanía”. [72].

Proporcionalmente a la población del país (22 millones de personas), la Securitate era el cuerpo de seguridad que contaba con más miembros del llamado “Bloque del Este”, tras la propia KGB y la Stasi. La Securitate recibía mejor entrenamiento y equipo que el propio ejército y el poder de sus burócratas, se imponía no pocas veces sobre la autoridad de los mandos militares más altos. Un reportaje publicado por el diario Romania Libera, detallaba como la policía secreta rumana tenía la capacidad de espiar a la vez a 47.000 rumanos. El reportaje en cuestión publicaba los resultados de una serie de investigaciones sobre los mecanismos de control de la Securitate con motivo del vigésimo aniversario del colapso del Telón de Acero. El periódico revelaba a partir de fuentes provenientes de ex miembros de la Securitate, que hasta 750.000 efectivos, entre oficiales, agentes y colaboradores, estaban a cargo de la colocación de micrófonos, interceptación de comunicaciones y análisis de la información, un 3,5% sobre una población de 22 millones dedicada a “seguridad”. [73].

Para hacerse una idea de la información que recogió la Securitate sobre una población de 23 millones, si todos los archivos de la policía rumana fueran puestos en línea, se extenderían a lo largo de 26 kilómetros [74], un tamaño que le convierte en el tercer archivo de inteligencia más grande de Europa. [75]. Y todo eso teniendo en cuenta que muchos archivos de la Securitate continúan siendo secretos o bien fueron destruidos tras la caída de Ceaucescu. De hecho, cientos de vídeos de la Securitate fueron subastados por agentes tras la caída de el conducator. [76].

La deserción de la mano derecha de Ceaucescu

Muchas de las historias sobre la Securitate han sido descritas por ex miembros que la sitúan como una de las más implacables del mundo entre sus contemporáneas, siendo esta responsable del arresto, tortura y muerte de decenas de miles de personas [77]. En 1978, el general de la Securitate Ion Mihai Pacepa, desertó a Estados Unidos en el que es probablemente, uno de los golpes más importantes que tuvo la policía secreta de Ceaucescu. De hecho, Pacepa es considerado como uno de los agentes de inteligencia de mayor rango que desertó del Bloque del Este. Además de general, Pacepa era el principal asesor de Ceauşescu, secretario de Estado en el Ministerio del Interior y además, jefe del servicio de inteligencia extranjera. Huelga decir que Pacepa era tras Ceaucescu, una de las personas más poderosas del régimen debido sobre todo a toda la información que pasaba por sus manos.

En julio de 1978 desertaba a Estados Unidos tras serle aprobado el asilo político por el mismo presidente Jimmy Carter y era puesto inmediatamente a trabajar en la inteligencia estadounidense. El valor que debió representar Pacepa para los servicios de inteligencia estadounidenses en Europa oriental debió de ser incalculable. La propia CIA calificó sus servicios como “una contribución importante y única a los Estados Unidos”. [788] Pacepa se llevó consigo gran cantidad de información sobre la estructura y los métodos de la Securitate. Su deserción obligó a rediseñar completamente los servicios de inteligencia rumanos, probablemente tanto como las mismas obras del nuevo centro de Bucarest. En su libro, Horizontes rojos. La verdadera historia de los crímenes, estilo de vida y corrupción de Elena y Nicolae Ceaucescu (1986), Pacepa detalla algunos de los siniestros métodos que utilizaba la Securitate [79].

Explotando el lado humano del pueblo

Al igual que otras policías secretas tras el Telón de Acero, la Securitate explotaba sistemáticamente los vínculos más cercanos de los individuos que eran objetivos de su vigilancia, especialmente los familiares. Cuando se requería matar a un objetivo, su eliminación se solía hacer a menudo mediante montajes de suicidios o “accidentes”, una de las especialidades de los agentes tanto en el interior como en el exterior del país. Eso no significa que en los interrogatorios se sometiera a menudo a los interrogados a los procesos de palizas y torturas psicológicas que seguían un método para romper la voluntad del sospechoso. A menudo, poco tiempo después de entrar en las dependencias de la Securitate, los sospechosos eran liberados habiendo previamente los agentes y sus colaboradores esparcido rumores falsos entre sus familiares y conocidos sobre su supuesta traición, delación o bien que era algún tipo de “degenerado”. En otros casos, los sospechosos eran encerrados en psiquiátricos o “centros de reeducación”. [81].

Los micrófonos eran otra de las especialidades de la Securitate. Eran instalados en viviendas particulares de sospechosos a los que se les seleccionaba a menudo mediante criterios completamente arbitrarios. Miembros de la propia familia o personas cercanas al sospechoso, eran utilizados en ocasiones bajo amenazas para que distrajeran a la víctima durante el proceso de instalación de los micrófonos o en otras operaciones que permitieran acusarlo. Otra de las principales fuentes de información de la Securitate, era su propia red de prostitución, la cual permitía extorsionar y chantajear a hombres de negocios extranjeros, turistas e incluso políticos y militares del régimen. «Como otras máquinas de terror político, el arma más poderosa de la Securitate era el miedo», escribió Dennis Delentant en su libro “Ceausescu y la Securitate. Coacción y disidencia en Rumanía, 1965-1989” [82]

Para la ejecución de determinadas operaciones y asesinatos de personalidades, a menudo se contrataban los servicios de asesinos profesionales. El más famoso de estos asesinos fue Carlos Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos, “Chacal”. Carlos no era un matón más a sueldo de la dictadura comunista rumana, fue un recurso muy importante que incluso llegó a ser protegido por el régimen. Recibió 1 millón de dólares por una sola operación además de “según dos informes confidenciales fechados en junio y diciembre de 1981, […] lanzagranadas antitanque, pistolas Walter y Makarov, metralletas Akm, fusiles semiautomáticos, granadas de humo y quintales de explosivo a cambio de servicios prestados a Ceausescu.” [83]. Los informes a los que tuvo acceso la prensa citan el atentado contra la sede de Radio Free Europe y el asesinato del director de la sección rumana de la emisora Emil Georgescu.

