Malleus Maleficarum, martillo de herejes
Considerado durante mucho tiempo el manual del inquisidor, el Malleus Maleficarum, o Martillo de las brujas, pretendía ser un compendio de todo el saber existente sobre las hechiceras y las brujas.
Su nombre completo era Malleus Maleficarum, Maleficas et earum hæresim, ut framea potentissima conterens, que en latín significa El Martillo de las Brujas, que destruye a las brujas y su herejía con una espada muy poderosa.
Teniendo en cuenta la época, su por así decirlo género literario era el del tratado. El manual se convirtió en un auténtico superventas de su época, siendo reeditado hasta en catorce ocasiones hasta el año 1520. Fue la obra más vendida de su tiempo.
El libro aborda la existencia de la brujería y las formas de perseguirla, exponerla y destruirla. Según el historiador Ian Watt, el Malleus Maleficarum describía en detalle «las creencias y las prácticas de las brujas y los modos idóneos de reconocerlas, apresarlas, condenarlas y quemarlas en la hoguera». [1]
La tortura era un método infalible para demostrar la culpabilidad, y el acusado no tenía derechos ni oportunidades de defenderse. El Malleus Maleficarum incluía métodos diseñados para liberar a los demonios del cuerpo de la víctima antes de que muriera.
Con el apoyo del papa, el Martillo de las brujas ayudó a propagar la caza de brujas por toda Europa, lo que provocó la muerte de miles de hombres y mujeres, en su gran mayoría en el norte de Europa. El Malleus Maleficarum a menudo es considerado el libro más infame de la Historia.
La bula que precedió al Malleus Maleficarum
«En nombre de nuestro Señor Jesucristo. Sepan todos los hombres por las presentes, […] que en el año de nuestro señor 1487 […] el supremo Pontífice que ahora reina […] ordenó y otorgó […] a los Inquisidores […] el poder de investigar e inquirir en la herejía de las brujas […] y les concede toda facultad de juzgar y proceder contra tales». Así daba inicio la bula papal Summis desiderantes affectibus, emitida por el Papa Inocencio VIII en 1484, que daba poderes «ilimitados» a los inquisidores para investigar y perseguir la brujería. [2]
La bula, conocida como la Bula Bruja y tradicionalmente el Canto de guerra del infierno, instaba a las autoridades locales a cooperar con los inquisidores y amenazaba con la excomunión a quienes impidieran su trabajo. Advertía de los principales peligros que acechaban en diferentes formas:
- «Muchas personas de ambos sexos, desconociendo su propia salvación y desviándose de la fe católica, se han abandonado a los demonios, íncubos y súcubos, y con sus encantamientos, hechizos, conjuros y otros hechizos y artes malditos, enormidades y ofensas horribles, han asesinado a niños aún en el vientre de la madre, así como también a crías de ganado. Han destruido los productos de la tierra, las uvas de la vid, los frutos de los árboles, es más, hombres y mujeres, bestias de carga, bestias de pastoreo, como así como animales de otras especies, viñas, huertas, prados, pastos, maíz, trigo y todos los demás cereales; Afligen y atormentan además a hombres y mujeres, bestias de carga, bestias de pastoreo, así como animales de otras clases, con dolores terribles y lastimeros y enfermedades dolorosas, tanto internas como externas; impiden a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres concebir… renuncian blasfemamente a esa Fe que les corresponde por el Sacramento del Bautismo, y por instigación del Enemigo de la Humanidad no rehúyen cometer y perpetrar las más infames abominaciones y los excesos más inmundos con peligro mortal para sus propias almas… las abominaciones y atrocidades en cuestión permanecen impunes, no sin peligro manifiesto para las almas de muchos y peligro de condenación eterna». [3]
Los autores
Generalmente, se considera que el Malleus fue escrito por los inquisidores y monjes dominicos alemanes Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, y publicado en 1487. Sprenger era profesor de teología en la Universidad de Colonia, y Heinrich Kramer, también conocido con el nombre latinizado de Henricus Institoris, era Prior del monasterio dominico de su ciudad natal. Fue un elocuente orador con una su incansable actividad, recibiendo reconocimiento de Roma, y situándose como la mano derecha del arzobispo de Salzburgo.
Sin embargo, no ha sido posible averiguar con total certeza la autoría de Sprenger e Institoris en la obra en su totalidad. En las dos primeras ediciones conocidas únicamente aparece el nombre de Sprenger como autor. ¿Quiénes fueron estos dos dominicos?, ¿qué razones llevaron a incluir a Institoris?.
Jacob Sprenger
Sprenger era una figura no menos relevante que Institoris. Había nacido en Rheinfelden en 1436 y murió en Strasburgo el 6 de diciembre de 1495. Profesó en el convento de Basilea, y era partidario de una corriente que buscaba aplicar una mayor observancia y rigor en la práctica de los estatutos de la Orden.
En 1467, fue enviado a la Universidad de Colonia, donde se matriculó y un año después fue nombrado lector de las Sentencias de Pedro Lombardo en el Studium de la orden en el convento de Colonia. En 1472, obtuvo el grado de doctor en Teología y fue nombrado profesor de Teología en la Facultad de Colonia. Su valía y celo personales le hicieron ganar la confianza de sus superiores e iguales, lo que le llevó a convertirse en una figura de gran importancia dentro de la Orden, especialmente entre los conventos de la Observancia.
En paralelo a su carrera académica, fue elegido vicario en 1471, prior del convento de Colonia en 1472 y, finalmente, provincial de Alemania de 1488 a 1495. Discípulo de Alanus de Rupe, fue un celoso promotor de la devoción del Rosario. Como dominico cercano al movimiento de los Hermanos de la Vida Común, que también estaba vinculado a Desiderio Erasmo, fue el principal propagador de esta devoción tras la muerte de Alanus. Su retrato fue inmortalizado por el Maestro de San Severino, en el retablo del Rosario de la iglesia de San Andrés de Colonia, donde fue representado con birrete doctoral a los pies de Santo Domingo y de la Virgen.
En 1481, fue nombrado inquisidor de las diócesis de Maguncia, Tréveris y Colonia, tras un breve periodo como ayudante del inquisidor de Renania. La Bula Summis Desiderantes, le concedió la confirmación de estos poderes y los extendió a las diócesis de Salzburgo y Bremen. Sin embargo, su papel como inquisidor no parece haber sido muy intenso, ya que se dedicó principalmente a la reforma de la Orden de los Dominicos. Murió en Estrasburgo a finales de 1497.
Enrique Kraemer / Heinrich Institoris
El nombre de Enrique Kraemer o Heinrich Institoris no aparece como coautor del Malleus Maleficarum hasta la edición de 1490. Algunos historiadores han retraducido su apellido, llamándole Kramer (*), es decir, «mercader». Se cree que nació en Schlettstadt hacia 1430, y profesó en el destacado convento dominicano que allí había por entonces. Llevó a cabo sus primeros estudios en dicho convento, al igual que sus primeras incursiones pastorales.
Siendo profesor de Teología, el obispo Rudolf von Javant le asignó la tarea de la predicación de una cruzada contra el rey Jorge Podebrady Bohemia. El 13 de marzo de 1479, el papa Sixto IV le nombra inquisidor para toda la Germanía superior, llevando a cabo su tarea con todo rigor, luchando tanto contra las desviaciones doctrinales de ciertos clérigos como, sobre todo, contra las brujas.
