«Hombres Lobo» en el ocaso nazi
Tras la invasión aliada de Normandía y el inexorable avance soviético en el este, el régimen nazi ideó un plan para llevar a cabo una resistencia en aquellas áreas que cayeran en manos del enemigo, incluso en caso de una derrota total. Este plan, conocido como Werwolf, buscaba mantener activa la lucha contra las fuerzas de ocupación aliadas en Alemania hasta la última bala y el último hombre, fuera soldado o civil.
Los «Hombres Lobo» nazis no tuvieron prácticamente ningún impacto en el desarrollo de las últimas fases de la guerra, y no consiguieron ninguno de sus objetivos. Es cierto que tuvieron un cierto impacto psicológico en los aliados occidentales, mientras que en el bando soviético utilizaron al Werwolf como chivo expiatorio para todo tipo de incidentes y para la obtención de las confesiones más surrealistas.
En este artículo, exploraremos la sombría historia de los hombres lobo nazis en el caos de los últimos meses de la guerra, su apresurada formación, motivaciones, su falta de recursos, objetivos y coordinación, y en definitiva, la diferencia entre la leyenda y el mito que los vieron nacer, y la realidad que la propaganda nazi ocultó hasta el final.
El folclore nazi de los «hombres lobo»
En alemán, Werwolf significa hombre-lobo. No se sabe con certeza cómo y quién eligió el nombre de la unidad, aunque alude a la novela de Hermann Löns, Der Wehrwolf, publicada en 1910. Der Wehrwolf narra la vida de un campesino de la Baja Sajonia llamado Harm Wulf durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).
Tras la muerte de su familia a manos de unos soldados saqueadores, Wulf organiza una milicia compuesta por vecinos del pueblo, con los que persigue sin descanso a los asesinos para, finalmente, dar con ellos y terminar asesinándolos. La vida del werwolf de Löns se caracterizaba por estar siempre alertar en torno a los grupos de soldados saqueadores, ocultándose en sus escondites en el bosque, y saliendo al amparo de la noche para dar caza a sus enemigos. [1]
Se cree que Löns escogió el nombre por tener un doble significado. Por un lado hacía referencia a la reacción de los campesinos, que se defendieron luchando (sich wehren), mientras que la otra parte de la palabra hacía referencia al apellido del protagonista, Wulf. El segundo significado sería, por lo tanto, «hombre lobo de defensa» (wehrender Wulf). También se ha vinculado que la palabra Werwolf hacía referencia, a que los miembros del grupo de Wulf disfrutaban matando. Löns fue una pangermanista acérrimo hasta su muerte en 1914. Su obra fue reverenciada tanto por los nacionalistas alemanes primero como más tarde por los nacional – socialistas. [2]
Acciones «terribles pero hermosas»
La novela Der Wehrwolf serviría de inspiración a los nazis cuando nuevos tiempos oscuros se cernían sobre el III Reich. Los nazis se veían a sí mismos como los campesinos de la Guerra de los Treinta años, que luchaban por sobrevivir de la completa destrucción provocada por las hordas extranjeras. Los personajes de la novela compartían además con los nazis el consuelo de pertenencia al volk, algo que en Alemania tradicionalmente se ha relacionado con la comunidad asociada al pseudocientífico concepto de «raza».
Una comunidad cerrada de gente común que, ante el ataque y la amenaza de destrucción, se unía y se transformaban en guerreros feroces capaces de llevar a cabo acciones «terribles pero hermosas». Este folclóre popular, que gustaba tanto a los nazis, les inspiró para formar las unidades Werwolf con los elementos más fanáticos que quedaban de las SS y las Juventudes Hitlerianas.
Eran los hombres lobo de la mitología romántica alemana, que el historiador Eric Kurlander describió como: «Según algunos folcloristas alemanes del siglo XIX y principios del XX, los hombres lobo representaban personajes defectuosos, pero bienintencionados que pueden ser bestiales, pero están atados al bosque, la sangre, la tierra. Representaban la fuerza y la pureza alemanas contra los intrusos». La criatura simbolizaba la fuerza y el espíritu alemán, y estimulaba el culto a la idealización de las más oscuras fantasías de venganza contra todo extranjero, que en generalmente era considerado inferior (Untermensch). [3]
Desde el comienzo de la guerra, Hitler recurrió al folclore germánico y a las leyendas ocultas para complementar la pompa nazi. Los nazis de alto rango investigaron de todo, desde el Santo Grial hasta la brujería, como describe el historiador Eric Kurlander en su libro Hitler’s Monsters: A Supernatural History of the Third Reich. Los hombres lobo serían uno de los últimos intentos desesperados del III Reich de mantener viva la Alemania nazi hasta el último hombre, y el enésimo intento de adaptar la mitología germana para ser explotada con motivos propagandísticos y militares.