Nicolae Plesita, uno de los más importantes dirigentes de la Securitate lo protegió de los servicios secretos occidentales entre 1980 y 1984 mientras dirigía el servicio exterior de la Securitate. Plesita reconoció haberse reunido en no pocas ocasiones con «Chacal». En una de ellas, y por orden de Ceausescu, se le encargó el asesinato del general desertor Ion Mihai Pacepa, huido a Estados Unidos en 1978. “Ceausescu procuró a Carlos pasaportes falsos para él y su familia y le abonó un millón de dólares en una cuenta abierta en el banco Bancorex en Rumanía. Carlos, afirma el documento, estuvo en Rumanía una diez veces entre 1973 y 1988, año en que los servicios secretos rumanos, llamados Securitate, propusieron poner fin a la colaboración con el terrorista” informaba desde Bucarest la agencia italiana de noticias ANSA, el 7 de septiembre de 2000. Estos hechos son revelados en un informe del propio contraespionaje rumano que fue desclasificado en aquel año 2000 [84].

El ocaso de los dioses ceaucesinos

A finales de los 80, los rumanos ya llevaban mucho tiempo viviendo en condiciones deplorables, sin agua corriente, electricidad y con graves problemas de malnutrición. Cada vez había menos razones para que los poetas e intelectuales continuaran escribiendo sus loas y alabanzas al Alejandro Magno del siglo XX. A pesar del gigantesco aparato de vigilancia y represión, durante los años 80 comenzaron a producirse las primeras protestas y revueltas populares de importancia. Una de las primeras y más destacada fue la que se produjo en las minas de Jiu (1981) y más tarde en la ciudad de Brasov (1988).

Unos días antes del comienzo de la revuelta final, el 16 de diciembre de Bucarest, Timisoara fue el escenario de las protestas que podrían considerarse el detonante que extendería el descontento por toda Rumanía y cristalizaría en la revolución popular en Bucarest. Todo empezó con unas pequeñas protestas que surgieron contra el intento del gobierno de desahucio de László Tőkés, un pastor luterano de etnia magiar, junto con su mujer que se encontraba embarazada en aquel momento. La orden de desahucio contra Tőkés se producía poco después de que este realizara unas declaraciones críticas sobre el régimen de Ceaușescu en un medio internacional, acusándolo de fomentar el odio racial.

Los simpatizantes de Tőkés se reunieron en torno a la vivienda para evitar el desahucio. A la espontánea protesta inicial se fueron uniendo más personas que se negaban a abandonar el lugar tal y como se lo pedía el alcalde de Timișoara, Petre Moț. Después de unas negociaciones infructuosas, la policía local y la Securitate intervinieron. Aunque la manifestación fue rápidamente dispersada y el motivo inicial de la revuelta popular pasó a un segundo plano, un grupo de manifestantes intentó incendiar la sede del Comité del Distrito del Partido Comunista Rumano (PCr) en Timişoara. Los disturbios comenzaron y aunque pareció que también habían sido reducidos, estos continuaron al día siguiente con el asaltó de la sede del Comité del Distrito del PCr, destruyéndose en ella los archivos oficiales y todo tipo de propaganda política junto con símbolos del régimen. El ejército intervino llevando los disturbios un nuevo nivel en el que ya participaban tanquetas y se producían ráfagas de fusiles de asalto, quema de coches, barricadas, etc. Se bloqueó el acceso a la ciudad y se decretó la ley marcial el 18 de diciembre quedando ocupado el centro de la ciudad por los militares y agentes de la Securitate vestidos de civil. Un grupo de treinta jóvenes se concentraron en la catedral de Timişoara en claro desafío a la ley marcial. Su propósito era izar la bandera de la revolución rumana, que era la misma bandera de Rumanía a la que se le había recortado el escudo. Cuando fueron atacados, algunos lograron escapar mientras que otros fueron asesinados en el mismo lugar y sus cadáveres mutilados en la plaza de la Victoria.

Las huelgas en la ciudad continuaron mientras miles de obreros se movilizaban para marchar por la ciudad en una concentración que congregó a cien mil personas en la Plaza de la Opera, hoy plaza de la Victoria al grito de “¡Nosotros somos el pueblo!», «¡El ejército está con nosotros!», «¡No tengáis miedo, Ceaușescu caerá!«. Los manifestantes exigían la liberación de los arrestados y la renuncia de Nicolae Ceaușescu. La situación continuo igual. El 21 de diciembre llegaron a Timișoara trenes con obreros de Oltenia leales al conducator con el fin de utilizarlos para atacar a los manifestantes. Pero en otro giro de los acontecimientos, los obreros oltenos para espanto de los Ceaucescu, se unieron a los manifestantes. El ejército rumano intervino de nuevo y aunque las protestas fueron totalmente reprimidas, el descontento ya se había extendido por toda Rumanía, llegando a las ciudades de Sibiu, Brașov, Arad y Tirgu Mure. La represión, que había sido dirigida por Elena Ceaucescu, costó la vida de más de un centenar de manifestantes (algunas cifras lo elevan a 150 muertos y varios cientos de heridos) así como a algunos miembros de las fuerzas armadas y de la Securitate. [85].