Su misión se desempeñó de una forma más aguda en Constanza e Insbruck, teniendo numerosos enfrentamientos con los superiores de la orden y otros líderes de la iglesia, que criticaban el excesivo ahínco puesto en la defensa de doctrinas o en la realización de ciertos cometidos. Sin embargo, continuó recibiendo tareas de gran responsabilidad. Por ejemplo, en enero de 1500 Alejandro VI le nombró Nuncio e Inquisidor general en Bohemia y Moravia para combatir a los Hermanos Moravos.
La vehemencia en la defensa de sus convicciones y los altercados en los que se vio envuelto, probablemente le mantuvieron inactivo durante un tiempo, centrándose en la labor de autor de tratados antiheréticos polémicos. El Malleus Maleficarum parece que es el primero de mayor envergadura. Su implacable labor llevó a intervenir al obispo de Insbruck, dejando en libertad a cincuenta sospechosas que habían sido arrestadas por causas de brujería. Se cree que este hecho le apartó de su labor de persecución, y que durante los años 1485-1486 se dedicó probablemente a la redacción del Malleus como una forma de reivindicar su figura incomprendida.
Pero su igualmente polémica figura podría haberle llevado a valorar que la autoría del libro tuviera un añadido de autoridad y fiabilidad, para lo cual la colaboración de Sprenger, miembro de la orden y de la Universidad de Colonia, habría sido de una inestimable ayuda. Todo ello, teniendo en cuenta también, que por entonces Colonia era el máximo centro cultural en Alemania.
La intensa actividad de Instintoris como apologista y polemista quedó reflejada en obras como, Tractatus varii contra quattuor errores, novissine exortos, adversus Eucharistiae sacramentum (Nuremberg, 1496), Tractatus adversus errores Antonii Roselli, de plenaria potestate pontificis ac Monarchiae (Venecia, 1499), Opus perutile sermonum in defensionem Sanctae Rornanae Ecclesiae, adversas Valdenses (Olmutz, 1501 ), Sanctae Romanae Ecclesiae fidei defensionis clypeus adversus Waldensium seu Pickardorum haeresim (ibid., 1502). En todos estas obras, Instintoris siempre mantuvo el foco en la brujería
Por esta razón, por su prolífica actividad, se cree que la obra de base, en lo relativo a la redacción, lenguaje, citas, método, etc, del Malleus se debió a Institoris, mientras que el nombre de Sprenger se utilizó para dar prestigio a la obra con su persona y fama, avalando el contenido del tratado. No obstante, tampoco es posible descartar otras colaboraciones. Además, durante los años previos a la publicación, 1485 y 1486, Institoris no tenía asignada tarea de gran importancia, probablemente por algún enfrentamiento y posterior prohibición del ejercicio de la acción inquisitorial. Por otro lado, Sprenger tenían grandes responsabilidades y cargos como superior de la orden dominicana en su rama reformada.

Temas tratados
El Malleus Maleficarum es, ante todo, un libro de su tiempo. Declara desde el principio la existencia de las brujas como un hecho innegable, y califica de herejes a quienes lo negaran. «Yerran quienes dicen que la brujería no existe, sino que es algo puramente imaginario, aunque no creen que los diablos existan, salvo en la imaginación de la gente ignorante y vulgar, Esto es contrario a la verdadera fe, que nos enseña que ciertos ángeles cayeron del cielo y ahora son demonios, y debemos reconocer que por naturaleza son capaces de hacer cosas que nosotros no podemos […] Y como la infidelidad en una persona bautizada se denomina técnicamente herejía, esas personas son lisa, y llanamente herejes».
El libro se encuentra dividido en tres partes. La división servía en obras de este tipo al objetivo de presentar un mayor rigor expositivo. Estas tres partes buscaban abarcar los tres principales aspectos del tema de la brujería y su combate.
Las fuentes utilizadas en cada una de las tres partes, particularmente en la primera y la tercera, suelen incluir a filósofos y teólogos tradicionales y ampliamente seguidos en los círculos académicos menos progresistas, por lo que se consideran fuentes confiables. Destacan San Agustín, cuya Ciudad de Dios y Summa Teológica se citan con frecuencia, San Isidoro de Sevilla, San Gregorio el Grande, o San Dionisio Aeropagita (discípulo de San Pablo, según la tradición medieval). Santo Tomás y Pedro Lombardo son los teólogos citados con mayor frecuencia. En las partes dos y tres, sin dejar de considerar a estos autores, las fuentes se amplían, y con frecuencia se recurre a otro elemento común en la literatura medieval: las recopilaciones diseñadas para servir de material a los predicadores.
Entre los juristas utilizados para fundamentar la tercera parte del libro, destacan Graciano, Enrique Hostiense, Godofredo de Trano, Raimundo de Peñafort, entre otros, pero sobre todo el domínico catalán Nicolás Eymerich, que unos años antes había publicado el que se considera el libro más parecido al Martillo de las brujas, aunque menos especializado como era el Directorio de Inquisidores. De hecho, la tercera parte del Martillo de las brujas es según los autores especializados, casi un extracto del mismo apartado del Directorium inquisitorum.
De forma general, el Malleus Maleficarum se estructura en tres partes bien diferenciadas, cada una de las cuales se centra en un aspecto específico de la brujería:
Primera parte: Fundamentos teóricos y filosóficos:
- Se explora la naturaleza de la brujería desde una perspectiva teológica y filosófica.
- Se abordan temas como la existencia del diablo, el pacto con el diablo y los poderes de las brujas.
Segunda parte: Identificación, interrogación y procesamiento de brujas:
- Se proporcionan detalladas instrucciones para identificar a las brujas, incluyendo la descripción de sus características físicas y comportamientos.
- Se establecen los procedimientos para interrogar y procesar a las mujeres acusadas de brujería, incluyendo el uso de la tortura.
Tercera parte: Guía para jueces:
- Se ofrecen consejos y directrices para los jueces que están a cargo de los procesos de brujería.
Se abordan temas como la selección del jurado, la presentación de pruebas y la emisión de sentencias.
Estructura
Según la edición facsimil de la editorial Maxtor de 2004 (de las más fieles al original), traducida por Miguel Jimenez Monteserín, el Malleus Maleficarum se divide en:
Primera parte de El martillo de las brujas, que contiene tres aspectos que coinciden en el maleficio: el demonio: El brujo y la permisión divina
La primera parte de la obra se adentra en la posibilidad de la existencia de brujas, explorando esta cuestión desde múltiples perspectivas, como la filosofía, la teología y, por supuesto, basándose en las enseñanzas de la Sagrada Escritura. También se examina su relación con el mal y su supuesta manifestación a través de la influencia del «Maligno» en la Tierra.
Los capítulos del libro según la edición facsimil de la editorial Maxtor de 2004, traducida por Miguel Jimenez Monteserín son los siguientes:
- CUESTIÓN I. ¿Existe el hechizo? ¿Es opinión católica sostener que hay brujos hasta el punto que opinar lo contrario resulta de todo punto herético?
- CUESTIÓN II. ¿Colabora el diablo con el brujo? ¿Es opinión católica afirmar que para el efecto del hechizo debe siempre asociarse el diablo con el brujo, o bien pueden prescindir el uno del otro, de tal modo que el demonio sin el brujo o sin haber tornado su aspecto, puede producir este efecto?
- CUESTIÓN III. ¿Hay procreación de hombres por medio de los demonios íncubos y súcubos?
- CUESTIÓN IV. ¿Qué demonios actúan de íncubos y súcubos?
- CUESTIÓN V. ¿De dónde viene la proliferación de las obras de los brujos?
- CUESTIÓN VI. Acerca de las mismas brujas que se someten a los demonios.
- CUESTIÓN VIL ¿Pueden los demonios llevar los espíritus de los hombres hacia el amor o el odio?