Organizando a los hombres lobo nazis
El folclore y la mitología germánica y nórdica siempre habían fascinado a Hitler que, al igual que Himmler no solían distinguir entre leyenda e historia, o se dejaban llevar por todo lo esotérico creyendo que la cultura alemana era superior al resto. Ambos mezclaron conceptos tan variopintos como el ocultismo y la mitología germánica y nórdica, con las ideas del «superhombre» de Nietzsche (aunque a este seguramente le hubiera horrorizado aquel «cabo bohemio»).
En 1944, a medida que las tropas aliadas comenzaban a abrirse camino hacia Berlín tras el desembarco de Normandía, surge la idea de la unidad Werwolf. Originalmente propuesta por Martin Bormann, recibió el apoyo de Heinrich Himmler, así como del propio Adolf Hitler. La idea tomaba su nombre también de otro plan previo llamado Operación Hombre Lobo, consistente en misiones de infiltración sobre los campamentos Aliados, para llevar a cabo acciones sabotaje en líneas de suministro mediante grupos paramilitares.
Desde su Guarida del Lobo, el principal cuartel general del frente oriental (en Kętrzyn, Polonia), Hitler apoyó la idea. Los oficiales de las SS Adolf Prützmann y Otto Skorzeny y sus unidades, llevarían a cabo estas misiones. No obstante, el plan pronto se modificó, pasando de ser un conjunto de acciones irregulares llevadas a cabo por «fuerzas especiales», a la constitución de unidades formadas por los elementos más fanáticos (y menos entrenados) que quedaban en las SS y las Juventudes Hitlerianas.
El objetivo era claro. Atacar y desestabilizar al enemigo allá donde fuera posible, en una resistencia «heroica» siguiendo la idea de la novela de Löns, no solo hasta el último de los soldados alemanes, hasta el último alemán. Y es que la idea del Werwolf se haría extensible a todo alemán, hombre o mujer, que fuera capaz de poder empuñar un arma de cualquier tipo y emplearla frente al invasor.
Himmler puso el frente del Werwolf al Teniente General de las SS, Hans Prützmann, con el rango de Generalinspekteur für Spezialabwehr (Inspector General de Defensa Especial). Destinado en aquel momento en Königsberg, se le ordenó regresar para establecer el cuartel general del Werwolf en Berlín. Prützmann había estudiado las tácticas guerrilleras durante su estancia en Ucrania durante la ocupación alemana. Su tarea consistía en formar un grupo de fuerzas voluntarias para convertirlas en combatientes capaces de valerse de todas las ventajas de la guerra de guerrillas, siendo capaces de operar discretamente tras las líneas enemigas.
Se cree que el Werwolf estaba compuesto por entre 200 y 5000 miembros, incluyendo tanto hombres como mujeres. El propósito de los miembros del Werwolf era sembrar el miedo y el caos, lanzando un mensaje a los soldados Aliados de que ofrecerían una resistencia fanática hasta la muerte, y que la muerte les estaría esperando allá donde menos se lo esperaran.
A la unidad se le asignó una emisora de radio (Werwolfsender), desde donde se publicaban y transmitían mensajes que alentaban a la población a llevar ataques contra los enemigos del Reich. El Werwolf también disponía de un periódico. El periódico de la localidad de Celle publicó por capítulos la novela Der Wehrwolf desde enero de 1945, en un intento de motivar a la población, y como forma de mantener el miedo en los partidarios de la rendición. La emisora Werwolf también radió por capítulos la novela de Löns. [4]
Las unidades carecían de libertad de movimientos, no era un cuerpo descentralizado, estando sujeto en todo momento a las órdenes del Alto Mando alemán. En sus acciones utilizaban uniformes formales del ejército, por lo que en caso de ser capturados, serían tratados como soldados. El Werwolf no era una idea completamente original. Las SS ya disponían de la unidad Jagdverbände que dirigía Otto Skorzeny, mientras que la Gestapo y el SD disponían de una unidad similar con el nombre en clave de Bundschuh, pero la gran rivalidad existente entre las facciones del Partido, las SS y el Ejército desde los mismos comienzos del III Reich, hacían poco eficientes todas estas organizaciones, al no coordinarse adecuadamente entre sí, y responder únicamente antes sus superiores o ante el Führer. [5]


Capitular, ¡nunca!