En aquellos días, los Ceausescu se encontraban realizando una visita a Irán buscando cerrar un acuerdo para el intercambio de petróleo por armas con los sucesores de Jomeini. A pesar de la situación política en el país, Ceausescu no quiso acortar su visita siguiendo el consejo de Elena que por entonces mandaba casi tanto como el propio conducator. A su regreso, Ceaucescu emitió un discurso televisivo calificando a los manifestantes muertos de “gamberros antisociales”, prohibiendo a sus familiares enterrar a sus seres queridos [86]. Ceaucescu acusó a los manifestantes de ser «elementos hooligan” que “han causado una destrucción fascista para desestabilizar, desmantelar y liquidar el país y la revolución socialista para volver a ser dominados por extranjeros«. Ceausescu culpó a «los agentes de espionaje extranjeros y los rumanos que venden su país por unos cuantos dólares o por otras monedas» del descontento de la población. [87]. Pocos días después, durante el juicio al que fue sometido el conducator, Ceucescu responsabilizaría también a Moscú de su caída considerándolo un golpe de Estado patrocinado por el Kremlin. [88].

El acto final del régimen ceaucesino

A su regreso de Irán, los Ceaucescu organizaron una concentración en la misma plaza frente al edificio del Comité Central que lo había catapultado a la fama política internacional. Esta concentración sería la última. El 21 de diciembre de 1989, el cámara de la televisión del régimen George Militaru, se encontraba “haciendo una panorámica de la plaza y de repente vi que unas personas estaban pisoteando unas pancartas enseguida pase a enfocar otros grupos que estaban congregados pacíficamente después enfoque al balcón”. Los abucheos, silbidos e insultos como “rata, asesino” fueron subiendo de tono mientras Ceausescu se esforzaba en leer el clásico discurso de agradecimiento a los asistentes por haberse simplemente congregado en la plaza y quien sabe, si para averiguar los que seguían vivos en medio del invierno tal y como decía el famoso chiste. Militaru explica como escuchó “susurrar a Elena Ceausescu, ‘dales 100 más’ y entonces empezó a hacer promesas para callarles, pero la gente ya no la escuchaba ni se creía sus promesas de 100 más, qué significaba 3 kg de carne más, porque sabían que era imposible encontrarla”. [89]. Elena solía comentar en ocasiones sobre la escased en la que vivían los rumanos, “los gusanos nunca están satisfechos, no importa la cantidad de comida que les des”. [90].

Cuando la furia finalmente se desbordó y la masa se hizo incontrolable, la policía y el ejército comenzaron a cargar y disparar a los manifestantes. La transmisión televisiva quedó interrumpida y el edificio del Comité Central fue asaltado. El dictador se vio obligado a huir en su flamante helicóptero Dauphin 365, helicoptero de cortesía francesa del que poseía cuatro [91]. Mientras el conducator huía, un grupo de oportunistas formaba un pintoresco “consejo del Frente de Salvación Nacional” (organización que, si bien se declaró contraria a Ceausescu no hizo lo mismo respecto del régimen y del criminal sistema politico del que habían formado parte) en el que también estaban representados sectores considerados “prodemocráticos” junto con militares sublevados, intelectuales disidentes y representantes sindicales. Al grupo inicial de oportunistas se uniría el general Stefan Gruse, Jefe del Estado Mayor del Ejército que había comandado la represión en Timisoara y el General Victor Stanculescu, uno de los personajes favoritos de Ceaucescu que organizó la evacuación de las personalidades que se encontraron en los disturbios del edificio del Comité Central en Bucarest. [92]

Mientras el Palacio Presidencial ardía, desde Timisoara y otros lugares del país de días pasados llegaban imágenes de televisión de fosas excavadas en las que yacían los cuerpos de, según la antaño televisión del régimen, “cientos” de civiles muertos en las protestas o muertos tras ser brutalmente “torturados” por la Securitate. Aquellas imágenes dieron la vuelta al mundo en plena víspera de Navidad. Poco “después, algunos diarios publicaron la rectificación, que pocos leyeron: la matanza de Timisoara había ocurrido pero había cobrado un centenar de víctimas, incluyendo a los policías de la dictadura, y aquellas imágenes espeluznantes no habían sido más que una puesta en escena. Los cadáveres no tenían nada que ver con esa historia, y no habían sido deformados por la tortura, sino por el paso del tiempo: los fabricantes de noticias los habían desenterrado de un cementerio y los habían puesto a posar ante las cámaras.”. [93].

En total, las muertes que pudieron acreditarse por la represión ordenada por Ceucescu sumaron más de un millar, cifra que contrasta con las cifras iniciales que la situaban entre 60.000 y 78.000 muertos, cifras que los medios internacionales no se preocuparon por contrastar ni de corregir después. [94] La mayoría de los cadáveres mostrados a la prensa internacional como testimonio de la «masacre» de Timișoara, eran cadáveres desenterrados de un cementerio para pobres [95]. A pesar del montaje de la junta “prodemocrática” en el poder, en Bucarest la represión había dejado también varios cientos de «jóvenes y mujeres apaleados, con los ojos fuera de las órbitas, la ropas rasgadas, otros muertos por disparos«, comentó a Efe Doru Maries, presidente de la Asociación 21 de Diciembre, que reúne a familiares y víctimas en busca de justicia [96].

A primera hora de la mañana del día después de la huida de Ceaucescu, la junta de “salvación” encabezada por Corneliu Manescu, antiguo ministro de Asuntos Exteriores represaliado por el régimen y alejado de los puestos de poder, anunciaba sus primeras medidas. Se declaraba la separación efectiva de los poderes del Estado y del partido así como una nueva ley electoral. Mijaíl Gorbachov habló telefónicamente con el nuevo presidente, Ion Iliescu, transmitiéndole todo el apoyo de la URSS a la “revolución rumana”. Iliescu había sido el director de propaganda principal del régimen.