- CUESTIÓN VIII. ¿Pueden los diablos impedir la potencia genital?
- CUESTIÓN IX. ¿Pueden ilusionar las brujas hasta el punto de hacer creer que el miembro viril ha sido separado del cuerpo?
- CUESTIÓN X. ¿Pueden las brujas realizar estos maleficios sobre los hombres que hagan adquirir a estos formas bestiales?
- CUESTIÓN XI. Las parteras que son brujas hacen morir de diversos modos lo concebido en el útero, procurando el aborto, y, cuando no hacen esto, ofrecen los niños a los diablos.
- CUESTIÓN XII. ¿Concurre la permisión divina a los maleficios?
- CUESTIÓN XIII. Se declara la cuestión sobre las permisiones divinas, que Dios justamente permite, a saber, nuestros primeros padres pecaron y cayeron por acción del diablo, autor de todo mal, y a causa de ellos las obras de los demonios son justamente permitidas.
- CUESTIÓN XIV. Donde se considera la enormidad de los crímenes de las brujas, todo ello es material predicable.
- CUESTIÓN XV. En la que se demuestra que a menudo, a causa de los pecados de las brujas, muchos inocentes son heridos.
- CUESTIÓN XVI. En la que se comparan las obras de las brujas con las demás especies de superstición.
- CUESTIÓN XVII. Donde se declara la gravedad de los crímenes de las brujas, comparándolos con los otros pecados de los demonios.
- CUESTIÓN XVIII. Se sigue el modo de predicar contra los cinco argumentos de los laicos por los que parece probarse que Dios no permite tanto poder al diablo y los maléficos acerca de su capacidad de inferir maleficios.
Segunda parte del martillo de las brujas, que trata de la forma de inferir maleficios y de luchar felizmente contra ellos
La segunda parte, la que es más interesante, presenta una variada colección de casos prácticos que involucran a personas cercanas a los inquisidores. Estos casos se derivan de lecturas, narraciones y, en algunos casos, de experiencias personales. Esta parte, a su vez, se divide en dos secciones adicionales y ofrece una serie de curiosos remedios para contrarrestar los maleficios y sus efectos perjudiciales sobre seres humanos, animales y cultivos.
- CUESTIÓN I. A quiénes no puede hacer daño el maleficio.
- CAPÍTULO I. Acerca de los diversos modos con los que los demonios, por medio de las brujas, atraen y seducen a inocentes para aumento de su perfidia.
- CAPÍTULO II. Sigue el modo de la profesión sacrílega y el modo de rendir homenaje.
- CAPÍTULO III. Del modo como las brujas se transportan de un lado a otro.
- CAPÍTULO IV. Síguese la forma como las brujas se entregan a los demonios íncubos.
- CAPÍTULO V. Acerca del modo general con que las brujas realizan sus maleficios sobre todas las criaturas, utilizando, sobre todo, los Sacramentos de la Iglesia.
- CAPÍTULO. Acerca del modo como suelen impedir la capacidad genital.
- CAPÍTULO VIL Acerca del modo como suelen hurtar a los hombres el miembro viril.
- CAPÍTULO VIII. Acerca del modo como transforman a los hombres, haciéndoles adoptar formas bestiales.
- CAPÍTULO IX. Acerca de la forma como están presentes los demonios en el interior de los cuerpos y los miembros, sin ocasionarles lesión ninguna, para realizar estas transmutaciones mágicas.
- CAPÍTULO X. Acerca de la forma como, por medio de las brujas, los demonios pueden incluso llegar a tomar posesión de los hombres.
- CAPÍTULO XL Acerca de la forma como las brujas pueden infligir toda suerte de enfermedades en general, sobre todo de las más graves.
- CAPÍTULO XII. Acerca del modo como suelen inferir a los hombres, especialmente, algunas otras enfermedades particulares.
- CAPÍTULO XIII. De qué forma las parteras que son brujas infligen los mayores males a los niños, matándolos u ofrendándolos a los demonios.
- CAPÍTULO XIV. Se sigue el modo como infieren diversos daños a los animales.
- CAPÍTULO XV. Sobre el modo como concitan pedriscos y tempestades sobre hombres y animales, a los que incluso suelen fulminar con rayos.
- CAPÍTULO XVI. Sobre los tres modos como solamente los hombres, y no las mujeres, se ven afectados por el maleficio.
- CUESTIÓN II. Cuestión principal que plantea la dificultad previa de la segunda parte. Modos de quitar y curar los maleficios.
- CAPÍTULO I. Acerca de los remedios de la Iglesia contra los demonios íncubos y súcubos.
- CAPÍTULO II. Remedios para aquellos que han sido embrujados en cuanto a su potencia genital.
- CAPÍTULO III. Remedios para aquellos a quienes el maleficio ha procurado un odio o un amor desordenado.
- CAPÍTULO IV. Remedios para aquellos que han perdido su miembro viril mediante encantamientos y para aquellos que alguna vez han sido transmutados en formas bestiales.
- CAPÍTULO V. Remedios para las personas poseídas por el demonio en virtud de un maleficio.
- CAPÍTULO VI. Acerca de los lícitos exorcismos de la Iglesia, corno remedio para cualquier enfermedad debida a maleficio.
- CAPÍTULO VII. Remedios contra las tempestades y para curar a los animales embrujados.
- CAPÍTULO VIII. Remedios para algunas aflicciones maléficas ocultas. [4]
Tercera parte, que comprende veinticinco cuestiones pertinentes a la actuación judicial, tanto en el fuero eclesiastico como en el civil, contra los brujos y demás mujeres. En ella se muestra de forma elocuente la regla para iniciar el proceso judicial y pronunciar sentencia.
La tercera sección es con diferencia la más densa y, a menudo, pierde la frescura que caracterizaba el relato previo, el cual a veces exhibía claros rasgos folklóricos. Esta parte se desarrolla en el lenguaje prehumanista del autor, en un intento por abordar exhaustivamente el aspecto legal del tema.
Se asemeja a una especie de manual con fórmulas documentales, enmarcado en un género literario de raíces medievales. Aquí se proponen métodos de interrogatorio y procedimientos inquisitoriales o judiciales, con la intención de enseñar cómo llevar a cabo procesos inquisitoriales, en especial, contra brujas, en unas cuantas lecciones.
- CUESTIÓN GENERAL PRELIMINAR Acerca del juez competente en los procesos de brujas.
- CUESTIÓN I. Acerca del modo de iniciar un proceso de fe.
- CUESTIÓN II. Acerca del número de los testigos en un proceso.
- CUESTIÓN III. Del juramento y del examen de los testigos.
- CUESTIÓN IV. Acerca de las condiciones requeridas en los testigos.
- CUESTIÓN V. Acerca de la admisión a testificar de los enemigos mortales.
- CUESTIÓN VI. De qué forma se ha de continuar el proceso. Cómo han de ser examinados los testigos en presencia de otras cuatro personas. Cómo se ha de interrogar a los denunciados.
- CUESTIÓN VIL En la que se aclaran varias dudas acerca del interrogatorio anterior y las respuestas negativas. Acerca de si se ha de encarcelar a la denunciada, y cuando puede ser considerada de forma clara en flagrante delito de brujería.
- CUESTIÓN VIII. Continuación de la precedente. Tercera acción del juez. ¿Ha de encarcelarse a la acusada? ¿Cómo detenerla?
- CUESTIÓN IX. Cuarta acción. ¿Qué hacer tras del arresto? ¿Conviene manifestar a la acusada los nombres de sus acusadores?