El comienzo de la actividad del Werwolf se asocia a menudo con el discurso pronunciado por Werner Naumann, Secretario de Estado del Ministerio de Propaganda, el 23 de marzo de 1945, en la Hofbräuhaus de Múnich. Ese discurso sería publicado con el título «Capitular, ¡nunca!». [6] El régimen nazi lanzaba un mensaje muy contudente, incluso cuando ya estaba todo perdido. El discurso era una arenga destinada a todo «verdadero alemán», y su obligación de luchar hasta la muerte. Este discurso estaba en línea con la fanática idea de Hitler de no rendirse aún con todo perdido. El 14 de abril Hitler hizo llegar una «Orden del día» al grupo de ejércitos del Vístula en la que recordaba que «Todo aquel que no cumpla con su labor será tratado como un traidor a nuestro pueblo». [7]
Hitler prefería la desaparición del pueblo alemán, antes que la rendición, tal y como quedó establecido en su decreto de Tierra Arrasada o Decreto Nerón: «El pueblo alemán no ha luchado heroicamente, merece perecer. No soy yo quien ha perdido la guerra, sino el pueblo alemán.[…] Si se pierde la guerra, la gente también se perderá. No es necesario preocuparse por lo que el pueblo alemán necesitará para la supervivencia elemental. Al contrario, es mejor que lo destruyamos. Porque la nación ha demostrado ser la más débil, y el futuro pertenece únicamente a las naciones orientales más fuertes. En todo caso, solo los inferiores quedarán después de esta lucha, porque los buenos ya han caído». [8]

El Werwolf te observa
A medida que los Aliados se internaban en Alemania, un símbolo comenzó a aparecer en los muros y paredes de las ciudades y pueblos que perdía el régimen nazi. Era la marca de la organización Werwolf». «La mayoría de los miembros del Cuerpo de Contrainteligencia opinaban que era simplemente una esvástica dibujada apresuradamente», escribió el oficial de inteligencia estadounidense Frank Manuel en sus memorias. Pero Manuel conocía que el símbolo era la marca de los hombres lobo nazis, preparados «para derribar al soldado aislado en su jeep, al policía militar de patrulla, al tonto que sale a cortejar después del anochecer, al fanfarrón yanqui que toma un camino secundario». [9]
También a lo largo de las calles de pueblos y ciudades, aparecían mensajes amenazantes destinados a los propios alemanes, advirtiendo: «Traidor, ve con ojo; la Werwolf te observa». Un documento con fecha del 4 de abril, definía el verdadero objetivo del Werwolf: «Conocemos los planes del enemigo, y sabemos que tras la derrota no habrá ninguna oportunidad de que Alemania vuelva a levantarse como hizo tras 1918». Una parte importante de lo que se sabe a nivel operación es gracias al Werwolf Combat Instruction Manual, un documento publicado por las fuerzas de ocupación británicas después de la Segunda Guerra Mundial, que contenía instrucciones y directrices oficiales sobre la organización y las tácticas del Werwolf. [10]
En octubre de 1944 comienzan a ponerse en práctica los grupos Werwolf sobre el terreno. No era una guerrilla en el más clásico sentido de la palabra, sino más bien un intento de formar un cuerpo de fuerzas especiales, siguiendo el modelo de otras unidades alemanas especiales como la División Brandeburgo. Los Brandenburgueses, eran expertos paracaidistas, tenían conocimientos en explosivos y dominaban varios idiomas, además de otras muchas habilidades. Pero no había tiempo para formar a los hombres lobo al nivel de los Brandenburgueses, y su función era más parecida a la de una unidad suicida, que un grupo guerrillero o de fuerzas especiales. Según el historiador Perry Biddiscombe, «la estrategia original en 1944-45, no era ganar la guerra mediante operaciones de guerrilla, sino simplemente detener la marea, retrasando al enemigo lo suficiente como para permitir un arreglo político favorable a Alemania». [11]
A principios de 1945, el Obersturmbannführer de las SS, Otto Skorzeny, (un brandenburgueses) participó en el entrenamiento de reclutas para los Werwolf, pero pronto descubrió que el número de células de Werwolf había sido muy exagerado y que serían ineficaces como fuerza de combate. Sabiendo, como muchos otros, que la guerra estaba perdida, decidió que el Werwolf podría ser utilizado como parte de un «ferrocarril subterráneo», para facilitar las huidas de nazis a través de las «rutas de las ratas», que permitieron a decenas de oficiales de las SS y otros nazis, evitar ser capturados por los Aliados. [12]
En teoría, los miembros del Werwolf habían sido formados en «técnicas de sabotaje con latas de sopa de rabo de buey Heinz rellenas de explosivo plástico, que hacían explotar con detonadores en forma de lápiz capturados a los británicos. Se ingenió toda una gama de artículos e incluso prendas de vestir confeccionados con nipolit, lo que incluía impermeables con forros explosivos. A los reclutas de la Werwolf se les enseñaba a matar a los centinelas con una soga de un metro aproximado provista de un nudo corredizo o una pistola Walther con silenciador». Se incautaron documentos en los que se establecía como debían actuar los hombres lobo: «¡Torna el día en noche y la noche en día! Ataca al enemigo allí donde lo encuentres. ¡Hay que ser astuto! Roba armas, munición y raciones. Mujeres que nos apoyáis, respaldad la batalla de la Werwolf siempre que os sea posible».