La huida de Ceaucescu fue tan breve como su último discurso. Fue arrestado por la policía tras ser engañado por unos supuestos simpatizantes que le aseguraron que le protegerían tanto a él como a su mujer Elena. Tan pronto como cayeron en sus manos, fueron entregados al Consejo de Salvación Nacional del que el antiguo primer ministro rumano, Petre Roman, asumió su liderazgo. Los Ceaucescu fueron juzgados, declarados culpables de corrupción, destrucción de la economía y condenados a muerte en un juicio farsa carente de cualquier valor legal. El sumarísimo proceso duró apenas 2 horas. [97]

Se acusó a los Ceaucescu del “genocidio de 60.000″ personas en Timisoara aunque como se ha visto, poco después se reveló que el Frente de Salvación Nacional exageró la cifra de muertos más de 60 veces por motivos puramente propagandísticos [98]. Según el historiador Cioroianu, «fueron condenados según el modelo de justicia comunista, primero se fija la condena y luego se organiza un proceso falso» [99]. Ceaucescu fue también acusado de evadir cientos de millones de dólares (algunas fuentes hablan de hasta 1000 millones) a Suiza, algo que había sido confirmado en el libro del ex jefe de los servicios secretos rumanos, Ion Mihai Pacepa [100], así como por otros investigadores y medios de comunicación a finales de 1989. [101]

Como no podía ser de otra manera, Ceaucescu rechazó al tribunal que le juzgó. Un miembro de aquel tribunal le respondió que «el rey Miguel fue más digno que usted cuando abdicó» y que él conducator no podía hablar de legitimidad cuando «en 1947 vosotros tomastéis el poder sin legitimidad alguna». Fueron fusilados mediante ráfagas largas de AK-47 el día de Navidad. «¡Viva la Rumanía socialista, libre e independiente! ¡Muerte a los traidores! ¡La historia me vengará!«, gritó el conducator antes de comenzar a cantar la Internacional. Aquel día de Navidad de 1989, Dorin Marian Carlan fue uno de los soldados que ejecutó al dictador y a su esposa Elena. «Camino del paredón, él, Nicolae Ceausescu, se volvió hacia mí, que iba detrás con el arma en la mano, y me miró durante algunos segundos. Vi lágrimas en sus ojos«. [102]. La ejecución se adelantó al mismo día en que se emitió la sentencia al descubrir las nuevas autoridades un dispositivo emisor en la muñeca del dictador que podría haber llevado a los securistas a localizar su paradero y organizar una operación de rescate [103].

Tras el fusilamiento de los Ceaucescu, las calles siguieron siendo escenario de choques armados entre grupos de partidarios que seguían leales al dictador y militares favorables al nuevo gobierno. Durante los tres días en que los Ceausescu estuvieron arrestados, francotiradores de la Securitate dispararon de forma indiscriminada en un intento por ampliar el caos y desestabilizar a las nuevas autoridades. «Se trataba de francotiradores aislados que disparaban a las unidades militares para que estos respondieran y así se generara el caos«, explicó a Efe Adrian Cioroianu, decano de Historia de la Universidad de Bucarest. Cientos de miembros de la Securitate se refugiaron en búnkeres y en todo tipo de construcciones secretas en el subsuelo de la capital donde se almacenaban armas y municiones que habrían permitido continuar con los combates durante meses.

En estas circunstancias, el nuevo gobierno hizo una declaración pública: «Pese a la condena y ejecución de los dictadores Nicolae y Elena Ceacescu, la continuación de actos terroristas por parte de elementos aislados, que cuestan vidas humanas y daños materiales, el consejo del Frente de Salvación Nacional decreta en la capital y todos los distritos judiciales la instauración de tribunales militares extraordinarios para juzgar a todos los convictos de actos terroristas. Se juzgarán por procedimiento de urgencia y ejecutarán las sentencias de forma inmediata. Los elementos terroristas están llamados a entregar las armas el 28 de diciembre a las 16.00 horas. En caso contrario serán juzgados y condenados por procedimiento de urgencia en dichos tribunales«. [104]

Saldo humano y la falta de memoria de los medios estadounidenses

En el momento de la caída del régimen rumano, la Securitate contaba con más de 11.000 agentes y medio millón de informadores ubicados en todos los estratos sociales. La Securitate podía espiar a 47.000 rumanos al mismo tiempo [105]. La inicial lealtad de los securistas para con el régimen, pronto se desvaneció ante los intereses que estaban en juego y no tardaron demasiado en rendirse a las nuevas autoridades, quien sabe si tras haber firmado algún pacto que les garantizara inmunidad. De hecho, puede considerarse que el nuevo gobierno declaró una amnistía de facto, pues solo 30 autoridades, todas ellas de bajo nivel, fueron juzgadas y condenadas por la violencia contra civiles durante la revolución [106].

El saldo total de los muertos tras la Revolución Rumana fue en torno a 1104 personas y 3352 heridos. De todos los muertos, 162 se produjeron durante las protestas finales que se produjeron en Bucarest entre el 16 al 22 de diciembre de 1989 y que condujeron a la caída de Ceaucescu. El resto de las muertes se produjeron durante la represión de las autoridades comunistas en ciudades como Timişoara, Bucarest, Sibiu y Arad, ciudades donde las protestas iniciales fueron incluso mayores que la de Bucarest. De los 3352 heridos que se contabilizaron, 1107 fueron consecuencia de la represión de Ceaucescu mientras que el resto, 2245, corresponden a heridos tras la toma del poder por el Frente de Salvación Nacional. [107]

Solo una semana después de ser fusilado Ceaucescu, el Washington Post cambiaba el paso de lo que había sido una visión complaciente con el régimen que simbolizaba la oposición a Moscú, y describía en una editorial como el dictador había “destruido el tejido económico, intelectual y artístico de Rumanía” y su “terrible historial en derechos humanos”. Ninguna mención a como el gobierno estadounidense había ayudado al dictador a mantenerse en el poder mediante apoyo diplomático y político así como por el apoyo económico que le brindó el Banco Mundial a instancias de Washington. Estos fueron los casos por ejemplo del secretario de Estado George Shultz, que elogió la dictadura de Ceaucescu por ser uno de los «comunistas buenos«, y la premió con una visita de Estado y favores económicos.