- CUESTIÓN X. Quinta acción. Cuáles son las defensas que se han de autorizar con la concesión de un abogado.
- CUESTIÓN XI. Sexta acción. ¿Qué hará el abogado si no le permiten conocer los nombres de los testigos?
- CUESTIÓN XII. Séptima acción. ¿Cómo reconocer con mayor efectividad una enemistad mortal?
- CUESTIÓN XIII. Acción novena. Advertencias dirigidas al juez antes de los interrogatorios en la prisión y bajo tortura.
- CUESTIÓN XIV. Décima acción. Acerca de la forma de condenar a la acusada a la cuestión. ¿Cómo ha de ser cuestionada el primer día? ¿Se puede prometer salvar la vida?
- CUESTIÓN XV. Onceava acción. Continuación de la tortura. Cautelas y medios de los que se servirá el juez para conocer a fondo a la acusada. De qué forma se defenderá contra los maleficios de las brujas. Igualmente, del cuidado que se ha de tener para afeitar a las brujas en aquellos lugares que suelen utilizar para esconder sus maleficios. Aclaraciones que servirán para obviar el maleficio de taciturnidad.
- CUESTIÓN XVI. Acción doceava. Del tiempo y del segundo modo de interrogar. Últimas astucias que ha de emplear el juez.
- CUESTIÓN XVII. De la purificación canónica, y en especial, de la prueba del hierro candente que suelen reclamar las brujas.
- CUESTIÓN XVIII. Acerca de la naturaleza de la sentencia definitiva.
- CUESTIÓN XIX. Acerca de los modos de la sospecha en relación con la sentencia.
- CUESTIÓN XX. Acerca del primer modo de pronunciar la sentencia.
- CUESTIÓN XXXV. En el caso de que Se apele a Roma, cuando está justificada la apelación y cuando se hace a la ligera.
- APÉNDICES. Tenor de la bula apostólica, contra la herejía de las brujas.
- Aprobación y firma de los doctores de la noble Universidad de Colonia para el presente tratado.
La influencia de la obra en su tiempo
Según Ricardo García Cárcel, doctorado en Historia moderna y autor de varios libros sobre la Inquisición, el Malleus Maleficarum fijó «el dedo acusador sobre el peligro que suponía el fenómeno colectivo de las brujas. El Papa ya era consciente de la existencia de las brujas. De hecho, la Inquisición medieval ya tenía un proceso para combatir esta práctica como herética porque era un fenómeno antiquísimo. En la Odisea de Ulises, por ejemplo, ya aparecía una bruja que convertía a los hombres en animales. En el Malleus lo que se planteó por primera vez es que la brujería era un problema colectivo. El manual generó la necesidad de luchar contra lo que, según se creía, era un mal público». Ricardo García Cárcel.
Y es a partir del siglo XVI cuando se desató la histeria por la caza de brujas, tras haberse introducido la idea de que el demonio estaba en todas partes y que las brujas habían sido creadas por él.
La formación de la moderna idea de las brujas
En el Martillo de las brujas se establece que la brujería es una actividad realizada, casi exclusivamente, «por las mujeres, porque este tipo de perfidia se encuentra en un sexo tan frágil, más que en los hombres». La brujería fue, pues, un fenómeno casi exclusivamente femenino, mientras que la herejía lo fue masculino. Aproximadamente el 80% de los procesados por brujería fueron mujeres.
El Malleus maleficarum estableció el concepto de bruja moderno, llegando «a su culmen en la Edad Moderna. Se puede decir, que el resultado de todo este proceso fue la configuración de la visión de bruja de los S.XV-XVI: mujeres de avanzada edad, apartadas de la sociedad y pobres, dominadas por el diablo, cuyo ámbito se ceñía a la noche y eran capaces de desarrollar todo tipo de acciones dañinas: matar animales, destrozar cosechas, embrujar hombres, provocar catástrofes naturales, secuestrar niños, generar epidemias…».
Hechiceras y brujas podían desplazarse volando, usar animales fétidos y hierbas alucinógenas como la belladona para sus rituales, además de valerse de la sexualidad, incluyendo tanto el sexto en grupo, como relaciones con demonios o todo tipo de sortilegios.
Esta afirmación se considera que fue tomada de la visión de los inquisidores del siglo XVI sobre las reuniones que celebraban las mujeres (aquelarre o sabbat) en los que se creía que llevaban a cabo rituales extraños: «Era una reunión de las brujas con el diablo, en la que se realizaban ritos de iniciación, pactos con Satán y se entregaban a él mediante prácticas sexuales. Se renegaba además de Dios, se realizaban misas negras (contrapuestas a las homilías oficiales)…». En estas reuniones se llevaban a cabo fiestas de culto al demonio en las que se producían la «inversión de sexos» y los «orgasmos colectivos», dado que el culto a la fertilidad se encontraba en el centro de la brujería más primitiva. [5]
Las escobas voladoras y las verrugas en la punta de la nariz serían elementos que se incorporarían más tarde al folclore popular, puesto que estas características no aparecen en el Martillo de las brujas.
La sexualidad y la naturaleza de la mujer como temas centrales
El libro dedica una parte considerable a tratar temas como las relaciones sexuales que mantienen las brujas íncubos y súcubos, el semen y la capacidad para ocultar o arrancar el «miembro viril», al que no nunca se refieren como «pene» mediante conjuros. Entre los fragmentos más interesantes del Martillo de las brujas, encontramos algunos relacionados con situaciones en las que, según los autores, unas brujas arrebataron el miembro viril a un hombre.
Uno de estos casos sucedió en Ratisbona, donde «cierto joven que tenía una intriga con una muchacha y deseaba abandonarla, perdió su miembro, es decir, que se arrojó sobre él algún hechizo, de modo que no podía ver ni tocar otra cosa que su cuerpo liso». Más tarde, el hombre, «Por la noche el joven vigiló el camino que la bruja acostumbraba seguir, y al encontrarla le rogó que restableciese la salud de su cuerpo. Y cuando ella afirmó que era inocente y que nada sabia de eso, él se le arrojó encima, le enrolló con fuerza una toalla en el cuello, y la asfixió, diciéndole: «Si no me devuelves la salud, morirás a mis manos». Entonces ella, incapaz de gritar. Y con el rostro ya hinchado y ennegrecido, dijo: «Suéltame y te curaré». El joven entonces aflojó la presión de la toalla, y la bruja le tocó con la mano entre los muslos, y dijo: «Ahora tienes lo que deseas». Y el joven, como dijo después, sintió con claridad, antes de verificarlo con la vista y el tacto, que el miembro le habíasido devuelto por el simple contacto de la mano de la bruja».
En otro caso similar, relacionado con la desaparición del pene por la intervención de una bruja, los autores describieron el testimonio de un sacerdote que fue testigo del hecho. El hombre le confesó al cura en confesión que había perdido su miembro. El religioso al principio no le creyó, pero tras pedirle que se desvistiera y ver que no tenía pene, el cura le preguntó «si sospechaba que alguien lo hubiese hechizado de esa manera. Y el joven respondió que sospechaba de alguien, pero que estaba ausente y vivía en Worms. Entonces le dije: `Te aconsejo que vayas a ella lo antes posible y te esfuerces por ablandarla con dulces palabras y promesas’, y así lo hizo. Porque volvió luego de pocos días y me agradeció, diciéndome que estaba intacto y que había recobrado todo. Y yo creí sus palabras, pero una vez más las confirmé con la evidencia de mis ojos». Los autores del Malleus consideraban que las brujas solo tenían la capacidad de engañar a dos de los sentidos (la vista y el tacto) para que no vieran los penes de los hombres, aunque estos conjuros podían ser rotos, algo que no ocurría en el caso de intervención directa de Satán. [6]
La visión de la naturaleza débil y perversa de la mujer
Para los autores, las mujeres eran el eslabón más débil que el demonio utilizaba para corromper a los hombres.