Debían operar en grupos de entre tres y seis hombres, recibiendo raciones para sesenta días. «Se hizo especial hincapié en las reservas de gasolina y petróleo» en lo relativo a los objetivos sobre los que llevar a cabo ataques. Otro aspecto clave era la comunicación, para lo cual, «Las autoridades nazis solicitaron dos mil radios y cinco mil equipos explosivos, aunque no fueron muchos los que estuvieron listos a tiempo. Se recogieron las bombas incendiarias que habían dejado caer los aviones estadounidenses y se obligó a los que se hallaban recluidos en campos de concentración a inspeccionarlas y extraer el material para que pudiese ser reutilizado». [13]



El principio del fin : El Discurso de Goebbels del Hombre Lobo
El 23 de marzo de 1945, Goebbels emitió su conocido Discurso del Hombre Lobo, en el que hacía un llamamiento a la población para que luchara hasta la muerte. El domingo de Pascua de abril de 1945, la transmisión de Goebbels comenzó con el aullido de un lobo, seguido de un anuncio siniestro: «Dondequiera que tengamos la oportunidad de quitarles la vida, lo haremos con placer y sin tener en cuenta nuestras propias vidas. El odio es nuestra oración. La venganza es nuestro grito de batalla». Luego, una voz femenina añadió: «Soy tan salvaje, estoy llena de ira, Lily el hombre lobo es mi nombre. Muerdo, como, no soy manso. Mis dientes de hombre lobo muerden al enemigo. Y entonces ha terminado, y se ha marchado». [14]
Las autoridades estadounidenses tomaron la amenaza en serio. Según las investigaciones de Stephen G. Fritz y su libro Endkampf, un informe de mayo de 1945 decía: «La organización Werewolf no es un mito… En cada ciudad importante, la organización Werewolf está dirigida por un oficial del SD… La membresía de los hombres lobo está compuesta por personas de todas las edades y de ambos sexos, con una alta proporción de menores de veinte años… Se estima que los cuadros actuales de los Hombres Lobo suman más de 2000». [15]
Las tropas estadounidenses recibieron un manual con información sobre la forma de actuar del Werewolf, la Guía de bolsillo n.° 10, que contenía advertencias sobre el juego sucio que practicaban los alemanes, y que no podían confiar en general en ningún alemán. A los soldados se les recordaba constantemente que mantuvieran la distancia y los ojos abiertos. El manual decía: «¡Estás en país enemigo! Estas personas no son nuestros Aliados ni nuestros amigos. Por muy amables y arrepentidos que estén, por muy hartos que estén del Partido Nazi, los alemanes han pecado contra las leyes de la Humanidad y no pueden volver al redil civilizado, simplemente extendiendo las manos y diciendo ‘Lo siento…». La Radio de las Fuerzas Armadas también hizo una declaración similar: «Cada civil alemán amistoso es un soldado disfrazado de odio. Armados con la convicción interna de que los alemanes siguen siendo superiores… [creen] que un día será su destino destruirte. Su odio y su ira… están profundamente enterrados en su sangre. Una sonrisa es su arma para desarmarte… En corazón, cuerpo y espíritu, cada alemán es Hitler».
El 27 de enero de 1945, la revista estadounidense Collier’s Weekly publicó un artículo, en el que describía cómo se estaba reclutando entre las SS y las Juventudes Hitlerianas, nuevos miembros para ser y entrenados en atacar a las fuerzas aliadas. El artículo citaba una declaración del Ministro de Propaganda Joseph Goebbels que decía: «El enemigo será tomado por la retaguardia por la población fanática, que lo inquietará incesantemente, amarrará poderosas fuerzas y no le permitirá descanso ni explotación de ningún posible éxito». [16]
El día 1 de abril, el régimen nazi hizo un nuevo llamamiento destinado a todo el pueblo alemán, para unirse o apoyar al Werwolf y en general a la resistencia: «Todo bolchevique, todo inglés, todo estadounidense que pise nuestro suelo deberá convertirse en objetivo de nuestro movimiento… Cualquier alemán, cualesquiera que sean su profesión o su posición social, que se ponga al servicio del enemigo y colabore con él sentirá el peso de nuestro brazo vengador… Para nosotros sólo queda un lema: Conquista o muere». Una nueva orden emitida pocos días después por Himmler decía: «Debe abatirse a todos los varones que habiten en una casa en que se despliegue la bandera blanca. No debe perderse un solo segundo en ejecutar estas medidas. Todo hombre mayor de catorce años será considerado responsable de sus actos». [17]
El ocaso de los hombres lobo