El Washington Post también se olvidaba de como en 1983, el vicepresidente Bush expresó su admiración por los progresos políticos y económicos bajo el régimen de Ceausescu y su “respeto de los derechos humanos«. El Post también se congratulaba de que “el presidente Bush se haya ofrecido a establecer relaciones diplomáticas con el Consejo de Salvación Nacional [de Rumanía] organizado precipitadamente, pero eso no absuelve a Occidente de su rol al haber ayudado al ti-rano a mantenerse en el poder en años recientes”. [108]

La contrarevolución rumana

Casi un año y medio después de la “revolución”, Alberto Sotillo era el enviado especial de ABC a Rumanía. El 13 de mayo de 1991 escribía como “la caída de Ceaucescu fue preparada fundamentalmente por militares y agentes de la Policía política y altos funcionarios del partido comunista, que neutralizaron la revolución cuando ésta les tomó la delantera”. La espontánea e idealista revolución que había surgido entre una parte considerable de la población rumana, hastiada de unas condiciones de vida cada vez mas depauperadas, se topó con los intereses del nuevo presidente Ion Iliescti, y el nuevo efe de los nuevos servicios secretos, Virgil Magureanu. Ambos tomaron parte de la revolución desde el momento en que se hizo incontrolable, “luego la revolución les sorprendió, pero la Policía secreta supo superar el temporal: el Ejército intentó poner bajo su control a la Securitate, y sin embargo los servicios secretos recuperaron su autonomía y siguieron siendo lo que siempre fueron: un pilar fundamental del régimen.”. De hecho, las protestas populares no habrían supuesto necesariamente el colapso del régimen de no ser porque cinco años antes del derrocamiento de Ceaucescu, en Rumanía ya se había organizó un “frente militar de resistencia”, formado en su mayoría por agentes de la Securitate y generales del ejército, dirigidos por el general Ioniza. [109]

El nuevo presidente nombrado tras el derrocamiento de Ceaucescu era Ion lliescu, un antiguo miembro del Comité Central rumano desde 1965. Iliescu era un “dinosaurio” del régimen que representaba a los comunistas de “guante blanco” a los que los militares y parte de la Securitate querían trasladar el poder. No obstante no existía una clara línea de transición, sino que “cada conspirador tenía su propia idea de lo que debía ser el futuro rumano”. Por ejemplo, como nuevo jefe de la nueva Policía secreta se nombró a Virgil Magureanu, cuya afiliación a la Securitate fue expuesta pocos años más tarde [E]. El general Militaru fue nombrado nuevo ministro de Defensa. Intentó poner a la Securitate bajo control del Ejército y aunque presumiera de que los agentes “temblaban” ante su presencia, lo cierto es que “la Securitate nunca se subordinó al Ejército, sino que más bien empezó a ocurrir lo contrario” como reconocería más tarde el general Stanculescu. Tuvo un breve paso por el cargo siendo cesado y con su cese, “abandonados los primeros planes de poner a los servicios secretos bajo control del Ejército”. [110]

Balance de la represión de la policía secreta del Calígula del Danubio

El coronel Mugurel Florescu fue jefe de la fiscalía militar que estaba a cargo de investigar los crímenes de la Securitate. Preguntado en una entrevista al diario ABC sobre cuántos agentes de la Securitate habían sido llevados a los tribunales por actividades delictivas, respondió que apenas “39 agentes de la antigua Securitate y de la Policía” habían sido juzgados. Entre ellos había nueve generales y varios oficiales. “Treinta y nueve personas procesadas parecen muy pocas si tenemos en cuenta los numerosísimos crímenes que se le imputan a la Securitate. Parecen pocos, efectivamente, si tenemos en cuenta que durante la revolución murieron más de mil personas por disparos de francotiradores. Pero tras las investigaciones.realizadas, la Fiscalía ha decidido entregar a la Justicia a quienes decidieron las medidas represivas”. En todo el proceso, el nuevo Servicio Rumano de Información (SRI), no había puesto facilidades a las investigaciones, ni colaboradoen la medida que lo necesita la Fiscalía”. No resultaba pues sorprendente, que al menos un tercio de los agentes del nuevo SRI fueran antiguos securistas.[ 111].

Mugurel Florescu no pudo consultar consultar los archivos de la Securitate porque según la versión del SRI, los documentos habían “desaparecido”. La justificación que se ofreció fue que el SRI era “otra institución que no tiene nada que ver con aquélla. Esta es la razón por la que no hemos visto los archivos. Tal vez el Ejército sí tuvo acceso a los mismos, aunque tampoco durante mucho tiempo”. Florescu esperaba que “los ciudadanos perjudicados por la Securitate o el comunismo se acerquen a nosotros y nos comuniquen su caso.” [112]. Ante las presiones de gobiernos europeos y la opinión pública rumana, parte de los archivos se empezaron abrir en 2001 revelando “la relación entre la dictadura de Nicolae Ceausescu y la elite que hoy reina política y económicamente en Rumanía”. [113]. El gobierno rumano fue poco a poco desclasificando archivos bajo las presiones que recibía de la UE y otras instancias internacionales como una condición para continuar estrechando relaciones políticas y económicas así como por las propias demandas de la sociedad rumana.