Según «Tulio Cicerón también dice en su Retórica: las numerosas pasiones del hombre le conducen cada una a su vicio; pero una sola pasión conduce a las mujeres a todos los vicios; en la base de todos los vicios de las mujeres se encuentra la envidia. Séneca dice también en sus Tragedias: Una mujer o ama u odia, no existe tercera vía. Una mujer que llora engaña: hay dos géneros de lágrimas en los ojos de las mujeres, unas para el dolor, otras para la insidia. Una mujer que piensa sola, piensa mal. […] Lass mujeres son más crédulas, de donde, como el demonio intenta, sobre todo corromper la fe, las ataca con preferencia. La segunda razón es que las mujeres son más impresionables y están más dispuestas a recibir las revelaciones de los espíritus separados. La tercera finalmente, es que tienen una lengua mentirosa y ligera, aquello que aprenden en las artes mágicas lo ocultan difícilmente a las otra mujeres amigas suyas, y como son débiles, intentan una venganza mediante maleficios. De donde el Eclesiástico, una vez más: Preferiría vivir con un león o con un dragón que con una mujer mala. Toda malicia no es nada comparada a la malicia de la mujer […]
Pero, puesto que en los tiempos modernos la perfidia de la brujería se encuentra con mayor frecuencia entre las mujeres que entre los hombres, como la experiencia nos enseña, nosotros, que aspiramos a fijar la causa de la mejor forma posible, podemos repetir lo dicho: Dado que son débiles en las fuerzas del cuerpo y del alma, no es extraño que pretendan embrujar a aquellos a quienes de detestan. Por lo que hace al intelecto o a la comprensión de las cosas espirituales, parecen de una naturaleza diferente a la de los hombres: Lo cual es un hecho apoyado por la autoridad de la razón, con muchos ejemplos en la Escritura. Terencio dice en Hecyra: Las mujeres son casi como niños por la ligereza de su pensamiento. Y Lactancio en sus Instituciones: ¿Qué mujer ha aprendido la filosofía fuera de Temeste? Y el Libro de los Proverbios dice como describiendo a la mujer: La mujer hermosa y fatua es un anillo de oro en el hocico de un cerdo.
Además de ello, la razón natural explica que es más carnal que el varón, como se demuestra por sus múltiples torpezas carnales. Podría notarse además, que hay como un defecto en la formación de la primera mujer porque fue formada de una costilla curva, es decir, de una costi lla del pecho, que está torcida y es como opuesta al varón. De este defecto procede también, que como es animal im perfecto, siempre engaña. Así puede decir Catón: Cuando la mujer llora está intentando engañar». [7]
Por su supuesta naturaleza, la mujer era una persona de fe más débil y de actitud más traicionera y envidiosa: «Cuando dijo a la serpiente que le preguntaba por qué no comían de todos los árboles del paraíso: Podemos comer… salvo del fruto del centro del jardín… por temor de morir. Por aquí se revelaba dudosa y no tener fe en las palabras de Dios. Todo lo cual lo demuestra incluso la etimología del nombre. Fémina viene de Fe y Minus, porque siempre ha tenido menos fe. Lo cual ocurre también, por naturaleza, en cuanto a la fidelidad. Por lo que respecta a otra potencia del alma, es decir, a la voluntad natural: Cuando odia a alguno que primero haya amado, entonces arde de cólera y de impaciencia; como las olas del mar están sin cesar en ebullición y en movimiento, así ella está completamente enfurecida. Mu chas autoridades hacen alusión a este respecto. Primero el Eclesiástico: No hay malicia que supere a la de la mujer. Séneca en sus Tragedias: ninguna fuerza, ni la de la llama, ni la del viento furioso, ninguna amenaza, ni siquiera del dardo torcido, es tan temible como la de una esposa repudiada, ardiendo en el fuego de un odio envidioso. Se ve también en la mujer que acusa falsamente a José y le hace meter en prisión porque no quiso consentir en un adulterio criminal, según el Génesis. Realmente la causa principal que contribuye a la multiplicación de las brujas es el doloroso duelo que se mantiene entre las mujeres casadas y no casadas y los varones. Si esto ocurre incluso entre las santas mujeres, ¿qué no ocurrirá entre las otras? Ves en el Génesis, cuanta fue la impaciencia y la envidia de Sara por Agar después que esta hubo concebido. Y la envidia de Raquel contra Lía a causa de los hijos que ella no podía tener. La de Ana que ya era estéril contra Fenena fecunda, de Myriam contra Moisés, sus murmuraciones, sus críticas que le valieron verse herida de la lepra. La de Marta por Magdalena que permanecía sentada mientras que su hermana servía. De donde se comprende la sentencia del Eclesiástico; trata con la mujer de aquello que te envidia: como si dijese que no debe tratarse con ella, porque la rivalidad y la envidia están presentes en la mala mujer (17). Y si entre ellas disputan de este modo, ¿qué cosa no harán contra los hombres? […] Habiéndose interrogado a Sócrates, el filósofo, acerca de si debía tomarse mujer, respondió: si no la tomas vivirás en la soledad, con tu muerte terminará tu estirpe, y un extraño será tu heredero. Pero si la tomases, ello será inquietud perpetua, querellas amargas, reproches sobre la dote, pesadez sobre las relaciones, entrecejo, soportar la lengua charlatana de la suegra, el engaño, la llegada de hijos dudosos. Todo lo cual lo decía como experto; pues, como dice Jerónimo contra Joviniano: Sócrates tuvo dos esposas, que soportó con mucha paciencia, sin poder librarse de sus humillaciones ni de sus clamores amargos. De donde, un día que ambas gritaban contra él, salió de la casa para huir a sus insultos; pero cuando estaba sentado en la puerta arrojaron sobre él agua sucia. El filósofo, no se inmutó a pesar de ello, diciendo: Ya sé que tras el trueno viene la lluvia. Se cuenta también de otro cuya mujer había caído en un río, que buscando el cadáver para sacarlo del agua, marchaba a contra corriente. Cuando le fue preguntado el por qué, respondió: Esta mujer ha ido siempre, durante toda su vida, contra mis palabras, mis gestos, mis órdenes; por ello, ahora que está muerta busco contra corriente, no sea que incluso después de muerta haya conservado las mismas costumbres. Así pues, de la misma forma que por su falta de inteligencia llegan fácilmente a renegar de la fe, así por este segundo defecto, es decir, estas pasiones y afectos desordenados, llegan a madurar e infligir diversas formas de venganzas, ya por sí mismas ya por otros medios». [8]
En esta parte del libro, se hace un compendio de todos los ejemplos negativos protagoanizados históricamente por mujeres: «El primer reino feliz, si lo hubo, el reino de Troya, a causa del rapto de una mujer, Helena, fue destruido y millares de griegos muertos. El reino de los judíos sufrió gran cantidad de exterminios a causa de la perversa Jezabel y de su hermosa hija Atalía, reina de Judá, que había hecho morir a los hijos de su hijo para reinar ella en su lugar; una y otra perecieron. El reino de los romanos sufrió grandes males a causa de Cleopatra, reina de Egipto, la peor de todas las mujeres. Y así se podría decir de otras muchas. Luego no es sorprendente que el mundo padezca todavía de la malicia de las mujeres». [9]
Las diferentes formas y naturalezas del diablo