En el frente oriental, los rápidos avances del Ejército Rojo entre enero hasta marzo, no permitieron que se pudiese instruir y equipar adecuadamente a nuevos grupos de hombres lobo. En la zona occidental, los Aliados se fueron dando cuenta que el Werwolf estaba completamente desorganizada y carente de miembros capacitados. Los escondites y refugios apenas contaban con víveres «para diez o quince días». El fanatismo inicial de los miembros de las Juventudes Hitlerianas que capturaban, poco a poco se desvanecía. Los nuevos prisioneros eran «poco más que jóvenes infelices y asustados». Muy pocos utilizaron las cápsulas cianuro que se les había proporcionado «para escapar a los rigores del interrogatorio y, sobre todo, al incentivo de cometer un acto de traición». Muchos de ellos desobedecieron órdenes de sus superiores cuando los enviaban a preparar ataques, prefiriendo regresar a sus casas. En este sentido, el fracaso fue evidente, y evidenciaba que el Werwolf no encajaba con el carácter nacional. «Los alemanes no somos una nación de guerrilleros, escribió en su diario una anónima berlinesa. Seguimos a un dirigente capaz de dar órdenes». [18]
Tanto Skorzeny como Prützmann perdieron rápidamente la motivación que tenían en el Werwolf, a medida que el avance de los Aliados era mayor (si se acepta la versión de Skorzeny durante su interrogatorio tras ser capturado. Prützmann se suicidó tras una breve entrevista). Himmler quiso jugar la carta del Werwolf para salvar la vida, cuando a mediados de abril ofreció llevar a cabo negociaciones vía Suecia, a cambio de reducir la actividad de los hombres lobo únicamente a propaganda. Sin embargo, la emisora de la organización estaba controlada por Goebbels, y este continuaba ordenando acciones de guerrilla. Pero a medida que se hacía más real la posibilidad de un colapso, la mayoría de los hombres logo se mostraban más partidarios de abandonar la lucha.
Miembros de las SS se valieron de documentos del Werwolf, «a fin de librarse de ser perseguidos, hacían todo cuanto estaba en sus manos por obtener para sí los documentos falsos que se habían elaborado para los miembros de la Werwolf. Otros se procuraban uniformes de la Wehrmacht y cartillas de fallecidos con la intención de proporcionarse una nueva identidad. Los soldados alemanes se sentían indignados al saber que muchos oficiales de las SS, organización que había llevado a cabo ejecuciones al azar por deserción, estaban preparando su propia huida». [19]
A medida que la guerra llegaba a su fin, los ataques y acciones individuales llevados a cabo por fanáticos nazis o pequeños grupos de las SS, sembraron la confusión entre los Aliados, quienes no lograban comprender estas acciones desesperadas. Por otro lado, muchos de los grupos Werwolf fueron descubiertos y neutralizados rápidamente, impidiendo que muchos de sus ataques se llevaran a cabo siquiera.
Propaganda vs realidad
Otto Scorzeny y Jurgen Stroup se hicieron a cargo del entrenamiento de los reclutas para hombres lobo durante la última fase de la guerra, quedando atónitos al ver cómo la propaganda había exagerado las proporciones de las fuerzas reales del grupo. La prensa también ayudó a perpetuar el miedo, ya que los titulares de los periódicos exageraron dramáticamente la realidad. Uno de ellos decía: «La furia de los ‘hombres lobo’ nazis se desatará contra los invasores». Hans Adolf Prützmann era considerado por sus colegas como ineficiente y falto de inspiración, mientras que Walter Schellenberg, Jefe de Inteligencia Extranjera, consideraba toda la operación: «criminal y estúpida». [20]
El Werwolf no se había organizado en torno a cómo proceder en caso de derrota total, ni hubo planes claros para mantener las acciones tras un colapso del III Reich. Muchas acciones las llevaron a cabo francotiradores, junto con actos aislados de sabotaje y asesinato, acciones que siempre estaban coordinadas por la Wehrmacht. Es decir, el Werwolf en realidad no tenía ninguna autonomía ni capacidad para continuar la lucha, era una fantasía creer que se podría continuar resistiendo tras la caída de Berlín.
Los archivos capturados del Werwolf, revelaron que los hombres lobo contaban con una amplia variedad de armas, incluyendo pistolas Walther con silenciador, explosivos y otros equipos. Otras fuentes, sin embargo, hablan de una gran carencia de recursos, que solo permitían operar unos días a los hombres lobo. Los escondites se prepararon de manera completamente desorganizada, y en muchos casos, quedaron olvidados. Con el tiempo se descubriría que las armas ocultas eran tan escasas, que apenas habrían sido suficientes para llevar a cabo un puñado de acciones simbólicas.