Rumanía ha sido el único país del antiguo Telón de Acero que ha condenado oficialmente el comunismo en su parlamento, calificándolo como un sistema “ilegítimo y criminal”. Así lo consideró en 2006 el presidente Traian Basescu ante el Parlamento rumano, que anunció también la creación de una agencia oficial que estudiaría la represión comunista con el objetivo de crear “un listado de víctimas de la represión y cuantificar, dando nombres y apellidos, el alcance de la criminalidad comunista en ese país europeo. Las cifras que se barajaban entonces eran estremecedoras, pero hacían referencia solamente a estimaciones y establecían que en los 42 años de represión la cifra podría ir desde el medio millón hasta los casi dos millones«. [114].

Las cifras de la represión del régimen de Ceaucescu son aún hoy, bastante difíciles de cuantificar debido al secretismo que rodea todo lo que tiene que ver con el régimen de el «genio de los Cárpatos». En el año 2006, el presidente Traian Basescu presentó ante el Parlamento las conclusiones de la Comisión Presidencial para el Estudio de la Dictadura Comunista en Rumanía, comité dirigido por el profesor de la Universidad de Maryland, Vladimir Tismaneanu. Los resultados de la investigación quedaron plasmados en el Informe Tismaneanu que fijo una cifra de entre 500.000 y 2.000.000 las víctimas del régimen de Ceaucescu [115], incluyéndose en ella tanto los encarcelados por motivos políticos o arbitrarios, víctimas de asesinatos ordenados por la Securitate, muertes en cárceles y campos de trabajo, campesinos represaliados que se oponían a la colectivización, víctimas de las persecuciones de minorías étnicas, religiosas, sexuales y de grupos anticomunistas armados que resistieron hasta 1962 en los Cárpatos o las ya mencionadas víctimas producto de la destrucción de la economía agrícola y sanitaria de Rumanía. [116].

Basescu condenó «explícita y categóricamente» el régimen comunista de Rumanía calificándolo al igual que el Informe Tismaneanu, de «ilegítimo y criminal«. Durante la lectura de las conclusiones del mismo en el Parlamento, Basescu recibió abucheos e insultos del ultranacionalista Corneliu Vadim Tudor, líder del Partido de la Gran Rumanía (PRM) además de pasearse delante del estrado acompañado de otro diputado con carteles en los que se podía ver el rostro de Basescu tras unas rejas y la frase «cárcel para los mafiosos«, mientras el presidente del Senado, Nicolae Vacaroiu, del Partido Social Demócrata (PSD), permanecía indiferente. Miembros del PRM profirieron insultos en el mismo acto durante la lectura de los nombres de las víctimas de la dictadura. [117].

La comisión también dedicó una parte del informe a describir el fenómeno Pitesti, un programa iniciado en los primeros años del régimen mediante el cual, enemigos políticos del régimen eranencarcelados cerca de la ciudad que da nombre al siniestro experimento, todos jóvenes y obligados a delatarse y torturarse unos a otros para destruir así cualquier lealtad que no fuera al Estado. Los pocos que sobrevivieron no se recuperaron de sus trastornos psíquicos.” [119].

Por otro lado, “10.000 mujeres murieron entre 1966 y 1989 mientras intentaban abortar clandestinamente contraviniendo las políticas para el aumento de natalidad. Además, reconoce el papel de la resistencia, citando a hombres como Dan Petrescu o Paul Goma, y cifra en cerca de dos millones el número de víctimas de las más de cuatro décadas de dictadura. La Securitate (la policía política secreta) fue una organización criminal desde el principio hasta el fin«, describía el Informe Tismaneanu de 660 páginas [119]. Asociaciones rumanas han calculado que más de 200.000 personas fueron encarceladas por sus ideas políticas entre 1945 y 1989. [120].

La Rumanía postrevolucionaria

Tras la revolución popular de 1989, las esperanzas de un verdadero proceso democratizador se vieron pronto defraudadas. El 31 de diciembre, los periódicos, la radio y la televisión se encontraban aún dirigidos por miembros del partido comunista rumano. Los mismos que conspiraron para derrocar al dictador erigiéndose como los defensores de la justicia y la democracia, fueron los responsables de truncar aquellas ansias de libertad, desactivando primero la revolución y posteriormente, reconduciéndola hacia sus propios intereses. El proceso que siguió el derrocamiento de Ceausescu y los acontecimientos que se sucedieron inmediatamente después continúa rodeado de misterio. Podría decirse que la primera fase de la transición rumana culminaría con el inicio de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea en el año 2000. Para Doru Maries, la revolución de diciembre terminó convirtiéndose en un golpe de Estado liderado por Ion Iliescu, que se convirtió en presidente en el periodo que va de 1990 a 2006, el cual según su punto de vista, desde el principio era partidario de reactivar y salvar al partido comunista rumano. No solo al presidente Iliescu le interesaba restaurar la antigua burocracia comunista y por lo tanto, el poder efectivo. No pocos antiguos colaboradores de Ceaucescu, pasaron a ocupar algunos de los principales puestos de mando del país.

10 años después de la caída del dictador, muchos de los antiguos miembros del partido comunista rumano seguían siendo formando parte de la principal fuerza política mientras que el segundo era un partido de carácter ultranacionalista, el partido Gran Rumanía. [121]. Encabezado por un conocido poeta, Corneliu Vadim Tudor, ha seguido considerando la revolución como un error y no pasa un día en el que pida la revisión positiva del dictador. “Ceausescu fue un gran hombre de Estado. ¿Qué hacemos con él, que le olvidemos, que la desmitifiquemos, que le fusilemos por segunda vez?. Fue una gran figura de la historia de este país, si no preguntenle a la distinguida reina de Inglaterra porque le llevo en su carruaje. Si no le hubiera concedido los mayores honores del imperio británico, los pobres rumanos nunca nos habríamos dado cuenta de lo importante que era Ceausescu. No se pueden sacar conclusiones precipitadas. El tiempo dirá cuál es su lugar en la historia”. Por su parte, el escritor Dam Zamfirescu recordaba en tono irónico en una entrevista, “Si Ceausescu volviera de entre los muertos, habría que hacer todo de nuevo igual, también volver a matarle.”. [122]

La gran mayoría de quienes se encontraban en los puestos de dirección del Estado o de importancia nunca fueron juzgados por sus crímenes y la represión de la «revolución». Ex securistas encontraron rápidamente acomodo en el nuevo sistema “capitalista” posicionándose en los más altos puestos de dirección e influencia como fue el caso de el excapitán de la antigua policía rumana (Militia), Dinel Staicu [123].