Con este punto de partida centrado contra la mujer como precursora de los grandes males, los autores avanzan en la descripción de la naturaleza del mismo diablo, que «según la etimología en griego diablo significa «encerrado en un ergastulo», lo cual le conviene porque no le está permitido hacer tanto daño como querría. O también diablo significa «el que desciende», porque fluye, es decir, corre, según su ser y su colocación. Se le llama también demonio, esto es, «el que gusta de la sangre» (o el sanguinario), a saber, por el pecado del que tiene sed y lo procura por la triple ciencia de que dispone: la sutileza de su naturaleza, la experiencia y la revelación de los ángeles buenos. Se le llama Belial, lo que se interpreta como «el sin yugo» o sin amo, porque lucha con todas sus fuerzas contra aquel al que debería estar sometido. Se le llama también Beelzebul, que significa el «hombre de las moscas», es decir, de las almas pecadoras que han abandonado al verdadero Esposo: Cristo. También Satanás, es decir, el adversario, de donde aquello de San Pedro, vuestro adversario el diablo da vueltas buscando a quien devorar. Igualmente Behemoth, es decir, la bestia que vuelve a los hombres bestiales. Empero, el demonio de la fornicación y el príncipe de esta repugnancia se llama Asmodeo, que significa «fábrica de juicio», porque a causa de este vicio hubo un juicio terrible sobre Sodoma y otras cuatro ciudades. De la misma manera al demonio del orgullo se le llama Leviatán, lo que significa su «exaltación»: Lucifer, cuando tentó de orgullo a nuestros primeros padres, les prometió una añadidura de divinidad. Respecto de lo cual dice el Señor por boca de Isaías: Visitaré por Leviatán, serpiente antigua y retorcida. El demonio de la avaricia y de las riquezas se llama Mammón, al cual Cristo, en el Evangelio, ha desenmascarado: no podéis servir a Dios y a Mammón». [10]
El Martillo de las brujas es también un compendio de, podríamos llamarlas, anécdotas o experiencias demoníacas transmitidas, algunas de las cuales fueron aceptadas algunos religiosos, y se terminaron transmitiendo a obras como el Fornicarius de Nider, de donde Istintoris y Sprenger toman muchas de estas referencias. Por ejemplo, en el capítulo XV en Sobre el modo como concitan pedriscos y tempestades sobre hombres y animales, a los que incluso suelen fulminar con rayos, los autores afirman de Dios tiene costumbre de «infligir los males que merecemos por nuestros pecados, utilizando a los demonios como sus verdugos. […] Los demonios prefieren, no obstante, hacer daño con la ayuda de los brujos porque así Dios irritado en mayor grado, les concede una facultad mayor de castigar y hacer daño a los hombres. […] En el Formicarius de Nider se cuenta la historia de un hombre al que se había detenido. Mientras que el juez que le interrogaba acerca de la forma que tenía de suscitar pedriscos y tempestades y si esto le resultaba fácil, respondió: nosotros causamos fácilmente tempestades y pedriscos, pero no podemos herir, según nuestra voluntad por causa de la guarda de los ángeles buenos». [11]
Las diferentes formas en que se transportan las brujas
La obra trató en un capítulo las formas que utilizan las brujas para trasladarse, y para ello hizo una mención al canon Episcopi del año 906.
Aunque el canon Episcopi era una guía disciplinaria para uso de los obispos (de ahí su nombre) que negaba la existencia de las brujas como realidades físicas, y las consideraba imaginaciones impías, el Malleus maleficarum lo cita como fuente para sostener que, «el transporte de un lugar a otro se encuentra entre sus principales acciones, como el hecho de entregarse a torpezas carnales con los demonios íncubos […] Conviene notar aquí que este transporte supone una dificultad (como ya se ha dicho a menudo) a causa de un único texto el canon Episcopi, en el que se dice: no puede admitirse que algunas mujeres infames, pervertidas por Satán y seducidas por las ilusiones y los fantasmas del diablo crean y digan que van por la noche con Diana (diosa de los paganos) o Herodíade y una multitud enorme de mujeres, cabalgando sobre ciertas bestias, recorriendo largos espacios en el silencio de la noche y obedeciendo a esta diosa como a su dueña […] En cuanto al modo del transporte, resulta ser este: como se ha visto más arriba, las brujas, por instrucción del diablo, fabrican un ungüento con el cuerpo de los niños, sobre todo de aquellos a los que ellas dan muerte antes del bautismo; ungen con este ungüento una silla o un trozo de madera. Tan pronto como lo hacen se elevan por los aires, tanto de noche como de día, visible o invisiblemente, según su voluntad, porque el diablo puede ocultar un cuerpo interponiendo otro objeto, como se ha dicho más arriba en la primera parte, tratando de los prestigios y las ilusiones del diablo. En verdad, por medio de este ungüento, realizado con el fin de privar a los niños de la gracia y de la salvación, el demonio actúa la mayor parte de las veces; empero parece que muchas veces ha realizado transportes semejantes sin su ayuda. A veces transporta a las brujas sobre animales que no son animales verdaderos, sino demonios que han adoptado su forma; o incluso ellas se transportan sin ninguna ayuda exterior, simplemente por el poder del diablo que actúa invisiblemente. Una historia de este transporte, visible de día: en la ciudad de Waldshut sobre el Rhin, en la diócesis de Constanza, había una bruja tan detestada las por gentes del país, que no había sido invitada a la celebración de una boda. Como resultó que todo el mundo asistía a ella, indignada, consideró que debía vengarse. Hizo llamada al diablo, le manifestó la causa de su tristeza, y le pidió que suscitase una tempestad con el fin de disperar a los que danzaban. El diablo consintió en ello, la levantó de la tierra y a través de los aires la llevó sobre una colina cerca del pueblo, ante los ojos de algunos pastores. Allí, como dijo después, no tenía agua para verterla en un agujero ya se verá que este es el método que ellas utilizan para levantar tempestades; entonces vertió orines en lugar de agua en el agujero que había cavado con sus manos; después la removió con el dedo en presencia del diablo, según su costumbre; inmediatamente, el demonio, lanzando este líquido al aire desencadenó una tempestad violenta de pedrisco que cayó únicamente sobre los danzantes y sobre aquella región. Dispersáronse todos y discutiendo entre ellos la causa de tal tempestad, vieron poco después al retornar a la ciudad a la bruja. Esto agravó sus sospechas, pero cuando los pastores contaron lo que habían visto, las sospechas se hicieron más violentas. Se detuvo a la bruja y ella confesó que había hecho todo esto por no haber sido invitada. Por este y otros numerosos maleficios que había cometido fue quemada. Puesto que el rumor público de estos transportes se extiende sin cesar, incluso entre el pueblo, resulta innecesario añadir aquí más pruebas. Las expuestas hasta aquí serán suficientes, así lo esperamos, contra aquellos que niegan absolutamente los transportes de este género o que intentan afirmar que son únicamente de tipo imaginario o fantasmático. […] Pero, ¿quién será tan loco que quiera concluir a partir de ello que no puede haber igualmente transportes corporales?». [12]
Procedimiento de interrogatorio y tortura
Kramer e Istittoris no dejaban nada al azar o la espontaneidad. Indicaban cómo el juez debía pronunciar la sentencia de condena a la tortura: «Nos, juez y asesores, contemplando y mirando los detalles del proceso llevado por nosotros, contra tí, tras del atento examen de todas las cosas, hemos encontrado que no estás del todo cierta en tus confesiones. Así has dicho que proferiste tales amenazas, pero sin la intención de hacer daño. Sin embargo, existen indicios que nos parecen suficientes para que seas sometida a la cuestión y la tortura. Y así, para que la verdad pueda salir de tu boca, y para que, por otra parte, no ofendas los oídos de los jueces, declaramos, juzgamos y decidimos que serás sometida a la cuestión y la tortura».