El grupo sufría desde el principio de una falta de organización y coordinación debido al caos de la última fase de la guerra, pero también a las rivalidades entre el Ejército y las SS. Al final de la guerra, pocos sabían dónde se encontraban los escondites, y qué instrucciones seguir. Ante esta situación, los hombres lobo simplemente abandonaron sus planes, y se unieron a la retirada de las tropas regulares alemanas hacia el oeste. Después de la guerra, muchos de los depósitos de armas en el este de Alemania fueron encontrados intactos por el Ejército Rojo. [21]
El Werwolf llegó demasiado tarde para que sus miembros pudieran ser entrenados adecuadamente, y adquirieran un cierto nivel equiparable a unidades como la División Brandemburgo, de forma que pudieran llevar acciones similares entre los ejércitos de ocupación. Por todo ello, los miembros del Werwolf estaban más cerca de ser un puñado de fanáticos suicidas, que un verdadero grupo guerrillero o una unidad de fuerzas especiales.
Jóvenes de las Juventudes Hitlerianas eran enviados en misiones para preparar escondites con armas y explosivos. Recibían órdenes para llevar a cabo misiones, y una vez cumplidas, regresaban a sus casas como si no hubiera sucedido nada. La instrucción fue tan limitada y precipitada, que era «más probable que acabasen volando por los aires ellos mismos en lugar de sus objetivos». [22]
Tras la capitulación del 7 de mayo de 1945, una calma incómoda y tensa se instaló en el país. La población estaba agotada, y nunca tuvo la intención de continuar la lucha, a pesar de la existencia de no pocos refugios y escondites dispersos por toda Alemania. Francotiradores continuaron disparando a soldados Aliados de forma aislada, pero todo había terminado, y los hombres lobo, bien fueron cazados o regresaron a sus escondites en el bosque para no salir nunca más de caza.

Balance
La ilusión de una resistencia secreta organizada tras la ocupación de Alemania, no fue sino una ocurrencia propagandística más, de un régimen en el que la impostura, las mentiras y las rivalidades fueron la norma hasta la misma caída del bunker de la Cancillería de Berlín. Goebbels soño con un auténtico movimiento de fanáticos que lucharan hasta el final, y llevaran a cabo acciones desesperadas y heróicas.
La realidad es que nunca se organizaron ni se coordinaron medios, recursos y objetivos, para desarrollar una fuerza de resistencia que pudiera estar activa durante años, y mucho menos que fuera competente y bien formada. En lo único que obtuvo un cierto impacto el Werwolf, fue en el plano psicológico, pues cada accidente, desgracia o ataque en el bando aliado tras el suicidio de Hitler se atribuía a hombres lobo.
Aunque el temor a una insurgencia nazi estuvo muy presente durante los primeros meses de ocupación, en realidad las principales víctimas de los últimos nazis y hombres lobo, fue la propia población alemana. Se ha calculado que cientos, sino miles de alemanes fueron asesinados en los últimos meses de la guerra, por compatriotas bajo la acusación de «colaboracionismo». Para el régimen nazi «la amenaza de matar a todo el que colaborase con los Aliados, tenía la intención de evitar una “política Stresemann”, con lo que se hacía referencia a la firma de Gustav Stresemann del Tratado de Versalles en 1919. El Partido Nazi estaba sustentado sobre la humillación de aquella derrota, y en esos momentos tenía un gran interés en hacer regresar a Alemania su recuerdo». [23]
El Werwolf fue un rotundo fracaso por muchas razones. Desde el caos de los últimos meses de la guerra, la burocracia interna, la falta de entrenamiento, suministros militares, a una clara falta de objetivos a largo plazo y por supuesto de decisión para continuar la lucha.
La única víctima atribuida sin ningún género de dudas al Werwolf, fue el Dr. Franz Oppenhoff, quien fue nombrado alcalde por los Aliados en la ciudad de Aquisgrán en marzo de 1945. Fue localizado por un grupo de hombres lobo, mientras la unidad se hacían pasar por pilotos perdidos que buscaban el frente. Cuando Oppenhof trató de persuadirlos para que se rindieran, fue ejecutado de un disparo.
Otras posibles víctimas, no confirmadas, fueron:
- Mayor John Poston, oficial británico de enlace del Mariscal de Campo Bernard Law Montgomery. Fue asesinado por atacantes no identificados antes de la rendición de Alemania.
- Coronel general Nikolai Berzarin, Comandante soviético de la guarnición de Berlín, asesinado el 16 de junio de 1945. Los informes soviéticos afirmaron que Berzarin murió en un accidente automovilístico, aunque los civiles berlineses atribuyeron su muerte a una conspiración de la NKVD debido al trato amable que había dispensado a la población civil superviviente.