«El Estado rumano ha sido incapaz de aclarar jurídicamente los crímenes de la revolución por su complicidad«, explica Doru Maries. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos emitió un fallo en 2014, en el que urgió al Estado rumano a procesar a los autores de los más de 1000 muertos y más de 7.000 heridos de la revolución. Dan Voinea, fiscal militar que estuvo a cargo de la investigación reconoció como el «Estado rumano rechaza hacer justicia con las víctimas del propio Estado«. Intentó procesar a Iliescu en 2008 aunque el Tribunal Constitucional falló en contra argumentando que este solo podía ser juzgado por lo civil. [124]. Esto cambio en 2015 cuando Alexandru Visinescu (antiguo director de una de las prisiones más temidas del régimen, la de Ramnicu Sarat que dirigió entre 1956 y 1963), fue condenado a 20 años de prisión por “crímenes contra la humanidad”, una sentencia hasta entonces inédita. Era el primer juicio importante contra un antiguo colaborador destacado del régimen. [125]

A casi 30 años de la ejecución del dictador, Rumanía ha visto como se recuperaba la popularidad de Ceaușescu principalmente entre campesinos y desempleados. [126]. En 2007 la casa en la que nació y creció Nicolai Ceaușescu, se convirtió en un museo [127]. En 2010 estaba planeado que en su ciudad natal, Scornicesti, se erigiera una estatua de mármol blanco de tres metros de altura en honor del conducator. En ambos proyectos de “rehabilitación” de Ceaucescu, se encuentra involucrado Emil Bărbulescu, sobrino del dictador [128]. El poeta rumano Adrian Păunescu, considerado en tiempos el «el poeta de la Corte» de Ceauşescu, dedicó al matrimonio fusilado una poesía titulada “Llanto por el viejo” que dice así en su comienzo: “Qué trágico tiempo pagano, se divide nuestro país en partidos, desde que matamos al viejo, su tumba yo no se cierra.”. [129].

En 2012, un sondeo del Instituto de Investigación de los Crímenes del Comunismo (IICCMER) revelaba como un 60% de la población consideraba que bajo el comunismo se vivía mejor a pesar de que la crisis económica que sufrió el país y que empezó a agudizarse ya desde mediados de los años 70, fue mucho peor y todo ello sin tener en cuenta la vigilancia constante y orwelliana, la propaganda, la corrupción y la alienación de la población. Mihai Burcea, investigador del centro considera que “Si Nicolae Ceausescu hubiese seguido con vida y hubiera sido candidato a las presidenciales de Rumanía, habría tenido muchas posibilidades de ganarlas«. «Este sector de nostálgicos pertenece a grupos sociales que no se han beneficiado de la economía de mercado y sufren el paro, la miseria y la marginación económica. No es que sean nostálgicos del sistema comunista como tal, sino más bien de una época en que la población era pobre, pero bastante igualitaria, y tenía una cierta seguridad en el empleo”, escribe Laurent Couderc, redactor jefe de la revista Regard. [130]. Dos años después, el 66% de los rumanos hubieran votado por Ceaucescu, un porcentaje abrumador muy por encima del que tenía por entonces el primer ministro Victor Ponta (31%) y el jefe del Estado Traian Basescu (10%). Aquel sondeo elevaba al 69%, el porcentaje de ciudadanos que creía que en Rumanía se vivía mejor durante el comunismo [131]

Este paradójico vuelco de la opinión pública hacia la implacable e inhumana dictadura rumana no hace sino reafirmar aquella cita de Benjamin Franklin, “Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad y acabará perdiendo ambas” (Those who would give up essential Liberty, to purchase a little temporary Safety, deserve neither Liberty nor Safety.). De la misma manera, la vuelta al sistema comunista del poder ilimitado y del culto a la personalidad del líder, no haría también sino reafirmar otra máxima del más célebre de los marxistas, el propio Karl Marx. Y es que en el caso de la Rumanía actual, si la historia se repitiera, haría que la tragedia que vivió el pueblo rumano se convirtiera en esta nueva ocasión, en una farsa.