Los inquisidores no eran partidarios de que el juez condenara «con demasiada facilidad a esta cuestión. Vale más la condena a la pena de prisión, y ahora no solo como antes para la custodia. Tomando a los amigos de ella se les propone hacerla escapar a las torturas, e incluso quizá no entregarla a la muerte, si dice la verdad, y para ello les exhorta a que quieran colaborar persuadiéndola a ello. Efectivamente, con frecuencia, la reflexión, la miseria de la prisión y los repetidos avisos de personas honradas disponen a decir la verdad. Y nosotros hemos experimentado con frecuencia que las brujas se animaron mediante avisos de este tipo a escupir al suelo como señal de resistencia, como si dijeran; sal de aquí demonio maldito, que voy a hacer aquello que es justo. E inmediatamente después confiaban sus crímenes. Pero si después de una conveniente espera, una justa prolongación de tiempo, y muchas advertencias, el juez cree que la persona acusada niega la verdad, y lo cree de buena fe, entonces ha de someterla a la cuestión, aunque de forma moderada, sin efusión de sangre, sabiendo bien que las cuestiones son frecuentemente falaces, y a menudo ineficaces».
Los autores recomendaban llevar a cabo el procedimiento de interrogatorio y tortura, desnudando a la acusada «por mujeres honradas y de buena reputación, antes de conducirla a la prisión de los condenados. Se hace esto para que en el caso de que hubiera un maleficio oculto entre los vestidos, como hacen ellas con frecuencia por instigación de los demonios, utilizando miembros de niño no bautizado con el fin de privarlos de la visión beatífica». Mientras los diferentes asistentes al proceso se preparaban, el juez, debía volver a pedir a la acusada que declarara voluntariamente la verdad, enseñándole los instrumentos de tortura. Si se continuaba negando, «ordenará a los verdugos que la aten con cuerdas y que la sometan a los demás instrumentos de tortura. Estos han de obedecer inmediatamente, no con alegría, sino como con turbación interior. El juez manda, entonces, que se la desate a petición de algunos, y que sea llevada ante él, y de nuevo sometida a suplicio, y que cuando esto se haga se le informe, que quizá no será entregada a la muerte».
Entre las «precauciones» que se tomaban durante esta tercera etapa del proceso, a la acusada se le afeitaban los pelos de todas las partes del cuerpo, «en virtud de la misma razón que dábamos antes respecto de los vestidos, ya que con frecuencia, tanto entre los vestidos, como entre los pelos del cuerpo e incluso en otros lugares más íntimos que no se nombran, ocultan instrumentos que les sirven en el maleficio de taciturnidad. Si se preguntara si el diablo, incluso sin estos amuletos, no puede hacer que se endurezca el corazón de la bruja hasta el punto de no confesar sus crímenes, aun cuando sea convicta por indicios del hecho y testimonios, como se ha visto con otros criminales, se ha de responder, que es cierto que aun sin nada el demonio puede causar una taciturnidad de este género, pero entre ellas utiliza estas cosas para la perdición de su alma y una ofensa más grande de la divina majestad. Un ejemplo nos lo aclarará más. Una bruja en la ciudad de Haguenau, de la que ya hemos hablado en la segunda parte, tenía el arte de causar este maleficio de taciturnidad: Tomaba un niño varón recién nacido y sin bautizar, primogénito y ya muerto. Le quemaba en el horno, entre otras cosas innombrables; reducido a polvo y cenizas, si una bruja o un criminal llevaban una pequeña cantidad encima, resultaba imposible de todo punto hacerles confesar sus crímenes. Es cierto que aunque fueran quemados de este modo cien mil niños, no podrían en absoluto, por sí mismos, producir este efecto de taciturnidad, pero el diablo se sirve, como es evidente para todo hombre inteligente, de estas cosas, para perder las almas y ofender a la majestad divina».
Otras recomendaciones para protegerse de las brujas sometidas a tortura, era que «el juez lleve colgando del cuello sal bendita y otras cosas diversas, atadas con las siete palabras de Cristo en la cruz escritas obre una cédula. Que lleve también si puede hacerlo cómodamente junto a su cuerpo desnudo un cirio de la longitud de Jesucristo, y se rodee de otras cosas benditas. La experiencia nos enseña que las brujas se sienten sorprendentemente turbadas por estas cosas, principalmente las reliquias de los santos, de tal modo que difícilmente pueden retener la verdad. Defendido por estas cosas, le da a beber agua bendita y se dispone a reanudar su interrogatorio exhortándola como antes. Cuando sea levantada del suelo de los pulgares y torturada de este modo, el juez lee o hace leer las palabras de los testigos, callando los nombres, de la forma siguiente: mira como estos testigos te hacen convicta de brujería… O en el caso de que los testigos quisieran enfrentarse con ella cara a cara, el juez le preguntará si estaría dispuesta a confesar en el caso en que le fuesen presentados los testigos ante ella. Si consintiese se introducirá a los testigos y se les hará mantenerse ante ella, con el fin de observar si, movida por el pudor o la vergüenza, confiesa algo de sus crímenes. Para acabar, si el juez ve que no quiere confesar sus crímenes en absoluto, le preguntará si para probar su inocencia está dispuesta a sufrir el tormento del hierro candente. Todas se muestran dispuestas a ello porque saben que el demonio les preserva de la quemadura, pero de esta forma es posible reconocer a las verdaderas brujas. El juez replicará: ¿Cómo es posible que seas tan temeraria para exponerte a estos suplicios? Ý todo ello quedará escrito. Pero ya se verá más abajo que no se puede conceder la prueba del hierro al rojo. A este respecto, el juez también notará que las brujas interrogadas el viernes por la noche, principalmente en el momento de la señal de la campana para la espera de El Salvador (el Angelus), confiesan frecuentemente».