- La propaganda radiofónica del Werwolf también reclamó en abril de 1945 la muerte del mayor general Maurice Rose, el oficial estadounidense de mayor rango que murió en suelo europeo durante la guerra. Sin embargo, Rose en realidad fue asesinado por soldados alemanes regulares cuando su vehículo se encontró con un blindado alemán.
El mito de Werwolf alcanzó también al espionaje y al contraespionaje soviético. En la zona de ocupación soviética, miles de jóvenes fueron arrestados como «hombres lobo». Evidentemente, los arrestos fueron arbitrarios y en parte basados en denuncias falsas o interesadas. Los niños arrestados fueron ejecutados o internados en campos especiales de la NKVD . El 22 de junio de 1945, el comisario adjunto de la NKVD Ivan Serov, informó al jefe de la NKVD Lavrentiy Beria del arresto de «más de 600» presuntos miembros Werwolf, en su mayoría de 15 a 17 años. [24]
El SMERSH relacionó casi cada incidente ocurrido durante la ocupación de Alemania, con operaciones del Werwolf. Del centenar de alemanes que a principios de mayo de 1945 arrestaba la NKVD, más de la mitad eran interrogados por el SMERSH. «Los niños a los que encontraban jugando con bazucas y otras armas abandonadas habían de enfrentarse a interrogatorios como sospechosos de pertenecer a la Werwolf, y al SMERSH no le interesaba otra cosa que no fuesen las confesiones». [25]
A menudo los interrogadores del SMERSH acusaban a civiles alemanes de ser miembros del Werwolf, obligándolos a confesar invenciones tan surrealistas, como que habían utilizado «sustancias químicas con las que envenenar pozos y ríos». Pero el invento más absurdo de la propaganda soviética, fue la idea de que «el servicio alemán de inteligencia había dejado a un buen número de berlinesas infectadas de enfermedades venéreas, a fin de que contagiasen a los oficiales del Ejército Rojo». En un informe del NKVD se relacionaba este mito con el Werwolf: «Algunos miembros de la organización clandestina Werwolf, muchachas en su mayoría, recibieron de sus dirigentes la misión de infectar a los comandantes soviéticos de tal manera que no pudiesen cumplir con su deber». Para cubrir la vergüenza de las violaciones en masa del Ejército Rojo, «antes incluso del ataque efectuado desde el Óder, las autoridades soviéticas achacaron el incremento de las enfermedades de transmisión sexual al hecho de que el enemigo estuviese ‘dispuesto a usar cualquier método que pueda debilitarnos y dejarnos fuera de servicio’» [26]
El mito del Werwolf también puede encontrarse en la novela de Frederick Forsyth, El archivo de ODESSA: «A diferencia de su homónimo de la mitología de Hollywood y del cine británico, el Werwolf alemán no es un tipo raro al que le crecen pelos en las manos en las noches de luna llena. En la antigua mitología germánica, el Werwolf es una figura patriótica que, cuando los héroes teutónicos tienen que exiliarse, obligados por el invasor, él permanece en el país y, desde las sombras de los grandes bosques, dirige la resistencia. Actúa de noche, sin ser visto, y por todo rastro deja una huella de lobo impresa en la nieve. Cuando acabó la guerra, varios oficiales de la SS, convencidos de que los invasores aliados serían destruidos en poco tiempo, adiestraron y adoctrinaron a unos grupos de mozalbetes fanáticos para que permanecieran en la brecha, saboteando a los ocupantes aliados. Los formaban en Baviera, que estaba ya siendo ocupada por los americanos. Aquéllos fueron los primeros werwolves. Afortunadamente para ellos, no llegaron a poner en práctica sus enseñanzas, ya que, después de descubrir Dachau, los GIs sólo estaban esperando que alguien hiciese algo. Cuando, tres o cuatro años después de la guerra, ODESSA empezó a infiltrarse en la Alemania Federal, su jefe supremo era uno de los que adiestraron a los werwolves de 1945. El adoptó el nombre para sí. Era lo bastante simbólico y melodramático para satisfacer la afición de los alemanes por el teatro. Ahora bien: la forma en que ODESSA despachaba a los que contrariaban sus planes, nada tenia de teatral. El Werwolf de fines de 1963 era el tercero que ostentaba el titulo. Se trataba de un hombre fanático y astuto, y se mantenía en constante contacto con sus superiores de la Argentina, para velar por los intereses de todos los antiguos miembros de la SS que permanecían en Alemania Occidental y, muy particularmente, los de alta graduación o que figuraban en lugar preferente en las listas de reclamados». [27]
Y aunque la novela de Forsyth es pura ficción, durante mucho tiempo e incluso actualmente se sigue considerando que está basada en hechos reales creando así una falsa sensación de qué estás organizaciones nacionalsocialistas sobrevivieron de alguna manera a la guerra y a la propia guerra fría y aún se encuentran presentes hoy en día entre nosotros.