Fuentes

Anexo

  • [A] Ceaucescu se había situado ya cerca del poder pocos después de que terminara la guerra. En 1947 fue nombrado ministro de Agricultura y viceministro de las Fuerzas Armadas. Los cargos se los debía a su antiguo antiguo compañero de celda durante la guerra, el por entonces jefe de gobierno, Gheorghe Gheorghiu-Dej. Serían los dos primeros títulos que Ceaucescu recibiría de una acumulación de cargos que pocos dictadores del mundo rivalizaron con Ceacescu. Rn 1950 fue nombrado mayor general ocupando al mismo tiempo el cargo de viceministro de Defensa y jefe de la Dirección Superior de Política del Ejército. Dos años después Ceaucecu accede al Comité Central del Partido y en 1954 se convierte en miembro pleno del Politburó, haciéndoss con el segundo puesto más importante en la jerarquía del partido. También sería primer ministro entre 1952 ta 1955 y presidente de la República de 1961 a 1965. Cuando muere Gheorghiu-Dej en marzo de 1965, Ceaușescu es nombrado secretario general del Partido Comunista Rumano (PCR). En 1967, presidente del Consejo del Estado y en 1974, presidente de la República.
  • [B] El llamado “no revisionismo” de la Rumanía de Nicolae Ceaucescu hacía referencia a la corriente comunista que consideraba un error los cambios políticos introducidos con la desestalinización de Nikita Jrushchov tras la muerte de Stalin. Rumanía fue el único país en el que no se llevó a cabo un proceso de desestalinización del régimen político. Las políticas de Ceaușescu estaban influenciadas por las políticas de Stalin en el campo de la economía y el desarrollo, como eran la construcción de faraónicas obras combinadas con grandes e ineficientes reformas agrarias que debían favorecer la capacidad industrial. Estos aspectos fueron señalados como uno de los factores determinantes que contribuyeron al incremento de la pobreza en el país. A pesar de todo y a diferencia de otros líderes de los países miembros del Pacto de Varsovia, Ceaușescu no era muy prosoviético, decantándose por implementar una política exterior independiente. Sus referentes políticos eran dictadores comunistas como Kim Il-sung o Mao Zedong.
  • [C] Vikingos suecos en su mayoría que formarían el futuro embrión de Rusia. Otros grupos buscarían fortuna más al sur y terminarían formando la guardia personal del emperador bizantino, la Guardia Varega.
  • [D] Vlad «el Empalador» de Transilvania, la auténtica y sanguinaria historia del Conde Drácula. http://tinyurl.com/ycqysjj2
  • [E] Alberto Sotillo comentaba en su artículo ‘¿Revolución o fraude?’ como Virgil Magureanu actuaba como hombre de confianza de lliescu y enlace de este con la Securitate y los militares. Cayó en desgracia ante Ceaucescu pero hasta ese momento fue un miembro activo de una particular oposición interna. Magureanu reorganizó. Magureanu “fue el encargado de convertir a la Securitate en el actual Servicio Rumano de Infor-maciones (SRI), que pasó a dirigir tras la revolución. Una tarea que no le sería del todo ajena, ya que nuestras fuentes aseguran que Magureanu había sido años antes colaborador de la Securitate.Según la Agencia Central de Inteligencia, Măgureanu fue nombrado al cargo principalmente por su condición de «disidente» dentro del régimen de Ceauşescu, basado en sus enseñanzas en la academia de ciencias sociales del partido comunista durante la década de 1980. Inicialmente Măgureanu logró ocultar su pertenencia a la Securitate de las autoridades poscomunistas, pero su afiliación fue expuesta por la prensa años más tarde.Los servicios de inteligencia occidentales descubrieron que inmediatamente después de su nombramiento, en abril de 1990, Măgureanu se reunió en secreto con el jefe del KGB, Evghenii Primakov, sin informar a las autoridades políticas en Rumanía. Los contactos de Măgureanu con la KGB seguían siendo desconocidos para la Presidencia y los gobiernos rumanos hasta 2003, cuando los servicios occidentales que supervisaron esos contactos informaron a Bucarest.Según la CIA, las actividades de Măgureanu, y el hecho de que el jefe de la CIA en Bucarest durante 1990-92, Harold James Nicholson fue expuesto más tarde como agente soviético, seguido del arresto de Aldrich Ames en 1994, dio lugar a relaciones de inteligencia más estrechas entre Rumanía y Occidente imposible durante la primera mitad de los años noventa” [¿Revolución o fraude?. Alberto Sotillo. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1991/05/13/046.html
  • [F] Conducator deriva del verbo rumano a conduce (latín ducere —«liderar»—). Es una variación de Duce y tiene un significado similar a títulos como Führer o Caudillo.
  • El clan de los Ceaucescu. La familia del dictador rumano derrocado ha protagonizado numerosos abusos y escándalos. https://elpais.com/diario/1989/12/28/internacional/630802809_850215.html
  • Ceausescu.org (ed.). «Nicolae Ceausescu Chronology». Consultado el 7 de febrero de 2012. http://www.ceausescu.org/ceausescu_texts/ceausescu_chronology.htm
  • Jurnalul Național, ed. (17 de noviembre de 2009). «Cum ar trebui să fie apreciat Nicolae Ceaușescu în manualele de istorie?» (en rumano). Consultado el 7 de febrero de 2012. http://www.jurnalul.ro/special/cum-ar-trebui-sa-fie-apreciat-nicolae-ceausescu-in-manualele-de-istorie-527540.htm
  • Larry L. Watts, Intelligence Reform in Europe’s Emerging Democracies (CIA website). https://www.cia.gov/library/center-for-the-study-of-intelligence/csi-publications/csi-studies/studies/vol48no1/article02.html
  • La nueva Rumanía. La revolución ha despertado un ansia de lucha contra la corrupción. Bucarest 3 Enero 1990. https://elpais.com/diario/1990/01/03/internacional/631321211_850215.html
  • El apoyo del Banco Mundial y del FMI a las dictaduras. Eric Toussaint. https://www.alainet.org/es/articulo/172870
  • Half a million kids survived Romania’s ‘slaughterhouses of souls.’ Now they want justice. GlobalPost. December 28, 2015. Vlad Odobescu. https://www.pri.org/stories/2015-12-28/half-million-kids-survived-romanias-slaughterhouses-souls-now-they-want-justice

 

Álvaro Peredo

Creador de Piratas y Emperadores en 2003. Ingeniero informático creador de la web texacotoxico.org, proyecto a iniciativa de Pablo Fajardo en demanda de reconocimiento e indemnizaciones a los afectados por la grave contaminación provocada por Texaco (Chevron) en Ecuador.

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