Si la acusada de brujería mantenía, a pesar de todo, la negativa a declarar la «verdad», «el juez la relajará y le hará pasar de la prisión de los condenados a otra, pero con las siguientes precauciones: la primera, que la prisión se encuentre bien provista de guardias, y que tenga cuidado para que en modo alguno sea puesta en libertad con precauciones o compromisarios, porque si se hace así, ya no dicen la verdad de inmediato y en ocasiones se vuelven peores. Por el contrario, que el juez tenga cuidado de que sea tratada humanamente en cuanto a la comida y la bebida, y también vele porque algunos hombres honrados, no sospechosos, vayan frecuentemente a hablar con ella de temas indiferentes y, para concluir los aconsejen que digan la verdad, prometiéndoles que el juez les hará gracia, y que intercederán por ella cerca de él. […] Empero para el caso en que le prometiera la vida, como ya se ha dicho más arriba hablando de los tres métodos, conviene que todas estas cosas sean escritas por el notario con detalle, en cuanto a las palabras y el sentido de esta gracia. Si la persona denunciada pidió la gracia y reveló los hechos de la causa, se le deberá decir, en palabras generales, que se le hará mucho más bien del que haya nunca pedido, con el fin de que hable con mayor confianza. Una segunda precaución, en el caso de que se negara en absoluto a decir la verdad, sería para el juez examinar, sin decírselo, a sus amigos y cómplices. Si revelasen alguna cosa que pudiera hacer la convicta, el juez se la presentará queriendo enterarse con todo detalle. De igual modo, si hubieran sido encontrados en su casa, instrumentos, ungüentos y vasos, le serán preguntados inquiriendo acerca de cuál es su uso…»
Por último, una tercera precaución tomada por parte del juez en el caso de que la acusada continuara manteniendo su postura de no confesar, «se le ha de procurar, si es que no tiene a nadie, a alguien que no le disguste, un amigo más que un defensor, pero que sea de confianza. Una tarde entrará con él, a la prisión y prolongará la conversación. Si no están con ella sus cómplices, fingirá que es ya muy tarde para el regreso, y permanecerá durante la noche con ella, durante la cual hablarán. Si hay cómplices, que se les deje comer y beber y que relaten las hazañas realizadas juntos, pero estando todo organizado para que desde el exterior, en un lugar conveniente, haya personas apostadas para espiar, aguzando el oído recogiendo sus palabras, y si es preciso que haya un escribano con ellos. Una cuarta precaución es que en el caso en que se pusiera a decir la verdad, el juez no dejará la ocasión de escucharla, aunque sea la media noche, y sin interrumpirla mientras pueda. Si ocurre durante el día que no se preocupe porque se le retrasa la comida o la cena, que insista hasta que haya dicho lo más importante. Ocurre, con frecuencia, que si se interrumpe se les da tiempo suficiente, para que tomen la detestable decisión de volver a su vómito. Y no vuelven ya a abrirse acerca de aquella verdad que habían empezado a revelar. Luego, que tenga cuidado el juez, después de la confesión de los males causados a los hombres y los animales, y pregunte cuanto tiempo ha estado dominada por un demonio, y desde cuanto tiempo antes renegó de su fe. Como resulta que nunca hablan de esto, si antes no han confesado las demás cosas, conviene interrogarlas acerca de esto al final de todo. Una quinta precaución para el caso que todo hubiera fallado, si se pudiese, sería conducir a la bruja hacia algún castillo. Allí, después de algunos días, el alcaide hará ademán como de marchar hacia un lejano país. Durante este tiempo conviene que algunos familiares y personas honradas visiten a la prisionera y le prometan dejarla partir libremente de buen grado, si consiente en informarles acerca de determinadas prácticas. El juez ha de saber que de esta forma muchas de ellas han hablado y han resultado convictas de su delito».
Esta estrategia para desenmascarar a la bruja, venía de una experiencia acaecida en la diócesis de Estrasburgo, cerca de la ciudad de Selestadt y del castillo de Könisheim, en la que «una bruja hecha prisionera, no había podido ser obligada a confesar sus crímenes, ni mediante torturas ni mediante interrogatorios. Para concluir el alcaide empleó el método citado más arriba, si bien aunque se quedó en el castillo, la bruja pensaba que se había ido. Unas mujeres de la familia entraron y le prometieron que la dejarían libre, siempre que les diera una información acerca de determinadas experiencias. Ella se mostró reacia en el primer intento, y les contestó que creía que las otras actuaban de aquel modo con ánimo de engañarla. Pero formadas. Una de ellas dijo que de la forma de levantar finalmente preguntó que acerca de qué querían ser intempestades, otra acerca de los delitos carnales que hubiese cometido. Entonces, en el momento en que procedía a enseñarles como se provocaba una tempestad, y cuando había pedido que llenasen un barreño de agua, la bruja se puso a removerla con el dedo y a pronunciar ciertas palabras. Súbitamente, en el lugar que la soplona había designado se puso a llover, era un bosque cercano al castillo, y cayó sobre él una tormenta de granizo como no se había visto en muchos años». [13]
Epílogo
Aunque parezca obvio, es importante abordar la lectura de El martillo de las brujas comprendiendo las circunstancias históricas, políticas, sociales y por supuesto, religiosas que rodeaban la Europa de la época, una Europa bajo un profundo cambio social-político. Los cada vez más frecuentes movimientos heréticos, la fragmentación del poder político, el aumento del poder de la burguesía y la progresiva pérdida de influencia del papado, son aspectos fundamentales que trataran de solucionarse mediante la aplicación de duras medidas a partir de la segunda mitad del siglo XVI, y que terminarán derivando en la Reforma luterana.
Y a pesar de que el Malleus Malleficarum fue escrito por dos monjes dominicos católicos, serán precisamente los luteranos y protestantes en general los que acometerán casi en su gran mayoría la persecución de brujas y hechiceros, a diferencia de como popularmente se cree fue la Inquisición la que propició esta persecución.
En los territorios católicos, la bula Summis desiderantes, redactada por Heinrich Institoris en 1484 y firmada por el Papa Inocencio VIII, reconoció la existencia de las brujas y derogó el Canon Episcopi de 906, donde la Iglesia sostenía que creer en brujas era una herejía. Esta bula papal contra la brujería solo tuvo una influencia duradera en los territorios católicos, pero fue apoyada y aceptada por las demás iglesias occidentales: luteranos, reformados, anglicanos y puritanos. Solo las iglesias orientales no participaron en la caza de brujas
Si bien el Malleus Maleficarum gozó de gran influencia en su época, no llegó a ser universalmente aceptado por la Iglesia Católica. De hecho, la Inquisición española, junto al Papa Inocencio VIII, terminaron por rechazarlo oficialmente en 1490. No obstante, esto no impidió que continuara siendo utilizado en diversos tribunales eclesiásticos.
La cantidad de brujas condenadas por los luteranos y protestantes y por la Inquisición varía según el país y la época. En España, de todos los procesos, entre 1540 y 1700, solo el 8% fueron por causa de la brujería, y se condenó a la hoguera por brujería a 59 mujeres. En Portugal, se quemaron cuatro mujeres por brujería. En Italia, se quemaron 36 mujeres por brujería. Sin embargo, en Alemania, se estima que se ejecutaron a unas 25.000 mujeres por brujería.
En cuanto a la Inquisición, se dice que la incidencia de casos de brujería en España fue mínima, y que la Inquisición moderna no alteró los procedimientos y la mecánica con respecto a las brujas
Además, la Inquisición española dejó registrada la información detallada de cada ejecución, lo que ha permitido conocer con precisión la cantidad de personas que fueron condenadas a la hoguera.









FUENTES
- [1] Mitos del individualismo moderno. Ian Watt
- [2] Historia general de las drogas. Antonio Escohotado. pag. 200. https://www.derechopenalenlared.com/libros/historia-general-de-las-drogas-escohotado.pdf
- [3] The Bull of Innocent VIII as published in the Malleus Maleficarum translated by Montague Summers. https://web.archive.org/web/20080523174317/http://www.malleusmaleficarum.org/mm00e.html
Innocent VIII: BULL Summis desiderantes, Dec. 5th, 1484. Paul Halsall. Medieval Sourcebook, Fordham University. http://legacy.fordham.edu/halsall/source/witches1.html - [4] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín
- [5] El manual maldito de la Inquisición que calcinó vivas a 60.000 brujas. https://www.abc.es/historia/abci-abominable-magia-negra-usada-brujas-para-arrancar-pene-hombres-201605190149_noticia.html
- [6] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín. pag. 261
- [7] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín
- [8] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín. pag. 99-103
- [9] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín. pag. 105
- [10] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín. pag. 77
- [11] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín. pag. 320
- [12] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín. pag. 231 y 236-237
- [13] Malleus Maleficarum. Edición facsimil. Editorial Maxtor. 2004. Traducida por Miguel Jimenez Monteserín. pag. 485-498





![Décimo Junio Juvenal [Sátiras, cap. VI 347-348]](https://piratasyemperadores.com/wp-content/uploads/2022/03/juvenal.jpg)