Epílogo
La amenaza de los Hombres Lobo nunca se materializó, porque nunca hubo una verdadera estrategia a largo plazo del régimen nazi, y una clara decisión de llevar una resistencia a largo plazo. El Werwolf sí que tuvo un cierto impacto psicológico en los Aliados, pero no tuvo ninguna incidencia en el avance en ambos frentes.
En realidad, la inteligencia estadounidense consideró como una amenaza más grave para el orden de posguerra, la actividad de una organización que se había apropiado del nombre del grupo de resistencia antinazi, Edelweiss Piraten (Piratas de Edelweiss), grupo compuesto principalmente por exmiembros y oficiales de las unidades de las Juventudes Hitlerianas, y exsoldados, que fue considerado en un informe de inteligencia como «un [movimiento] sentimental, aventurero y románticamente antisocial». [28]
A finales de 1946, tanto los últimos Hombres Lobo, como los últimos Piratas de Edelweiss (Edelweißpiraten) habían sido ya detenidos o liquidados. Con el tiempo, la realidad terminaría desmontando a la propaganda nazi a base de documentos de los propios aliados, ofreciendo una versión muy distinta tanto de la efectividad, como de la preparación, como de la capacidad del Werwolf. Una vez más, quedó en evidencia cómo la mentira destruyó desde dentro al régimen nazi, y cómo este era en realidad su peor enemigo.
FUENTES
- [1] Berlín: La caída: 1945. Antony Beevor. pag. 173
- [2] Wehrwolf or Werwolf? Literature, Legend, or Lexical Error into Nazi Propaganda? Roderick H. Watt. (October 1992). The Modern Language Review. The Modern Language Review, Vol. 87, No. 4.
Werwolf, la última plaza, Jacques Roucolle. Auda Isarn.
Werwolf!: The History of the National Socialist Guerrilla Movement, 1944–1946. Perry Biddiscombe. (1998). University of Toronto Press.
[3] Hitler’s Monsters: A Supernatural History of the Third Reich. Eric Kurlander
The Nazi Werewolves Who Terrorized Allied Soldiers at the End of WWII. https://www.smithsonianmag.com/history/nazi-werewolves-who-terrorized-allied-soldiers-end-wwii-180970522/
Werwolf!: La Historia de la Guerrilla Movimiento Nacional Socialista, 1944-1946. Perry Biddiscombe. University of Toronto Press.
[4] Shifting Memories: The Nazi Past in the New Germany. Klaus Neumann. (2000). University of Michigan Press. p. 50
Hitler’s Werewolves. Charles Whiting. (1972). New York: Stein & Day.
Werwolf: La historia de los nazis. Movimiento de Resistencia 1944-1945. Charles Whiting, octubre de 1996, editorial «Pen & Sword Books». - [5] Biographic data on umpfenbac. https://www.cia.gov/readingroom/docs/UMPFENBACH%2C%20GEORG_0004.pdf
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- [12] Otto Skorzeny: The Scar-Faced Commando. Rob Vest.
- [13] Berlín: La caída: 1945. Antony Beevor. 129
- [14] Werwolf-Kommando ermordet Oberbürgermeister. https://www1.wdr.de/nachrichten/werwolf-opfer-oppenhoff-102.html
- [15] Endkampf: Soldiers, Civilians, and the Death of the Third Reiche. Stephen Fritz
- [16] Secret Nazi Werewolves Sent to Hunt Allied Soldiers After The War. https://www.youtube.com/watch?v=y31m9VAk7Uw
- [17] Berlín: La caída: 1945. Antony Beevor. 129,130, 131.
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- [19] Berlín: La caída: 1945. Antony Beevor. 131.
- [20] Secret Nazi Werewolves Sent to Hunt Allied Soldiers After The War. https://www.youtube.com/watch?v=y31m9VAk7Uw
- [21] Werwolf!: The History of the National Socialist Guerrilla Movement, 1944-1946. Perry Biddiscombe
The Last Nazis: SS Werewolf Guerrilla Resistance in Europe 1944-1947. Perry Biddiscombe - [22] Berlín: La caída: 1945. Antony Beevor. 130.
- [23] Idem.
- [24] Justiz und Diktatur: Justizverwaltung und politische Strafjustiz en Thüringen 1945–1961. Petra Weber. (2000). Veröffentlichungen zur SBZ-/DDR –Forschung im Institut für Zeitgeschichte . Oldenbourg Wissenschaftsverlag. pag. 99
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- [26] Berlín: La caída: 1945. Antony Beevor. 301
- [27] El archivo de ODESSA. Frederick Forsyth. cap. 7
- [28] Endkampf: Soldiers, Civilians, and the Death of the Third Reiche. Stephen Fritz. pp. 218–19. https://www.jstor.org/stable/j.ctt2jcv1x







